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No mientas

No es igual la mentira de un niño que miente diciendo que no ha roto el cristal con la pelota que las mentiras asesinas de Putin que niega haber bombardeado en Ucrania una escuela, un hospital, un centro comercial y zonas urbanas de civiles. También miente la OTAN reunida en Madrid, entre visitas al Prado y cenas opíparas, cuando aparece como totalmente inocente del conflicto bélico actual y se presenta como la única solución posible gracias a su potente armamento y sus mortíferas ojivas. Mienten políticos españoles y marroquíes que cuestionan la masacre de Melilla y mienten quienes no dan importancia a la muerte de centroamericanos asfixiados en un furgón rumbo a Texas.

Mienten políticos y científicos que distorsionan la pandemia de la covid-19; mienten historiadores que ofrecen una visión sesgada del pasado y del presente; mienten los medios de comunicación que difunden fake news y noticias sensacionalistas, con silencios cómplices e interesados, al servicio del poder establecido.

No es nueva la tentación de mentir, de presentar testimonios falsos y ocultar la verdad. Por esto todas las tradiciones culturales y religiosas de la humanidad prohíben mentir. La tradición andina proclama el ama llulla, “no seas mentiroso”. En la tradición judío-cristiana el no mentir forma parte de los mandamientos de Dios. En el Antiguo Testamento, mientras dos viejos corruptos acusan a la casta Susana de lo que ellos mismos querían cometer, el joven profeta Daniel, enviado por Dios, descubre la mentira y condena a los ancianos. En el Nuevo Testamento, Jesús de Nazaret es acusado por escribas, fariseos y sacerdotes de borracho, endemoniado y blasfemo. Pero el Padre al resucitarlo, muestra la mentira de los que le acusan falsamente y prueba la inocencia de Jesús.

Cuando Jesús le dice a Pilato que ha venido para dar testimonio de la verdad, Pilato le pregunta con escepticismo ¿Qué es la verdad? Muchos siglos más tarde le responderá Maxence Van der Meersch: Pilato, la verdad es estar al lado de los oprimidos. Solo desde las víctimas se comprende la verdad, aparece la mentira y caen las máscaras de los poderosos que ocultan la verdad para aferrarse al poder. Solo la verdad nos hace realmente libres. ¿Lo saben los actuales dueños del poder y los responsables de las actuales guerras?

[Imagen de Gianni Crestani en Pixabay]

Hay semanas en las que no te explicas tanta luz

Hay semanas en las que no te explicas tanta luz.

Una persona muy débil y enferma sale por fin de peligro. Se resuelve favorablemente otro caso de asilo. En la residencia se escuchan los resultados de las clases de español. Las mujeres migrantes bromean en la acogida. Hay sensibilización en el garaje y arriba reunión de articulación. El taller de costura prepara con mimo el fin de curso con una exposición. Unas voluntarias regresan de El Aaiún habiendo completado una audaz investigación. Otras llenan de color, chapuzones y sonrisas las mañanas de los más peques. Otras se disponen a llevar los talleres sobre derechos adonde es mejor no decir. Otra edita vídeos con una sensibilidad y atrevimiento que asusta de emoción. Otro se sirve de los recursos de radio ECCA para ensayar una nueva innovación en el Centro Baraka. En la iglesia, los primeros en disfrutar de la exposición sobre San Charles de Foucauld son unos amigos musulmanes y un grupo de judíos. Es como si el Espíritu nos silbase al oído que su obra no tiene fronteras.

Y tanto es así, que no te explicas cómo en un lugar de semejante bendición y al abrazo de tanta ternura celebrada en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y la del Inmaculado Corazón de María, más de 30 personas hayan perdido violentamente la vida.

¿Cómo logra alguien convencerse de la necesidad de proteger una valla al precio de desproteger la vida humana?

¿Cómo elige un territorio reforzar controles y medidas para impedir a personas llegar a él, en vez de reforzar los medios a su alcance para proteger sus vidas y asegurar el cumplimiento de sus derechos?

¿Acaso escogería alguien renunciar a nuestra interdependencia y vulnerabilidad común, a nuestra humana verdad, la que se alegra al proteger la vida del migrante como la de cualquier familiar?

¿Qué hace que unas vidas sean más dignas de protección que otras? ¿Qué hace que unas vidas sean más dignas de duelo que otras? ¿Compartir un continente de origen?

¿No nos damos cuenta de que la vulneración de los derechos humanos de la otra persona es la vulneración de nuestros derechos?

¿Acaso no sentimos verdad y consuelo cuando afirmamos que todas las vidas merecen ser lloradas porque no hay muertes menos dolorosas que otras?

Hay semanas en las que la luz parecía querernos cegar, consciente de la importancia de dejar su señal para mostrarnos su rastro en la noche.

[Imagen de pixelRaw en Pixabay]

Primo Levi en Melilla

No se me borran de la mente las imágenes de los centenares de cuerpos amontonados ante la valla de Melilla. Muertos, malheridos, inmóviles, pero aún vigilados celosamente por centenares de otros cuerpos cubiertos en su totalidad por protecciones y armados con porras. Hablo de cuerpos, pero se trata de personas, y me viene a la cabeza el título del libro de Primo Levi Si esto es un hombre.

Sí, son hombres, personas que unos minutos antes se movían, respiraban, pensaban, deseaban… Personas con nombre y apellidos, con vidas de 15, 20, 30 años que se podían contar, porque todas las vidas (también las nuestras) tienen un relato. Nacidos en Juba, El-Obeid, en Bokoro o Anefir, con padres, hermanos, parejas, hijos… Con una memoria hecha de momentos buenos como los partidos de fútbol con los amigos el domingo por la tarde en un descampado o las celebraciones religiosas cristianas, musulmanas o animistas que marcaban el paso de los años. Pero también una memoria hecha de momentos de mucha dificultad, de guerras, de violencia, de amenaza, de hambre, de pobreza … ¡Vete tú a saber! Cada uno sabe su propia historia, cada uno tiene historia. Y todo esto es lo que un día se interrumpe ante una valla o un muro construido (dicen) para disuadir, pero ¿cómo disuadir a alguien de buscar un futuro posible? Detrás son expulsados de una vida imposible y delante topan con un muro. Esto no son políticas migratorias, esto es una trampa migratoria para interrumpir vidas que querían continuar teniendo vida, que tenían todo el derecho a seguir viviendo. Sí, esto son hombres… y es lo que parece que hemos olvidado al ver las imágenes de aquellos cuerpos amontonados unos sobre otros como una masa informe y después enterrados en fosas comunes sin nombre.

Y son también hombres los verdugos, parapetados dentro de uniformes que parecen hechos a medida para esconder su humanidad. También ellos tienen historia: lugar de nacimiento, padres, hermanos, parejas, hijos… Personas que han encontrado en este “trabajo” un camino de supervivencia en un país tocado por la corrupción y una crisis económica agravada por la pandemia. Hombres a quienes se les ha enseñado durante años a deshumanizar al negro, al inmigrante, al que vive en los asentamientos esperando el momento de saltar. Hombres que obedecen órdenes y que quizás descarguen en cada golpe de porra y en cada pedrada la frustración de una violencia que ya se ha hecho connatural a sus vidas. Hombres que van borrando con cada golpe de porra y con cada pedrada su propia historia, hundiéndose en el fango del mal y la indiferencia.

Y también lo son, hombres quiero decir, los que trafican con los sueños. Los que explotan, los que engañan, los que cobran por adelantado porqué en el tráfico de personas, a diferencia de las otras mercancías se cobra por adelantado y no hay que garantizar la llegada a destino. Sí, también son personas, algunas embrutecidas por la maldad y la avaricia, otras que han encontrado en esta actividad la pura supervivencia. Algunos quizás han sido ellos mismos migrantes…

Pero no hemos de dejar de hacernos preguntas aquí. Nos hemos de preguntar si también lo son los que hacen posible las políticas migratorias vigentes en Melilla, en México, en Australia y en tantas fronteras calientes de nuestro mundo. ¡Y sí, lo son! No hay duda que los funcionarios y los burócratas de las agencias como Frontex encargadas de externalizar en terceros países nuestras fronteras son también seres humanos. A diferencia de los otros, trabajan en edificios inteligentes, en cómodos despachos con aire acondicionado y con la foto de la familia sobre la mesa. Son los encargados de firmar partidas presupuestarias para las vallas y los muros inexpugnables que se construyen a centenares de kilómetros de allí donde se toman las decisiones. Ah, y también son seres humanos los empresarios que ganan concursos para construir muros y vallas cada vez con tecnología más cara y sofisticada. Y, claro está, lo son los responsables políticos que van perdiendo humanidad y convicciones con el paso de los años, y que consideran que una operación con decenas de muertos y heridos es “un asunto bien resuelto…” “del que hay que felicitarse…” Parece mentira, pero incluso estos son hombres.

¿Y nosotros? ¿Lo somos nosotros? El peligro de acostumbrarnos a todo esto y de hacernos indiferentes es tan grande… Tenemos razones, excusas y argumentos que interponemos entre nosotros y aquellas imágenes que nos rebotan por doquier. Imágenes que recibimos en nuestro TL en medio de una inmensa cantidad de información que más que sensibilizarnos nos paraliza. Quizás que nos indignemos, quizás que la impotencia nos haga enfermar, pero la mayoría pronto olvidaremos el episodio, porque nos cuesta reconocer que también tenemos una parte de culpa en todo esto. Porque votamos a los políticos que votamos, quizás porqué hemos perdido el hábito de protestar, quizás porqué vivimos cada vez más encerrados en nosotros mismos y en nuestros miedos.

Lo que ha pasado en Melilla lo hemos calificado de tragedia, masacre, asesinato… Quizás los cristianos deberíamos hablar de fratricidio porque, como hemos visto, todos somos seres humanos y en el momento en que lo olvidamos, la indiferencia nos rebota, la fraternidad se rompe y también lo hace nuestra misma humanidad.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

La radio, las redes y las cosas serias

“¿Trabaja usted en Radio Marien?”, me pregunta una joven mujer sentada junto a mí en la guagua de Caribe Tours. No me sorprende, pues llevo puesta una gorra con el logo de la emisora jesuita de la zona fronteriza entre República Dominicana y Haití. “Colaboro”, respondo ante el interés de Yésica. Vamos de Dajabón a La Vega. Por el camino, varios controles de inmigración han ralentizado nuestro avance, mientras los funcionarios nos piden documentación. La mayoría de las personas que viajan hoy son de origen haitiano y deben bajar de la cabina y mostrar a los funcionarios sus equipajes. Con tanto tiempo, es normal que la conversación con Yésica se alargue: “Me gusta mucho Radio Marien. Estudié en las escuelas radiofónicas y luego hice también mis cursos con el Centro Las Madres”, me cuenta. Su relato nos llevará por su peripecia personal formativa: lo que supusieron las escuelas en su vida, lo que le ayuda escuchar Radio Marien, por internet, ahora que vive en Santo Domingo; del tiempo que estuvo en Tenerife, con un novio que luego resultó mal; del trabajo que hace ahora, de su hija que crece sana.

La visita a República Dominicana está cerca de concluir. Los objetivos están cumplidos: colaborar y participar en el Seminario de la READ (Red Internacional de Educación a Distancia para personas jóvenes y adultas) organizado en torno al 50 aniversario de las Escuelas Radiofónicas Santa María, y conocer las otras emisoras de la red de radios jesuitas: Marien, en Dajabón, y Magis, en San Cristóbal, la emisora vinculada al Instituto Tecnológico San Ignacio de Loyola.

“Vale que la radio educativa tuvo mucha importancia, pero, ¿hace falta hoy, cuando el sistema de educación primaria se ha generalizado?”, me pregunta uno de los compañeros jesuitas que vive y trabaja en la frontera dominico haitiana. Desde que llegué a Dajabón, la cordialidad y hospitalidad de mis compañeros me sobrecoge. La conversación deriva en una reflexión sobre la misión actual de nuestras emisoras. Los datos son incontestables: en América Latina y el Caribe, cuatro de cada diez menores acaba su periodo educativo obligatorio sin alcanzar sus objetivos académicos y formativos. Sin embargo, el esfuerzo presupuestario en lo que podríamos llamar “escuelas de segunda oportunidad” (expresión usada oficialmente por primera vez en el ámbito del Libro Blanco de Educación de la Unión Europea, 1996) es poco significativo. De ese modo, la formación a lo largo de la vida, esa que, de algún modo, presupone las competencias básicas en lectoescritura, cálculo y ciudadanía, queda bloqueada para muchas personas porque el sistema fracasó durante su periodo escolar. La impresionante evolución de las metodologías y los recursos educativos actuales quedan así a disposición solo de quienes tienen éxito, promoviendo una brecha cultural creciente con quienes, por diversos motivos, fueron descartados. Es decir, sin una aplicación importante de la formación académica de personas adultas, a modo de escuela de segunda oportunidad, podemos encontrarnos con que nuestro sistema educativo colabora con eficacia a una desigualdad creciente.

Por otro lado, es una buena noticia el hecho de que muchos sistemas educativos nacionales estén consiguiendo reducir los índices de abandono temprano. Es importante describir esos procesos de éxito con el deseo de que sean adecuables a otras sociedades. Sin embargo, también se constata que la permanencia en el sistema educativo no significa, necesariamente, la consecución de aquellas competencias instrumentales, vivenciales y convivenciales necesarias para vivir la propia vida con responsabilidad, participación y colaborando en una sociedad inclusiva; muchas personas, incluso después de culminar con éxito su formación académica oficial, se encuentran sin los recursos personales necesarios para poder asumir su propia vida con libertad, fraternidad, responsabilidad y felicidad. Es decir, el desafío de la formación a lo largo de la vida va más allá de los buenos resultados en la educación obligatoria o en la formación académica postobligatoria. Los cambios sociales y culturales, así como las dificultades ordinarias de la vida y de nuestros sistemas políticos y económicos no siempre amables, hacen necesaria una formación continuada que nos ayude a ser más competentes en las demandas profesionales y más hábiles en la gestión de la propia vida y la convivencia. La felicidad, el sueño de todas y todos, pasa siempre por la formación, una formación que no acaba nunca. Y para esa función formativa la radio tiene un histórico y una experiencia envidiables. 

Vine a La Vega porque es la ciudad donde se fundaron hace cincuenta años las Escuelas Radiofónicas Santa María, vinculadas a Radio Santa María. Tras años de experimentación inspirada en Radio Sutatenza, las Escuelas Radiofónicas nacieron cuando Rogelio Pedraz SJ tuvo conocimiento de la experiencia de Radio ECCA en Canarias. Con el apoyo de Francisco Villén, Luis Espina y el equipo de ECCA, en 1971 se puso en marcha la experiencia que, gracias a la red de presencias de la Compañía de Jesús, se expandió por buena parte de América Latina. Hoy, diez entidades vinculadas por la misma historia y metodología nacida en Canarias configuran la READ, Red Internacional de Educación a Distancia para personas jóvenes y adultas. La radio y la tecnología han estado siempre vinculadas a esta historia y a la misión educativa de nuestras entidades.

El invento de Tesla y Marconi parece resiliente ante los cambios de los tiempos. Asisto en Dajabón al programa “Lo mejor de la mañana”, conducido por Myriam Jiménez. Conversamos sobre el seminario tenido recientemente en La Vega. Mientras conversamos, ella misma recibe llamadas y mensajes por Whatsapp que gestiona con habilidad. Myriam es una más que notable influencer en su ciudad. Los datos europeos sobre el uso de los medios de comunicación siguen mostrando a la radio como uno de los más usados cuando se trata de informarse sobre las cuestiones sociales, económicas, culturales y políticas, y el más creíble entre los medios (por encima de la televisión, la prensa escrita y, por supuesto, las redes sociales, que se asocian más con la niebla, la mentira). Ciertamente, la gente más joven tiene hábitos comunicativos más vinculados a las nuevas modalidades (tiktokers, youtubers, influencers…), pero la radio no queda obsoleta. El mundo empresarial y político así lo sabe y hace todo lo posible por usar sus virtudes. Ciertamente, hoy no hacemos radio como se hacía hace años. El uso de las nuevas tecnologías permite una hibridación con otros medios que enriquece la labor periodística y genera nuevos estilos; por otro lado, internet permite romper las barreras temporales y espaciales de la emisión en FM. Con todo, esa nueva radio, la hibridada y “a la carta”, suma para que siga siendo un medio que por difusión y credibilidad se muestre extraordinariamente útil para la formación a lo largo de toda la vida.

Lo dicen los datos y también Yésica, mientras atendemos a otro control de migraciones, entre Dajabón y La Vega.

[Imagen de Benjamin Hartwich en Pixabay]

¿Espiritualidad Ignaciana? Dos mártires responden

Hace apenas una semana, en el simposio sobre ejercicios espirituales que tuvo lugar en Manresa me debatía entre varias concepciones de la espiritualidad ignaciana y lo esencial en ella. Tuvo que llegar el martirio de dos jesuitas en la sierra Tarahumara, México, para ayudarme a reconocer lo imperdible en el asunto del espíritu.

Por la tarde del pasado 20 de junio, dos jesuitas atendían al llamado de un sujeto herido que buscaba desesperadamente refugio en el templo de la misión del poblado de Cerocahui. Poco después, otro sujeto, armado, lo alcanzó para ultimarlo, asesinando también a los dos padres. Al parecer, ni el cariño ni el respeto que en la sierra se les tenía hizo dudar al atacante. Los cuerpos de los jesuitas y del sujeto perseguido fueron sustraídos, y hallados horas después a kilómetros de distancia.

Javier “El Gallo” Campos había tejido una equilibrada red de relaciones sociales a fuerza de largas horas atravesando la vasta sierra para visitar diferentes pueblos indígenas y mestizos, sentarse en el suelo a charlar con ellos, y celebrar la fe y la vida. En sus 50 años de entrega en la Tarahumara se hizo famoso entre muchas generaciones de niños por cantar como los gallos. Como buen gallo, cantaba para todos. Todos eran sus hermanos y supo hilar fino el respeto que le tenían, que de algún modo ayudaba a mantener viva la posibilidad de dialogar. Fui testigo de cómo bastaba decir que “me enviaba el P. Gallo” para ser recibidos con confianza en las comunidades. Sin embargo, en una reunión entre jesuitas hace pocas semanas, Javier comentó con jocosidad serena la posibilidad de que pasara algo como lo que finalmente ocurrió.

Joaquín Mora, “Morita”, por su parte, es descrito así por un exalumno al que educó antes de ser enviado definitivamente a su último destino y cuyo testimonio trascendió las fronteras de los medios de comunicación (me disculpo por no saber recuperar su nombre):

“… cuando pasó por Tamaulipas eligió a la colonia Pescadores para impartir misas y prestar servicio a la comunidad. De manera obligatoria nos llevó uno por uno a constatar las condiciones en que vivía la gente en una de las regiones más abandonadas del estado. […] Si alguno de entre nosotros bromeaba con el talante taciturno del padre, a partir de esas visitas Joaquín Mora se ganaba el respeto de por vida de cualquiera. […] No creo que alguien en este planeta pueda decir que buscó lujo alguno. Nunca le conocimos más de un puñado de camisas, y quizá apenas dos pantalones, siempre desgastados, pues si alguna familia le obsequiaba algo de ropa, de inmediato la distribuía entre las personas de la colonia que adoptó. […] Sin duda ha sido el más silencioso de todos los jesuitas que he tenido la fortuna de conocer.
Había una manera de hacerlo sonreír de inmediato y era preguntarle por la sierra Tarahumara, uno de los primeros lugares al que lo enviaron […] Siempre soñaba con regresar allá. Sus historias resaltaban lo apartada que se hallaba esa comunidad, cuán urgente era pedir medicinas para ella de manera rutinaria, y sobre todo, de su manera de vivir lo sagrado, que sólo se aprecia en ese lugar.”

Personalmente, escuché de él, con horror y un cierto cinismo de mi parte, cómo se detenía a dar auxilio espiritual a los moribundos, sin temor a quedar en medio de alguna balacera.

En la lluvia de mensajes recibidos tras el asesinato de ambos destaca una frase de “El Gallo”, que describe la espiritualidad como el “Amor profundo e incondicional en el seguimiento de Jesús”. Muchas de mis dudas sistemáticas se esfuman ante la elocuencia de quienes definen espiritualidad recibiendo a un herido en peligro, sin importar el contexto o las consecuencias,  solo por que su amado Jesús hubiera hecho lo mismo. No sé si esta definición sea correcta en el mundo de la teología espiritual, pero sí desearía que muchos nos enamoráramos profundamente de Jesús y fuéramos por ello capaces de hacer lo que estos dos hermanos han hecho. Nos urge una espiritualidad como esa.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

Perú: tierra “ensantada” y ensangrentada. A propósito del martirio y beatificación de la hermana Aguchita

El Perú, tierra denominada por el papa Francisco como “ensantada” por la grandeza de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Macías, Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano, también es tierra “ensangrentada” por la cantidad de asesinatos y martirios que ha presenciado, entre ellos el de los sacerdotes Miguelm Tomasket, Zbigniew Strzalkowski, Alessandro Dordi y la hermana María Agustina Rivas López (Aguchita).

  1. Contexto de la Selva Central Amazónica: lugar del asesinato de Aguchita

– Indígenas asháninka. En esta región representan el grupo originario amazónico demográficamente más numeroso del Perú. Su identidad se encuentra estrechamente relacionada con el territorio y la defensa del mismo. Es de suma importancia el vínculo con la naturaleza y los seres que la habitan, puesto que reconocen que todo lo que les rodea tiene vida. Así como la importancia de impulsar la revalorización de su cultura, principalmente para transmitir conocimientos y saberes tradicionales, como el idioma y el uso de plantas medicinales a las nuevas generaciones.

La presencia de los antepasados de los asháninka, data de aproximadamente más de 3000 años atrás. Su ubicación se concentraba en el curso medio del Río Amazonas, en una zona próxima a la actual ciudad de Manaos, en Brasil. Estas poblaciones desarrollaron formas de agricultura que permitieron su crecimiento poblacional, lo que a su vez generó presiones por el recurso de la tierra aluvial, lo que motivó diversos conflictos que les obligaron a migrar hacia el río Ucayali y siguiendo su vertiente llegar hasta la Selva Central.

Debido al hallazgo de hachas de bronce en parte del territorio ancestral, se conoce que mantuvieron relaciones de intercambio con poblaciones andinas desde épocas anteriores a los incas.

La invasión de los españoles en la selva se dio de manera tardía pues sus principales acciones estaban orientadas a hacia la riqueza del inca.

En la actualidad estos pueblos crearon su propia asociación para vender el cacao. Cansados del bajo precio del producto establecido por las grandes empresas, tomaron el control de su producción y venta. En esta remota zona, donde la agricultura intensiva realizada por peruanos de otras provincias ha causado estragos, los asháninka están tratando de recuperar su antigua selva.

– Sendero Luminoso (S.L.) desde 1980 a la actualidad: éste grupo guerrillero maoísta surgió en los años 80 en la zona andina de Perú y proclamó su objetivo de derrocar al Estado para instaurar un nuevo régimen. Con su alto grado de violencia causó terror en Perú durante su apogeo en las décadas de 1980 y 1990.

También en la década de 1980 nació el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que junto a Sendero Luminoso comenzaron su accionar en la Selva Central. Ellos llegaron al territorio en búsqueda de nuevos espacios donde extender la lucha armada. Las tácticas que ejercieron con los asháninka siguieron el mismo patrón que se aplicaba en la zona andina. Principalmente en el caso de Sendero Luminoso, procedían a la captación de profesores, promotores de salud; iniciaban su accionar en las localidades urbanas y, poco a poco iban penetrando los espacios rurales; ejecutaban a líderes o a cualquier persona que resistiera a los mensajes y acciones senderistas. Las localidades eran comúnmente saqueadas, los habitantes violentados al punto de llegar a incendiar centros poblados enteros, lo que forzó el repliegue de muchos indígenas al monte. Otros grupos indígenas se colocaron armados con escopetas, arcos y flechas en puestos de control de tránsito en las vías principales que comunicaban las ciudades de la zona, con la finalidad de lograr la expulsión del MRTA y de S.L. que ocupaban su territorio. La primera derrota estratégica de S.L. no se produjo con la captura de su jefe A. Guzmán, sino con la masificación de las rondas campesinas, que lo empantanó, lo aisló y arrinconó, contribuyendo a dejar expuesta su dirección nacional en la ciudad y facilitando la captura de su líder. El campesinado logró encontrar su camino en el laberinto de una guerra ajena, mezclando astucia y paciencia, audacia y prudencia, adaptándose, resistiendo o huyendo cuando no había alternativa, hasta optar pragmáticamente por una alianza con las FFAA. Tras su derrota militar en los años ’90, la mayoría de los jefes de la guerrilla están encarcelados y su líder histórico, Abimael Guzmán, pasó 29 años en prisión. Murió a los 86 años en la cárcel, el 11 de septiembre de 2021.

Hoy, unos 200 combatientes siguen activos en el VRAEM (Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, al sureste de Lima), dispersos en esta región montañosa y de difícil acceso que es también la mayor región de producción de hoja de coca del país. S. L. volvió a ser noticia en Perú a pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por la masacre de 16 personas el 23 de mayo de 2021 entre las que se incluyen dos niños. Los restos fueron hallados calcinados e irreconocibles, de acuerdo al comunicado del Comando Conjunto de las Fuerzas Militares de Perú. Las autoridades investigan en profundidad los motivos del ataque, incluidas las razones por las que se centró en un grupo de población civil.

– Sendero Luminoso y el narcotráfico: El narcotráfico es una de las razones por las que S.L. está en el VRAEM. Ellos controlan una parte de esta zona y de la droga. De acuerdo a un informe de Estado de EE.UU, S.L. «ayuda a financiar sus actividades terroristas a través de su participación en el tráfico de drogas». El grupo recauda “impuestos revolucionarios” de los involucrados en éste negocio a la vez que por un precio brinda seguridad y también transporta narcóticos. Las comunidades asháninkas se ven desprotegidas frente al crecimiento de la producción de cocaína y el fortalecimiento de Sendero Luminoso. Los indígenas denuncian que cada vez ven más cultivos de coca y gente transportando droga. Por eso demandan una pronta titulación de sus territorios para protegerse de los invasores.

  1. Martirio de Aguchita y Sendero Luminoso

Sendero Luminoso trató de extirpar la presencia de la vida consagrada y del clero en cada rincón de Perú. A partir de 1989 comenzaron un ataque frontal para «batir el campo», como lo denominaban para lo cual buscaban someter u obligar a irse a cualquier poder, organización o institución que ellos no controlaran. La Iglesia llegaba donde no llegaba siquiera el Estado, los religiosos y religiosas eran líderes que trabajaban para buscar caminos de entendimiento pacífico. Ese era el rol de «Aguchita» en La Florida.

La hermana María Agustina –nombre que adquirió como religiosa- (alias Aguchita) pertenecía a la Congregación Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Nació con el nombre de Antonia Luzmila, el 13 de junio de 1920 al sur de Ayacucho, en la ciudad de Coracora. A los 14 años se trasladó a Lima para estudiar en el Colegio Sevilla, dirigido por las Hermanas de su Congregación, dónde ingresó a los 21 años.

En 1987, fue enviada a la localidad de La Florida, Distrito del Perené, Provincia de Chanchamayo, Junín, en la Selva Central de Perú. Sus tareas eran muy diversas: alfabetizaba a mujeres y las ayudaban a aprender a tejer, hacer pan, dulces, cuidar las plantas y animales, organizaba clubes para las adolescentes y jóvenes, acompañaba la catequesis familiar en las comunidades rurales. Eran tiempos de gran violencia: con frecuencia, miembros del grupo terrorista ingresaban a los pueblos y realizaban “juicios populares”, en los que decidían qué habitantes debían ser asesinados, sin defensa posible, acusados de organizar y ayudar a las mujeres de la localidad, de manipular a los niños con la educación, de criticar la violencia, socorrer a los pobres y tener diálogos con las comunidades indígenas. A pesar de esta situación, las hermanas optaron por quedarse y acompañar a la población aún a costa del riesgo de perder la vida dándola.

El 27 de septiembre de 1990, un grupo de S.L. ingresó a La Florida y organizó una de esas jornadas de asesinatos, la lista de la agrupación tenía entre sus nombres el de la hermana Luisa. Al no encontrarla, le dijeron a Aguchita que ella tomaría su lugar. La acusaron de hablar con los asháninkas, que los rechazaban, y de ayudar a los más necesitados de la localidad. Llevada a la plaza del centro del pueblo junto con otras ocho personas, con cinco balazos, una joven integrante de S.L., de sólo 17 años, la mató.

Aguchita se convirtió en la primera religiosa asesinada por Sendero Luminoso. Significó un hito en la triste historia de violencia en América Latina porque era la primera vez en Perú que un grupo armado mataba deliberadamente a una religiosa comprometida con la defensa de los pueblos asháninka, con la mujer indígena y con los jóvenes. Dentro del grupo de religiosas de su congregación era una mujer más, “una de tantas”, de no haber sido por su martirio, habría pasado desapercibida. Siempre soñó con ser misionera en la selva y Dios se lo concedió (afirman sus hermanas).

El 22 de mayo de 2021, el papa Francisco reconoció su martirio y autorizó la promulgación del decreto de beatificación. El 7 de mayo de 2022 se realizó el rito de beatificación, en la Plaza del pueblo donde fue asesinada presidida por el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

En esta Eucaristía el Cardenal Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de Caracas, Don Baltazar Porras afirmó:

“El martirio de Aguchita es un fruto maduro de la Iglesia peruana. Hija de nuestra Iglesia, campesina de la sierra, del Perú profundo, emigrante a la caótica Lima, religiosa formada en el Perú, promotora de la juventud y la mujer peruana, mártir de la violencia. La hermana Agustina es nuestra, de todos los peruanos, el fruto maduro de una Iglesia que lucha por crecer y madurar, por hacerse adulta, por aceptar y enriquecerse de toda la variedad de culturas que hay en el Perú. Una peruana, del Perú quechua, una mujer amante de toda la naturaleza, y de los más desfavorecidos: los indígenas, las mujeres y los niños/as. Hermana del cuidado de la casa común y de la fraternidad universal”.

También pidió orar para que “la guerrilla y la guerra desaparezcan para siempre del mundo entero y que en esta bendita tierra de la selva amazónica seamos capaces de sanar el dolor y el desprecio, asegurando, construyendo lentamente la globalización de la solidaridad sin dejar a nadie al margen”.

  1. La vida por la Amazonía. Religiosas, religiosos y sacerdotes: mártires amazónicos

Hombres y mujeres dejaron la vida por defender el “pulmón del mundo” de la deforestación y a los pueblos que lo habitan. En la selva amazónica se desencadena una profunda crisis por una prolongada intervención humana donde, predomina la “cultura del descarte” (Laudato si’ 16) y la mentalidad extractivista. La Amazonía es una región de vital importancia para el planeta, con una rica biodiversidad; es multiétnica, pluricultural y tiene una gran diversidad religiosa: un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados y de la Iglesia. Esta amplia región, con sus inmensas riquezas, es un lugar de vida y al mismo tiempo de muerte. Cientos de personas han muerto a manos de pistoleros dirigidos por poderosos que con excavadoras derriban indiscriminadamente miles de árboles, y con incendios provocados deforestan grandes extensiones de selva.

Entre sus víctimas se encuentran mártires cristianos y cristianas que han dado su vida en defensa de la floresta. Entre ellos citamos a Diana Isabel Hernández Juárez, agente de pastoral; Padre capuchino Miguel Junyent Rafat; capuchino Alfredo Ernesto Vracko Neunschwander; Padre Alcides Jiménez; jesuita Vicente Cañas – Kiwxi; misionera agustina Cleusa Carolina Rody Coelho; Padre Ezequiel Ramin; Obispo Alejandro Labaka, Religiosa Dorothy Stang.

La Iglesia, a través del papa Francisco y de sus mártires, nos hace oír el grito de la Tierra y de sus habitantes, siendo la Amazonía una región preferentemente amada y preocupante para el papa y para la Iglesia, por su falta de paz en ella como en el mundo.

[Imagen extraída de Vatican News]

Territorio hostil

Ha sido presentado el décimosegundo informe sobre los Centros de Internamiento de Extranjeros en España que el Servicio Jesuita a Migrantes publica anualmente desde 2010. Cuando han transcurrido todos estos años y tantos informes, parece que poco más se puede añadir a la realidad del internamiento y el sistema de expulsión en España. Sin embargo, la privación de libertad migratoria sigue siendo un elemento clave de la política de control de fronteras en nuestro país. Y esa centralidad concede a los CIE un papel real y también simbólico que no cesa de crecer.

El informe de 2021, el presentado ahora, se titula conscientemente “Territorio hostil”. Es un informe de análisis cualitativo, pues describe un elenco de sucesos y acontecimientos vividos y sufridos por los internos visitados por los equipos de voluntariado del SJM en los CIE de Algeciras, Barcelona, Madrid y Valencia.

Podría objetarse por los defensores del status quo que el informe se detiene en una especie de anecdotario irrelevante para una mirada general y comprensiva; que el informe distorsiona situaciones personales y aisladas para enjuiciar ideológicamente el sistema de prisión migratoria y deportación; que expurgar algunos casos aislados, sacados de contexto, es hacer trampas…

Es habitual que al SJM se le cuestione la validez de la denuncia que no se basa en datos estadísticos, o en cifras. Y sobre todo, en muchos datos o en datos lo más extensos posibles. Este es simplemente un sesgo impuesto por el pensamiento científico. Es una limitación de la validez exigida por esta lógica empírico-inductiva que es la hegemónica en la actualidad. Todo debe ser científico, basado en los datos de la experiencia, hasta la extenuación. Todo, hasta los informes CIE. En esta lógica inductivo-científica, la extensión de la población-muestra es la clave de la validez admitida de las conclusiones. Cuantos más casos iguales, mayor probabilidad de repetición del suceso: se busca el datum quantum. Este paradigma pretende ser más objetivo y menos subjetivo. En apariencia.

En la lógica política hegemónica, que es defensiva y cínica, y que está contaminada por la científica, se arguye entonces que los casos de desviación, infracción, vulneración, son como mucho casos aislados… No son significativos. Son sucesos anecdóticos, casi azarosos, de los cuales no cabe extraer conclusiones válidas.

Pero la cuestión de fondo que plantea el informe sobre CIE del SJM es otra. El SJM está centrando el debate en los derechos de las personas privadas de libertad en los CIE. Y nada más.

El discurso de los derechos humanos no debe dejarse atrapar en las exigencias de la falaz lógica política. Siempre que se producen asesinatos y agresiones racistas, personas bienintencionadas se preguntan: “¿cuántos casos aislados deben ocurrir para hablar de sociedad racista?” La pregunta está mal formulada. Debería decirse: “¿cuántos casos racistas deben ocurrir para hablar de sociedad racista?” El racismo no está en n casos o en n+1 casos. El racismo está en cada suceso individual. O no está. Por lo tanto, un solo caso racista habla de una sociedad racista. Incluso entre personas comprometidas, activistas de derechos humanos, de movimientos y organizaciones sociales, el paradigma mental del datum quantum está presente de algún modo.

Pero como se ha dicho más arriba, cuando se trata de los CIE, en el fondo se trata de derechos. En derecho, los hechos son concluyentes. Por ejemplo, en derecho civil la voluntad tácita observada una sola vez genera derechos y obligaciones contractuales. En derecho no estamos ante el datum quantum, sino ante el factum concludens. No datos, sino hechos. No muchos hechos, sino significativos, verdaderos (aunque sean uno solo).

Jacques Derrida distinguía entre los sucesos de la historia y los acontecimientos de la misma. La diferencia está en que un acontecimiento es un suceso dicho, como puesto encima de la mesa. Los meros sucesos, de ser aislados, pura anécdota, son elevados a la categoría de acontecimiento cuando son dichos. Es lo que en parte hace el informe sobre CIE: detecta los hechos que merecen ser dichos y los eleva a categorías.

El informe CIE habla de hechos, de los facta concludentia. No solamente se trata de salpimentar el texto con los testimonios de los internos o de las visitas. El informe describe con detalle algunas relaciones directas que el SJM ha mantenido con los internos y con la administración y organismos públicos (direcciones CIE, jueces, fiscales, Defensor Pueblo) en tanto en cuanto estas relaciones en las que el SJM ha sido protagonista son hechos concluyentes dignos de ser dichos.

Y, así, el informe convierte en acontecimientos á la derrida, en categorías que permiten concluir cualitativamente que sí que hay un acontecimiento concluyente (y objetivo y alarmante): la crisis y el retroceso de los derechos en el internamiento y en la expulsión. El CIE como territorio hostil.

Y detrás de esa constatación, la convicción del SJM de que cada persona privada de libertad en un CIE es digna de acogida, de respeto, de valoración y de acompañamiento. Ojalá todos los actores que intervienen en el sistema represivo de internamiento y deportación entiendan de forma cabal la convicción del SJM, la respeten e, incluso, la compartan.

[Imagen extraída del Servicio Jesuita a Migrantes]

Jesús y Francisco

Hay en los evangelios un dicho sobre Jesús que parece repetirse en el actual obispo de Roma. No en plan de igualdad, por supuesto, pero sí como el ejemplo y el estilo del Maestro que se reflejan en el discípulo. Me estoy refiriendo a la frase de Lucas (2,35): “Este ha venido para que salgan a la luz los pensamientos de fondo de muchos corazones”.

1. Datos. En efecto: Jesús puso en evidencia lo que había en el fondo de muchos sumos sacerdotes, de muchos saduceos y de muchos “judíos respetables”. Tanto que todos los evangelios repiten varias veces que la reacción ante algunas conductas de Jesús fue que “tomaron la determinación de acabar con Él”.

Encontramos esa reacción en Marcos (3,6), ya al comienzo de su relato y cuando las cosas iban mejor. Y con el significativo detalle de que en esa decisión se unen enemigos irreconciliables como eran “los fariseos y los herodianos”. La encontramos también en Mateo (26,4) en una reunión celebrada ex profeso para eso, y con el cuidado de hacerlo de manera “que no se amotine el pueblo”. La encontramos repetida en Juan, el evangelio que parece presentar a un Jesús más celestial: “pretendían matarle porque no solo curaba en sábado sino que se hacía igual a Dios” (5,18), lo que acabará en la decisión “oficial” de 11,53: “acordaron matarle”. Lucas habla de un intento de despeñarle (4,29) y de un afán por “tenderle lazos” (11,53). Y eso que Lucas parece mucho menos preocupado por la reacción de los poderosos y más por la del pueblo sencillo que alababa y daba gracias a Dios porque sentían que un gran Profeta les había visitado (cf. 7,17).

2. Razones. Si nos preguntamos qué es lo que provocaba esas decisiones tan furiosas y tan retorcidas, creo que hay tres rasgos en la conducta de Jesús que las explican suficientemente y que sacan a la luz lo que hay por debajo de las apariencias, en el fondo de nuestros corazones:

a.- Por un lado, Jesús parece poner a las personas concretas (y sobre todo: sus necesidades más primarias) por encima de las instituciones más sagradas. Suena muy aceptable la argumentación del jefe de la sinagoga en Lc 13,14: “la semana tiene seis días para que vengáis a curaros en vez de hacerlo en día de precepto”. Pero Jesús considera que aquella enferma tiene derecho a no esperar ni un día más, tras tantos años de sufrimiento y porque (en el lenguaje de la época) la enfermedad es obra de Satán y no de Dios; mientras que los hombres ponemos las excepciones a la ley en nuestros animales antes que en las personas (cf. Lc 13,15 y 14,5). Algo parecido se refleja en alguna parábola como la del buen samaritano: pues, según explican los exegetas, aquellos que pasan de largo tenían buenas razones sociales para obrar así.

b.- Por otro lado, Jesús da la sensación de ser acogedor y comprensivo con “los de fuera”, mientras resulta autocrítico y hasta duro con los de dentro. En los evangelios, los samaritanos quedan mejor que los judíos. Recordemos además que las dos únicas veces que Jesús alaba la fe de alguien (Él que tanto se quejaba de la “poca fe” de los suyos), se trata de dos personas no judías: el centurión y la mujer cananea. Y recordemos también la amenaza de que vendrán muchos “de fuera” a sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob, mientras los hijos del pueblo no entrarán (Mt 8, 11.12).

c.- Finalmente Jesús es implacable con los ricos, a los que dice: “ay de vosotros porque ya tenéis aquí vuestro consuelo” (Lc 6,24), y les enseña que es imposible que se salven mientras no pongan su riqueza al servicio de los pobres (cf. Mc 10, 22-24): porque el ídolo más contrario a Dios es precisamente la riqueza privada (“Mammon”, Mt 6,24).

Es muy comprensible que esos tres rasgos del proceder de Jesús fueran desatando poco a poco recelos, hostilidades y finalmente una ira y una rabia mal contenidas: porque, efectivamente, pueden poner en evidencia lo que hay en el fondo de nuestros corazones.

Pues bien: lo curioso es que este mismo proceso parece ser el de las reacciones de muchos bienestantes frente al actual obispo de Roma. Veamos algunas

3. En Francisco. Ya no es simplemente que se le llame comunista o tercermundista, ni que todo un cardenal le acuse de no cumplir el evangelio, ni que se le llame el papa de los ateos. Es la furia de todo un diputado brasileño que le tacha simplemente de “sinvergüenza”: aquí, la crítica con algún contenido aparente, se ha transformado sin más en insulto barriobajero. Y eso mismo parecen reflejar (aunque no sé si son ciertas) estas palabras que me envía un amigo como escritas por un periodista español: “Juan Pablo II fue un papa santo; Benedicto XVI un papa sabio, Francisco es un papa-natas”. Semejante falta, no ya de respeto, sino de educación elemental, refleja esa rabia impotente y descontrolada de quien, si pudiera, acabaría con él. Pero claro: al reflejar esa rabia pone otra vez en evidencia lo que hay en el fondo de muchos corazones…

Y es que las tres formas de conducta destacadas en Jesús atacaban nuestra estabilidad, nuestra vanidad autocomplaciente y nuestra seguridad y pretensión de ser superiores. “Una mica massa” que dirían mis hermanos catalanes. 

Pues bien: algo de eso parecen amenazar también algunas conductas de este papa que prefiere viajar a Irak, a Lampedusa, a Palestina, a Cuba, a la República Centroafricana y a Marruecos, antes que a “la católica España”. O que se reúne con los gitanos, que grita a favor de los inmigrantes y se deja quitar el solideo por un niño de diez años… Ya en los comienzos de su ministerio, se le acusó con razón de “desacralizar el papado”. Lo cual es muy serio: porque el papa era antes una especie de “depósito de sacralidad” que funcionaba muy bien como arma defensiva de los bienestantes. Y eso se ha evaporado. 

Por otro lado, aunque muchas de las cosas que Francisco dice de economía, las habían dicho ya sus predecesores, estos las dijeron en largas encíclicas (que muy pocos leían), entre mil frases teológicas, donde perdían sabor como un trago de un vino fuerte disuelto en un litro de agua… En cambio Francisco ha dicho muchas de esas cosas sin aguarlas y en cualquier sitio, de modo que todo el mundo se entera y hasta las repite como eslóganes: “una economía que mata”, “la cultura del descarte”… Así se comprende lo furibundo de algunas reacciones y lo que el mismo Francisco dijo en Eslovaquia: “Algunos me querrían muerto”. ¡Y tanto!

Seguramente ya es tarde para planear algún atentado bien disimulado. Quedan recursos como desacreditar a la Iglesia presentándola como la única culpable del horror de la pederastia, a pesar de que Francisco ha sido quien más valientemente ha actuado contra esa plaga. En cualquier caso, me temo que a Francisco le queden días harto difíciles. Porque, por el otro lado, se le acusa de ser remiso en el tema de la mujer, a pesar de que es el papa que más ha hablado de la necesidad de un mayor protagonismo de la mujer en la marcha de la Iglesia, y que más cargos de cierta entidad ha procurado cubrirlos con mujeres. Pero una impaciencia, más humana que divina, impide comprender que Francisco tiene aquí las manos muy atadas no solo por declaraciones aún muy cercanas de sus predecesores inmediatos, sino por razones ecuménicas, como son las iglesias de la llamada “Ortodoxia”. Olvidamos aquí que la sinodalidad, a la que tanto cantamos ahora, muchas veces ha de significar “paciencia”. Por lo demás, es esta una conducta muy frecuente en las sociedades humanas: en el campo político hemos sido testigos muchas veces de que reivindicaciones extremas, que estaban muy calladas cuando el gobierno estaba en manos de la derecha, se levantan con urgencia cuando acceden al poder las izquierdas, creando problemas innecesarios a gobiernos de mayoría frágil. Humano, demasiado humano…

4. Acusaciones concretas. Un último punto a destacar puede ser la vacuidad de contenidos de esas acusaciones tan furibundas en los dos casos que comentamos: de Jesús se dice que “ha blasfemado”, “amotina al pueblo”, quiere proclamarse rey… Y por eso “reo es de muerte”. Pero resulta que Jesús enseñaba la paternidad y el amor de Dios, curaba al pueblo y huyó cuando quisieron proclamarlo rey. Una vacuidad parecida podemos encontrarla en el insulto contra Francisco antes citado, que hablaba de Wojtila como papa santo, de Ratzinger como papa sabio y de Bergoglio como papanatas. Vale la pena analizar esas comparaciones.

Personalmente, no tengo nada contra la santidad personal del papa Wojtila. Incluso escribí un pequeño librito para hacer comprensible a Juan Pablo II, situándolo en su contexto polaco. Digo esto como muestra de que no hay, en lo que sigue, nada contra él. Simplemente sucede que los santos canonizados deben ser modelos para nosotros. 

Y bien: no resulta nada modélica la conducta de quien encubrió al monstruo de Maciel, lo presentó como modelo a la juventud y hasta se negó a actuar cuando las pruebas llegadas a Roma eran más que evidentes (recordemos que una de las primeras decisiones que tomó Ratzinger, nada más llegar a la silla de Pedro fue ordenar a Maciel que se retirara de toda actividad sacerdotal y se dedicara a la oración y silencio). Tampoco impidió esa santidad las profundas diferencias con otro santo canonizado: San Oscar Romero, amenazado por Roma con ponerle un “coadjutor con derecho a sucesión” que le apartaba prácticamente del gobierno de la diócesis. Tampoco resulta muy modélica la sospecha de connivencia de Roma, en aquella época, con las dictaduras sudamericanas donde el anticomunismo justificó crueldades increíbles: estamos simplemente ante la reacción típica de un mundo dividido en dos sistemas, donde las víctimas de uno de los dos sistemas no toleran las críticas al otro al que miran como alternativa. Una reacción que ha sido típica tanto de las derechas como de las izquierdas. Finalmente, queda lo irregular de su proceso de beatificación que se saltó las normas canónicas establecidas. El grito de “santo súbito” no quiso ser un grito piadoso sino un grito interesado: el papa enemigo feroz del comunismo era una excelente vacuna contra todo intento de reforma social entre nosotros.

Por lo que hace al papa sabio, a cuyas clases asistí en Tübingen en el curso 1966-67, queda la pregunta de si su sabiduría está en lo que los comentaristas llaman “el primer Ratzinger” o en su evolución posterior. Probablemente estuvo en su valiente e insólita decisión de dimitir, cuando comprendió que no era él la persona adecuada para afrontar el dossier sobre la situación de la Curia, que luego hizo que los cardenales eligieran a Bergoglio: al “papanatas” le cayó aquel problemón. Y basta, por ejemplo, con leer las declaraciones de Francisco a la curia romana, para comprender que quien tuvo el valor de hablar así, podía estar sembrando hostilidades ciegas que algún día mirarían de pasarle factura.

Por eso podemos cerrar este paralelismo entre el destino de Jesús y el de Bergoglio, con las mismas palabras del Maestro: “Si al Señor de la casa le han llamado Beelcebul, ¿qué no llamarán a sus servidores?” (Mt 10,25). Donde lo de papanatas todavía casi resulta caritativo. Creo, pues, que lo mejor que podrían hacer esos críticos es releer la carta de Pablo a los romanos, como dirigida no a una comunidad cristiana del pasado, sino a ellos mismos y a todo el género humano. Verían así cómo la liberación por Cristo de nuestro afán de autoafirmación (Rom 1-8) es una espléndida ayuda para construir comunidad (Rom 12-16).

[Este artículo fue publicado anteriormente en el número 289 de Iglesia Viva/Imagen extraída de Aleteia]

Dos tipos de “practicantes”

Después de leer los diferentes informes enviados por las iglesias de San Sebastián, Vitoria, Bilbao, Pamplona y los de diferentes colectivos- como respuesta a la consulta, abierta el pasado mes de octubre por el papa Francisco en la primera fase del Sínodo mundial sobre cómo “caminar juntos”- constato una fuerte discrepancia entre ellos. Esta discrepancia, normal -hasta cierto punto- en cualquier colectivo humano, se ha visto reforzada, y convertida en dura división, por los nombramientos de unos obispos que -promovidos a tal responsabilidad por su afinidad con la interpretación involucionista del Vaticano II, liderada por Juan Pablo II y Benedicto XVI- presentaban una mayor sintonía con las directrices que emanaban del sector más conservador del episcopado español que con la necesidad de afrontar, junto a los cristianos y cristianas de sus respectivas diócesis, los retos del momento, en fidelidad a lo dicho y hecho por Jesús. Pero no solo por eso. Creo que la división que constato se debe también a una distinta comprensión de lo que se entiende por “practicante” en las diócesis del País Vasco, aunque no solo en ellas. Mientras que para los colectivos que se suelen tipificar como postconciliares, “practicante” es quien, en conformidad con el programa del monte de las Bienaventuranzas o de la parábola del juicio final, da de comer al hambriento, visita al enfermo, se asocia con quienes se comprometen por la paz y la reconciliación y se posiciona en favor de los parias de este mundo, existen otros colectivos para los que ser “practicante” es, sobre todo, participar los domingos en la misa. Son conocidos como “tradicionales”. 

Si para los primeros, la eucaristía -como la pertenencia a una comunidad más amplia que el propio grupo- es importante porque permite mantener fresca y viva la identificación de Jesús con los últimos de nuestro mundo, para los segundos, la participación en la misa, o en alguno de los actos de piedad con ella vinculados, es el criterio definitivo. La Iglesia, suelen decir estos últimos, no es una ONG. Y no lo es por la centralidad que ha de tener la presencia sacramental de Jesús en la eucaristía (“esto es mi cuerpo”), incluso, por encima, de su identificación con los últimos de nuestro mundo (“lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis”). Sería injusto, además de falso, sostener que los “tradicionales” no dan importancia a dicha identificación de Jesús con los pobres. Se la dan, pero, muy frecuentemente, solo en clave de caridad y limosna y casi nunca en la de justicia, es decir, no prestando la debida importancia a un criterio que, clásico en la tradición cristiana, desde los primeros momentos, ha marcado -para bien- tanto la espiritualidad y la teología como la historia de la humanidad: Dios ha entregado los bienes de este mundo no para acumularlos, sino para que nadie pase necesidad. Por eso, en caso de penuria, todas las cosas son comunes. 

Si se me permite el comentario, creo que una buena parte de estos cristianos “tradicionales” confunden lo que es pararse o estar un buen rato en un área de servicio para repostar (que vendría a ser el culto y la liturgia) con la autopista de la vida, el lugar en el que, en verdad, “se practica” el programa del monte de las Bienaventuranzas y en el que uno se encuentra, cara a cara, con el Crucificado, asociado a los crucificados de nuestros días. Y, por supuesto, el espacio en el que también es posible disfrutar de infinidad de chispazos, murmullos o anticipaciones de la vida en plenitud de la que nuestra existencia es, en el mejor de los casos, un destello. He aquí otra importante clave explicativa de la división que percibo leyendo los informes oficiales de estas diócesis y los de otros colectivos que también los han dado a conocer recientemente o lo vienen haciendo desde hace tiempo, por ejemplo, Gipuzoako Kristauak; la Asamblea Ibilian en la diócesis de Vitoria-Gasteiz; el Foro de curas y Berpiztu – Kristau Taldea en la diócesis de Bizkaia y diferentes grupos en la de Iruña-Pamplona. 

Pero, además, lo que me llama la atención es el mayor apoyo que los obispos nombrados estos últimos decenios vienen dando al colectivo de “practicantes” en clave más tradicional y caritativa que a los que viven como fuente de vida cristiana la identificación del Crucificado con los crucificados de nuestros días y que participan en la eucaristía porque la entienden y viven como alimento y fuente de alegría que impulsa y mantiene en dichos reconocimiento y presencia. Esta apuesta no solo alienta dicha división entre los “practicantes” postconciliares y tradicionales -provocando el subsiguiente desconcierto- sino que también explica el perfil bajo, muy bajo, que muestran los informes oficiales de estas diócesis, así como la poca o nula ambición de la mayor parte de las propuestas presentadas e, incluso, el arrinconamiento -y hasta desaparición- de algunas que pedían mover ficha en todo lo referente al sacerdocio de la mujer y a su mayor protagonismo en la Iglesia.

[Imagen de Tep Ro en Pixabay]