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Hemos probado ChatGPT, una aplicación que te escribe incluso la homilía de Navidad

Estas semanas las redes van llenas de admiración por un nuevo programa de inteligencia artificial. Produce sí, admiración y sorpresa, pero también un sentimiento de abismo y temor hacia un futuro que intuimos que no solo nos cambiará nuestra forma de trabajar y nuestras vidas como las últimas revoluciones científicas, sino incluso lo que somos como especie humana. Parece como si estuviésemos en un camino de convergencia del ser humano hacia la máquina en lo que se llama transhumanismo, y de la máquina hacia el ser humano. El nuevo programa perteneciente a la empresa OpenAI, que fue fundada por Elon Musk y un grupo de inversores, representa la realización concreta más avanzada de la “humanización” de una máquina. Musk mismo caracterizó a la Inteligencia Artificial como la mayor amenaza existencial de la humanidad.

Después de probar ChatGPT, vemos cómo los asistentes virtuales Siri de Apple, Alexa de Amazon, o Google Assitant quedan a años luz de esta nueva tecnología. Estos asistentes son capaces de encender o apagar electrodomésticos, poner la música deseada o responder a preguntas simples buscando en su base de datos. Es decir, pueden decirte cuándo fue la Revolución francesa leyendo un artículo que contenga esa información, pero si le preguntas por las causas y consecuencias de esta se quedan mudos. A lo sumo, te ofrecen una lista de artículos para que tú mismo hagas la investigación. ChatGPT, en cambio, es capaz de responder con el número de palabras que se desee, redactando un artículo con introducción y conclusión, con una calidad extraordinaria en su formulación. Se le puede pedir también, una poesía, una carta de amor, o incluso una homilía de Navidad. Al final de este artículo, anexo diversos ejemplos. Por primera vez, Google se ve amenazada.

Las utilidades de esta tecnología son innumerables puesto que es posible hablar con la máquina por escrito como si fuese una persona real. De los asistentes virtuales por escrito pasaremos a los asistentes de voz de millones de empresas hasta el punto de no saber si estamos hablando con una persona real o con una máquina.

Estos asistentes pasarán a la medicina, concretamente a la asistencia primaria, donde el primer diálogo lo tengamos con la máquina. O quizás, sea el médico, que después de la exploración discuta con la máquina el diagnóstico y el mejor tratamiento a seguir.

Pero donde se va a producir una revolución inmediata va a ser en el mundo de la educación. De hecho, estas semanas ya están las universidades advirtiendo a los profesores de la existencia de este programa:

1) Los profesores van a tener que cambiar la metodología de aprendizaje, especialmente respecto a los trabajos en casa. Por el momento, los programas “antiplagio” solo detectan las copias de párrafos enteros de internet pero no pueden detectar textos que sintetizan una base de datos de millones de documentos. Será preciso evitar toda pregunta que suponga solamente hacer un resumen o una síntesis, sin religarlo con la experiencia o vida del alumno. No podrá pedirse, por ejemplo: “Lee La República de Platón y explica sus ideas principales”. La máquina te ofrece la respuesta en 10 segundos, listo para imprimir.

2) No hará falta ya un profesor que dé las asignaturas introductorias o, al menos, esto se valorará muy poco. Si la inteligencia artificial es capaz de ofrecer contenidos “objetivos” e interactuar, ¿para qué va a servir un profesor que simplemente repita cada año una presentación sosa y sin gracia de su asignatura? Hasta ahora, se criticaba al profesor que se limitaba a seguir su libro. Ahora, se rechazará también al que se limite a sintetizar una temática. Es decir, ya no tendrá cabida el que se limite a dar información existente aunque haya pasado días sintetizándola. Porque, ¿qué tanto por ciento de las 200-300 páginas que contiene una tesis de doctorado de humanidades son realmente novedosas? ¿Cuántas de ellas son simplemente una síntesis de información que ya puede ser ofrecido por la inteligencia artificial?

¿Qué va a suceder, pues?

1) Solo van a valorarse a aquellos comunicadores que posean “alma”, que aporten “chispa”, sentido a la vida, emoción… Todo lo que sea una comunicación sintética y objetiva lo va a poder ofrecer la inteligencia artificial. Las sociedades antiguas valoraban la memoria y la acumulación de contenidos, de ahí la primacía y respeto por la gente anciana. En el comercio, se valoraba la capacidad de hacer operaciones matemáticas rápidamente. Con las calculadoras esto dejó de ser necesario y con los discos duros infinitos dejó de valorarse la memorización. Se pedía un paso más, la capacidad sintética y relacional. Ahora esto también va a dejar de tener valor. Ya no interesará gente que sepa “el qué”, “el cómo funciona” o el “por qué causal”, sino que se buscará a gente que aporte sentido a la existencia, vida, alma… Esto dificultará las tesis doctorales en humanidades. Una máquina puede leer fácilmente los centenares de obras de San Agustín y descubrir algo nuevo que esté en las obras…

Por primera vez, las máquinas no van a substituir solamente a los trabajos mecánicos manuales (atornillar, empaquetar, transportar…), sino también a la creación y transmisión “mecánica” de información y contenidos. Si ChatGPT es capaz de crear una poesía o una carta de amor, también será capaz de crear música y ciertos tipos de vídeos. Con este programa será posible engañar al profesor, ya que la gran mayoría de trabajos de los alumnos son “mecánicos”, sin “alma”. Pero solo algunos tendrán sentido en el mercado laboral.

2) Volverá a valorarse lo “natural” puro. Una máquina puede levantar pesos, pero existe el deporte de la halterofilia. Una máquina puede jugar ya mejor al ajedrez que un ser humano, pero no ha desaparecido esta competición. Un disco duro guarda millones de datos, pero hoy están de moda los programas tipo “Saber y ganar” o “El cazador”. Igual que en la alimentación, una minoría de consumidores ya buscan los productos “sin aditivos” o lo 100% orgánico (independientemente de si son realmente más saludables o no), podemos prever una potenciación de este comportamiento hasta el punto de la aparición de nuevas comunidades que solo acepten lo “natural” en todos los niveles. Serán los nuevos “Amish” del s. XXI que se entregarán al nuevo “dios-naturaleza” tanto más cuanto la distinción entre la máquina y el ser humano sea más difusa. La actual redivinización de la naturaleza no es solo consecuencia del cambio climático, sino resultado de la tecnificación de toda la realidad.

3) Será necesario crear un sistema de “verificación” o “compensación ideológica” frente a la información que ya nos vendrá procesada por la inteligencia artificial. ChatGPT se presenta como algo neutro sin ideas políticas, pero es perfectamente posible introducirle un sesgo ideológico en sus respuestas.

A continuación, adjuntamos algunas preguntas y respuestas del programa. Las limitaciones del programa son patentes, pero solo estamos en los comienzos y se producirá un aprendizaje exponencial del sistema a medida que vaya utilizándose. Sin embargo, lo que aparece como evidente en todas las respuestas es que, a pesar de ser correctas, les falta “alma”. Ofrece textos “planos”, que aportan información, pero no emocionan. Ahí estará, pues, la aportación específica e irrenunciable del ser humano. Pero, ¿qué pasará con los que viven mecánicamente sin tener algo original que contar o con tantos que dicen cosas interesantes pero les falta esa chispa que convoca la atención de todos?

***

Ejemplos de conversación con ChatGPT

PREGUNTA: Analiza las ideas principales del pensamiento económico de Keynes a la luz de la crisis financiera del 2008 en un ensayo de aproximadamente 1000 palabras.

RESPUESTA de chatGPT:

El pensamiento económico de Keynes ha supuesto una influencia importante en la economía desde su publicación de la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero en 1936. Sus ideas sobre la macroeconomía ofrecen una perspectiva importante para comprender la crisis financiera mundial del 2008 y los problemas económicos que se han producido desde entonces. Esta crisis financiera, causada por la falta de regulación y la desregulación del mercado, fue el resultado de las ideas macroeconómicas de la década de 1980, basadas en la teoría de los efectos de la oferta de Milton Friedman. Estas ideas neoclásicas se basaban en la idea de que el gobierno no debía intervenir en la economía y que los mercados financieros se auto-regularían. Estas ideas resultaron ser erróneas, ya que el estallido de la burbuja financiera fue el resultado de la falta de regulación y el exceso de riesgo en el sector financiero.

En contraste con esta escuela neoclásica, Keynes propuso un enfoque más moderado para la regulación y la macroeconomía. Señaló que el gobierno debía desempeñar un papel importante en el estímulo de la economía, particularmente durante periodos de desaceleración, para evitar el desempleo estructural. Keynes también apuntó que el gobierno debía regular los mercados financieros para evitar la especulación excesiva y los excesos de riesgo. Estas ideas fueron fundamentales para la recuperación económica desde la década de 1980, cuando los gobiernos comenzaron a adoptar políticas de estímulo fiscal y monetario, como los recortes de impuestos y los programas de estímulo de la demanda.

Sin embargo, estas políticas no fueron suficientes para evitar la crisis financiera del 2008. Aunque los gobiernos habían adoptado una serie de medidas para promover el crecimiento económico, los mercados financieros seguían siendo altamente desregulados. Esta falta de regulación permitió a los bancos tomar excesivos riesgos con el dinero de los inversores y especular con los precios de los activos. Esto resultó en una burbuja financiera que finalmente estalló en el 2008 y que afectó a inversores de todo el mundo.

En la crisis financiera del 2008, las ideas de Keynes tuvieron un papel importante en la recuperación económica. Keynes propuso un enfoque de estímulo fiscal para estimular la economía, así como la regulación de los mercados financieros para evitar la especulación excesiva. Estas ideas fueron fundamentales para el estímulo económico desde la crisis financiera del 2008, con el gobierno de Estados Unidos implementando una serie de recortes de impuestos y programas de estímulo. El gobierno también implementó regulaciones más estrictas para los mercados financieros, incluyendo la Ley Dodd-Frank de 2010, que estableció regulaciones más estrictas para los bancos y otros intermediarios financieros. Estas regulaciones han ayudado a reducir el riesgo en el sector financiero y han permitido a la economía crecer de forma sostenida.

En conclusión, el pensamiento económico de Keynes ha sido una fuerza importante en la economía desde su publicación de la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero en 1936. Sus ideas sobre el estímulo fiscal y la regulación de los mercados financieros han sido fundamentales para la recuperación económica desde la crisis financiera del 2008 y han ayudado a reducir el riesgo en el sector financiero.

 

PREGUNTA: “Hazme un sermón de Navidad de unas 2000 palabras”.

RESPUESTA de ChatGPT:

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy celebramos el día más importante del año para los cristianos: la Navidad, el día en que nació nuestro Salvador, Jesucristo. Este día es una oportunidad perfecta para recordar el amor de Dios por nosotros, que nos envió a su Hijo para que muriera por nuestros pecados y nos ofreciera la vida eterna.

En la noche en que Jesús nació, los ángeles cantaron gloria a Dios en el cielo y los pastores adoraron al Niño recién nacido. También vinieron los Reyes Magos, que le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. Estos acontecimientos nos muestran la importancia y la magnificencia del nacimiento de Jesús, y nos llaman a reflexionar sobre nuestra propia fe y devoción.

La Biblia nos cuenta que Jesús nació en Belén, en un humilde establo, como lo había profetizado el antiguo profeta Miqueas. Aunque muchos reyes y gobernantes se habían interesado en el nacimiento del Mesías, Dios eligió un lugar pobre y humilde para el nacimiento de su Hijo. Esto nos enseña que Dios se interesa en todas las personas, sin importar su estatus o posición social. Él quiere salvar a todos los que le buscan de todo corazón.

La Navidad es también un tiempo para estar con nuestros seres queridos y compartir con ellos. Es un momento para dar y recibir, y para demostrar nuestro amor y gratitud a los demás. Al igual que los Reyes Magos, debemos buscar maneras de servir y honrar a Jesús en nuestras vidas cotidianas, ofreciéndole nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras acciones.

En el relato del nacimiento de Jesús en el evangelio de Lucas, se nos cuenta que María y José fueron a Belén para inscribirse en el censo. Allí, María dio a luz a su hijo y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Esta historia nos habla de la humildad de Jesús, que nació en circunstancias pobres y desfavorecidas. También nos recuerda que Dios se preocupa por aquellos que son marginados y rechazados por la sociedad.

La Navidad es un tiempo de alegría y esperanza. Es un recordatorio de la bondad y el amor de Dios, que nos ha dado a su Hijo

 

PREGUNTA: ¿Cuáles son las ideas principales de La República de Platón?

RESPUESTA de ChatGPT:

Las ideas principales de la República de Platón son:

  1. La teoría de las ideas: Platón sostiene que existen unas formas perfectas e inmutables de las cosas, que son las verdaderas ideas. Estas ideas son las que dan sentido al mundo sensible que percibimos a través de nuestros sentidos.
  2. La teoría de las almas: Platón afirma que cada ser humano tiene una alma inmortal que perdura después de la muerte del cuerpo. Según Platón, esta alma tiene tres partes: el razonamiento, el espíritu y el apetito.
  3. La teoría del gobierno: Platón defiende que el mejor tipo de gobierno es el de una élite filosófica que gobierna en interés de toda la sociedad. Según Platón, esta élite debe estar compuesta por filósofos-reyes que hayan adquirido la sabiduría necesaria para gobernar justamente.
  4. La teoría de la justicia: Platón afirma que una sociedad justa es aquella en la que cada persona cumple con su función social y en la que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Según Platón, una sociedad justa es aquella en la que cada persona cumple con su deber y en la que todos gozan de igualdad de derechos.

PREGUNTA: Hazme una poesía de amor.

RESPUESTA de ChatGPT:

La luz de tus ojos,
brilla más que el sol,
ilumina mi camino,
en este mundo tan frío.

Tu risa, tan dulce,
me llena el corazón,
con tu amor, soy feliz,
nunca me siento solo.

Eres mi roca, mi hogar,
mi refugio en la tempestad,
tu amor me da fuerzas,
para enfrentar cualquier prueba.

Nunca te dejaré,
mi amor por ti siempre crecerá,
eres lo mejor que me ha pasado,
mi vida contigo es un sueño hecho realidad.

Te amo con todo mi corazón,
mi amor por ti nunca morirá.

[Imagen de Alexandra_Koch en Pixabay]

Vive

Vive, papá vive. El pasado 3 de enero plantamos su cuerpo en el cementerio comarcal cerca de casa, en medio de la laurisilva y el brezal, la naturaleza que tanto nos enseñó a amar. Muy bien sé que cuando digo vida para hablar de lo que ahora está pasando con él tengo que distanciarme mucho del uso que hacemos en el marco de la ciencia biológica. El hueco de su sillón, situado siempre al lado del de su esposa, nos advierte contra cualquier mirada ingenua hacia la muerte y arranca con un poder que da vértigo más de una lágrima de nuestros ojos.

Esa ausencia, ese sentimiento de haber sido asaltado y robado tiene en los albores de nuestra literatura castellana una expresión altísima en la endecha a Guillén Peraza, que convierte ese sentimiento en maldición para la isla en que aconteció la muerte: “Rompan tus campos negros volcanes, cubran tus flores los arenales”, cantaban las damas al despedir la historia del frustrado conquistador proclamando con repulsa herida: “No eres palma, eres retama, eres ciprés de triste rama, eres desdicha, desdicha mala”. E incluso insinúa la propia culpabilidad del finado: “Guillén Peraza, dó está tu escudo, dó está tu lanza, todo lo acaba la malandanza”. Ahora que vivo el duelo, reconozco cómo pulsan en mi interior los mismos sentimientos de reproche al entorno que no se borra o a mi propio padre con forma de pregunta apenas sostenida: ¿por qué te fuiste?

Hace unos pocos días, compartiendo con Víctor, amigo de muchos años, la profunda tristeza que por momentos se instala dentro, me decía desde su experiencia: “Irá siendo poco a poco una presencia de luz y sabiduría”. Entre las muchas miradas, palabras, abrazos tiernos y otros gestos de cercanía y consuelo que estos días la gente querida nos regala, esa presencia en medio de la ausencia tiene también un subrayado permanente. Entre las primeras joyas de nuestra literatura el joven Manrique, tras un repaso sin concesiones a la ausencia y a lo que la muerte supone para las muchas vanidades de nuestras historias, proclamaba cómo la vida de su padre “dejó harto consuelo (en) su memoria”. El repaso de anécdotas, dichos, lugares significativos de aquel a quien tanto amamos son también, estos días, un consuelo que acaricia la ausencia. Gracias a los escritos y las palabras de muchas gentes entrañables recuperamos también para el poliedro de la vida de mi padre aspectos que nos habían pasado más inadvertidos: sus gestos de solidaridad y ayuda que, siguiendo el dicho evangélico, su mano izquierda no dijo nunca a su mano derecha.

Más cerca de nuestro tiempo, Miguel Hernández plasmó con intensidad a modo de deseo esa presencia como fusión permanente con su amigo Ramón Sijé. Tampoco es parco el poeta de Orihuela en la expresión de la hondura y tenacidad del hueco al que dedicó muchos de los versos de su elegía encabezados con una constatación de la pena: “Daré tu corazón por alimento. / Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento”. Pero tras dibujar la ausencia, Hernández se abre hacia una presencia diversa porque “a las aladas almas de las rosas / de almendro de nata te requiero, / que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero”. Esa voluntad de intimidad se mantiene ahora que papá descansa. Es un esfuerzo del querer y, a la vez también, sorpresivamente, una presencia que se impone y que nos mira desde la otra cara de la moneda que es su tumba. No me quedaron, creo, palabras pendientes con mi padre-compañero, insistente en repetir una y otra vez “te quiero”, “te quiero mucho”, pero como el poeta sé que seguiremos conversando a la sombra de los olivares, la platanera, el pinar y la laurisilva.

En su verso, Teresa Sánchez de Cepeda, en el siglo XVI, plasmó con musicalidad propia una dimensión de la vida que siempre se nos escapa: “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero”. Es una experiencia bastante común en los místicos la convicción de que solo en el éxodo de mi propio yo, en el abandono, encontraré mi más propia autenticidad, el más profundo sentido de la existencia. El canto teresiano es un relato de amor en el que el piropo y el deseo confrontan a las carencias. En estos días de duelo, en los que con mamá nos acercamos al Santuario de la Virgen de las Nieves o rezamos en la intimidad, toda la esperanza teresiana nos asalta: “Mira que el amor es fuerte; / vida, no me seas molesta, / mira que sólo me resta, / para ganarte perderte”.

Hay en la teología cristiana la confianza en la promesa de que el Dios del Amor y la Vida nos resucitará; en su misericordia y perdón el Misterio de Amor resucitará a papá más allá de su dolor e incluso de sus quiebres, rupturas y desamores que también hubo; nos seguirá regalando una vida cuyo misterio, como el de la propia existencia que ahora tenemos, no se deja penetrar por nuestra razón, nuestras explicaciones, ecuaciones o palabras. Apenas la poesía apunta hacia “un no se qué que quedan balbuciendo”, tal como decía Juan de Yepes Álvarez, el castellano contemporáneo de Teresa. El místico lo decía sobre el Cristo de la fe. Ahora nos toca a quienes seguimos a la espera en esta historia vivir con agradecimiento el sabor de papá en la familia y los amigos, en los paisajes y las cosas que conforman su historia en este mundo, de acuerdo a aquel testimonio del mismo Cántico Espiritual: “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura; / y, yéndolos mirando, / con sola su figura / vestidos los dejó de hermosura”.

[Imagen cedida por el autor]

De las herencias a una propuesta de investigación

Ahora que en nuestro mundo se debate el tema de las herencias, los impuestos que tendrían que pagar, cómo hay que traspasar lo de unos padres o madres a sus herederos…, no nos vendrían mal recordar una hermosa historia bíblica. Además, se trata de una de esas historias que casi nadie recuerda. Tiene que ver con leyes sobre las herencias. Sus protagonistas, tienen por nombre Maalá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsa. ¿Os suenan? ¿Recordáis su historia?

Si la respuesta a esta pregunta es negativa, no te preocupes. Para la inmensa mayoría son auténticas desconocidas. Permíteme que te explique su historia.[1]

El padre de estas cinco hermanas había muerto en el desierto. Había muerto sin hijos. Por lo tanto, no había a quien traspasarle la herencia. Fin de la historia.

Así habría acabado, de no ser por el deseo de justicia y de lucha de las cinco hermanas.  Ellas tuvieron el coraje de presentarse ante Moisés, el sacerdote Eleazar, los jefes de la comunidad y todo el pueblo para expresarles su inconformidad. Solicitaban una tierra para ellas, una propiedad en medio de las que tenían los hermanos de su padre.

Ante tamaña propuesta, Moisés tuvo a bien consultarlo a Yahveh. Y este le dijo que las hermanas tenían razón. No solo eso, sino que hizo modificar la ley. Si leemos los siguientes versículos, los de la modificación de la ley, obviamente veremos que sigue un esquema de patriarcado y que hoy nos queda muy lejos de lo que sería un reparto justo. Pero ubicándolo en su contexto, es un gran cambio. Un cambio avalado por Dios.

Esta historia nos tiene que enseñar algo. Y aquí viene la propuesta de investigación. Antes que nada, si no la conocíamos… ¿cómo es posible?, ¿cómo es que nadie nos la había contado? Superando esta primera indignación, acudamos a la propuesta.

Propongo analizar la situación de la mujer ante las tres famosas “t” de Francisco. ¿Cómo están ante el derecho a tierra y lo que ello conlleva? ¿Cómo respecto al trabajo? ¿Y al techo?

Segunda parte. Busquemos historias anónimas para sacarlas del anonimato y darles el protagonismo que se merecen. ¿Qué mujeres han trabajado y trabajan para cambiar la flagrante situación que hemos descubierto en la primera parte de nuestra investigación?

Tercera parte. ¿Conocemos las leyes? ¿Cómo están? ¿Hay leyes que todavía mantienen una desigualdad? En nombre del Dios bíblico, ¿nos atrevemos a hace propuestas de modificación? ¿A dónde hay que enviarlas? ¿Somos voceros de estas injusticias legales?

Termino recordando el nombre de las mujeres protagonistas de nuestra historia para sacarlas del anonimato: Maalá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsa. Tal vez tendríamos que escribir su nombre bien grande y colocarlo en nuestras iglesias, en las paredes de nuestros colegios, en nuestras casas. Así las recordaríamos, para solicitar su coraje y luchar por la justicia para construir un mundo mejor y posible… desde Dios.

***

[1] Esta historia la puedes encontrar en Nm 27, 1-11.

[Imagen de Juanita Mulder en Pixabay]

“…y la Palabra estaba junto a Dios…”

Seguramente esta Navidad hemos vuelto a oír –incluso a rezar– estas palabras del Prólogo del Evangelio de Juan. El verso vuelca el original griego «o lógos en pròs tòn theón», por lo que algunos han optado por traducir de modo diferente al habitual ese pròs, que evoca nuestro “pro”: más un “hacia” de movimiento que un “estar” de quietud. Podríamos decir también, pues, que la Palabra, en el principio, se dirigía a Dios. Así lo traduce alguna Biblia. Como si el Hijo y el Padre, justo “antes” de la creación del mundo, mantuviesen un diálogo en el Espíritu, que es Amor. “Inmediatamente”, ese diálogo habría creado el mundo.  Desde entonces, el Hijo ya no se dirige solo al Padre, sino que está como “en medio” del Padre y de toda la creación, escuchando y dirigiendo su palabra a Él y a nosotros “al mismo tiempo”.

Esta posibilidad en la contemplación, facilitada por una traducción alternativa, no es solo bella. Creo que explica también la misteriosa consistencia de la que están dotadas algunas palabras, en particular aquellas que recibimos en nuestra relación con Jesús. Palabras capaces de sostener la vida y transformarla: como si Padre e Hijo, en esa donación total que es el Espíritu, estuviesen dialogando sobre nosotros, y nos comunicasen aquello que hablan para llevar nuestra existencia, no solo hacia delante, sino también hacia una mayor plenitud. 

¿No es paradójica esta posibilidad? A simple vista, las palabras carecen de cuerpo, cuando parece que, para poder sostener, sería conveniente tener uno. De hecho, la palabra hebrea que traducimos por “fe” es emuná, y su raíz, amun o emun, tiene también el significado de construir, de apoyarse. ¿Cómo es posible apoyarse en una palabra? Para eso, es necesario que esta se haya hecho –como dice el mismo Evangelio de Juan– “carne”, cuerpo. 

Después de encontrarse la piedra quitada y el sepulcro vacío, María Magdalena va corriendo a ver a Pedro y al discípulo que Jesús amaba tanto: “¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!”, les dice. Entonces, Pedro y el otro discípulo van también corriendo al sepulcro. Pedro llega primero, pero duda. Es el otro quien ve antes las vendas y el sudario “enrollado en un lugar aparte”, y entonces cree. La fe en la resurrección de Jesús está unida –dramática, sí, pero también necesariamente– a la ausencia de un cuerpo al que seguir llorando y venerando. Esto marca para siempre al cristianismo como fenómeno histórico: desde entonces nunca podrá estar completo.

Nadie ha visto nunca –después de enterrado– el cuerpo muerto de Jesús y, mientras estamos en esta vida, tampoco tenemos delante su cuerpo glorioso. Sin embargo, a partir de aquel momento, sus palabras parecen tomar una corporalidad nueva y misteriosa: Juan cree porque el Señor lo dijo, y eso trasforma su existencia, configurándola con la del Maestro. Es como si se hubiera producido un intercambio: a falta del cuerpo muerto de Jesús –que haría casi imposible creer en la resurrección– y en ausencia de su cuerpo glorioso entre nosotros, son sus palabras las que se han vuelto, en cierta forma, carnosas y gloriosas: ahora tienen, misteriosamente, cuerpo, y, por eso mismo, son capaces de sostener la vida y recrearla. 

Pero una palabra no es lo mismo que un cuerpo, y eso ha de tener, necesariamente, efectos sobre la fe. Si los discípulos hubieran reencontrado el cadáver de Jesús, habría sido muy complicado creer en el Resucitado; si tuviéramos delante su cuerpo glorioso, entonces no serían posibles la fe ni la duda. Al menos, no tal y como las conocemos. Delante de él, estaríamos como frente a la solución de un puzle de infinitas piezas –quizá sin poseerlo nunca del todo, como contemplándolo completado sobre la mesa–. El cuerpo glorioso del Señor es el lugar donde veremos cuánta razón tenía o no Lutero, la cantidad de verdad presente en el Islam, por qué –después de Jesucristo– persiste el judaísmo, incluso si lo que dijo en Twitter Juanito se corresponde o no con la realidad. El cuerpo glorioso del Señor es, en definitiva, la Verdad. Pero lo que tenemos delante en esta vida no es esto, sino palabras que, en medio de muchas amenazas, sostienen la vida: palabras gloriosas. Caminamos hacia la Verdad gracias a estas palabras gloriosas que nos acercan –sin alcanzarla ni poseerla nunca del todo–, a la Verdad, que es el cuerpo glorioso del Señor. Mantener esta diferencia es necesaria para que el cristianismo no se vuelva totalitario, pretendiendo dar respuestas cerradas de las que no dispone; pero habría que preguntarse si renunciar al don de esta posibilidad y este horizonte no deja nuestra vida demasiado expuesta a aquello a lo que siempre ha estado: el caos y la violencia. 

La Palabra que viene hacia nosotros es carnosa, pero no tiene tanto cuerpo que clausure la verdad y cierre la vida. 

La Palabra que viene hacia nosotros es gloriosa: tiene cuerpo suficiente para impedir que la vida caiga, irremediablemente, en el vacío.

[Imagen de charlotte_202003 en Pixabay]

De Lavapiés a Odessa… ida y vuelta

María es ucraniana. Lleva viviendo en España más de 35 años. Era médica pero su éxodo migratorio la convirtió en costurera. Hoy tiene un pequeño taller de arreglo de bajos y cremalleras en Lavapiés, que se ha convertido también en un lugar de conversación y encuentro informal de mujeres diversas, con un tema, común: la cultura de la guerra y su incidencia en la vida de las mujeres. 

Mientras pespuntea con la máquina de coser no para de hablar y de contarnos, a quienes acudimos a su taller, que sus dos hijas son médicas y que han decidido quedarse en Ucrania, por más que ella les ha pedido que se vengan a España a vivir con ella. Junto con otras mujeres han improvisado un hospital en un edificio abandonado y por eso ella recoge medicinas para enviarlas en un convoy.

Así, entre cremalleras, bajos de pantalones y arreglos de mangas, la tienda de Mary se ha convertido en un canal permanente y cotidiano del día a día de la resistencia de las mujeres ucranianas de Odessa.

De la escucha de sus narraciones y noticias brota este texto que me pidió hace unos días un colectivo para una vigilia interreligiosa sobre las mujeres de Ucrania.

Hablar de las mujeres en la guerra de Ucrania es un grito. Un grito de denuncia de los intereses imperialistas y económicos de los señores de la guerra que se enriquecen con el sufrimiento. Es un grito también para quienes no somos ellas, pero no podemos ni queremos ser cómplices de la cultura de la guerra y el armamentismo sobre los cuerpos de nadie, pero mucho menos de las mujeres y las niñas.  

Es un grito, pero es a la vez silencio, el silencio impuesto por el terror y el miedo desde el escondite clandestino y la lucha por la supervivencia. El silencio que nace del espanto de ver como toda una vida, un país, un pueblo, se desmoronan; el silencio del duelo ante la pérdida, la desaparición y el exilio de familiares, amigos, vecinos.

Hablar de las mujeres en la guerra de Ucrania es hablar de las mujeres que se han incorporado a la defensa activa del territorio, de las que han decidido coger un arma e incorporarse al ejército, y que constituyen un tercio de su defensa armada y organizada (más de 50.000). En la mayoría de los casos mujeres que nunca hubieran imaginado hacerlo antes del ataque de Putin, la mayoría jóvenes universitarias.  

Pero es también hablar de las que siguen defendiendo la vida y la de sus hijos e hijas en las tareas de resistencia y cuidado de lo más básico y frágil, en medio de la violencia y del expolio, experimentado en sus propios cuerpos, en sus familias, en sus propiedades incendiadas por las bombas o arrebatadas por el ejército ruso y los mercenarios.

Es hablar de las que improvisan hospitales en los metros o en edificios abandonados, o espacios de juego, teatro infantil y encuentro comunitario para los niños que quedan en el país. Es hablar de redes de apoyos organizadas por ellas y entre ellas mismas para el cuidado de las más ancianas y enfermas que se han quedado solas y que se niegan a abandonar sus casas, sus raíces, su tierra, pero sin embargo animan a sus hijas a que lo hagan. Por eso es también hablar de valentía y resistencia, de futuro soñado para las hijas y las nietas más allá de las fronteras.

Pero también es hablar de los cuerpos y almas rotos de las mujeres y las niñas acribilladas por el arma más humillante de las guerras contemporáneas: la violación como arma de guerra. La violación como arma de guerra tiene como objetivo el exterminio del adversario a partir del horror sobre los cuerpos de las mujeres y las niñas, de manera que estas se convierten en el propio campo de batalla.

En los cuerpos de las mujeres se clavan las insignias de la victoria del invasor y su pretensión de aniquilar a un pueblo y humillarlo. Violaciones que no son accidentales, ni daños colaterales, sino la guerra misma librándose en los cuerpos de las mujeres. Así está siendo denunciado por la defensora del pueblo ucraniana Lyudmyla Denisova. No es posible descifrar aún la cifra real de víctimas, aunque la ONU ha abierto una investigación coordinada por Sima Bahous, que denunció hace unos meses el estado de alarma que atraviesan las vidas de las mujeres y las niñas por el alto riesgo de violencia, abuso, explotación o ser víctima de trata. Los desplazamientos masivos, el alto número de mercenarios y la brutalidad contra los y las civiles ucranianas ha hecho saltar todas las alarmas recoge, literalmente uno de los informes. 

Pero hablar también de las mujeres ucranianas y la guerra es hablar a través de los versos de la poeta Warsan Shire: 

«Nadie deja su hogar a menos que su hogar sea la boca del lobo. Sólo corres hacia la frontera cundo ves que el resto de la ciudad está corriendo también. 

Nadie deja su hogar hasta que su hogar es una voz que le dice vete, huye de xx mi ahora (…) en cualquier lugar estarás más seguro que aquí». 

Es hablar de las mujeres refugiadas, de su valentía y de su dignidad, de sus duelos y pérdidas. Pero también de sus esperanzas y del derecho a la acogida digna y a que las personas sean más importantes que las fronteras. Derechos no sólo para las mujeres ucranianas, sino para todas las mujeres que se ven obligadas a abandonar sus países para salvar la vida y abrirse un futuro para ellas y sus hijas e hijos. Más de 4 millones de personas ucranianas se han visto forzadas a abandonar Ucrania, la mayoría son mujeres, En España 154.000.  

Pero también hablar de las mujeres ucranianas y la guerra es vincular sus dolores, sus sueños y esperanzas a los de las mujeres rusas en disidencia contra la guerra, que animan a la desobediencia civil, a abandonar las armas a los soldados rusos y al levantamiento del país contra la guerra y sus afanes totalitaristas. Mujeres como Vera Kotova, o como las que forman parte de la FAR (Resistencia Feministas contra la guerra), que enfrentan cada día la represión y la violencia de Putin y la policía, contra ellas y sus organizaciones   y cuyas puertas de sus casas  aparecen marcadas con una Z, como señal de «enemigas el estado», con las consecuencias que eso tiene en la Rusia de Putin. 

Nada empobrece tanto a las mujeres como las guerras. En la Biblia, en el capítulo 20 del libro del Eclesiástico, leemos que «los gritos de las empobrecidos –me permito recrearlo en femenino– los grito de las empobrecidas atraviesan los cielos y hasta alcanzar a Dios no descansan, por eso Dios se hace partícipe de ellos y se pone de su parte, Dios es parcial con estos gritos». 

También a nosotras hoy nos toca ser parciales, tomar parte contra las guerras y la violencia hacia las mujeres, por una cultura de la paz y desde el convencimiento que no hay paz sin justicia de género. 

Por eso, como señala la activista antimilitarista y feminista Michele Renyé, «la sangre que alienta nuestro cuerpo, nuestra cabeza, el río de cientos de pueblos desde la prehistoria hace que no creamos en las fronteras ni en los cuentos de guerra» ni en quienes las fabrican. Por eso luchamos y seguiremos haciéndolo con todas nuestras fuerzas contra ellas.

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Benedicto XVI: el teólogo que renunció al papado

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Benedicto XVI será recordado por dos elementos fundamentales: su condición de teólogo conservador y el hecho de haber renunciado al pontificado; y, de los dos, su renuncia será unánimemente admirada por todos los católicos. De hecho, fue el primero que lo hizo voluntariamente, por amor a la Iglesia, desde tiempos del papa ermitaño, Celestino V (1294), si descontamos a Gregorio XII (1415) que fue obligado a renunciar para reunificar el papado en Occidente tras el cisma de Aviñón. Benedicto XVI quedó desbordado por la responsabilidad del pontificado y se sintió incapaz de continuar, por unas turbias circunstancias que tardaremos años en conocer. El 11 de febrero de 2013, anunciaba por sorpresa su renuncia, diciendo el latín: “He llegado a la certeza de que mis fuerzas, debido a mi avanzada edad, no se adecuan por más tiempo al ejercicio del ministerio petrino. Con total libertad declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma y sucesor de Pedro.”

Sin embargo, lo cierto es que diversos escándalos vaticanos hicieron tirar la toalla al papa-teólogo. En particular, uno de los más graves fue el llamado Vatileaks, acontecido un año antes. Se filtraron documentos secretos del Vaticano y cartas internas dirigidas al papa donde se ponían de manifiesto casos de corrupción al más alto nivel, de homosexualidad de algunos obispos, y de luchas de poder. La capacidad de gestión del cardenal Bertone, Secretario de Estado (equivalente a un Primer Ministro), quedaba profundamente afectada. Su destitución, tras la elección de Francisco, sería considerada por el propio cardenal como resultado de “una red de cuervos y víboras” que habían vertido sobre él acusaciones falsas.

Fuera por la envergadura y extensión del problema o por dificultad de Benedicto para discernir qué acusaciones eran ciertas y cuáles eran falsas y malévolas, estas le hicieron retirarse tras casi ocho años de pontificado (2005-2013). Los cardenales iban a elegir aire nuevo, a alguien que no pudiese tener ninguna relación con ninguna de las partes: el papa Francisco, escogido desde “los confines del mundo”.

Benedicto fue papa y teólogo, y, probablemente más teólogo que papa. Entendió su pontificado como una cierta continuación de su tarea precedente como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o guardián de la ortodoxia. Al acceder a la Sede de Pedro, sin embargo, escogió ser más inspirador que “guardián”. Por ello, escribió una trilogía sobre Jesús de Nazaret (2007-2012) y un tríptico de encíclicas sobre las tres virtudes, esperanza, caridad y fe (esta última acabada por Francisco). Al ser nombrado papa publicó un libro de conferencias anteriores con su nombre de teólogo y pronunció una polémica conferencia en Ratisbona sobre el islam y la paz, que quería que se recibiese como teólogo y no como papa.

La tarea de gestión del Estado la dejaba totalmente en manos de su Secretario de Estado y de los dicasterios (=ministerios). Cuando vio que se le había ido de las manos, renunció. Su gesto de reconocimiento humilde de su incapacidad, su liderazgo sin aferrarse al poder, su confianza en el Espíritu Santo que haría que se escogiese un nuevo papa con fuerzas para afrontar las reformas pendientes, y su exquisito silencio para no interferir en el pontificado de Francisco, serán recordados unánimemente.

En su haber, es preciso señalar también el inicio de la lucha contra la lacra de la pederastia y los abusos sexuales del clero, que continuará después con la tolerancia cero de Francisco: recordemos que una de las primeras decisiones de Benedicto fue la de afrontar con valentía el dossier del caso Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, e intervenir la dirección de la orden.

En el campo del diálogo interreligioso trabajó decididamente desde una perspectiva teológica, asegurando la necesidad de combinar fe y razón, para conseguir que las religiones pudiesen ser constructoras de paz. Sin embargo, su convencimiento de que la Verdad está de parte de la Revelación en Cristo (contra la modernidad atea y contra los pluralismos religiosos), su lucha contra los relativismos de la posmodernidad, y su estilo a menudo admonitorio frente a teólogos que querían forzar una revisión dogmática, le llevó a un pontificado accidentado con ciertos teólogos “progresistas” y con ciertas religiones. Recordemos que se rompieron las relaciones entre el Vaticano, el Azhar de Egipto y los coptos del país.

Benedicto XVI fue un hombre sabio y lleno de fe, esperanza y caridad, donde se “confesó” él mismo bellamente en sus encíclicas correspondientes, pero no fue un hombre carismático. Los que más le llorarán son los que han querido utilizarle para oponerse y denunciar al papa Francisco como impostor. Esa extrema “derecha” eclesial, integrismo católico preconciliar con tintes carlistas en extremismo moral y político, han tomado ilegítimamente su nombre como bandera para contraponerlo a Francisco. Si Benedicto no hubiese dicho claramente que renunciaba con “total libertad” se habría extendido más la denuncia de que el papa Francisco es no solo heterodoxo sino incluso falso, y que, por tanto, en situación de “sede-vacantismo”, Francisco no debía ser obedecido.

Es imposible negar que Benedicto quería echar el freno frente a los excesos post-Vaticano II, que había potenciado una revisión tradicionalista de la liturgia permitiendo de nuevo la misa en latín (¡pero para intentar acabar con el cisma de Lefebvre!), que había negado tajantemente la ordenación de las mujeres y que consideró que había una correlación entre laxismo, homosexualidad y pederastia en la Iglesia, pero se equivocan, o intentan engañar, los que le contraponen a Francisco para reconsiderar el Concilio Vaticano II. Sus diferencias son innegables, pero también su comunión y su amor por la Iglesia: así lo prueban las numerosas visitas de Francisco a Benedicto y el exquisito silencio de Benedicto después de su renuncia para respetar a Francisco.

Benedicto mostró ser un hombre sabio con su palabra (escrita y oral) y lo confirmó con su silencio. ¡Descanse ahora en paz, a sus 95 años, en la comunión de los santos!

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

Benedicto XVI: un cristiano sabio, honrado y bueno

No me resulta fácil presentar a vuela pluma la semblanza de Benedicto XVI, porque él ha sido un papa atípico y porque personalmente no he sintonizado mucho con su estilo teológico.

Ninguno de sus predecesores más recientes en el pontificado fue un teólogo profesional. Pío XII era un intelectual que hizo avanzar la reflexión bíblica, eclesiológica y litúrgica, pero no fue teólogo de profesión, no comprendió la Nouvelle théologie y depuso de su cátedra a varios teólogos franceses que luego serían grandes teólogos del Vaticano II.

Juan XXIII fue un hombre profeta y místico que movido por el Espíritu revolucionó la Iglesia con la convocatoria del Vaticano II. Pero tampoco fue teólogo profesional.

Pablo VI, buen conocedor de la teología, fue ante todo un hombre de Iglesia que llevó adelante el Vaticano II, acentuando el diálogo eclesial y el anuncio del evangelio, pero al final de su vida se asustó ante la polarización eclesial postconciliar.

Juan Pablo II, luego del breve pontificado de Juan Pablo I, fue un gran actor social y pastoral que llevó la Iglesia al 2º milenio, pero no era un teólogo profesional y, quizás por esto mismo, en 1982 llamó a Ratzinger para que fuera prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

Obviamente a la muerte de Juan Pablo II, Ratzinger fue elegido papa el 19 de abril de 2005 con el nombre de Benedicto XVI.

Josef Ratzinger, nacido en 1926 en Baviera, Alemania, fue profesor de teología en Tübingen, asistió al Vaticano II como joven perito teólogo del arzobispo de Colonia, y fue nombrado en 1977 arzobispo de Munich.

A diferencia de sus predecesores en el obispado romano, Ratzinger fue un teólogo profesional y sus primeros escritos como El nuevo pueblo de Dios, muestran un talante abierto y renovador. Pero seguramente el impacto de mayo del 68, del que sufrió las consecuencias como profesor en Tübingen y las tensiones del postconcilio le afectaron mucho y se trasladó a Regensburg. Desde entonces su teología se volvió tímida y conservadora.

Como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe mostró su reticencia no al Vaticano II, pero sí a las interpretaciones que se hacían de él. Sus documentos como prefecto son muy restrictivos respecto a las iglesias locales y a las conferencias episcopales, critica el feminismo, la exégesis histórico-crítica y el diálogo interreligioso y emite una Instrucción muy dura contra la teología de la liberación, compendio de todos los errores. Son los años duros del invierno eclesial y de la sequía eclesial, con más de un centenar de teólogos amonestados y censurados. El influjo teológico de Ratzinger en el pontificado de Juan Pablo II fue tan grande que cuesta distinguir la música de Juan Pablo II de la letra de Ratzinger.

Una vez elegido papa, cambió su estilo y cuando se temía a un papa inquisidor, su primera encíclica no fue una crítica del relativismo, sino una defensa del amor de Dios, “Dios es amor” (2005) y en su primer párrafo formula con gran profundidad y sencillez la esencia del cristianismo: ”No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Años más tarde, en la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Aparecida (2007), Benedicto XVI afirmó que la opción por los pobres forma parte de nuestra fe cristológica. Y en otra ocasión advirtió que vamos hacia una Iglesia pequeña y pobre, de cristianos convencidos, muy lejos del triunfalismo de la Iglesia de cristiandad.

Como papa escribió tres volúmenes sobre Jesús de Nazaret y al final del II volumen comparaba la situación eclesial actual con la tempestad de los discípulos en el lago de Tiberíades, mientras Jesús dormía.

Inesperadamente, el 11 de febrero de 2013, Benedicto presenta su renuncia al pontificado por motivos físicos de salud, un hecho profético, de gran humildad y honradez, inusitado desde Celestino V en 1294.

Pero podemos preguntarnos si ese gesto de renuncia se debe solo a su estado de salud o bien representa una mezcla de decepción, impotencia teológica y fracaso pastoral, ante los cambios de la sociedad y la Iglesia. Retirado en el monasterio contemplativo Mater Ecclesia del Vaticano, ha pasado sus últimos años en una vida ejemplar de silencio y oración y, aunque seguramente muchas actuaciones de Francisco le sorprendieron, no ha querido nunca liderar a los opositores del papa, ya que como repetía: “Solo hay un papa, que es Francisco”.

Su reciente muerte el 31 de diciembre de 2022 culmina una vida honrada y buena, de fe profunda en el Señor y amor intenso a la Iglesia. Que descanse en paz y pueda escuchar aquellas palabras: “Ven siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

Reflexión de Fin de Año: (Con)movidos por la realidad

Malas noticias: un año difícil

«Un calabacín costaba 0,79€ en 2021, 1,29 en marzo y 2,99 ahora» (El País, 13 de octubre).

«La sequía lleva a la producción hidráulica al nivel más bajo de su historia» (El Periódico, 13 de noviembre).

«Cáritas dice que llegar a fin de mes es una “heroicidad”» (RTVE Balears, 1 de diciembre).

«Catástrofe humanitaria en Haití» (Cadena Ser, 1 de octubre).

«La creciente privatización de la FP aumenta la exclusión de los jóvenes con menos recursos» (Público, 24 de octubre).

«Putin dice que el riesgo de guerra nuclear está creciendo, aunque aclara que no se han vuelto “locos”» (BBC News, 7 de diciembre).

«Reclaman que el racismo y la discriminación sean declarados riesgos universales para la salud» (eldiario.es, 12 de diciembre).

«Lo que ocurrió con la valla de Melilla es un caso de racismo social e institucional» (Onda Regional de Murcia, 30 de junio).

«Petro dice que Latinoamérica necesita 200.000 millones de dólares contra la crisis climática» (EFE, 15 de noviembre).

«Aumentan un 10% las denuncias y víctimas de violencia de género en el tercer trimestre de 2022» (Europa Press, 12 de diciembre).

«El frío mata a más de 25.000 alpacas en Perú por la falta de pastos» (TV3, 28 de noviembre).

«Unos 1838 migrantes perdieron la vida en el Mediterráneo en 2021, una media de cinco muertes al día» (Heraldo, 11 de enero).

«Incrementa el número de refugiados salvadoreños en Guatemala» (El Faro, 5 de junio).

«El Defensor del Pueblo atiende a 201 víctimas de abusos sexuales en la Iglesia católica en dos meses» (EITB, 13 de septiembre).

«Italia: del “Bella ciao” a la victoria de la ultraderechista Meloni» (La Marea, 26 de septiembre).

Así las cosas, ¿qué podemos decir para cerrar el año y que no resulte banal?, ¿cómo escoger las palabras para no caer en el desánimo y el nihilismo?, ¿cómo sostener la esperanza? La panorámica no ayuda: inflación, emergencia climática, crisis energética, conflictos armados y catástrofes humanitarias de toda índole que nos llevan a cuestionar nuestra propia humanidad, incremento de la exclusión social, racismo institucional, violencia machista, abusos… No es necesario hacer una selección de titulares demasiado pormenorizada ni exhaustiva para darse cuenta de la dimensión de estos problemas. Basta con ir al supermercado o al mercado a hacer la compra, con hablar con nuestras vecinas y compañeros de trabajo, con salir a la calle, con estar atentas…

Saber leer lo que pasa en el mundo…

Esta es nuestra realidad, la realidad que nos toca habitar en este momento; pero habitarla, no significa resignarnos ante ella. En primer lugar, exige saber leer lo que sucede en el mundo.

Encendemos el televisor y lo primero que vemos son nuevas noticias sobre la guerra de Ucrania, noticias ante las que ya no sabemos qué decir. La costumbre… Según el informativo que veamos, según el país de donde sea el diario, la guerra la gana uno u otro. Buenos y malos, pero cada vez menos contexto y menos análisis. Leemos en La Vanguardia que «Ucrania copa la información sobre conflictos bélicos con más del 87% de las noticias» (12 de diciembre). ¿Y qué hay del otro 13% de guerras olvidadas del
que no nos informan?

Según datos de la Escuela de Cultura de Paz (ECP), al iniciarse el 2022 había una treintena de conflictos armados activos en todo el mundo. Aún no está cerrado el año y, por tanto, tampoco el informe que este centro de investigación para la paz de la Universidad Autónoma de Barcelona elabora anualmente, pero nada hace augurar que esa cifra vaya a
descender significativamente.

Otra noticia nos habla del ascenso de la ultraderecha en el mundo, de los países en los que ya gobiernan y en los que dejan de gobernar sin querer retirarse. Le sigue otra noticia sobre una catástrofe ecológica y luego otra en las que nos informan de que Elon Musk ha comprado Twitter y que dejará en la estacada a un montón de trabajadores y trabajadoras. Para colmo, los espacios deportivos de los noticiarios dedican horas y horas de información al mundial de Qatar, obviando, por supuesto, los muertos en la construcción de las instalaciones y las políticas represoras del país, como ha ocurrido otras veces.

Mientras se mantienen las luchas de poder por seguir los movimientos tectónicos del mercado, la vida sale a nuestro encuentro y nos recuerda que aumentan quienes pasan hambre, que el cereal se convierte en moneda de negociación de alianzas geopolíticas y económicas en lugar de blindarse como bien de primera necesidad. Y, ante esta situación, obviamos de nuevo el grito de la tierra clamando que esta situación es insostenible para su existencia tal y como la conocemos.

… para dejarnos (con)mover

Ante esta avalancha de realidad, no podemos quedarnos impávidos. No podemos. Toca, sin duda, analizar la realidad, intentar comprenderla, formarnos para saber la que se nos avecina y, sobre todo, dejarnos (con)mover por ella. Todo ello requiere voluntad y esfuerzo, pero no hay fuga posible ni amparo que pueda venir de la evasión y el inmovilismo.

Da la sensación que nos encontramos ante una carrera global para ocupar el primer puesto en la casilla de salida. Todo parece indicar que estamos en un momento de transición, que el mundo cambia, y que hay que ocupar un buen espacio ante la nueva situación. Y ahí estamos, inmóviles, dando codazos a quienes corren a nuestro lado, pero atascados en
aquello tan gramsciano de que «el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer». Así que, ¿hacia dónde estamos corriendo?

Decía Gloria Anzaldúa que saber es doloroso porque, después de que se produce ese conocimiento, no podemos quedarnos «en el mismo sitio como si tal cosa», porque ya no somos la misma persona. Abrir el periódico o recibir las alertas de las últimas noticias en el móvil implica no solo enterarse y tomar conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor o en la otra punta del planeta, implica también movimiento. Podemos hacernos cargo y cargar con la realidad; bien, pero también hace falta encargarse de ella, como bien nos enseñó Ignacio Ellacuría, y para ello hay que levantarse del sofá y arremangarse.

Si ante la situación pandémica ofrecíamos la fraternidad como respuesta, si ante las penúltimas palabras ofrecíamos un principio de esperanza, ante la situación global que hemos vivido este último año solo podemos implorar solidaridad; una solidaridad que nos permita ver un cielo y una tierra nuevos y, al mismo tiempo, una solidaridad que se deje
guiar por quienes son capaces de ver dicho cielo y dicha tierra nuevos en medio del dolor, en las dificultades, a pesar de la violencia; una solidaridad guiada por quienes ven a Dios en todas las cosas, aunque la niebla enturbie la mirada. Solo desde ahí generaremos no ya un nuevo mundo posible, sino nuevas formas tangibles de ser y estar desde el cuidado, el amor, la igualdad, la resistencia, la cotidianidad, la ayuda mutua… Solo así actuamos como Iglesia «en salida».

Buenas noticias: no siempre gana Goliat

«La esperanza está en la generación de trabajo genuino» (Página 12, 6 de enero).

«Un fármaco que “roba” el combustible al cáncer de piel» (Ara, 13 de diciembre).

«Trabajo estudia propuestas para subir el salario mínimo hasta 1.082 euros al mes» (El País, 13 de diciembre).

«Con Lula los adultos han vuelto a sentarse en la mesa a hablar de las cosas que importan» (El Salto, 12 de diciembre).

«Francia Márquez, la mujer negra que aúpa a “los nadies” a la vicepresidencia de Colombia» (Huffington Post, 20 de junio).

«Acuerdo político en Chile para redactar una nueva Constitución y enterrar la Carta Magna de Pinochet» (Público, 13 de diciembre).

«Mujeres iraníes luchan por un cambio imparable» (DW noticias, 16 de noviembre).

«Más de 1.000 trabajadores de The New York Times protagonizan una huelga histórica» (La Marea, 9 de diciembre).

Después de celebrar estos días la Buena Noticia, queremos desear para este 2023 que podamos seguir llevando al mundo buenas noticias porque, aunque parezca mentira, no siempre gana Goliat. ¡Feliz año!

***

Si quieres, puedes decargar el Papel CJ de la Reflexión de Fin de Año aquí.

[Imagen de Gerd Altmann en Pixabay]

Tribunal Constitucional para la prevención de indeseados cambios políticos

He necesitado un par de días de serenidad para hacerme cargo de la situación en el Tribunal Constitucional. Si se me permite voy a recapitular, según hasta donde alcanza mi comprensión:

– Se encuentra en tramitación parlamentaria por las Cortes Generales una “Proposición de Ley orgánica de transposición de directivas europeas y otras disposiciones para la adaptación de la legislación penal al ordenamiento de la Unión Europea, y reforma de los delitos contra la integridad moral, desórdenes públicos y contraband”. Esta proposición de Ley Orgánica es la que suprime el delito de sedición y endurece el de desórdenes públicos, al ampliar el tipo penal a conductas que hasta la fecha quedaban sin castigo penal.

– Durante la tramitación, por vía de enmiendas, se introducen en la proposición de ley orgánica otras reformas, ya no solamente del Código penal, sino de la Ley orgánica del Poder Judicial y de la Ley orgánica del Tribunal Constitucional. Estas enmiendas se refieren al nombramiento, designación, relevo de las personas magistradas miembros del Tribunal Constitucional. Son enmiendas introducidas con el fin de ser votadas y aprobadas, o no, por las Cortes.

– Diputados del Partido Popular presentan un recurso de amparo contra la decisión de llevar a discusión y votación esas enmiendas ya que alegan que se les ha vulnerado así su derecho fundamental a la participación política (art. 23 de la Constitución). En su recurso reclaman al tribunal de forma cautelar la suspensión de la tramitación de estas enmiendas en la proposición de ley orgánica.

– El pleno del Tribunal Constitucional admite a trámite el recurso de amparo, concede la medida cautelar, la ratifica posteriormente e impide con ello que se debata y vote sobre las enmiendas. Sin embargo, la proposición de ley orgánica continúa su tramitación en el Senado, se aprueban las reformas del Código penal, pero porque las enmiendas sobre el Tribunal Constitucional han sido retiradas para que el resto de la proposición siguiera su curso.

Hasta aquí, los hechos expuestos de la manera más objetiva posible. Y a partir de aquí, una breve interpretación de los hechos. Mueve mi ánimo al escribir esto un interés informativo y divulgativo. Creo que todo jurista debe dirigirse a la sociedad de la forma más comprensible: es una obligación.

En primer lugar, la tramitación de la “Proposición de Ley orgánica de transposición de directivas europeas y otras disposiciones para la adaptación de la legislación penal al ordenamiento de la Unión Europea, y reforma de los delitos contra la integridad moral, desórdenes públicos y contrabando de armas de doble uso” se ha producido en un tiempo de apenas mes y medio. La celeridad no es habitual en estos trámites y es muy posible que se hayan usado atajos y ahorrado algunos trámites más o menos formales. Las prácticas parlamentarias al servicio de la prisa partidista, de los plazos electorales, creo que no pueden sorprender a nadie a estas alturas. Quizá lo sorprendente sea que estas prácticas se utilicen en nada menos que en una ley orgánica. Por definición, una ley orgánica es una norma especial que afecta directamente a derechos fundamentales y que requiere, en teoría, una exquisitez superior en su aprobación.

Seguramente, introducir reformas a leyes orgánicas en enmiendas sobrevenidas y a última hora no es un ejercicio de pureza legislativa que pase como ejemplo a seguir en las facultades de Derecho. Legislar así es discutible, pero no solamente en este caso. Un antecedente vergonzoso, protagonizado entonces por la mayoría absoluta del Partido Popular ocurrió con la legalización de las devoluciones en caliente: en una grave reforma del Código penal (una ley orgánica), se incluyó de tapadillo y a última hora la disposición final que reformaba la Ley de Extranjería (otra ley orgánica) y daba patente legal a las devoluciones en caliente. En fin, las leyes orgánicas ya no son lo que eran…

En segundo lugar, es sumamente dudoso que se haya vulnerado el derecho a la participación política de los diputados populares. No parece que se esté escamoteando a sus señorías la posibilidad de conocer las enmiendas, de discutirlas, de votarlas y de rechazarlas, si así lo consideran. Pueden haberse conculcado aspectos formales en la tramitación o introducción de las enmiendas (en cuestión de plazos abreviados, por ejemplo), pero creo que no es serio inferir de ahí una vulneración genérica de un derecho fundamental de los diputados supuestamente afectados. La alegación de la lesión del art. 23 de la Constitución no parece más que una excusa, la inevitable pátina de admisibilidad formal que debe tener un recurso de amparo, pero sin contenido material, sin substancia jurídica evidente.

En tercer lugar, el pleno del Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso y adoptado la medida cautelar con la participación de dos magistrados en una situación anómala, con su mandato agotado y prorrogado de hecho. Y a mayor abundamiento, por seis votos a cinco, solo por un voto de diferencia. Y decidiendo acerca de la aprobación o no de unas enmiendas que afectan directamente a los magistrados que aún permanecen más allá de su mandato inicial. Y, finalmente, interviniendo en su propia recusación como magistrados hábiles para dirimir sobre esta cuestión. Es lamentable el trazo grueso de esta invasión de una ideología partidista en el Tribunal Constitucional. Resulta difícilmente defendible la posición de los dos magistrados, solamente teniendo en consideración la dignidad y la respetabilidad de la misma institución constitucional en que prestan temporalmente su servicio. La erosión del valor de justicia social y de defensa de los derechos humanos que está sufriendo el Tribunal Constitucional me parece innegable. Es un espectáculo lastimoso.

En cuarto lugar, me parece inquietante la intervención del Tribunal Constitucional con carácter preventivo. Entiendo que el tribunal tenga como función el restablecimiento del orden constitucional vulnerado en un acto concreto. Pero en este caso, el Tribunal Constitucional admite estar actuando sobre la actividad parlamentaria porque en el caso de que se aprobaran las enmiendas se generaría una “relevante y general repercusión social”. Además, afirma que el caso de las enmiendas posee “consecuencias políticas generales”. Pero la relevancia y las consecuencias políticas (fíjese quien lea que no se habla de “consecuencias jurídicas generales”, que serían más propias de análisis por los magistrados…) habrá que observarlas en el caso de que se aprueben las enmiendas y entren en vigor. Nada de esto ha ocurrido hasta ahora: todavía no sabemos, de verdad, qué consecuencias tan relevantes tienen las enmiendas si estas no se han aprobado ni convertido en ley todavía. Que el Tribunal Constitucional intervenga ante el riesgo de que las Cortes Generales aprueben unas medidas de cambio político es alarmante. Desde varios puntos de vista, es antidemocrático.

La legitimidad de los jueces siempre está en entredicho, entre otras cosas, porque su legitimidad no es democrática: nadie vota a los jueces. Para completar estas líneas, considero útil la lectura de otros trabajos anteriores, en los que se analizaban sucesos semejantes a estos que ahora nos aparecen en las primeras planas. En gran parte, remito a la reflexión sobre el activismo judicial y el papel de los jueces como “animales políticos”, así como a la reflexión sobre el llamado “populismo punitivo”, ambas en este mismo blog.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]