El programa de la fraternidad genera disputas ideológicas

El programa de la fraternidad genera disputas ideológicas

Xavier Casanovas. [Catalunya Religió/Traducción de Montserrat Sampere] En sólo dos días, la última encíclica del papa Francisco, Fratelli Tutti, ha generado polémicas airadas en las redes sociales. Más que hacer una lectura particular de la encíclica, me gustaría centrarme en el porqué de estas disputas ideológicas. Que estas tengan lugar nos dice mucho sobre las razones por las que Francisco ha querido publicar este documento, y del lugar que la Iglesia y su pensamiento ocupan en nuestro imaginario social.

Con el precedente de Laudato si’ (2015), encíclica que marca claramente un punto de inflexión en el pensamiento social cristiano, incorporando el grito de la tierra -justicia ambiental- a la altura de y en relación con el grito de los pobres -justicia social-, llega ahora Fratelli Tutti (2020), un nuevo documento con un definido carácter social que funciona como compendio del conjunto de prédicas, alocuciones y “perlas” que Francisco ha ido repitiendo durante su pontificado. No deja de ser una culminación de lo que desde Evangelii Gaudium (2013) -el programa de gobierno de Francisco- se nos ha ido repitiendo: vivimos en un sistema económico y un modelo social que está enfermo y que genera muerte y exclusión. Los cristianos tenemos el deber de transformarlo.

Una respuesta a los tiempos actuales

Las encíclicas más sociales han tenido la intención de ser un contraste a las tentaciones ideológicas de los cristianos en cada época. Rerum Novarum, la citadísima encíclica de León XIII sobre las condiciones de la clase trabajadora, y que marca el inicio del compendio actual de la doctrina social de la Iglesia, fue una crítica al liberalismo y al comunismo que batallaban en el terreno político de finales del siglo XIX. La actual encíclica, Fratelli Tutti, es la respuesta a las dos derivadas más peligrosas del modelo sociopolítico de inicios del siglo XXI: el neoliberalismo y el populismo.

En el terreno socioeconómico, encontramos una reivindicación del desarrollo integral de la persona (107), la denuncia de la supeditación de la propiedad privada a su función social (120) y una crítica a los que esgrimen la libertad de mercado como solución a todos nuestros problemas (168), entre otros. En el terreno político, Francisco hace una reivindicación de la comunidad arraigada ante la globalización uniformizadora y rechaza el cosmopolitismo vacuo de sentido (36), y una crítica a quien utiliza la noción de pueblo para generar división y exclusión al servicio de su proyecto personal (159). Fratelli Tutti también reivindica estructuras supranacionales reformadas que hagan más democrático el gobierno mundial (173), pide el fin de la pena de muerte y hace una defensa de los derechos humanos fundamentales (189). Francisco, fundamentado en una mística y una teología que bebe de las raíces franciscanas, aborda los temas más candentes de nuestro tiempo, recuperando lo mejor del pensamiento social cristiano.

Recuperar el pensamiento social cristiano

Fratelli Tutti nos remite a las propuestas del personalismo mounieriano que tanto influyeron en la democracia cristiana, pero también al redistribuitismo de G.K. Chesterton o de Dorothy Day -fundadora de los Catholic Workers-, o a la crítica desde la antropología económica de Karl Polanyi a la sociedad de mercado. Iniciativas y movimientos todos, de la primera mitad del siglo XX. Francisco reencuentra el pensamiento social cristiano que, pese a estar presente, no ha tenido una reivindicación a nivel político ni una influencia destacable, por lo menos en los últimos cincuenta años.

Que su recepción haya generado cierta estupefacción, como dice Enric Juliana, no debería sorprendernos. La izquierda anticlerical había olvidado que en la defensa de la sociedad frente a la economía y la historia, tenía en los cristianos un aliado para transformar la sociedad; la derecha reaccionaria, que la Iglesia en el campo social siempre ha sido clara en denunciar sus tentaciones liberales y su claudicación al dios del capital. Ahora unos y otros sobreactúan: los de la izquierda -como Iñigo Errejón o Pedro Sánchez- con pretensiones triunfalistas, los de la derecha -como José Ramón Bauzá- rasgándose las vestiduras. Pero el pensamiento social cristiano no se ha movido nunca de lugar. Ha estado siempre allí. Como dice el periodista Jorge Dioni, quien se ha movido es el eje ideológico.

Francisco señala el camino de la paz, el perdón, la memoria, la apertura, el arraigo, la política como servicio, la economía al servicio del bien común y la centralidad de los más vulnerables. Aquí tenemos un programa político claro, que va de abajo hacia arriba, recuperando la pasión por construir comunidad y destinando a ello todos nuestros recursos. Probablemente hoy, en tiempos de polarización y simplificación ideológica, el pensamiento social de la Iglesia tiene más a aportar que nunca. Debe ser recuperado y penetrar vivamente en nuestro tejido social. Ahora necesitamos pues reivindicar aquellos grupos y proyectos, largamente despreciados, que puedan concretar y llevar a la práctica un programa como este. El programa de la fraternidad.

Imagen extraída de: Catalunya Religió