Darío MolláUna serie de acontecimientos que me han sucedido en los últimos días me han suscitado unas preguntas a/sobre la Iglesia que quiero compartir. ¿Desahogo?, ¿llamada a la reflexión?… Igual algo de todo eso. Pero, ciertamente, desde el cariño, desde dentro…

1. Con ocasión de una conferencia mía que ha circulado por escrito y en la que formulaba cinco preguntas, una de las cuales se refería al “sentir en la Iglesia”, varias personas, de calidad religiosa y humana, creyentes todas, me han confesado sentirse incómodas con esa pregunta. ¿Por qué? ¿Por qué tanta gente se sigue sintiendo incómoda con y en la Iglesia? El “efecto Francisco” no lo tapa todo. Es más, muchos tenemos la impresión de que dicho “efecto” (por llamarlo de algún modo) ha llegado a la Iglesia española poco y superficialmente, y que más de uno está esperando a que amaine la tormenta…

2. ¿Por qué la Iglesia es tan torpe o se siente tan incómoda o da una respuesta tan insuficiente ante los problemas que viven las personas homosexuales? A propósito de la muerte de Pedro Zerolo, que ha suscitado miles de comentarios, elogiosos la inmensa mayoría hacia su persona y lo que significó, comentarios provenientes de todas las ideologías y posiciones políticas, silencio de la Iglesia. He leído que el P. Angel rezó un responso y que Monseñor Osoro llamó privadamente a su marido para darle el pésame. ¿Sólo eso? Es un indicador… También he leído comentarios de cristianos, situados algunos de ellos en las antípodas ideológicas de Zerolo, preguntándose por ese silencio. Como he dicho alguna otra vez, no hablo de la homosexualidad, sino de personas homosexuales.

3. ¿Por qué es tan difícil la comunión en la Iglesia? ¿Por qué se sigue tratando a los laicos con desconfianza? ¿Por qué la minusvaloración de la vida religiosa, a pesar de sus limitaciones (que las tiene) y de su crisis numérica? Os confieso que me indigné hace poco con un comentario en las redes de un joven sacerdote a propósito de la marcha de una congregación religiosa de uno de sus colegios, que no cerraba, sino que pasaba a ser gestionado por los laicos. Los laicos no son de fiar…. Y de los “flarets i mongetes” (sic) (“frailecitos y monjitas”) ya no se puede esperar nada. ¡Pues menudo servicio a la comunión eclesial!

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Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuita, teólogo y especialista en espiritualidad ignaciana. Ha publicado en la colección EIDES: "Encontrar a Dios en la vida" (n º 9, marzo 1993), "Cristianos en la intemperie" (n º 47, octubre 2006), "Acompañar la tentación" (n º 50, noviembre 2007), "Horizontes de vida (Vivir a la ignaciana)" (n º 54, marzo 2009), “La espiritualidad ignaciana como ayuda ante la dificultad” (nº 67 septiembre 2012), “El ‘más’ ignaciano: tópicos, sospechas, deformaciones y verdad” (nº78, diciembre 2015) y “Pedro Arrupe, carisma de Ignacio: preguntas y respuestas” (nº 82, mayo 2017).
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3 Comentarios

  1. La Iglesia «incomoda» porque se la ve como Institución, lejana es como si hubiera una en la distancia y otra la que está a pie de calle, el Papa Francisco no puede hacer todo lo que quiere y es posible que se espere que lo haga pero tiene que ir con cautela, canta el hecho de que él viva con cierta austeridad y algunos obispos…
    Hay que ir a la persona. En el fondo todos vamos a lo mismo. No podemos obligar a nadie a cambiar, podemos dialogar, escuchar…
    Los «laicos» tendríamos que ser la voz, manos de la Iglesia… porque no podemos consagrar pero sí realizar otras misiones que el sacerdote, religios@ no puede. Por supuesto «laicos» formados y con un compromiso serio.

  2. La iglesia incomoda igual que los padres incomodan a los adolescentes cuando les dicen la verdad. Un poco simple es un análisis que coloca a curas por un lado y laicos por el otro, o que a los laicos que estamos en sintonía con la jerarquía nos considera no formados. La formación no lleva a la rebeldía, cuidado con esa soberbia, el desprecio al que no piensa como yo es un síntoma de ella, porque indica que me siento superior.. La iglesia respeta a los homosexuales, entiende la homosexualidad, pero no puede aplaudir cualquier comportamiento como si fuera una madre que no corrige a sus hijos por no perder su afecto. Buena es la formación, pero más importante es la oración, sobre todo la que se dedica a escuchar la brisa suave del Espíritu. Contemplación y amor a la Eucaristía, ahí está el secreto. Ahí se llega a entender que no es incompatible el amor al prójimo con decirle la Verdad, es más no hay amor sin corrección. Quien no corrige por miedo a perder el afecto del otro, no le ama, sólo se ama a sí mismo. La formación también consiste en leerse los documentos de Francisco, antes Bergoglio, para quitarse de la mente falsas expectativas sobre el actual Papa.

  3. Molt bonic aquest escrit. Una església que vulgui ser un reflex de DÉU -PARE/MARE- a la terra , no pot acontentar-se dient «hem de tractar bé els homosexuals»… Només faltaria, això ja se suposa…(no anirem pas a donar-los puntades de peu, oi?)
    QUÈ FAN ELS PARES? només tractar bé els fills?, no pas… Els abracen, els petonegen, els ajuden per sempre més a tirar endavant la vida amb una estimació total. Això mateix ha de fer l’església.
    Corregir-los? l’orientació sexual no es pot corregir, ni l’estatura, ni el color dels ulls…, som obra de Déu!!!
    La que ha de corregir la seva actitud envers l’homosexualitat és l’església. I demanar perdó de no haver estat prou bona Mare. Mai ens ha de saber greu demanar perdó quan no hem fet les coses prou bé.

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