Chiara Salvati: un momento de belleza

Chiara Salvati: un momento de belleza

Alícia Guidonet. Recientemente, Casa Turca Barcelona y la Fundación Migra Studium celebramos la Semana de la Armonía Interconfesional en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria con una charla sobre sufismo a cargo del filósofo Gabriele Bianchi y una danza sufí a cargo de Ishak Urun, maestro turco, Chiara Salvati y alumnos de su escuela de danza.

Chiara Salvati nos dedicó un rato para compartir con nosotros los significados de la danza sufí, conversación que reproducimos en las siguientes líneas, tras presentarla brevemente: originaria de Italia, vive en Barcelona hace dos años y medio. Se dedica a la enseñanza y la práctica de la danza sufí, que, para ella, ha sido un puente entre su pasión por la danza y su camino de búsqueda interior a partir de los estudios en sociología, psicología y eneagrama.

Chiara danza desde pequeña, encontrando en el giro espontáneo algo atrayente

Para mí, la danza ha sido algo muy espontáneo que he practicado desde pequeña, pero sin tener idea de este mundo de la danza sufí. Era un movimiento espontáneo, que yo creo que todo el mundo tiene, todo el mundo sabe girar. Y, además, todos los niños lo hacen. Pero a medida que vamos creciendo, nos olvidamos. Yo lo continué haciendo hasta que un día, una mujer me vio girar y me habló de la danza sufí. Entonces, allí empecé una investigación en este campo.

La experiencia infantil de Chiara y su posterior incursión laboral con niños le ha hecho reflexionar sobre este movimiento -el giro- como algo innato

Me salía naturalmente… lo hacía como juego. A mí me gustaba precisamente llegar al momento en que todo gira y caes… Y reflexioné, porque trabajé durante dos años como monitora infantil con niños de uno a tres años, y propuse la actividad de girar, y a todos los niños les gusta, les divierte el momento en que caen… y yo pensaba, «qué fuerte, cómo se transforman nuestros miedos cuando crecemos». Los niños confían, saben que la Tierra los acoge.

Para Chiara, la danza sufí es algo que la unifica

A mí lo que me interesa es utilizar esta herramienta para encontrar una conexión espiritual que, aquí, como occidentales, no tenemos tan presente. Y hacerlo a través de la danza, que nos permite, en el acto mismo de girar, volver a poner un orden dentro. Este girar alrededor de un eje interno es algo especial que desafía los límites mentales que tenemos, pues nos enfrentamos con el miedo de dejar el control y el miedo de marearnos, de caer. Al principio estos miedos son muy presentes, y la gente piensa que no podrá hacerlo… pero no es verdad, todo el mundo puede.

Y la integración se produce a partir de la experiencia de entrega

Yo creo que lo que me da esta práctica, y lo que he visto en otros, es la entrega, el éxtasis del vacío. Según los sufíes, antes de encarnarnos en el cuerpo somos una sola cosa, y cuando nos encarnamos, hay una separación y sensación de vacío. Como no recordamos de dónde venimos, tratamos de llenar este vacío desde fuera. La personalidad es una manera de llenarlo… Yo creo que hay una ruptura espiritual que debemos curar. El éxtasis del vacío es transformar este vacío que nos da miedo en una sensación de libertad que tiene que ver con el «no tengo que cargarlo todo yo sola». Dios es una existencia superior a mí, que me sostiene. Cuando doy vueltas es como si físicamente, mentalmente y a nivel emocional, mi yo quiera desaparecer. Cuando das vueltas y aumenta la velocidad, no puedes ver tu límite, tu piel ni tampoco las imágenes fuera. Todo es difuminado… luz, color… y también la sensación que tienes con el viento que se genera, es como si todo se hiciera más ligero… y al principio, esta sensación puede dar miedo… «¿qué me está pasando?» No puedo orientarme utilizando la vista como lo hago normalmente. Tengo una experiencia diferente. Puedo gozar de la libertad cuando me dejo, cuando me entrego y comienzo a dar vueltas. Realizo el acto, pero tengo que dejar que sea el movimiento que me tome a mí. Ya no soy yo. Para mí, me da un sentido de conexión con algo mayor que yo, y yo misma soy mucho más de lo que creo que soy. Me da libertad…

Chiara diferencia esta experiencia de la vivencia cotidiana actual de incapacidad para gestionar tiempos y espacios…

Una viene de la desconexión de nuestro centro y la otra de la conexión con nuestro centro. Cuando digo «no tengo tiempo, todo me absorbe», en realidad vivo unas condiciones que no son humanas, en el sentido de que todo va muy rápido… la mente va muy rápida, pero el cuerpo y el corazón van más lentos, y a veces podemos sentir esta sensación «todo eso es demasiado». Pero creo que es un problema de conexión conmigo misma, porque cuando estoy en mi centro no me siento perdida, no soy esclava del mundo y siento que puedo gestionarlo. Yo creo que esta desconexión por causas externas tiene que ver con una falta de confianza en el centro, que está conectado con algo más grande. Tiene que ver con la claridad y la claridad es poder, pero no viene del convencimiento de lo que yo sé, sino de la escucha. En el vacío es más fácil escuchar.

La danza conecta con el centro y a la vez empuja hacia el mundo

Esta práctica es una forma de volver a bajar, a conectarse con este centro y volver a encontrar la claridad, pues, cuando estoy allí estoy en lo que tengo que hacer durante el día. Me permite ver las cosas desde otra perspectiva y, por lo tanto, me ayuda a gestionar la vida. Porque en la vida hay que gestionar cosas: las relaciones, el cuidado de si… muchas cosas. Cuando estoy tranquila, con claridad, puedo tomar tiempo para hacer las cosas. A veces, cuando estoy desconectada puedo perder tiempo en una acción que no merece el tiempo, y después… «no llego, no llego», y esto pasa por falta de claridad…

La danza sufí se acompaña de otros elementos simbólicos, como la indumentaria

En la danza todo tiene un significado. El blanco del vestido representa la pureza, y el peso de la falda, el puente entre mundo material y el mundo espiritual. Por otro lado, te permite ir hacia arriba, ganar velocidad… Te dejas danzar, pero tus pies siguen tocando tierra. La mano derecha, hacia arriba, recibe energía de Dios y con la izquierda la paso a los hombres. Te conviertes en canal, por eso ‘desapareces’. Otros elementos son la chaqueta, que queda abierta por el lado izquierdo, simbolizando la apertura del corazón.

La celebración contó con dos particularidades, el hecho de que una mujer protagonizara la danza, un acontecimiento poco común, y el hecho de que la danza se llevara a cabo en una iglesia

No se da muchas veces el hecho de poder bailar en una iglesia. Pienso que esa tarde la dedicamos a reconocer que somos humanos, pero que hay algo más allá que nos pertenece. Fue una celebración de eso, un momento de belleza, un regalo que nos hicimos y que ofrecimos. Después de ejecutar la danza, algo dentro de ti se tranquiliza y te llevas esta sensación contigo…