Acompañar, com-padecer, trabajar, transformar

Acompañar, com-padecer, trabajar, transformar

Nani Vall-llossera. [Migra Studium] Hace unas semanas la lucha por el cierre del CIE de Zona Franca en Barcelona, como un paso más hacia la desaparición de todos estos centros de detención inhumanos, deshumanizadores e injustos, vivía un hito con el voto del Parlamento catalán favorable a este cierre. Sabemos que el fin está lejos, pero no queremos dejar de saborear como una victoria este hecho, porque es uno de los frutos del trabajo paciente y tenaz de muchas personas en respuesta al sufrimiento de los miles de hombres y mujeres que han pasado por estas instalaciones que son una expresión más de unas políticas migratorias por las que Europa será condenada por las generaciones futuras. Es momento de recordar los frutos para retomar fuerzas para seguir adelante. El sufrimiento no cesa, todo lo contrario.

Aquí van algunas de las cosas que hemos vivido y aprendido:

– La compasión, el dolor por el dolor del prójimo, es el “lugar” que da la fuerza necesaria para emprender la transformación de realidades a priori inamovibles, el que lleva a esperar contra toda esperanza. La compasión no sabe de imposibles, de falta de alternativas, de ineficiencia. La compasión mueve a hacer algo, porque ante el dolor ajeno no nos deja quedarnos quietos y nos lleva a abrir caminos inéditos concitando así la esperanza que también impulsa el caminar. En este sentido, la muerte en el CIE de Zona Franca de Idrissa Diallo el 6 de enero de 2012 fue el “lugar” desde el que nació Tanquem els CIE, organización imprescindible para los avances que hemos vivido en estos años. También el grupo de visitas al CIE de Migra Studium dentro de la Plataforma de Entidades Cristianas con la Inmigración empezó su actividad pocas semanas después de aquella muerte en el CIE; hubo otras muertes antes y después.

– La actividad del grupo de visitas de Migra Studium se ha centrado fundamentalmente en acompañar, en hacer sentir a los internos del CIE que importan a alguien, que alguien acoge y reconoce su sufrimiento. El acompañamiento, un acto aparentemente simple e ineficaz, no ha hecho más que aumentar nuestra fuerza, indignación e inquietud, propulsándonos hacia más compromiso y más implicación en la transformación de esta realidad.

– El grupo de visitas no es una invención nuestra. Somos copia del grupo de Pueblos Unidos, entidad hermana pionera en las visitas en el CIE de Aluche en Madrid y en el trabajo de incidencia, que nos ha abierto camino y nos ha ayudado en las vicisitudes de estos años. La mayoría de las veces no es necesario inventar nada; copiar lo que funciona y aprovechar la experiencia de otros permite ahorrar tiempo y energía y ganar eficacia.

– Uno de los frutos más gratificantes de estos años de lucha ha sido el trabajo en red con otras entidades locales. Me atrevería a decir que los acontecimientos recientes habrían tardado mucho en producirse de no ser por el trabajo conjunto que hemos realizado Migra Studium, SOS Racisme y Tanquemels CIE. Esta red no nació hecha, se ha ido tejiendo con paciencia y generosidad en un proceso precioso en el que hemos aprendido a querernos y respetarnos en nuestros diversas idiosincrasias, misiones, actitudes, maneras de hacer, limitaciones, virtudes y debilidades. El resultado es una complementariedad altamente eficaz y una gran satisfacción para todos.

– El CIE de Zona Franca existe desde 2006 y previamente existió otro en la Verneda, en el semisótano de la comisaría. El protagonismo actual de Migra Studium, SOS Racisme y Tanquemels CIE debe compartirse con las muchas personas, grupos y entidades que llevan denunciando lo que sucede en el CIE desde el principio. Somos herederos de su esfuerzo y otros heredarán el nuestro.

– En estos años hemos visto cómo en el CIE, como en cualquier otro espacio, cada persona puede marcar la diferencia, utilizar sus competencias y responsabilidades para dotar de humanidad y dignidad el trato a los internos y a sus familias. También hemos visto exactamente lo contrario. Hemos visto empatía, responsabilidad, cortesía, esfuerzo y diálogo en policías, directores, médicos y jueces. Y también, abuso, agresividad, despotismo, negligencia e indiferencia.

Para que la compasión afecte a cada vez más personas que se sientan movidas a actuar, el sufrimiento tiene que conocerse. Hay que visibilizarlo y problematizarlo. Esto hemos hecho a través de infinidad de pequeñas charlas, apariciones en medios de comunicación, actos, reuniones con partidos políticos, comparecencias en las instituciones y órganos de decisión. La acción multinivel, la realidad, la calle y las instituciones, ha sido clave para que la opinión pública reconociera la injusticia y el sufrimiento que conlleva el CIE, en un momento histórico en que la xenofobia es una amenaza real.

– No hay tregua. El Mediterráneo no deja de engullir vidas ante la mirada impasible y cómplice de una Europa que languidece en la traición de sus esencias e ideales. La lucha contra el CIE ha desplazado el método de expulsión más utilizado del internamiento en el CIE a la expulsión exprés (desde comisaría en menos de 72 horas), una situación más difícil de visibilizar por la rapidez y la dispersión con que se produce y que precariza aún más el derecho de defensa de las personas. Por eso, sin abandonar la lucha contra el CIE como símbolo de unas políticas migratorias represoras que anulan la dimensión como personas de los inmigrantes en situación irregular, hay que ampliar la lucha a la globalidad de esas políticas.

– Nada es gratis. Hay que desgastarse, resistir desiertos, dedicar mucho tiempo y energía personal para conseguir pequeños cambios. Somos una generación de resultados y eficiencia y es contracultural conformarnos con empujar la historia para que puedan ser otros los que algún día vean los resultados de nuestro esfuerzo. Pero, ¿cómo sería hoy la realidad del CIE, y tantas otras, si muchos hombres y mujeres no se hubieran empeñado en hacer algo por transformarla?

– Y si aun así nada cambia, hicimos lo que teníamos que hacer. Para esto sí que no teníamos alternativa, nos jugábamos nuestra humanidad. Porque quizá el quid de la cuestión está en que es a nosotros a quien la lucha por la justicia y por la humanización del mundo nos configura y nos cambia.

(Este post fue escrito semanas antes de que Europa asistiera atónita y desprevenida a la llegada masiva de seres humanos que huyen del horror de la guerra y la desesperanza. El buen tiempo y la agudización de los conflictos en los países de origen no han hecho más que aumentar el número de los que, qué paradoja, se juegan la vida para sobrevivir. Las autoridades europeas siguen sin estar a la altura del drama humano que estamos presenciando, pero ya hay hombres y mujeres que, movilizados por la compasión hacia el dolor ajeno, se han puesto en marcha para dar respuesta. Ojalá cunda el ejemplo. Ojalá no nos rindamos al imperio de la indiferencia).

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Imagen extraída de: Migra Studium

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