Pino Trejo¿Quién sabe qué significa esta palabra en los tiempos que corren? ¿Es que alguien, a estas alturas de la película, considera que aún podemos utilizarla? Yo creo que dentro de poco la eliminarán del diccionario por falta de uso y, lo que es peor, desaparecerá de nuestras vidas por haberla vaciado de contenido.

Si indagamos en el significado de este vocablo, comprobamos que es la cualidad de ser “decente, decoroso; recatado, pudoroso; razonable, justo; probo, recto, honrado”. Todos estos adjetivos explican los diferentes matices de una sola palabra. Puede que aquí radique el problema: ¡imposibles acumularlos todos en una sola persona! Siempre aparece un pero, unos puntos suspensivos, un entrecomillado y muchas otras formas para decir que sí, que entendemos la honestidad, pero tampoco hay que ser tan inflexibles..

El escudo de la flexibilidad es el más utilizamos cuando nos vemos acorralados en situaciones que demandan más nuestra compasión que ese “dejar hacer” y “no hay que interpretar las cosas al pie de la letra”. Porque, ¿quién decide el límite entre la flexibilidad y la inflexibilidad? ¿Quién pone los criterios para que la balanza se incline a un lado o a otro?

En este mismo campo se debate la honestidad. Entre lo políticamente correcto y lo que no encuadra en esta clasificación. Si no, miremos lo que sucede, en estos momentos, con los representantes que hemos elegido para que gobiernen nuestras instituciones públicas (y recalco lo de públicas).

El espectáculo de postureo y selfies al que asistimos atónitos, solo puede calificarse como lamentable. Espectáculo porque prima la apariencia, la imagen de cara a la galería, el mostrarse más fuerte, más contundente, con la solución a los problemas existentes y con el control de la situación. Así se afirma que el otro no se entera de nada, que no hace lo que debe, se le descalifica…, by así podríamos seguir enumerando una lista interminable de palabras y acciones que sólo tienen como objetivo salir bien en la foto.

Lamentable porque se miente descaradamente, porque han convertido la salud y la dignidad humana en una mercancía más a la que someten al intercambio comercial, usando el chantaje emocional en estos momentos tan críticos que estamos viviendo.

Lamentable porque, conociendo la verdadera causa de los problemas, no buscan el camino para que la solución definitiva se vaya abriendo paso. Parchean la realidad y la venden con un selfie que dice: “Aquí está la persona que os ha salvado”. Así, en vez de aumentar el número de rastreadores con profesionales sanitarios, se colocan a militares; en vez de aumentar las plantillas de los centros de salud y dotarles con recursos humanos y materiales, se propone que las farmacias realicen los test de COVID; en vez de preocuparse por reforzar los hospitales con personal que tenga condiciones laborales dignas y justas, se construye un macro hospital para epidemias -y ¡en tiempo récord!- donde un trabajador ha muerto por la falta de medidas de seguridad. Las prisas y las ganas de arañar la popularidad se han llevado la vida de una persona y, encima, se ha silenciado.

Todas estas medidas, independientemente de su eficacia, no inciden en las causas, no atacan la raíz del problema de los continuos recortes que ha sufrido la sanidad pública, y no hablemos de lo que pasa con la educación, los servicios sociales, el funcionariado público…

Porque no basta con proponer una medida o aprobar una ley, por muy buen propósito que tenga, si después no se va poder cumplir por falta de personal que la lleve a cabo o por escasez de medios que la hagan operativa o por una mala de previsión. Se falta a la honestidad si conoces todos estas dificultades y no haces nada para remediar las consecuencias que aparecerán cuando pongas ese parche; se miente descaradamente cuando solo se dice media verdad, aquella que más interesa y que mejor va a caer.

Pero, ¡no echemos balones fuera! También nosotros y nosotras cometemos el pecado de deshonestidad al callar las injusticias, cuando preferimos mirar para otro lado si alguien sufre violencia verbal y física, cuando cruzamos a la otra acera para evitar encontrarnos con quien no queremos hablar, cuando no callamos los rumores, cuando prestamos nuestros oídos a los chismorreos, cuando consentimos el insulto y la mentira, cuando no exigimos a nuestros políticos integridad y que pongan en el centro la dignidad de la persona y el bien común, cuando pensamos que eso de la fraternidad es tarea de otros y no mía.

En el día a día, durante toda nuestra vida, se nos da la oportunidad de no faltarnos el respeto a nosotros y nosotras mismas, de comprometernos honestamente practicando la decencia, la honradez, la justicia, mirando más allá del velo de la apariencia, porque, por muy transparente que sea, nunca refleja la verdadera realidad.

Imagen de Javier Rodriguez en Pixabay 

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