J. I. González FausNo puedo comenzar sin una felicitación efusiva por tu calidad balompédica. Quizá seas el mejor futbolista del mundo. Y quien te escribe ha sido un admirador del fútbol por su mezcla de habilidad, inteligencia, velocidad, decisión rápida, compañerismo…

Pero lo decisivo en nuestras vidas humanas no es ser bueno o admirable “en algo”, sino serlo en nuestra condición de personas: un buen futbolista, buen escultor, buen actor…, si no son además buenas personas, estarán siempre por debajo de cualquier hombre verdaderamente bondadoso que no destaque en nada: pues vale mucho más lo que tenemos dentro del corazón que lo que tenemos en la punta de los pies.

Esto lo olvida nuestra cultura y, por eso, quiero comenzar por ahí: no voy a hablar de tu calidad futbolística sino de la calidad humana de muchos de vosotros, figuras a las que nuestra sociedad convierte en ídolos y modelos.

Con esto no quiero decir que tú no seas buena persona; al revés: si te escribo es porque lo pareces. Pero eso exige que te sientas obligado a mirar en qué contexto vives. España es uno de los países con más injusticia social de la UE, y el segundo tras Rumanía en diferencias entre ricos y pobres. Y bien: tú ganas demasiado. Escandalosamente demasiado. Sólo eso ya es inmoral en sí mismo; y no te lo podemos perdonar, como el que paga lo que sea con tal de tener su droga: porque entonces tu ser “buen futbolista” estaría contribuyendo a que todos fuésemos “malas personas”.

Vives en un sistema corrupto y podrido donde impera el dinero, y donde el deporte es un sostén de esa tiranía: evasiones de impuestos, recalificaciones de terrenos en torno a los campos de fútbol, intermediarios que fuerzan a subir contratos, quitar a los clubs sencillos cualquier jugador que despunta, aunque sea sólo para pudrirlo luego en el banquillo… Vosotros no podéis creeros ajenos a eso, por bello que sea el fútbol: porque equivaldrá a ser cómplices de toda esa podredumbre.

Hace poco me enternecí viendo la foto de un niño de Bangladesh, sonriente y feliz porque llevaba una camiseta tuya. Pero la sonrisa de aquel niño no llegará mucho más allá de la foto. Antes que una camiseta tuya, ese niño necesita alimentarse bien, buena educación, un mínimo de seguridad sanitaria y no tener que trabajar como esclavo: porque, desgraciadamente, en esta tierra cruel hay otra vida más allá de las fotos. Y además, medio mundo adulto se está quedando tan infantil como aquel renacuajo de la foto de Bangladesh y sonríe feliz no ya por tu camiseta sino por tus goles.

Comprenderás ahora que no me estoy dirigiendo sólo a ti, sino a todas las estrellas del fútbol representadas en ti: por bien que juguéis, no podéis vivir al margen de cómo va este mundo espantoso, no podéis convertiros en la droga o la “pastilla azul” que tomaban los ciudadanos en la película “Matrix”, para ver el mundo distinto de como es en realidad, dejando de percibir las injusticias, las crueldades y lágrimas que pueblan esta tierra nuestra. Cuando después de cada gol te santiguas, yo me pregunto si ese santiguarse no resulta más blasfemo que aquel estúpido Padrenuestro de la señora Dolors Miquel: porque lo que tú haces tras cada gol es la señal de un Crucificado que recapitula todos los crucificados de la tierra. Y no parece que tu gesto vaya a servir mucho a esos crucificados. Oí decir que tu compañero Suárez proviene de una de las villas-miseria de Montevideo. Y me pregunto qué pasaría si su asombrosa sensibilidad para el gol, fuese también una sensibilidad igual hacia los que debieron ser sus compañeros de infancia en uno de esos miserables “asentamientos” de la capital uruguaya.

Me preguntarás quizá qué tienes que hacer; y te vas a sorprender si te digo que no lo sé. Sólo quisiera que te convenzas de la verdad de lo que te he dicho: pues si todos vosotros estuvierais convencidos de ello, a la larga encontraríais caminos entre todos. Hace poco cuajó en Brasil un movimiento religioso entre futbolistas, que se proponían no ser nunca violentos, no insultar, no responder nunca a agresión con agresión. Creo recordar que Donato era uno de ellos y se le notaba. Y se agradecía. Aunque me temo que fue sólo una ola fugaz y no acabó de redimir al fútbol de la violencia física, lo cito como ejemplo de que si todas las estrellas del fútbol (futbolistas y entrenadores) os unierais en este punto, ya surgirían cosas que hacer en respuesta a tu pregunta.

Si no, déjame decirte que todos vosotros contribuís a fortificar esa imagen de nuestra humanidad que diseñó hace tiempo Imanol Zubero: nos vamos pareciendo a aquellas gentes que bailaban despreocupadas y tranquilas sobre la cubierta del Titanic. Supongo que ya sabes cómo terminó la historia…

PD: Escribí esta carta antes de tu juicio y la envié a la prensa donde suelo publicar; pero me han dicho que en estos dos meses no me publicarán nada porque quieren recortar páginas. Pero una prueba de lo que te digo en la carta puede ser tu respuesta en el juicio: “yo sólo me dedicaba a jugar al futbol, sin saber lo que firmaba”. No querido Lionel: ésa podrá ser respuesta de un futbolista, pero no lo es de una persona de talla. Y me niego por eso a decir “todos somos Messi”, sin entender cómo el Barça ha podido montar una campaña así. Porque equivale a decir: “todos somos irresponsables”. Déjame decirte incluso que no me habría molestado si te hubiese caído una temporadita breve de cárcel: pongamos dos meses. Porque allí habrías tenido unas experiencias que te habrían exigido y enriquecido más que diez entrenamientos con Luis Enrique. Y además, habrías podido leer estas palabras de Eduardo Galeano, otro forofo del fútbol, en un libro de hace unos veinte años, titulado El fútbol a sol y sombra: “a medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo de fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil. Y es inútil lo que no es rentable”.

Messi

Imagen extraída de: El Universal

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Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de Dios,  Otro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia.
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5 Comentarios

  1. Sr J. I. González Faus:

    Desear la prisión a alguien para que aprenda nosequé lección moral es un ejercicio de miserabilismo ético en nada cristiano. Las experiencias que uno puede tener en la prisión pueden ser de todo menos edificantes (a no ser para quien «dé» por detrás). En cualquier caso, los jueces son los únicos que pueden enviar a alguien a prisión, por mucha fobia que alguien tenga a otro o a un colectivo.

    Soy de su mismo parecer en cuanto a lo inmoral e indecente de los salarios de los futbolistas. Pero no se ha de olvidar que éstos deportistas cobran de dinero proveniente de empresas o instituciones privadas; por lo que poco más se puede decir si los socios o los accionistas quieren derrochar sus dineros. En cualquier caso, esas empresas o clubes no tendrían de ser subvencionados con dinero público o ser eximidos de sus obligaciones con el fisco o la Seguridad Social, además de terminar con los chanchullos que usted muy bien describe.
    Caso distinto al de Messi es el de los sacerdotes católicos romanos, los cuales cobran dinero proveniente mayoritariamente del erario público (recordar que, mensualmente, la Iglesia católica romana recibe más de 13 millones de euros «a fondo perdido» provenientes de los Presupuestos Generales del Estado; a esa millonada, hace falta sumarle las incontables subvenciones y «ayudas» de distintas instituciones estatales). ¿Con qué autoridad se puede criticar a alguien cuando quien critica está más «manchado» que el señalado? Resulta muy fácil apedrear al rico (lo cual es motivo de aplauso por gran parte de la opinión pública), sea éste honesto o corrupto; más de uno lo apedrearía no por «afán de justicia» [sic] sino por simple envidia (generalmente envidia de la corrupción). ¿Por qué no decir «pio» sobre la financiación de la Iglesia católica romana y otros privilegios que ésta tiene, sin que los poderes públicos y la propia Iglesia católica romana hagan nada para poner punto final a esta situación anómala?
    Quizá antes de poner el dedo en el ojo de Messi, se debería uno mirar en el espejo y, tal vez, sacarse la viga del suyo.

    Para su información, le diré que formo parte de una Iglesia [de tradición «protestante»] que se sustenta exclusivamente de los diezmos y ofrendas de los feligreses. Y que no idolatramos a nadie (de carne y hueso) o a figuras de madera, yeso o piedra o a cualquier otra cosa.

    Atentamente

  2. Muchas de las cosas que el autor ha vertido sobre los futbolistas, representados en este caso por Lionel Messi, pueden aplicarse a los atletas de alta competencia y a los Juegos Olímpicos, que desde hace años se han convertido en un gran negocio. El dinero en sí no es lo que ensucia el deporte; lo que le ha ido quitando belleza, siguiendo la idea de Eduardo Galeano, es la codicia. Por la codicia se pierde el compromiso con la sociedad, y hace de la sana competencia una tema de competitividad a todo trance, que divide al mundo en ganadores y perdedores. Para algunos de estos que se creen afortunados por su riqueza material, esos «perdedores» son los leprosos del siglo XXI.

  3. La MAYORIA de los futbolistas, las modelos, los actores de «novelita», o la gente que aparece en Hola!, viven en el mundo de lo irreal y lo efímero, mostrándonos un estilo «glamoroso» donde impera el vacío de lo superficial, donde lo que vale se puede comprar con dinero. ¡Quéequivocados estamos al valorar lo pasajero sobre lo esencial en la vida! Si ene l mundo hay hambre, pobreza, enfermedad, es porque los bienes están mal distribuidos. No puedo entender que alguien acepte recibir más de lo que en realidad se merece en comparación de lo que reciben los demás.

  4. A JR Riudoms: antes de atacar a una institución, lo invito a investigar un poco sobre lo que la Iglesia que usted menciona hace en todo el mundo. También le invito a investigar y leer un poco sobre los originadores del movimiento «protestante» (Lutero por ejemplo) y se sorprenderá de ciertas cosas… que no le diré para que haga su tarea. Antes de atacar a las instituciones, averigue y ello le ayudará a tener una opinión no sesgada.
    Por último: las instituciones no necesariamente son las «malas de la película»…. son las personas las que cometen los errores. Cuántos pastores de las diversas iglesias «protestantes» no han cometido errores? será entonces que la iglesia protestante es la institución a atacar? Por último…. los diezmos (si es que no estaba enterado) también son «exentos de impuesto» …. y esos ingresos de su congregación, tampoco los reporta al fisco su iglesia…
    Independientemente de lo que hagan con ese diezmo o aporte, el espíritu del por qué lo hace usted es lo que importa.

  5. Sr. Emilio Castro: (Resumiendo mi respuesta de ayer que no ha sido publicada)

    Ciertamente que instituciones de la Iglesia católica romana (ICR) hacen una buena tarea (Cáritas, sin ir más lejos). Pero ello no escapa de que Cáritas, por ejemplo, percibe un 7% del presupuesto de la Conferencia Episcopal Española. Aparte, claro, del interés de exclusividad y manifiesta tendencia a monopolizar aquellos sectores en donde actúan las distintas instituciones pertenecientes a la ICAR (a veces, bajo el manto del ecumenismo).

    No seré yo quien idolatre a Lutero. Ciertamente -como todo mortal- tiene sus luces y sus sombras (por ejemplo, entre las sombras: su odio a los judíos o la persecución a los anabaptistas). La Iglesia cristiana (por suerte) ni empieza ni termina en Lutero, y ciertamente la cizaña -como la buena simiente- es posible encontrarla en cualquier lugar. Ninguna institución tiene el «privilegio» de estar constituida por los únicos «salvos», ni puede otorgarse el monopolio de la Verdad. Pero si esto es bien cierto, también lo es que instituciones que se dicen ser portadoras de santidad son lo más parecido a un refugio de lobos (sin ánimo de arrepentimiento ni de ser redimidos).
    Las personas, ciertamente, cometen faltas y pecan. Las instituciones… ¿Qué me dice de una institución que se ha caracterizado por defender de la justicia al criminal, otorgándole residencia lejos del brazo de la justicia secular, amén de minimizar o invisibilizar el delito e intentar que la víctima desaparezca calladamente? En roman paladí: ¿Veo o no alguna diferencia en cómo afrontan las distintas iglesias cristianas y la ICAR el problema de la pederastia (Si le falta información, se la puedo conseguir)?
    No sé, creo que los miembros de una institución son lo suficientemente maduros para tener una visión crítica de la organización a la cual pertenecen, y llegar a la conclusión de si vale o no la pena seguir perteneciendo a ella.

    El diezmo. Sepa que si no los manifiesta al fisco (en la declaración del IRPF), el Estado no le hará ninguna «rebaja» en su declaración de la renta. Mucha membresía de la iglesia donde me congrego actúan así: se devuelve el diezmo y no se manifiesta en la declaración de la renta (Alguien dirá, quizá, si son tontos en actuar así). La institución, como tal sí que declara en la declaración fiscal anual todos los diezmos y ofrendas de la membresía (haya ésta declarado o no al fisco). También se paga el IBI del lugar de culto (cosa que por ley estaría exenta de pagar). ¿El por qué del diezmo? Pues muy sencillo: somos mayordomos de lo que Dios nos da, y como tales mayordomos tenemos una responsabilidad voluntariamente adquirida de devolver el diezmo de manera alegre (tal y como nos dice la amorosa Palabra de Dios, la Biblia).

    Ya lo ve: ni en este comentario ni en el anterior ataco. Quizá usted crea que la exposición de unos hechos (a mi modo de ver son criticables) sea un ataque. No lo es: solamente he querido contrastar un artículo donde se exponía bajo unos parámetros demagógicos un juicio de valor hacia una persona con una realidad paralela que ocurre en el mismo lugar y período, y de la que se habla muy poco.

    Atentamente

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