Acerca de la innovación en la educación

Acerca de la innovación en la educación

Manu AnduezaEn estos momentos en que la innovación educativa está en boca de todos, no queremos dejar pasar la oportunidad para ofrecer una pequeña reflexión que pueda dar un poco de luz y ayude a ubicar el tema.

Es por eso que ofrecemos a continuación una serie de puntos que puedan ayudarnos a entender el momento que vivimos y el horizonte hacia el cual caminar.

1. La educación está en crisis. Es evidente. Nadie que se tome en serio la educación puede negar esta afirmación. Así lo vemos en la falta de motivación, tanto de alumnos como de profesorado; en la pérdida del valor que se le da a la educación por parte de la sociedad; en la ruptura entre lo que pasa y lo que se analiza dentro de la estructura escolar y lo que acontece fuera de la misma… Llevamos años de leyes, renovaciones y modificaciones de dichas leyes sin ir a ningún lado. Nadie tiene la suficiente valentía para afrontar la realidad y tomar medidas que sean eficaces. Lo que estamos haciendo es poner parches a una situación que necesita ser reconstruida. Además, por si esto no fuera suficiente, la educación se ha convertido en moneda de cambio político, ha perdido el lugar de privilegio que le corresponde para ser un mero apéndice de los programas políticos.

2. La innovación necesaria. Ante la situación de profunda crisis es necesaria una innovación. El problema es la dirección que tiene que tomar. Hoy nadie duda de la ya famosa frase de Rod Paige, secretario de educación del gobierno de EEUU de 2001 a 2005: “We still educate our students based on an agricultural timetable, in an industrial setting, but tell them they live in a digital age” (“Nosotros todavía educamos a nuestros estudiantes siguiendo un calendario agrícola, en un entorno industrial pero les decimos que viven en una era digital”). Ese sistema en crisis utiliza una metodología obsoleta y un esquema que no es acorde a los tiempos que vivimos y a las necesidades que generamos. Es necesaria y urgente por tanto la innovación. Una innovación pedagógica en metodología, pero también en contenidos. Son otras y de otra manera las materias que se han de estudiar. Las diferentes propuestas innovadoras que se están probando nos van dando líneas de trabajo para apuntalar por donde podría ir dicha innovación. Hay que fomentarla, animarla y compartirla. En su contra están las normativas taxativas. A su favor la imaginación que despierta entusiasmo.

3. La necesaria transformación. Por lo tanto, es necesaria y urgente la transformación en la educación. Sin embargo hay dos premisas que nunca se pueden olvidar. La primera es qué transformación hay que hacer. En el número 58 del documento “La escuela católica”, de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, publicado en Roma el 19 de marzo de 1977 se nos dice que la educación debe favorecer la transformación social. Sin este elemento de nada nos sirve la innovación. Los nuevos modelos educativos han de tener un horizonte, que no es otro que dicha transformación de la sociedad, porque otro mundo es necesario y posible. Sin embargo, si acudimos a los datos que tenemos, la educación actual sólo sirve para mantener el sistema tal y como está. Continúa siendo un elemento de discriminación. Se continúan construyendo guettos y separando alumnos por clases y procedencias. El año 2009, J. L. Barbería afirmaba en el diario El País que “el sistema educativo es una maquinaria de reproducción de las desigualdades socioeconómicas” (7/4/2009). Por eso la importancia del siguiente punto.

4. Una educación desde el nosotros. Esta es la segunda premisa, tan necesaria y urgente como la primera. El nosotros habla de superar los egoísmos e individualidades a los que nos aboca nuestra sociedad. Por un lado se trata de enseñar a trabajar en grupo. Por otro lado de tener claro quién es ese nosotros. Decía Lorenzo Milani (educador al que el papa Francisco puso como modelo el 10 de mayo de 2014 en un encuentro con las escuelas italianas) que la escuela solo tiene un problema, los chicos que pierde. Ese nosotros es todos. No sirve de nada una innovación educativa que no piensa en todos. Y eso exige dar prioridad a los últimos. Segunda premisa inexcusable. Los datos hablan por sí solos. En el año 2016 España encabeza la lista europea de abandono escolar con un 23,5%. Un dato escalofriante. Y más, cuando lo cotejamos con el nivel socioeconómico familiar y vemos dónde está ubicado ese desgarrador 23,5. Las comunidades autonómicas con menos renta son las que tienen mayor índice de abandono (MECyD. Las cifras de la Educación en España. Estadísticas e indicadores, 2012). Innovación sí, pero a favor de la transformación social. Y dentro de cada comunidad hay una clara correlación entre abandono y clase social. Y es que la educación no consigue eliminar las diferencias sociales.

Es desde aquí desde donde hemos de valorar las innovaciones educativas que se están dando. Sin estos dos últimos puntos de nada sirven.

De nada sirve una innovación en centros de élite o de determinadas clases sociales privilegiadas. Sólo habrá transformación real de la sociedad cuando los cambios sean para todos, especialmente para aquellos que ya parten con desventaja. Por lo tanto la innovación debe centrarse en los lugares donde más falta hace que es con aquellos que menos tienen. Desgraciadamente las dificultades administrativas y económicas están haciendo que esto no sea posible hoy. Es aquí donde debemos invertir imaginación y propuestas. La innovación debe venir acompañada de políticas que hagan posible un cambio real, no que mantengan las diferencias que ya hay o que las aumenten.

Este es el gran reto de la escuela. Innovación sí, pero para todos, especialmente para quienes más perdidos están. Y todos los centros o colectivos que opten por la innovación deberían tener las dos premisas citadas bien presentes en su proyecto educativo. Y deberían velar para que sea real y posible llevarlo a la práctica.

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Imagen extraída de: Pixabay