"Querida Amazonia": El papa Francisco escucha el grito de dolor de la Amazonia

“Querida Amazonia”: El papa Francisco escucha el grito de dolor de la Amazonia

Jaume Flaquer. Probablemente un sector de la Iglesia se sienta defraudada al no haber incluido en esta “Exhortación apostólica” la ordenación sacerdotal de hombres casados (viri probati). El Sínodo de los obispos de la Amazonia había votado abrumadoramente a favor de dar este paso de manera excepcional para garantizar que muchos indígenas no tengan que esperar años para celebrar la eucaristía. La participación en la eucaristía es un derecho religioso de los fieles, equivalente a un Derecho Humano, pero dentro de la Iglesia. Por ello, la Iglesia ha de sentirse obligada a responder a ese derecho.

Benedicto XVI ya admitió al sacerdocio a los sacerdotes anglicanos casados que querían entrar en la comunión católica, y también se acepta la ordenación de hombres casados en las Iglesias católicas Orientales. Aunque otorgar el mismo reconocimiento en el caso de la Amazonia no habría supuesto una novedad radical, el Papa ha considerado que el tema no está suficientemente maduro. No es que, como dice un diario, haya “cerrado la puerta” a esta cuestión, sino que Francisco no siente que el Espíritu le mueva a esto por ahora. ¿Es cobardía, como se ha insinuado? Yo creo que un hombre espiritual es aquel sabe escuchar también a los que no piensan como él, e incluso a los que le son enemigos. Ciertamente la Iglesia se mueve lentamente, pero es porque prioriza el caminar juntos (sinodalidad), prioriza la comunión.

En cualquier caso, este tema no era el principal según los redactores del “documento de trabajo” (Instrumentum Laboris) que sirvió de base para las discusiones. Incluso la focalización en esta cuestión por parte de los medios de comunicación estaba desviando la atención del corazón del problema social de esas comunidades. El Papa lanza una crítica durísima a la deforestación, que afecta tanto al clima como a la vida concreta de los pueblos amazónicos. El Papa llama incluso “criminales” a las grandes empresas madereras y a las que trabajan en la ganadería intensiva.

El documento “Querida Amazonia” se dirige con cariño a esta región del mundo. Está estructurado en cuatro capítulos, que son “cuatro sueños” inspirándose en el sueño de Martin Luther King. Un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico y un sueño eclesial en relación a los pueblos de la Amazonia.

El sueño social tiene que ver con la capacidad de luchar por las condiciones de vida de sus habitantes. Supone una crítica del antiguo colonialismo que se perpetúa hoy en las grandes empresas deforestadoras. De nuevo aparece aquí la cuestión social intrínsecamente relacionada con la cuestión ecológica: son los pobres los que más sufren las consecuencias del consumismo del mundo que arrasa con los recursos naturales.

El sueño cultural del Papa significa una protección por la cultura indígena y un ejercicio de valoración de la misma. Francisco no pretende caer en el mito del “buen salvaje”, pero sí pone de relieve el cuidado indígena por la naturaleza, su sentimiento de comunión con ella, y, sobre todo, su modo sencillo de vivir, opuesto al consumismo depredador occidental. El Papa advierte también de la expulsión de los indígenas de los bordes de los ríos obligándoles a adentrarse en la jungla o a emigrar hacia las ciudades donde viven una total desorientación cultural e identitaria. El clamor de la Amazonia se oye no solamente desde la jungla sino desde las ciudades, afirma.

Respecto a la cuestión ecológica el Papa retoma lógicamente algunos elementos de la encíclica Laudato Si pero aquí desarrolla el tema desde una mirada contemplativa, desde la admiración por la belleza de la creación de la que es testimonio la región, y desde el dolor por su destrucción. Asimismo, se incluyen algunos apuntes científicos que hablan de la irreversibilidad de la deforestación porque sus tierras son en realidad pobres. El bosque crece en realidad por encima de la tierra y no en la tierra.

El último sueño tiene que ver con el desarrollo de una Iglesia “con rostro amazónico”. Este es el capítulo más teológico, además de eclesiológico. Teológicamente tiene su fundamento en la Encarnación, que pide una inculturación de la fe y de la Iglesia. El Papa rechaza una occidentalización de la Iglesia local y anima al desarrollo de expresiones indígenas de la fe. Eclesiológicamente tiene su fundamento en la sinodalidad de la Iglesia, y la convicción de que el Espíritu habla en la fe del pueblo de cada una de las Iglesias. Dicho brevemente: la uniformidad no construye Iglesia, sino que lo hace la comunión, que incluye la diversidad y es don del Espíritu. Este capítulo incluye también las páginas más originales del magisterio sobre el diálogo interreligioso con las religiones tradicionales indígenas.

Aquí, es verdad, tampoco da concreciones claras para el avance en el papel de la mujer en la Iglesia amazónica. Sí afirma la importancia de no “clericalizar a las mujeres” como si dijese que es preciso primero dejar de concebir el sacerdocio o el diaconado como un “poder”. En cualquier caso, hay aún mucho camino por recorrer en la Iglesia y es preciso otorgar a la mujer puestos de verdadera responsabilidad.

Dicho todo esto, ¿cuál es la mayor novedad de este documento? Además de relacionar teología, pobreza, cultura y ecología de una manera original, y además de lanzar críticas durísimas a las empresas deforestadoras, la mayor novedad, para mí, es el estilo de la exhortación. Nunca antes se habían incluido tantos poemas en un documento magisterial. La exhortación es en realidad una contemplación de la realidad, una escucha del clamor de los pueblos indígenas y una alabanza a la Creación. La inclusión de tantos poemas que hablan de la naturaleza es un reconocimiento a las grandes aportaciones culturales que han surgido de esas tierras, la poesía en especial, según reconoce.

En definitiva, el Papa nos invita a contemplar el Amazonas con los ojos del Dios que escucha el clamor de su pueblo.

Imagen de David Mark extraída de Pixabay