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La segunda pandemia

Manfred Nolte. Considerar los aspectos económicos del COVID-19 se hace particularmente duro cuando el pico de la enfermedad aun no se atisba entre nosotros, y cuando la vida y la salud de muchos que están en juego eclipsan cualquier otra consideración. Siendo esto así, la pandemia, que siempre será excesiva, llegará a acotarse, mientras que los estragos económicos que nos hemos autoimpuesto como cerco a la enfermedad es de tal calibre que amenazan con acompañarnos en una de las crisis más formidables de los últimos tiempos. En el corto plazo, de mayor intensidad que la de 2008, según algunos analistas. El Banco Central europeo (BCE) no ha vacilado en cuantificarla para el conjunto de la eurozona: un 5% del PIB en tres meses, a razón del 1,2% mensual. Según afirma Deutsche Bank la caída trimestral del PIB mundial superará a cualquier otra negativa desde la segunda guerra mundial.

En España se estima que la actividad económica agregada se sitúa por debajo del 50% habitual. En estas circunstancias, según BBVA Research, cada semana transcurrida supondría un 1% por ciento menos de PIB. Económicamente, 2020 solo tendrá entre 10 y 8 meses hábiles. Tal vez menos. La mitad de los españoles teme perder el empleo por la crisis. Atravesamos, como ha advertido el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, una “perturbación sin precedentes”. Aunque el consenso es -y esto no debe olvidarse- que la perturbación debe ser temporal.

Ante este efecto impacto, el gobierno de España junto al resto de gobiernos nacionales y Organismos multinacionales, como es su obligada función, no han permanecido impasibles y han pasado a la ofensiva. Una ofensiva, afortunadamente, total. La batalla económica que ha de librarse desde las instancias públicas se plantea para ganarla. Con una batería múltiple de medidas fiscales, de liquidez, laborales y financieras. Siempre coordinadas a nivel europeo y si es posible a nivel mundial.

Pero ¿son suficientes los efectivos y son los adecuados para alcanzar el éxito perseguido en el menor tiempo posible? No debe olvidarse cual debe ser el propósito fundamental de la réplica gubernamental: evitar la destrucción del tejido productivo, que haya empresas que cierren o que quiebren y que, en consecuencia, despidan temporal o definitivamente a sus trabajadores.

Si consideramos el grado de coordinación, la primera nota se refiere a su ausencia inicial entre naciones, de estas con las Instituciones y de los Bancos centrales entre si. Afortunadamente, Bruselas y el BCE han abanderado la iniciativa europea. Bruselas ha suspendido temporalmente las reglas de oro del Pacto de estabilidad y crecimiento, la principal de las cuales se refiere a la contención del déficit público. El BCE a través de su brazo supervisor ha relajado las exigencias de solvencia y capital a los bancos para que sean más generosos en su actividad crediticia. El brazo financiero se ha descolgado con un programa acumulado de compra de bonos que en diversos tramos supera el billón de euros. No solo transmite confianza al sistema, sino que asegura que la financiación de la deuda de los periféricos se realizará a tipos cercanos a cero. Debe recordarse aquí que son los ahorradores europeos los que colaboran de forma obliga a esta subvención ilimitada -ahora inexcusable- a los tesoros públicos. La liquidez del sistema viene reforzada por una inyección de hasta tres billones de euros al tipo negativo del -0,75%, el más bajo jamás ofrecido.

Junto a estas medidas todos los lideres europeos han lanzado programas fiscales, destacando el ‘bazoka’ alemán, y algunos despiertan la vieja idea de los eurobonos -ahora coronabonos- para reforzar con el rating y garantía comunitarios los riesgos de los distintos países afectados. La referencia al G20 y una nueva acción concertada global, al estilo de la cumbre de Washington de noviembre de 2008, se reclama como una ausencia obligada. Los retronacionalismos económicos en curso hacen un alto en el camino, también en la casa de Donald Trump. Un shock universal está reclamando una respuesta global.

La segunda observación se dirige a valorar las medidas adoptadas por el gobierno español. El grueso del paquete de ayudas dictado por el gobierno de Madrid se concentra en los 100.000 millones de avales públicos del ICO que buscan garantizar y apalancar los préstamos que los bancos privados concederán a empresas y autónomos.  Pero estamos ante una situación tan transitoria como excepcional. Si la economía se paraliza durante tres meses, los créditos otorgados no se reembolsarán o tendrán que ser refinanciados indefinidamente. La liquidez está bien, pero el apoyo fiscal a la solvencia es mucho más eficaz. Resulta significativamente más apropiado el modelo elegido para los ERTES, mediante el cual los trabajadores afectados percibirán un 75 por ciento de su sueldo bajo el formato de prestación por desempleo que gestiona el Servicio Estatal de Empleo Público (SEPE). O también que a las empresas se les exonere de las cuotas de las Seguridad Social mientras dure la crisis. Con todo, el gran referente se halla en Estados Unidos cuando al margen de la propuesta del senado para un rescate del sistema de un billón de dólares introduce la eficaz medida de entregar cheques a fondo perdido a las personas físicas vulnerables durante el tiempo que sea necesario: 1.000 dólares al mes, o tal vez más. Reino Unido resulta igualmente el ejemplo adecuado: el gobierno de Boris Johnson abonará directamente el 80% del salarios de los trabajadores afectados por el virus, durante el tiempo que sea necesario, para evitar su despido.

Este trance sanitario se resolverá con el mecanismo de la ‘distancia social’ pero ha abierto interrogantes en muchos otros frentes. La crisis roba terreno al estado-nación, destapa las flaquezas de la autarquía y reclama abiertamente la colaboración global. Nos recuerda que cuando la economía claudica, se agrieta la democracia. Pero también lanza un aldabonazo a los críticos del papel del Estado cuando, necesariamente, en épocas de crisis, se acude a el para que asuma el mando único de la nave social.

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Imagen de Ahmad Ardity extraída de Pixabay