Humano, más humano: Una antropología de la herida infinita

ISBN: 978-84-18370-31-1

Preguntas aparentemente sencillas, como ¿qué te pasa?, ¿cómo te llamas? o ¿de dónde vienes?, nos van acercando poco a poco al centro más profundo de nuestra alma, allí donde se descubre la herida originada por las cuatro infinitudes esenciales: vida, muerte, tú y mundo. Jamás seremos demasiado humanos: si algún horizonte tiene sentido es el de llegar a ser más humanos. No se trata, pues, de ir más allá de lo humano, como quiso Nietzsche, sino de intensificar y de profundizar en lo más humano. Josep Maria Esquirol nos muestra cómo de este surco en el ser humano emerge la acción más beneficiosa, que nos orienta y nos fortalece porque sabe juntar sin confundir la gravedad y la ligereza, el día y la noche, el cielo y la tierra, el presente y la esperanza… Humano, más humano es un ensayo auténticamente filosófico, escrito con un lenguaje tan comprensible y preciso como evocador. [Ed. Acantilado]

Autor: Josep Maria Esquirol

Fecha: 2021

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“El mundo entero es un inicio increíble”. Para entender a fondo una afirmación como ésta sin creer que se está ante una mirada de la realidad extasiante y vacía de contenido hay que dedicar algún tiempo a la lectura pausada de este magnífico ensayo que ha realizado Josep Maria Esquirol: Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita. Esquirol sigue un proyecto que viene de lejos y apunta a lo nuclear: el intento de una propuesta de filosofía antropológica que explore nuestra condición desde una certeza total de que nada es más valioso que lo que nos hace realmente humanos. Entenderlo y darle el valor que le corresponde es el ejercicio, como mínimo, de una vida entera.

La filosofía de la proximidad que está elaborando Esquirol y que ha dejado claramente plasmada en sus -al menos- tres últimos libros, trata de responder a la dinámica de fuga hacia la nada que mueve actualmente nuestro mundo. “Ir más allá”, “superación de lo humano”, “dominación del mundo”, “rotura de todos los límites” son dinámicas establecidas que Esquirol rechaza y que hay que reorientar, encontrando de nuevo el norte perdido, aunque para que esto ocurra “serían necesarios unos cambios tan radicales como improbables”. Si Esquirol ha escrito su último libro, y los anteriores, es porque no renuncia a batallar el espíritu nihilista que nos domina, con modestia y sobriedad, pero con la contundencia de quien ha encontrado un camino que lleva a algún lugar y quiere mostrárselo a los demás: es el camino que lleva a lo central de la experiencia humana y que quiere aportar, en la medida de lo posible, algo de bondad en el mundo.

Detrás del intento de Esquirol hay una propuesta de sistematización que, valiéndose de imágenes de lo más esenciales de la vida humana -la casa, el cielo, la herida-, y con un lenguaje realmente cercano, se dedica a reencontrar la singularidad de cada palabra y redefinir categorías para acabar construyendo un edificio coherente y sólido. Ante la búsqueda constante de novedad: repetición; ante el eterno retorno: la novedad increíble de un nuevo nacimiento. Profundizar, por ejemplo, en el nacimiento, la venida al mundo desde la nada, como el evento que mejor explica nuestra condición humana -siguiendo la estela del pensamiento arendtiano-, y no la muerte, como han hecho tantos otros, es darnos una oportunidad de leer todas las cosas con una luz nueva.

Hay que pasar por cada uno de sus libros para entender la completitud de su propuesta. De este último libro destacaría al menos tres aportaciones que a mí me han parecido realmente relevantes:

  • El corte cruciforme de la herida infinita

Este es el punto central de nuestra condición: la herida que nos constituye. El ser, más que ninguna otra cosa, es vulnerable. Todo lo que nos hiere, nos hace a su vez, más humanos. La herida de la vida, la de la muerte, la del tú y la del mundo. Una herida que no cierra, sino que solo se puede acompañar. Aceptar que nacemos heridos, y que la herida se va haciendo profunda a medida que la vida avanza si estamos dispuestos a vivirla es, de hecho, quitarnos de encima el peso de intentar una vida inmaculada. Hay dolor y lo habrá en un futuro, pero también hay gozo y maravilla, y encuentro con el otro. Y todo, gracias a la herida que nos permite afirmar que estamos vivos.

Esta idea, la de la herida infinita, marca todo el texto y nos permite hacer este vínculo tan potente de entender la filosofía y el pensamiento como cuidado del alma. No el superhombre, sino el ser humano herido y, justamente por eso, auténtico, real y vivo.

  • La juntura, categoría de la no-confusión

En mi opinión, una de las herramientas centrales del pensamiento de Esquirol y que queda muy bien explicada en este texto es la categoría de juntura o articulación. En el debate abierto entre las teorías del pensamiento duales y no-duales, Esquirol se sitúa claramente en contra de la confusión que generan las segundas, rechazando toda tentación de panteísmo. Pero no junto a una dualidad que separa y excluye, sino de una dualidad que necesita de una articulación para ser fecunda y tener sentido. Así pues, la importancia de la diferencia entre cielo y tierra, el auténtico diálogo entre las dos realidades, radica en su articulación en la línea del horizonte. De igual manera entre “día y noche”, “ligereza y gravedad”, “acción y esperanza”. Esquirol nos recuerda que su propuesta no es dialéctica ni de superación de contradicciones, sino de hacer evidente y poner sobre la mesa tensiones y juntas. Es por tanto en estos tránsitos, en estos interregnos, en estos espacios bisagra entre realidades diferenciadas donde la verdad se nos revela. Solo se puede pensar bien, hacer filosofía realmente fecunda, en la bisagra: “distinguiendo sin separar”.

Así pues, palabras como ayuntamiento, juntura, articulación son clave en la antropología de Esquirol, una propuesta que abarca la dualidad de manera matizada haciendo hincapié en la articulación entre realidades escindidas, porque tal como él afirma, “nos salvan las relaciones”. Y así se va construyendo un pensamiento que avanza a medida que encuentra nuevas junturas, las explora y las define.

  • La espeleología de la esperanza

Una de las novedades del actual ensayo es el abordaje que realiza a las cuestiones últimas, entre ellas, la de la esperanza. Es difícil hoy en día no ser materialista. O aceptar al menos una migaja de trascendencia en nuestro mundo sin hacerse trampas al solitario. Pero hay un cierto materialismo que hace del mero realismo un callejón sin salida. Ciertamente, las categorías de misterio, esperanza o sentido siguen allí delante formando parte de nuestra experiencia y habrá que hacer algo con ellas. Esquirol, como si de un espeleólogo se tratara, orientándose en un terreno lleno de claroscuros y resbaladizo, las trabaja con una gran sobriedad, no dejándose engañar ni dándoles una centralidad que no les corresponden, pero tampoco haciéndolas callar o dándoles la espalda.

Al materialista Fernández Buey se le atribuye el decir que la esperanza consiste en tener ilusiones sin hacerse ilusiones. González Faus explora el principio esperanza en clave blochiana afirmando que no se trata de creer que todo es posible, sino que lo imposible a veces pasa. En el caso de Esquirol, esperanza, ¿por qué? Pues esperanza porque anhelamos “el reencuentro imposible” y porque “no todo está bien”. Hay una gran lucidez en como Esquirol entiende que “no es la inmortalidad, sino el encuentro y la compañía, lo que queremos”, situando la esperanza no en el terreno del deseo de vivir para siempre -muy propio de la huida hacia adelante y de nuestra confianza actual en la tecnología para llevarla a cabo-, sino de hacer eterno lo vivido. Ahora bien, la verdadera dificultad no radica en proclamar la esperanza como algo propio de una vida humana, sino en dar razones para ésta.

Esperanza es resistencia, no otra cosa. Y toda resistencia necesita algo a lo que agarrarse para no acabar cediendo. Esquirol esgrime dos razones bastante sólidas: “que la profundidad no es metafórica” y, por lo tanto, que si la vida no es honda, no tiene sentido esperar nada; y que “existe una desproporción entre venir a la vida y estar destinado a morir” y la primera gana claramente la partida. La frase hecha “Mientras hay vida, hay esperanza” viene a evidenciar una experiencia que todos tenemos: mientras haya vida, será posible un nuevo inicio donde lo imposible (el reencuentro, la transformación de lo que no está bien) acabe teniendo lugar.

***

La propuesta de Esquirol es una propuesta singular que recoge elementos de diferentes tradiciones. Sería engañarse no reconocer que el cristianismo está ahí bien presente: los padres de la Iglesia, Juan Clímaco, Pablo de Tarso, Francisco de Asís y su mansedumbre, Isaías, Job, todos ellos circulan en el texto por la relevancia de sus aportaciones. El lector cristiano se sentirá reconocido en una antropología que le resuena, pero a la vez se le muestra nueva, liberada del vocabulario apologético propiamente religioso. La antropología de Esquirol tiene vocación de universalismo. Al lector no-cristiano se le mostrará un camino, una puerta que conduce a recuperar y hacer valer hoy lo mejor de la tradición cristiana pasado por el tamiz del paso del tiempo para redefinir conceptos de gran envergadura. Probablemente, y recuperando la importancia de la articulación que mencionábamos antes, Esquirol se nos muestra como un nuevo Pablo de Tarso explorando la juntura que puede haber entre el pensamiento judío y el helenístico. Esquirol pone en diálogo lo mejor de la tradición antropológica cristiana con la tradición clásica: entre “el socratismo y el franciscanismo” se describe a él mismo, buscando la juntura, el “repliegue del sentir”, para elaborar un pensamiento sistemático realmente nuevo.

[Imagen de Mylene2401 en Pixabay]

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Director de Cristianisme i Justícia-Fundació Lluís Espinal. Licenciado en matemáticas y máster en gestión de empresas. Anteriormente ha trabajado en Oxfam Intermón. Coordina la Plataforma por una fiscalidad justa y ha participado activamente en las últimas ediciones del Foro Social Mundial y en la organización del Fòrum Social Català. Colabora en diferentes proyectos solidarios relacionados con el mundo de la inmigración y la economia social.
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