Mbarga

“La globalización de la solidaridad es un camino que ofrece una salida a las crisis mundiales”

Lucía Montobbio. [Entrevista aparecida originalmente en Catalunya Religió]. Jean Mbarga es el arzobispo del Camerún. Ha participado en el congreso La aportación del papa Francisco a la Teología y Pastoral de la Iglesia. El entrevistado describe al papa Francisco como un hombre carismático, que inspira esperanza y valentía, que invita a globalizar la solidaridad. Esta invitación, precisamente, es una de las cuestiones que más tiempo ocupa a Mbarga.

¿Es difícil ser el arzobispo del Camerún?

(Ríe) Sí, sí es difícil. Es una cruz. A mis fieles les digo que tanto llevo la cruz, como anuncio la resurrección.

¿Qué es lo que pone en relieve del carisma del papa Francisco?

El Papa es un hombre extraordinario. Lo que quiero decir es que es un privilegio tenerlo aquí con nosotros, es un hombre vecino de todos, su proximidad provoca que creamos en la relación salvífica entre las personas.

El papa Francisco nos lleva a Jesús a través de su corazón. Es un pastor, en el sentido del Evangelio, que toca el corazón de las ovejas, nuestro corazón. Uno siente que el Papa es un amigo que te ama. Él nos ama a todos, sin discriminación, sin hacer ninguna diferencia.

¿Cómo sigue, la iglesia del Camerún, el modelo que propone el papa Francisco?

En el Camerún, hemos acogido al Papa y su mensaje como una actualización de Jesús. Camerún es un país donde viven 25 millones de personas con culturas muy diferentes. Somos todos cameruneses, y todos muy diferentes. Tenemos el reto de convivir en esta diversidad. El Papa nos dice que el mundo está llamado a la unidad, pero sin esconder las particularidades. Esta visión para nosotros es completa y real, y no me extraña, porque el Papa ama la realidad.

Cuando vino a visitarnos, fuimos a recibirlo y notamos una presencia fraterna. Nunca había visto un papa así, deseaba darnos la paz, acompañarnos, liberarnos de esta guerra en la que vivimos constantemente.

Los valores que el Papa transmite son necesarios. Él nos los propone con ánimo de iluminar la situación en que nos encontramos. Él es un hombre de la situación. He leído mucho sus escritos, le he conocido, y diría que es un hombre que quiere encontrar las respuestas para las preguntas que nos hacemos.

¿Y encuentra respuestas para vosotros?

El Camerún es un país joven, con cada vez más diferencias entre ricos y pobres. Problemas que también vio el Papa, los pudo constatar y analizar. Problemas que, como él dice, necesitan un proceso. Me gusta el concepto que esconde la palabra proceso. Se necesitan procesos para cambiar el mundo, nosotros necesitamos proceso. Un proceso que nos dé esperanza. Estamos seguros de que el mundo cambiará para mejor, haremos cosas mejores que las que hacemos ahora.

El Papa nos propone un mundo más humano, más fraterno, más justo. Esto en Camerún nos gusta, porque somos un país joven, diverso, que mira hacia el futuro, vamos hacia un porvenir incierto. Tenemos muchos retos, y el Papa nos da la esperanza para asumirlos sin miedo, poniéndonos en camino. El conflicto forma parte de la vida, nos abre hacia la esperanza.

El año pasado fue complicado para el Camerún, con dos conflictos abiertos evidentes. Uno fue el ataque de Boko Haram en la región del Far North. ¿Cómo lo vivió?

Boko Haram atacó en un momento que no habíamos previsto. El país estaba progresando, era un momento de gran esperanza, de mejorar la vida, y de repente, llegó Boko Haram con una potencia militar y una fuerza escandalosas.

Todos dejamos lo que estábamos haciendo, nuestros proyectos de vida, para ir a defendernos. Fue también un momento de solidaridad internacional.

El problema del islamismo radical es que no se puede dialogar. Están en un punto del conflicto muy alto, tan alto que no hay posibilidad de dialogar con ellos, de buscar la mediación, son fanáticos: o todo o nada. Gracias a Dios hemos demostrado una fuerza mental, y también física, para contenerlos. Podemos decir que ya no estamos en el punto álgido de la tragedia. Estamos llegando, poco a poco, al final de todo esto.

Cabe decir que, como prevención, debemos prestar atención a nuestros jóvenes. Los jóvenes están desocupados, les hemos de dar un trabajo. El desempleo ha ayudado a que Boko Haram encontrara seguidores. Y esto es porque los jóvenes pensaban que podrían encontrar una razón de ser, dinero, si formaban parte de ellos. Claro, esto resultó falso. La Iglesia también los debe acompañar para trabajar su interioridad, y proponer el diálogo interreligioso. Diálogo que debe ser permanente, excluyendo de esta manera el extremismo.

Diálogo para combatir el extremismo.

Sí. El extremismo debe ser conocido claramente, identificado rápidamente. Esto es así porque a menudo el extremismo llega de puntillas y luego crece de repente, afectando a los jóvenes.

El papa Francisco subraya la importancia del diálogo interreligioso, al igual que el ecuménico. Hoy no se puede negar la importancia que tiene la religión en la vida social de los ciudadanos. La laicidad está bien, pero la realidad es que hay religiones, y que éstas, por supuesto, transforman al pueblo.

Las religiones tienen una fuerza interesante. Se debe conocer esta fuerza para poder contenerla en un campo positivo. Diálogo entre religiones antes que confrontación.

¿Cómo ha afectado la colonización a los actuales conflictos entre religiones?

El Camerún todavía conoce el problema de ser anglófono y francófono. Esto nos obliga a dialogar y a dialogar. Con la historia, lo que descubro es que hoy la realidad es ésta, nos guste o no. El pasado colonialista forma parte de nuestra historia, las divisiones que nos han dejado son nuestras fronteras, fronteras que no consideraron lo que había antes. Esto es lo que somos hoy. Esta diferencia puede ser politizada, puede crear una tensión social que no valora la identidad africana que ha existido desde siempre, antes que los colonizadores.

Hay que intentar crear un puente de culturas. Tenemos que crear, tal vez, incluso una cultura nueva. Una segunda vía de ser diferentes en esta realidad colonial. Una realidad de plurilingüismo, una realidad intercultural, interreligiosa.

La Iglesia debe hacerse consciente de esta realidad, de los posibles problemas de identidad, y entender que de la fragilidad del mundo resurge la identidad. Es en tu comunidad, en tu tribu, en tu familia donde te sientes seguro. La Iglesia es responsable de predicar en sus comunidades sobre el diálogo y el respeto.

El segundo conflicto abierto es el del vecino, personas que se desplazan de la República Centroafricana huyendo de los enfrentamientos entre las milicias ex Séléka y anti-Balaka. ¿Cómo los acoge la Iglesia?

El rol de la Iglesia se sitúa principalmente en la ayuda humanitaria. Las diócesis fronterizas, por ejemplo, en la región de Adamaoua, se han organizado para acoger familias, personas inmigrantes, personas refugiadas, personas desplazadas por el conflicto de la República Centroafricana. Nuestra prioridad es cubrir sus necesidades básicas.

Hemos crecido de repente en población por estos movimientos. Por ejemplo, yo soy de Yaoundé, éramos 3 millones y ahora somos 3 millones y medio. Esto supone un reto, pero en África todo el mundo es una gran familia.

En África todos estamos obligados a ayudarnos, no es una elección libre. Cuando estoy en casa y mi familia llega, llega, se abren las puertas estés haciendo lo que estés haciendo. El parentesco es muy fuerte, exige solidaridad. Debemos acoger, ayudar y dar trabajo a ser posible, para dar autonomía a las personas.

La Iglesia tiene carisma en el Camerún, y por eso tiene que hablar el lenguaje de todos a todos. No somos políticos, debemos predicar el amor hacia el hermano, acompañarnos unos a otros. La Iglesia es un lugar donde todo el mundo ha de sentirse como en casa. Mi diócesis ha establecido como costumbre acoger cada domingo a todos los nuevos que llegan. Esto nos hace sentir muy bien, lo celebramos juntos.

Ha venido a Barcelona para pronunciar una conferencia sobre la solidaridad globalizada. ¿Cómo se unen los conceptos solidaridad y globalización?

Son aparentemente contrarios, ¿verdad? Porque la globalización existe en la esfera económica. La economía es capitalista. Excluye personas, es egoísta, duele. Los pobres resultan más pobres en ella.

Y en cambio, para cambiar las cosas, el Papa nos ha propuesto la solidaridad, opuesta a la indiferencia, somos llamados a ser solidarios a escala mundial. Esta aproximación nos llama a cambiar la dirección del mundo. La justicia se debe aprender para estar en un mundo más pacífico y justo.

El reto es poner en marcha una globalización de la solidaridad. Este concepto dual es una alianza cada vez más reclamada, constituye un proyecto constante de la Iglesia. Esta idea debe ser tomada como un compromiso misionero permanente en nombre del Evangelio, para el bien de la humanidad.

La globalización de la solidaridad es un camino que ofrece una salida a las crisis mundiales con la condición de que se abra hacia la universalidad.

¿Qué debemos hacer para ser solidarios globalizadores?

El papa Francisco nos pide que nos comprometamos con una movilización mundial. Los términos de referencia que da para este compromiso tocan diferentes dimensiones. La globalización de la solidaridad exige la promoción de un programa que implemente el destino universal de los bienes mundiales como una visión y proyecto de una nueva humanidad. Esta opción hoy es un rasgo fundamental para la realización del bien común. Con el Papa, esta globalización parece una empresa humana con el objetivo de conquistar el mundo.

¿Cómo afecta esto a la dimensión de la religión?

Está claro que la globalización también afecta a los sectores religiosos. Las religiones deben hacerse responsables de las crisis sociales, el Papa promueve la interacción religiosa a través del diálogo y de la amistad entre las religiones de todo el mundo, de acuerdo con el espíritu de Assís.

Mbarga

Imagen cedida por Catalunya Religió