¿Alguien se enteró del luto nacional por el coronavirus?

¿Alguien se enteró del luto nacional por el coronavirus?

Jaume FlaquerDesde el 27 de mayo al 6 de junio estuvimos en luto nacional. Lo decía el BOE, así que debía ser verdad. Los políticos llevaban corbata negra, pero sus palabras agresivas no iban a juego con el luto. Aun siendo el luto más largo decretado por un gobierno de la democracia española, ¿por qué España no ha vivido en realidad en estado de duelo?, ¿por qué el luto nacional ha pasado desapercibido?

En primer lugar, porque no hay unidad política. El luto requiere consuelo mutuo. Más bien España se parece a aquella familia en la que algunos de sus miembros deciden no asistir al funeral por las discusiones sobre la herencia. En España, algunos partidos se preparan como carroñeros para arrancar trozos de poder al que consideran un gobierno moribundo. Igual que en algunos funerales estalla el conflicto entre los herederos, a veces para siempre, los partidos políticos han sido incapaces de unirse para recordar a los miles de muertos causados por el virus o con ocasión de él por el colapso sanitario.

En segundo lugar, por el lío de números: ¿a cuántos hay que llorar? No tenemos ni el número exacto ni sabemos si algunos de los que murieron al principio fue a causa del virus por la imposibilidad de hacerles la prueba.

En tercer lugar, porque percibimos que esto no se ha acabado. La amenaza del virus todavía está presente y el goteo de muertos nos impide cerrar la lista. ¿Cómo llorar a alguien que aún no ha muerto? Un funeral supone el principio de la sanación del dolor sentido porque ayuda a asumir la realidad del suceso doloroso y porque con la losa se cierra también un capítulo de la vida. Sin embargo, hasta que no aparezca una vacuna nuestras vidas continuarán amenazadas.

En cuarto lugar, porque el luto requiere recogimiento y la sociedad está pensando más en salir y liberarse del mismo que en profundizar en el drama vivido. Sentimos urgencia en quitarnos el negro de la oscuridad de la casa y ponernos el colorido bañador de la playa.

Finalmente, en quinto lugar, muchos españoles necesitan también incorporar la dimensión religiosa para superar el duelo. Para ellos han sido especialmente duros estos días. El no haberse podido celebrar ceremonias religiosas -o solo con la familia más cercana- ha impedido desplegar todas las dimensiones de la celebración. Además, todas las religiones se han visto obligadas a renunciar a elementos esenciales de sus ritos funerarios a causa de la pandemia: los católicos al acompañamiento de un sacerdote al final de la vida, los musulmanes y judíos a los lavados rituales obligatorios, los budistas a la necesaria inmovilización del cuerpo durante las 72 horas siguientes a la defunción… Ha habido enormes dificultades para la repatriación de cadáveres a sus países de origen…

Seguramente no sea más que una idea peregrina, pero sería bello que después de un gran acto estatal en recuerdo de los muertos, se juntasen los fieles de cada religión, cada una en su templo, para despedir a los difuntos según sus rituales. Una pausa en la lucha política y una oración simultánea de todas las religiones quizás sí podría ayudarnos como sociedad a superar juntos el drama que hemos vivido.

Imagen de HeungSoon en Pixabay