Aquella escena de Nomadland: la protagonista ha iniciado una tímida relación con un hombre, uno de esos que pueblan las comunidades de expulsados por el sistema estadounidense y los reveses de la vida. La invita a que pase unos días con su familia. Allí, en medio de sus hijos y nietos, ella se da cuenta de que esa no es su casa, de que esa vida no es la suya. Ve la camioneta aparcada en el jardín y decide volver a la carretera. Después de perderlo todo: casa, marido, trabajo, Fern ya sólo puede vivir en su camioneta, en las interminables carreteras solitarias, en esas comunidades nómadas donde se vive una extraña mezcla de solidaridad y desarraigo.  

He recordado Nomadland después de acabar la primera temporada de Autodefensa, la provocadora serie de Berta Prieto, Belén Arenys y Miguel Ángel Blanca. Quizá porque uno de los capítulos se llama así, Volver a casa. Aunque aquí no se trata de no tener una, sino de no querer volver, de prolongar un poco más la fiesta, de ir a cualquier lugar antes que a casa. Porque lo que espera en casa –la cocina estrecha, el pasillo estrecho hacia una habitación estrecha en el barrio de Gracia– es la realidad, y la realidad, a veces, produce asma y ansiedad.

Ansiedad: ese es el nombre del cuarto capítulo: Berta y Belén están en la cama, pero Berta no puede dormir. Han pasado toda la noche de fiesta (drogas, alcohol), y tiene mucha ansiedad. Fundido a negro. Todo negro. Berta despierta a Belén para no quedarse a solas con el monstruo. Entonces Belén recuerda que cuando era pequeña, antes de ir a dormir, hacía como un examen del día que le habían enseñado en el colegio las monjas, y se ponen a hacerlo. Se trata primero de agradecer algo; luego, de pedir perdón; y, al final, un deseo. El resultado de este examen ignaciano sui géneris y bajo resaca es bastante estrambótico, pero no se trata de eso: el ejercicio ha conseguido parar el ataque, les ha ofrecido algunas cosas a las que agarrarse. Se tranquilizan, acaban riendo juntas. Es como un pecio dorado en medio del naufragio. 

Autodefensa es una serie provocadora, pero no porque las protagonistas sean dos chicas jóvenes que se drogan, beben, tienen relaciones sexuales sin más horizonte que el momento o van de rave en rave el fin de semana. Lo es porque hay momentos en que uno ve representarse el vacío, la falta de sentido. Ese vacío ya no pertenece solo a las protagonistas: es una amenaza compartida y, aunque uno no lleve la misma vida que ellas, te puede tocar. Es entonces cuando se revela la eficacia –o no– de nuestra autodefensa: ¿nos defenderá de veras, o será solo un acelerador del vacío? ¿Qué o quién nos permitirá volver a casa?

[Imagen extraída de Filmin]

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Jesuïta en formació. Estudia la Llicència en Teologia Fonamental a la Pontificia Facoltà Teologica dell'Italia Meridionale de Nàpols. Col·labora amb l'associació Figli in famiglia al barri de San Giovanni a Teduccio.
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