Temporeras

Temporeras

Josep Cobo[La modificación] Las mujeres que recogen las fresas, la mayoría inmigrantes, cobran unos 5-6 € la hora, trabajando unas ocho horas al día. Los empresarios suelen decir que no pueden pagarles más, ingresando unos 30 céntimos por kilo. De acuerdo. Vamos a suponer que no hay voluntad de explotarlas. En cualquier caso, que podamos tomar fresas —o patatas o arroz— a un precio razonable quizá tenga que ver con que muchos de los que trabajan como temporeros cobren un salario indecente. Que un sueldo medio dé para vivir depende, por tanto, de que sigan habiendo hombres y mujeres (sobre todo mujeres) que no salgan de la pobreza.

No es cierto lo que se enseña en las facultades de economía, a saber, que el control de la inflación, esa bestia negra de las sociedades modernas, dependa principalmente de las decisiones que toman los bancos centrales sobre la cantidad de dinero en circulación. El control de la inflación depende, sobre todo, de que el precio de los productos básicos se mantenga bajo mínimos. Y que se mantengan bajo mínimos depende, sobre todo, de lo que se le pague al productor y, por extensión, al temporero.

Ciertamente, el mercado no admitiría un kilo de fresas o arroz a 20€. Y no porque no estemos acostumbrados, sino porque los sueldos medios tampoco es que den mucho de sí. Con todo, podríamos preguntarnos quién se queda con la mejor parte. Y aquí, según parece, quien se la queda es el distribuidor. Ahora bien, se la queda porque, de hecho, la distribución está en pocas manos. Por tanto, tampoco es cierto, ni de lejos, que en los diferentes sectores de nuestra economía prevalezca la libre competencia. Vamos a darles la razón a los economistas que defienden que el mercado es la mejor solución. Pero no es verdad que nuestras economías de mercado sean realmente de mercado. Al fin y al cabo, los economistas liberales olvidan que la economía es un asunto también, y sobre todo, político —un asunto en el que la cuestión de fondo es quién o quiénes detentan un genuino poder. Y no hay que haber leído a Nietzsche para saber que el poder solo busca más poder.

Puede que el pecado original de la economía de mercado —la semilla de su autodestrucción— sea que la lucha por la supervivencia, tarde o temprano, exige una concentración empresarial que, por otro lado, no se puede llevar a cabo sin acentuar la desigualdad. De ahí que, tal y como están montadas las cosas, si queremos tomar arroz y pollo a diario, como quien dice, alguien tiene que pasarlo mal. Y muchos tienen que pasarlo mal porque algunos nunca tienen suficiente. Y esto no es que sea muy justo que digamos. Para encontrar la raíz de la injusticia en nuestra sociedad actual quizá no tengamos que discutir tanto sobre sistemas económicos, lo cual nos obliga a situarnos solo en el terreno de lo abstracto, sino leer con más atención el BOE. Como decía Romanones, “hagan ustedes las leyes y déjenme a mí las normativas”.

Imagen extraída de: Pixabay

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