Spiegel im Spiegel

Obra compuesta en 1978, originalmente para violín y piano pero luego adaptada por el mismo Pärt a otros conjuntos.

Autor: Arvo Pärt

Fecha: 1978

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El nombre de Arvo Pärt puede resultar algo oscuro para los no conocedores de su música. Muchos piensan que incluso es un grupo musical, con música de tipo chillout debido a su habitual introspección. A menudo se suele utilizar en meditaciones y momentos de reflexión sin que ni siquiera se sepa a quién pertenecen las composiciones. Alguna vez alguien me ha preguntado, literalmente, «¿qué es Arvo Pärt?», porque aparece tanto en las colecciones de música tranquila que casi parece un proyecto musical.

Pero Arvo Pärt no es qué sino quién. Se trata de un compositor estonio nacido en 1935 en Paide, a unos 75 kilómetros de la capital, Tallin y, hasta el momento, felizmente vivo y componiendo. Actualmente es uno de los compositores más interpretados y conocidos. Empezó trabajando en la Radio de Estonia y sus composiciones lo colocaron como el compositor más destacado de su país, en la vanguardia de las nuevas técnicas.

Sin embargo, no estaba contento con todas esas modernas técnicas de componer, que tampoco le hacían tener buena imagen con las autoridades soviéticas. Ni siquiera la música para películas, de la que era el más relevante compositor de su país, le producía una satisfacción real.

En vez de ir probando hasta encontrar aquello que buscaba cayó en una noche oscura como compositor y decidió ponerse a estudiar. Un compositor no aprende escuchando discos sino leyendo partituras y analizando cómo otros maestros desarrollaban su discurso musical particular. Eso fue lo que hizo en 1968 nuestro compositor, dirigiendo su mirada hacia la música medieval, al canto gregoriano y a la polifonía renacentista. En sus palabras, años más tarde: «Por esa época, para nada sabía qué iba a ser capaz de componer en el futuro. Aquellos años de estudio no fueron una pausa pretendida, sino que era la vida y la muerte que agonizaban en un conflicto interno. Había perdido mi brújula interior y ya no sabía qué significaba ni un intervalo ni una clave».

Esta capacidad que tiene Pärt de interiorizarlo todo ha estado presente desde siempre en su obra, fruto de su profunda fe (es ortodoxo), que no solamente impregna toda su música, sino que le da sentido, la orienta y lo dirige hacia el horizonte. En ese sentido, Dios es el que ordena sus notas y el que moldea sus silencios, otro de los fundamentos de la música del compositor estonio.

Tras ese periodo de búsqueda, en 1976 lo vio todo claro ideando un nuevo método de componer que llamó tintinnabuli. Él es el único que lo utiliza y no se conoce de nadie más que lo haya empleado porque no le ha seguido ninguna escuela; de hecho, Arvo Pärt no enseña su tintinnabuli. A pesar de todo, mucha música de nuestros días está influida por los poderosos sonidos de Pärt.

Cuando se escucha el sonido de una campana observamos que este no suena solo, sino que aparecen otros, conocidos como armónicos. Esta es la filosofía de la obra de Pärt que no solo emplea en -aparentemente- sencillas piezas como la de hoy, sino en otras grandes como sus sinfonías. Básicamente, en su esqueleto, en cada pieza, suena una voz que lleva una melodía (voz melódica o voz M) y otra que progresa por medio de acordes de tres notas (voz tintinnabular o voz T). Todo ello da lugar a obras muy complejas (con cierto algoritmo tras cada una) pero que tienen un sonido muy especial y característico de Pärt. Este siempre se ha encontrado muy cómodo componiendo pequeñas piezas meditativas y digamos que adecuadas para la meditación. Sin embargo, es algo por lo que Pärt se ha quejado ya que, con cierta amargura, ha comentado que ve aquí y allí cómo se habla de su música desde el punto de vista estético pero hay pocos tratados que describan toda la rigurosa teoría musical que hay tras ellas. De forma simplista, su música ha sido adherida al llamado minimalismo sagrado, algo que, sinceramente, le queda bastante corto.

Una de las piezas en las que más se aprecia todo esto (de hecho, quizá es el ejemplo más perfecto) es la titulada Spiegel im Spiegel (más o menos «Espejo dentro del espejo»). Fue compuesta en 1978 (nada más idear su estilo, por tanto), originalmente para violín y piano pero luego el mismo Pärt la ha adaptado a otros conjuntos. Cuando un espejo se refleja en otro se produce casi una serie infinita de imágenes que son cada vez más pequeñas y que tienen ese carácter hipnótico. Pärt intenta describir todo esto a base de una serie de reflejos, algo que se puede apreciar en el propio vídeo, que está hecho de forma pedagógica y puede verse perfectamente la concepción de Pärt de la obra.

La mano derecha del piano continuamente ejecuta un acorde de fa mayor (esta es la voz T) mientras que el violín (voz M) ejecuta una melodía que continuamente se va reflejando en la nota la. Para evitar la monotonía, Pärt añade una nueva nota en cada intervención del violín creando un continuum musical en el que cada frase ascendente se refleja en una descendente, de una forma bastante estricta sin que, aunque lo parezca, ninguna nota esté dejada al azar.

Interesante es también cómo Pärt hace reflejar la mano izquierda del pianista en la derecha creando también un cierto efecto que podríamos llamar espacial. Esto se aprecia en el segundo vídeo, en una versión para chelo y piano.

La obra es un verdadero reto para los intérpretes. Pärt solo se limita a proporcionar el compás (6/4), a establecer la negra a 100 pulsos y nada más. No hay indicaciones de dinámica y muchos intérpretes confiesan que necesitan una gran cantidad de ensayos y tiempo hasta que quedan satisfechos con la interpretación.

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Versión para chelo y piano:

[Imagen de pauline mongarny en Pixabay]

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Nacido en El Puerto de Santa María (Cádiz), es licenciado en Matemáticas por la Universidad de Granada. Es profesor de esa asignatura en el colegio de los jesuitas de El Puerto, donde también fue alumno. Desde pequeño le ha gustado la música clásica y se aproxima a ella desde el punto de vista aficionado. La vivencia de la espiritualidad ignaciana, con la que lleva en contacto toda la vida, y de los Ejercicios Espirituales le ha llevado a escribir el libro Acompañados por Bach, sugerente por cuanto permite disfrutar de la música de Bach desde un punto de vista novedoso.
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