Eduardo

Covid-19. Y de repente, las y los “prescindibles” pasaron a ser imprescindibles

Eduardo Rojo Torrecilla[Artículo escrito el 23 de marzo].

1. Les confieso que me cuesta ponerme delante del ordenador cada mañana, estos últimos días, para intentar seguir con mi rutina laboral habitual, y que echo en falta (¿quién no?) el decidir libremente si salgo a la calle simplemente a pasear, hacer la compra, ir al gimnasio o desplazarme en los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya a la Universidad Autónoma de Barcelona y más concretamente a mi Facultad de Derecho. Dudo mucho, y creo que los lectores y lectoras compartirán mi punto de vista, que muy poco antes de la aprobación del estado de alarma por el Consejo de Ministros el día 17 de marzo, y que la Organización Mundial de la Salud declarara pandemia el brote de Covid-19, que fuéramos consciente del cambio radical que iba a significar en nuestras vidas.

Ahora bien, quienes también lo han sufrido, pero no tienen tiempo para pensar en su impacto son quienes siguen trabajando en sus puestos de trabajo. No niego en absoluto, Dios me libre, que también afecta y mucho a quienes han modificado por obligación sus condiciones laborales y realizan su actividad por medio del teletrabajo, y mucho más a quienes se les han suspendido los contratos de trabajo por expedientes de regulación temporal de empleo (en muy poco tiempo las siglas ERTE ha pasado a ser trending topic en los medios de comunicación y las redes sociales)y están pendientes del abono de la prestación por desempleo (vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento al personal del Servicio Público de Empleo Estatal por su encomiable trabajo en estos muy difíciles momentos) para disponer de medios de subsistencia (no nos olvidemos por favor que hay muchas personas en España aún que “viven económicamente al día”, y que los informes de FOESSA lo recuerdan para los “olvidadizos”).

2. Y quiero referirme ahora en este texto justamente a quienes siguen trabajando, a quienes siguen desplazándose cada día en tren, autobús, metro o coche particular, a sus centros de trabajo porque no hemos encontrado aún (por favor, que demostremos ahora la importancia de la tecnología para mejorar la vida de las personas) la posibilidad de realizar esos trabajos por medios “no humanos”. O sea, que muchos trabajadores y trabajadoras que estudios sobre el futuro del trabajo (¿habrá que rehacer esos estudios con lo que nos esta cayendo encima ¿verdad?) consideraban “prescindibles”, o cuando menos sustituibles en gran medida por aplicaciones tecnológicas, han pasado a ser totalmente necesarias y necesarios para el mantenimiento de una, por lo menos, mínima cohesión social en estos momentos álgidos de la crisis. Y además, y aquí sí que han acertado las y los “futurólogos del trabajo”, sí han cobrado muchísima mayor importancia que en otros momentos las tareas, actividades, trabajos (remunerados o no, en condiciones más o menos precarias, en situación regular o irregular de quienes los llevan a cabo, de nacionalidad española o extranjera) de cuidado de quienes más lo necesitan por su estado físico.

Y además, “cosas de la vida”, algunos de esos trabajos y algunas (o muchas) de las personas que los realizan no quedan protegidos por la normativa laboral, tanto por la general como por la dictada en estos últimos días con carácter excepcional para proteger a quienes se ven atrapados en situaciones de pérdida temporal de sus empleos. Si les digo que me refiero al personal al servicio del hogar familiar, y a quienes  trabajan en situación irregular, ya sean nacionales o extranjeros, y a quienes siguen trabajando por pura necesidad de subsistencia como falsos autónomos –riders o en lenguaje menos cool repartidores, recaderos o mensajeros de empresas de la llamada economía de plataformas, cuando en realidad, déjenme que aparque las sutilezas jurídicas para otros momentos, son trabajadores (y alguna trabajadora) por cuenta ajena- seguro que se entiende mejor.

¿Y quiénes son estas personas trabajadoras que ahora parecen imprescindibles? ¿Y, cuáles son sus condiciones laborales en épocas de “normalidad? ¿Acaso están en los primeros niveles de los rankings salariales? ¿Y la estabilidad laboral es la nota predominante? Como verán, estoy siendo muy “preguntón”, pero es que de tanto hablar con carácter general y global de los problemas ahora existentes nos podemos olvidar de quienes están contribuyendo a que puedan ser lo menos duros posibles.

En los supermercados y tiendas de alimentación hay productos porque les llegan a través del servicio de transporte, y también porque la actividad en el sector de la agricultura, ganadería y pesca no ha parado y se sigue trabajando casi con la “misma normalidad” que antes de la pandemia, en la mayor parte de las ocasiones por personas extranjeras mayoritariamente extracomunitarias y que desearía, pero me parece que es solo un piadoso deseo, que se encontraran tranquilas y tranquilos por disponer de las debidas autorizaciones de residencia y de trabajo. ¿Son jornadas largas la del sector del transporte? ¿Lo son las del trabajo en invernaderos? Pues sí, no creo que nadie lo niegue, y tampoco los salarios son para tirar cohetes.

A buen seguro que hemos ido a comprar, porque los supermercados y tiendas de alimentación están abiertas, y nos atienden cajeras cajeros que han de lidiar con el enfado, preocupación y en más de una ocasión mala educación de quienes hacen la compra. Supongo que en más de una ocasión, y puedo dar fe de que las personas de edad avanzada (más de 65 años) lo hemos hecho, hemos ido a la farmacia para comprar productos necesarios para mantener nuestra salud, y nos ha atendido el personal farmacéutico que tiene ante sí la difícil tarea de atender, con medidas de seguridad, a quienes están preocupados, muy preocupados, por sus problemas físicos (y ahora psíquicos) o de su familiares con los que conviven. E incluso pueden llevarlo a tu casa si tienes necesidad de ello.

Sigo viendo, desde el balcón de un séptimo piso en el que vivo (afortunado que soy por poder salir al balcón y respirar el aire ahora mucho menos contaminado que antes en Barcelona por la radical disminución de la circulación viaria desde la declaración del estado de alarma) a estos chicos (y alguna chica) que realizan tareas de reparto y cuyas condiciones laborales (o de autónomo) dejan mucho que desear por decirlo de forma suave. Muy probablemente, aunque sé que me dejo llevar  por el optimismo y por formar parte de una Fundación que tiene por nombre “Utopía” y por asistir regularmente al seminario del área social del Centro Cristianismo y Justicia en donde el debate rico intelectualmente y humanamente solidario es lo habitual, una vez hayamos recuperado la normalidad será el momento de regular claramente las condiciones laborales de estos jóvenes y postjóvenes que se ha convertido en el nuevo proletariado o jornaleros digitales del siglo XXI.

3. No me olvido, desde luego, de ese personal sanitario que en un número no despreciable tiene contrato tras contrato, por los más diversos y variados motivos, y que ahora es considerado completamente imprescindible para atender a todas las personas enfermas, y por consiguiente con riesgo innegable de contagio. ¡Quién nos iba a decir además que aquel personal jubilado obligatoriamente a partir de los 65 años y que deseaba seguir trabajando pero no pudo, sería llamado (hasta 70 años) para incorporarse a las tareas sanitarias! Además, recordarán que se hablaba de la “inflación” de estudiantes de medicina, y ahora resulta que quienes se encuentran el último curso son llamados también, y se anuncia la contratación inmediata de un buen número de ellos. No les voy a hablar de los problemas jurídicos de la sanidad, y sí solo remitirles a aquellas entradas de mi blog en las que explico los casos de quienes formalizaron en poco más de cinco años más de doscientos contratos, mucho de ellos de muy corta duración.

¿Y el personal “de cuidado”, es decir aquel que cuida y atiende las necesidades de las personas en centros y residencias para mayores? Ahora sí parece que es totalmente imprescindible, más allá de la difícil situación en que se encuentran también por el contacto con las personas que, al menos hasta ahora, son las más expuesta al virus. ¿Y el personal doméstico que, en caso de seguir en el hogar en el que presta sus servicios como interno, está prácticamente confinado en su habitación? ¿Y aquel personal doméstico que ya no trabaja, esperemos que temporalmente, y que no tiene derecho a percibir prestaciones por desempleo porque no está regulado en la normativa laboral y de Seguridad Social que les es de aplicación?

No querría olvidarme, y desde luego no lo haré, de otras personas que también son imprescindibles en la situación actual, como las fuerzas de orden público y el personal de los distintos ejércitos, que contribuyen al mantenimiento de ese orden aun cuando haya personas (cada vez menos afortunadamente) que consideren que las reglas aplicables a toda la ciudadanía para salir lo antes posible de esta grave situación no van con ellas. Y cuando hagamos llamadas por estar preocupados por los productos que pedimos online, o por tener problemas de conectividad, no nos olvidemos del personal de los call centers que, causalidad o no también han merecido mi atención jurídica por los problemas laborales existentes en situación de normalidad.

4. Es muy difícil la tarea de nuestros gobernantes, y desde luego no pienso solo en un ámbito local, autonómico o estatal en España sino también en el europeo e internacional, pero ahora es el momento de demostrar que la economía está al servicio de las personas, y en especial de las más necesitadas, de las más vulnerables. De la misma manera que quienes eran prescindibles (horrorosa palabra referida a personas y que solo utilizo para dar más valor a su contraria, imprescindibles) ahora se reconoce su trabajo (de momento con palabras, y más adelante habrá que pasar, tanto en normas legales como en acuerdos colectivos, a los hechos), también es el momento de prestar especial atención a quienes se encuentran más desprotegidos. En esta tarea, y en el éxito de la misma, se podrá comprobar si la solidaridad es algo más que una palabra. Muchos ánimos y coraje en el empeño.

Eduardo

Imagen de Alexas_Fotos extraída de Pixabay