La historia olvidada del cristianismo. El milenio dorado de la Iglesia en Oriente Medio, África y Asia… y su destrucción

ISBN: 978-84-301-2061-1

Las religiones mueren. En el curso de la historia, algunas se desvanecen por completo y otras, que un día fueron mundiales, pasan a tener solo un puñado de adeptos. En algunos casos, las religiones sobreviven en ciertas partes del mundo, pero se extinguen en territorios que antes consideraban suyos. Durante mil años, la India fue básicamente budista, pero hoy esta fe es marginal; igual ocurre con el zoroastrismo en Persia o el islam en España. Tales desastres no se limitan a las creencias ancestrales o «primitivas»; de hecho, las que hoy consideramos grandes religiones del mundo son tan vulnerables a la destrucción como la fe que practicaban aztecas o mayas. El cristianismo también ha desaparecido varias veces en regiones donde antaño floreció. En la mayoría de los casos se ha borrado hasta el recuerdo de que allí hubo cristianos, y hoy se los mira como a una especie invasora llegada de Occidente. Este libro se ocupa precisamente de la historia del cristianismo en aquellos lugares donde ya no existe, desde Oriente Medio hasta China, pasando por el norte de África, Etiopía, Persia, India y otros rincones del Extremo Oriente. (Ediciones Sígueme)

Autor: Philip Jenkins

Fecha: 2020

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Quien se adentre en la lectura de este libro se va a encontrar con un apasionante relato sobre el cristianismo en Oriente Medio y sobre su expansión en África, en Asia e, incluso, en India y China durante el primer milenio de nuestra era. Podrá conocer cómo los principales y más afamados monasterios e iglesias de la cristiandad de entonces se encontraban en Siria, Palestina y Mesopotamia y cómo se pensaba y escribía en siriaco; por cierto, una lengua muy cercana al arameo que hablaban Jesús y sus apóstoles.

Philip Jenkins arranca su relato identificando las diversas familias, escuelas o facciones cristianas que surgen a partir de las controversias sobre la naturaleza divina y humana de la persona de Jesús en los llamados siete concilios “ecuménicos”. Están, en primer lugar, los latinos y ortodoxos con su tesis sobre las dos naturalezas del Nazareno: entre la humanidad de Jesús y la divinidad de Cristo se da una unidad sin confusión y una distinción (formal) sin separación. Es la escuela que acabó imponiéndose en todo el imperio romano. El segundo grupo, los nestorianos, acepta las dos naturalezas, pero no absolutamente unidas; lo cual quiere decir que María no puede ser considerada como la Madre de Dios. Este colectivo se expandirá en las zonas más orientales, hoy Irak e Irán. La tercera familia defiende la existencia en Cristo de una única naturaleza, la divina, por encima de la humana. Son los monofisitas que se agrupan en dos grandes tendencias: los egipcios (coptos) y los sirios (“suriani”). Jacobo Baradeo organizó (S. VI) a una parte de estos últimos en una Iglesia clandestina conocida como “jacobita”, probablemente, el grupo cristiano más numeroso cuando los árabes se expandieron, gracias a sus conquistas, en la gran Siria, durante el siglo VII. 

Como es sabido, recuerda el autor, fue Oriente -y no Occidente- el primero en abrazar la fe cristiana. Y fueron las iglesias orientales (ortodoxa, nestoriana y jacobita) las primeras en inculturar dicha fe en los idiomas y civilizaciones con los que se toparon, tanto en Asia (Menor y Central), como en la India y China y, sobre todo, en el norte de África. Su despliegue en estas zonas es tan espectacular que, en torno al año 800, estas iglesias cuentan con un nivel de presencia que la Europa latina no alcanzará, por lo menos, hasta el siglo XIII. Hay pocos que discutan el liderazgo de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla durante el primer milenio del cristianismo. Pero son demasiados los que desconocen la sorprendente presencia de las otras dos, la nestoriana y la jacobita. Y más, los que ignoran que todo esto fue destruido; y que lo fue de tal manera que, casi nadie, excepto los estudiosos, lo recuerda en la actualidad. He aquí el hilo conductor de este libro, cargado de datos, razones y consideraciones no siempre compartibles.  

El autor presta, como es de esperar, una particular atención a lo que denomina “la interacción entre el cristianismo y el islam”. Sostiene, concretamente, que, si bien es cierto que dicha interacción pasó, en muchas zonas de Oriente, por momentos de una pacífica coexistencia entre una cultura y espiritualidad cristianas bajo la tutela de una autoridad políticamente musulmana, no lo es menos que se asiste, en otras fases, a una persecución y destrucción del cristianismo de tal calibre y crueldad que los especialistas se vieron en la obligación de acuñar una nueva palabra: la de genocidio. Las religiones, sentencia P. Jenkins, pueden enfermar y decrecer, pero nunca mueren por propia iniciativa. Por eso, hay que matarlas. Es de lo que, también, habla en muchas páginas estremecedoras. De eso y de cómo, al final, Europa acabó convirtiéndose en el corazón geográfico de la fe cristiana y en la única base para una posterior expansión.

Son reseñables, además de los apartados dedicados a la expansión y destrucción del cristianismo en Oriente, aquellos en los que trata la invasión mongola y la diferenciada relación de cristianos e islamistas con ellos, así como el caso particular de una Iglesia que, como la copta, naturalizándose en Egipto, marcó una importante diferencia con respecto al modelo más colonizador que se expandió en todo el norte de África. Ahí encuentra el autor la clave de la continuidad de una y de la extinción de las restantes. Finalmente, no se pueden descuidar -por más que pueda sonar a insoportable equidistancia- sus consideraciones sobre el odio religioso, el antisemitismo, el militarismo y la corrupción que también se apoderaron del cristianismo -no solo occidental- en determinados momentos de su historia. 

[Imagen del monasterio de Khor Virap (Armenia) de Taken en Pixabay]

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Sacerdote diocesano de Bilbao; profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Sede de Vitoria); miembro de Cristianisme i Justícia (Barcelona); profesor invitado del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Pío XII de San Sebastián; auxiliar del equipo ministerial de la unidad pastoral de Basauri (Bizkaia). Ha publicado recientemente: “Las prisiones, ¿oportunidad o fracaso? Abrid las puertas injustas y descerrajad los cepos (Is. 58, 6)” Córdoba, 2011; “Verdad y revelación cristiana. La teología fundamental veritativa en la modernidad”, ESET, Vitoria, 2011; “¿Es Dios una proyección?” Bilbao, IDTP–DDB, 2014.
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1 COMENTARIO

  1. Pero por mucho que los actores de cine https://pelisonline.club disfruten experimentando un cuento de hadas de emociones en el escenario, en la vida cotidiana, la gente tiene miedo de perder el control y tratar de hacer frente a las emociones desbordadas.

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