La maldición de ser niña

978-84-271-4684-6

"Ahí están los datos. Cientos de miles de niñas no llegan a nacer por el hecho de ser precisamente niñas. Una de cada cinco niñas en el mundo sufre abusos o violaciones antes de los 18 años. Millones sufren mutilaciones sexuales, se casan antes de los 16 años y son asesinadas. En cualquier lugar -y no hace falta irse muy lejos-, ser niña puede presentarse como una auténtica maldición. ¿Cómo es posible tanto horror? ¿Cómo es posible que el mundo aún permanezca callado?Lejos de limitarse a enumerar hechos en toda su brutalidad, Dominique Sigaud reúne por primera vez situaciones contemporáneas que afectan universalmente a las niñas. Una investigación terrible, pero necesaria. Hay que leerlo para conocer la realidad y reaccionar" (Grupo de Comunicación Loyola).

Autor: Dominique Sigaud

Fecha: 2022

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El incesto y las violaciones reinan por doquier
en todas las regiones,
en todas las religiones,
en todas las civilizaciones”.

Este post, más que una reseña, es una advertencia, un aviso a navegantes. La maldición de ser niña, de Dominique Sigaud (Ediciones Mensajero, 2022), es un libro fundamental. Por duro, por explícito, por estar profusamente documentado…, porque pone nombre y cifras a la realidad oculta de las violencias que se perpetran contra las niñas en todo el mundo: “Es una niña; las tres palabras más mortíferas del mundo” (p. 35).

La autora va recorriendo diferentes violencias ejercidas contra las niñas por razón de su sexo biológico, por ser niña. Con una redacción contundente, nombra las violencias porque “poner nombre, incluso de una manera cruda, construye a veces la única manera correcta de salir al encuentro de los desastres” (p. 30) .

Dominique ofrece una serie de términos y definiciones a los que luego se referirá a lo largo del libro; 

-Filiacidio: “asesinato de bebés niñas por ser niñas” (p. 47) (que muchas veces cometen las madres obligadas por la familia y es una forma de doble violencia contra la mujer). 

Feticidio: “La niña, en el caso de cientos de miles de parejas, es, en primer lugar, algo que no se desea (sobre todo) traer al mundo” (p.38).

Incestar: “Este trabajo me ha obligado, en cierto modo, a convertirlo en verbo”.

Con una lógica apabullante la autora advierte: “Si la niña es ese objeto del que nos deshacemos sin que nadie tenga nada que objetar, ¿cómo no se la va a convertir después en lo que se vende, que se compra, que es violada, al que se casa, al que se embaraza, al que se despose, todo sin que nadie tenga nada que objetar?” (p. 37).

Asimismo Sigaud nos abre los ojos a la realidad oculta de las cifras de la violencia que sufren las niñas, a “las niñas que faltan”, víctimas del filiacidio y el feticidio. Millones de niñas abortadas o abandonadas al nacer de las que no constan datos exhaustivos pero que el Centro asiático estimó en 1,5 millones en 2016. Esta falta de informes globales detallados ¿será porque “se trata de una muerte silenciosa. Admitida, integrada”?

Nada, nadie, nunca…

Con esas palabras se acerca la autora a la realidad oculta de la Mutilación Genital Femenina (MGF):

“En los 15 años de periodismo que vengo ejerciendo en países africanos en los que se practica la mutilación, jamás he oído hablar de ella. He visitado hospitales, centros de asistencia sanitaria y de nutrición, he hablado con mujeres, con niñas. Nada. Nadie me ha dicho nunca ni una sola palabra. Yo, por mi parte, no he visto nada” [67]. Pero se calcula que 200 millones de niñas son víctimas de mutilaciones sexuales en el mundo (54). Pero las niñas no solo son mutiladas, son silenciadas “Te mutilan y te callas, te cortan el sexo y te quitan la palabra” (p. 68).

Cuando el infierno está en la familia

Sobre el incesto no hay estadísticas: “ni de Unicef, ni de la OMS, ni de la ONU, ni de ninguna otra gran organización mundial” (p. 58). Fruto de su trabajo de campo, la autora va hilvanando historias de mujeres supervivientes y de entidades que las acompañan e informan de los datos que han podido recabar. Restalla como un látigo esta denuncia de Shara Mani: “En Afganistán cuando una niña es víctima de incesto, se la considera culpable” (p. 65). Pero también en Europa son probablemente miles las niñas incestadas como por ejemplo en Francia con el caso de Camille Kouchner y que dio pie al #MeTooIncest (p. 170).

Y continúa su relación sistemática de violencias que se ejercen contra las niñas:

El matrimonio infantil, niñas obligadas a casarse, vendidas, apalabradas, pactadas, entregadas con 12, 13 años a lo sumo (datos de Unicef en Bangladesh, por ejemplo). Pero estos datos son posibles en EE.UU. donde 200.000 menores son obligadas a casarse para ocultar violaciones porque la mayoría de los estados autorizan el matrimonio infantil (¡algunos desde los 12 años!) (p. 191).

Las violaciones a las niñas: nueve millones según Unicef en 2017, por dar una de las muchas cifras de los diferentes informes que aparecen en el libro que advierte del repunte de las violaciones como arma de guerra, como “botín”, una muestra más de la niña como algo sobre lo que se tiene derecho o de lo que se puede disponer… 

La trata de niñas es un negocio internacional que extiende sus tentáculos a las zonas de catástrofes naturales y crisis humanitarias. Es un negocio sin escrúpulos que genera alrededor de 32.000 millones de dólares al año (p. 119). ¿Qué van a poder las niñas ante una red de entidades mafiosas que las ven como un objeto de consumo y mercado que genera semejantes beneficios? Según el informe de la ONUDC de 2018, las niñas representan el 23% de las víctimas de trata, un 72% “cazadas con trampas para la explotación sexual y en un 21% para realizar trabajos forzados”.

Y cierro con estas palabras de la contraportada del libro: “La humanidad no ha comprendido todavía que las niñas son una bendición. Ojalá no se dé cuenta demasiado tarde”.

[Imagen de Ken en Pixabay]

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Tengo varios años de experiencia trabajando con jóvenes y como profesor de Secundaria y Bachillerato. También me he dedicado a la gestión de ONG como sacerdote jesuita. Activista por la justicia social, actualmente trabajo como director general en Fundación ECCA.
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