Tiempo de cuidados es el título del último libro de Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona. El subtítulo Otra forma de estar en el mundo, señala que se trata de un tema central para la vida humana y la sociedad, que la pandemia de la covid-19 ha puesto de relieve.

No pretendo hacer una recensión del libro, ni sustituir su lectura, sino solo señalar algunos aspectos que me han resultado más innovadores.

Según el Diccionario de la RAE, cuidar tiene relación con diligencia, atención, solicitud, asistencia. Cuidar es atender y preocuparse por quien necesita ayuda. Hasta hace poco, el tema del cuidado no era objeto de reflexión y se daba por supuesto que el cuidado era algo emocional, ligado a la mujer, que se realizaba por amor y sin sueldo, muy diferente del trabajo productivo del varón que era quien aportaba dinero a casa.

Hoy comprendemos que la dualidad mujer/casa y varón/polis es irreal e injusta. La pandemia nos ha revelado la fragilidad y vulnerabilidad de todos los seres humanos, desde la infancia a la vejez y que el cuidado tiene una dimensión esencialmente social, pública y política, ya que afecta a todos: niños, discapacitados, enfermos y mayores: “En un contexto patriarcal, el cuidado es una ética femenina; en un contexto democrático, el cuidado es una ética humana”, afirma Carol Gilligan. Y la economista Katrine Marçal escribió un libro titulado ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? -para que él pudiera escribir La riqueza de las naciones-.

Todos necesitamos ayuda, cercanía, afecto, respuesta a nuestra situación concreta. Pero así como la escuela ha ayudado a las familias a educar y cuidar a sus hijos y los hospitales cuidan enfermos, la vejez no tiene espacios adecuados fuera de las residencias geriátricas donde muchas veces los ancianos quedan abandonados y son solo ocasión de lucro. Al prolongarse la vida, aumenta la necesidad de ayuda para los mayores con dependencia. Son cuidadores y, sobre todo, cuidadoras, muchas veces migrantes latinoamericanas, a veces mal pagadas y sin contrato, quienes ordinariamente cuidan a las personas mayores.

La vejez y, sobre todo, la muerte, desbordan las perspectivas científicas y médicas. Los médicos no tienen palabras para el último momento de la vida, no saben cómo ayudar a morir. La pandemia ha generado traumas en médicos, enfermeras y sanitarios que han visto morir a la gente en soledad y sin una mano amiga que les acompañase hasta el final.

Victoria Camps extiende el cuidado a la casa común, superando así una ética antropocéntrica radical y muestra que no basta afirmar la regla universal “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo”, sino que hay que añadir: “Obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténtica en la Tierra” (Hans Jonas).

También es necesario el cuidado de sí mismo, la épimeleia, la cura sui, entendido no de forma egoísta, sino como auténtica libertad personal para poder ayudar a los demás.

El libro finaliza con una referencia a la encíclica de Francisco, Fratelli tutti cuyo icono básico es la parábola del buen samaritano que tiene compasión del hombre herido. Al amor, escribe el papa “no le importa si el ser humano es de aquí o de allá”.

La filosofía moral, desde su propio estatuto racional, no posee una palabra propia para más allá de la muerte. Son las religiones quienes siempre han ofrecido ayuda para dar sentido a la vida, al sufrimiento y a la muerte. Para la fe cristiana, el misterio Pascual de Jesús, muerto y resucitado, se convierte en fuente de sentido, consuelo y esperanza pascual.

Que la pandemia no nos haga volver a “la normalidad de antes”, sino que nos abra al cuidado, cercanía y compañía hacia todos los que necesitan ayuda, pues todos somos vulnerables e interdependientes. Que el año nuevo sea un tiempo de cuidados y constituya otra forma de estar en el mundo.

[Imagen de eliola en Pixabay]

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Jesuïta. Va estudiar filosofia i teologia a Sant Cugat, a Innsbruck i Roma. Doctor en Teologia per Roma (1965), professor de teologia a Sant Cugat mentre vivia a l'Hospitalet i Terrassa. Des de 1982 va residir a Bolívia on va treballar amb sectors populars i en la formació de laics a Oruro i Santa Cruz. Professor emèrit de la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba, alternant amb treball de pastoral en barris populars. Ha escrit nombrosos llibres i articles. En 2018 va tornar a Barcelona on resideix actualment.
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