Carta a un teólogo amigo

Carta a un teólogo amigo

Darío Mollá LlácerQuerido amigo:

Te escribo esta carta porque hace unos días leí una reflexión que me sorprendió y me desconcertó. Te la escribo, como no puede ser de otro modo, con todo cariño y respeto. También, ¡ya me conoces!, igual en algún momento te suena como muy fuerte o radical o poco matizado lo que digo, pero sabes que es mi modo de expresarme y, a medida que me hago viejo, noto que mido menos las expresiones… (igual es por aquello del “pescado vendido”).

Me sorprendió cuando leí algo así como que la crisis provocada por el COVID-19 (crisis sanitaria, pero también económica, social, de convivencia humana, etc.) era una “oportunidad” para que la humanidad creciera. Te confieso: más que “sorprenderme” esa afirmación, me golpeó hasta herirme. Me resulta muy fuerte hasta lo inaceptable llamar a esta crisis, así en general y a nivel global, “oportunidad”. Para mí es, por encima de cualquier consideración, una catástrofe pura y simple en todos los aspectos.

Me vienen a la mente y al corazón tantas personas fallecidas, y fallecidas en soledad. Tantas familias destrozadas. Tantas personas que pierden su empleo o su medio de subsistencia. Y muchos de ellos no lo van a recuperar. Tantas personas al límite de la subsistencia que han caído por debajo de ese límite. Tantas crisis familiares que ya serán irreparables… Y me resisto con todo mi ser a llamar a eso “oportunidad”. No creo que ninguna de las personas que hayan sufrido eso lo vivan como oportunidad. Y no me siento con derecho ni con valor de decirles “lo que os ha pasado es una oportunidad”. “¿Una oportunidad para qué?” me contestarían…

Claro: aquí pasan dos cosas.

La primera: que muchos de los que escribimos y, perdóname la expresión, “damos doctrina” sobre esta crisis somos (y yo el primero…) privilegiados. Por nuestras habilidades personales para afrontarla y por nuestras condiciones. Una religiosa amiga me decía: “Estamos bien, y como además tenemos un jardín para pasear…”. Yo, en razón de amistad, callé, pero estuve a punto de añadir: “Y comida en la mesa segura todos los días, y seguridad económica garantizada… e incluso ejercicios online por si nos deprimimos…”.

La segunda es ese dar por supuesto que con esto “aprenderemos” muchas cosas o saldremos mejores. Creo que esto es un a priori que habrá que verificar a posteriori si se cumple. O un ejercicio de propaganda. Y que es muy gratuito afirmarlo a nivel universal. No me acabo de creer que, quienes, de verdad, hayan sufrido la crisis y sus consecuencias salgan, de verdad, “mejores”. Saldrán como puedan, si es que salen: muchos destrozados para siempre o para mucho tiempo y sí, es posible, que algunos mejores.

Me gustaría más pensar que esta crisis, tan dura para tantas personas, es para nosotros un desafío (tú me puedes ahora decir: pues eso quería decir yo con lo de la “oportunidad”…)  para repensar muchas cosas de nuestros “discursos”, de  nuestras teologías, y, sobre todo, para tomarnos mucho más en serio nuestra solidaridad y nuestro compromiso con los que sufren.

Un fuerte abrazo.

Imagen de Free-Photos en Pixabay