Aprender a hacernos preguntas al comprar

Aprender a hacernos preguntas al comprar

José Eizaguirre. La verdad es que esto del consumo responsable lleva su tiempo. He aquí un ejemplo concreto que puede servir para ilustrarlo. En la comunidad en la que vivo tenemos siempre encendida en la capilla una típica vela de ésas baratas de carcasa roja. Al principio las comprábamos en tres sitios, según nos venía bien: una droguería del barrio, un bazar chino cerca de casa y una cerería de toda la vida en la calle Toledo, en el centro de Madrid. En los tres casos, son velas parecidas de aspecto, aunque de diferentes precios. ¿Compramos las velas más baratas? No, porque también es diferente la duración de cada vela desde que se enciende hasta que se termina. ¡Hagamos la prueba y anotemos cuántos días aguanta cada una!

Al final del experimento concluimos que la vela de la cerería dura el doble de días que la del bazar, aunque también es el doble de precio. La de la droguería tiene un precio intermedio, así como su duración. Haciendo un cálculo rápido, en los tres casos, la proporción entre precio y duración es muy parecida: al cabo de un mes habremos gastado prácticamente el mismo dinero tanto en una situación como en las otras.

Bien, una vez hecha la prueba de la calidad/precio, ¿qué más hay que tener en cuenta? Es verdad que en los dos primeros casos hay que considerar la comodidad de tener las tiendas cerca de casa, pero todas las semanas va alguno al centro de Madrid, aprovechando para hacer recados, y tampoco es una gran molestia acercarse a la cerería. En este punto, tampoco hay grandes diferencias.

¿Por cuál nos inclinamos entonces? ¿Hay algún dato más que tener en cuenta? Sí, la procedencia de las velas. Preguntando a los tenderos nos informamos de que unas vienen de Burgos, otras de Toledo y las terceras de Cuenca (efectivamente, buscamos en Internet y encontramos a los tres proveedores). Sin tener más datos del medio empleado, la huella ecológica del transporte hasta Madrid es por el estilo. ¡Nuevo empate!

¿Lo dejamos ya o seguimos investigando? ¿Tenemos manera de saber en qué condiciones han sido fabricadas o cómo son estos proveedores? No, no sabemos mas que las tres son de fabricación española.

Vale, dejémoslo ya. Ante unas condiciones tan similares, ¿qué más da? Ya iremos comprando la que mejor nos venga en cada momento. No vamos a hacer de este tema una cuestión de Estado…

Bueno, alguno todavía tiene ganas de insistir: no hemos considerado todavía la repercusión social. ¿A qué modelo de comercio queremos contribuir: al de los bazares chinos, las droguerías de barrio o las tiendas especializadas de toda la vida? Alguien apunta que posiblemente el chino del bazar enviará a su país los beneficios de su negocio mientras que los de las tiendas españolas se quedarán en España. Pero ¿es éste un argumento de peso? De entrada tenemos reparos en comprar en bazares baratos (regentados por quien sea), pues normalmente se trata de productos de mala calidad producidos en países lejanos en condiciones inciertas, que van a parar al vertedero al poco tiempo. En el caso de nuestra vela, es verdad lo de la peor calidad, pero no la procedencia del producto… Tampoco llegamos muy lejos por aquí.

¡Ay, Señor! ¿Por cuál nos inclinamos entonces?

Después de tantas pesquisas, al final hemos encontrado el argumento definitivo: compraremos las velas de la cerería -las más caras y las que duran más- pues, a igual coste mensual y condiciones de fabricación y transporte parecidas, son la que producen menos residuos. De este modo, al final del mes habremos producido la mitad de residuos que comprando las velas más baratas. ¡Por fin se nos ha hecho la luz!

Y ahora, una cita de Benedicto XVI:

Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico. El consumidor tiene una responsabilidad social específica, que se añade a la responsabilidad social de la empresa. Los consumidores deben ser constantemente educados para el papel que ejercen diariamente y que pueden desempeñar respetando los principios morales, sin que disminuya la racionalidad económica intrínseca en el acto de comprar. (Caritas in Veritate, 66)

Está claro. Sin dejar de tener en cuenta la “racionalidad económica intrínseca” (la adecuación de la necesidad a la satisfacción, la relación calidad/precio, el tiempo empleado en la compra…), tenemos y debemos tomar en consideración los principios morales, es decir, en qué medida estamos contribuyendo al bien o al mal. Comprar es siempre un acto moral y debemos educarnos constantemente para este papel que ejercemos diariamente, el de consumidores conscientes, responsables y buscadores de lo que contribuya más al bien común.

Es verdad, es complicado. Pero en algún momento hay que empezar a preguntarse por estos otros criterios: a qué estamos contribuyendo con nuestros acto de compra, quién se está beneficiando y quién queremos que se beneficie, qué repercusiones tiene en el Medio Ambiente…

Es complicado, sí. Y además no existe la solución perfecta. Algún lector avispado habrá caído en la cuenta de que, con el argumento de los menores residuos, lo que tendríamos que hacer sería comprar otro tipo de velas que no tengan carcasa… ¡Ay, sí! Es verdad. Pero también es cierto que no podemos ser completamente coherentes en todos los ámbitos de la vida. Los cirios sin carcasa son más caros y no siempre apropiados para estar permanentemente encendidos. Tal vez podríamos seguir buscando otras soluciones, pero a costa de dejar de poner atención a otras cosas también (o más) importantes…

En fin, esto no es más que un ejemplo que tal vez no tenga mucha relevancia. Pero a nosotros, este asunto de las velas nos ha dado alguna luz, nos ha servido para aprender a hacernos preguntas, llegar a algunas conclusiones… ¡y reírnos un rato!

imagen extraida de: diseñoysostenibilidad