Nuestro país está lleno de obras de arte que felizmente se han recuperado y otras muchas que se conservan en archivos, bibliotecas e incluso en trasteros y que necesitan una urgente atención y restauración. El patrimonio musical no está exento de esas cuestiones, sobre todo teniendo en cuenta que los manuscritos se deterioran con el tiempo y el mal cuidado, perdiéndose las notas y olvidándose para siempre.

De la época medieval tenemos buenos ejemplos, que felizmente nos permiten conocer la música que hay contenida en los manuscritos. Si bien muchos son copias de obras originales otros se conservan en su estado original y no solamente han dado lugar a multitud de estudios sino también a extraordinarias grabaciones que son las que han revivido la música para que llegue a nuestros oídos. Para una gran mayoría, la notación medieval constituye un verdadero arcano pero cuando se ve plasmada desde el punto de vista sonoro no podemos sino maravillarnos de unos sonidos que siguen estando algo alejados de nuestra estética actual, pero que cobran un nuevo sentido cuando caen en manos sabias. A este respecto, una buena grabación es también responsable de que un patrimonio que está escondido durante mucho tiempo siga estándolo (porque los sonidos no le hacen justicia) o que capten nuestra atención y la de otros. La música vive en los pentagramas y en las grabaciones.

En el Monasterio de Montserrat se encuentra unos de los manuscritos más fundamentales de nuestro patrimonio musical medieval. Es el conocido como el Llibre Vermell de Montserrat. Es una obra que fue escrita o compilada a finales del siglo XIV. En el siglo XIX, para ser conservado mejor, fue embutido en unas tapas en terciopelo de color rojo (o, mejor, bermellón) de ahí su nombre (en español, Libro rojo). Contiene una miscelánea de obras religiosas y parece ser que una sola persona se encargó de recogerlas casi todas en ese manuscrito.

Entre una serie de milagros atribuidos a la Moreneta y una compilación de diversas cuestiones sobre la doctrina cristiana, aparecen unos seis folios que contienen una preciada música. En el folio 22 podemos leer el propósito de la misma:

«Puesto que, de vez en cuando, cuando los peregrinos están de vela en la iglesia de la Virgen María de Montserrat quieren cantar y bailar, y también quieren hacerlo durante el día en la plaza, donde también deben cantarse canciones honestas y devotas, por esa razón hay escritas algunas antes y después de este texto. Y deben usarse honesta y moderadamente para no estorbar a aquellos que intentan perseverar en las oraciones y en las devotas meditaciones».

Por tanto, el propósito es claro: crear un pequeño repertorio para evitar que en el monasterio y alrededores se cantasen cosas poco convenientes según el sitio en el que se estaba. Podría ser como una especie de protocolo (en un sentido muy amplio del término y aprovechando que está tan de moda la palabra) sobre la música a ser interpretada en el recinto.

No era de extrañar que, en esa época, se bailase tanto dentro como fuera de los templos, y que incluso los clérigos también lo hiciesen. Contra ello reaccionaron varios concilios, que intentaron poner orden en una costumbre que se estaba degenerando poco a poco. Por tanto, empezaron a circular diversos cancioneros destinados a los fieles, a los que el Llibre Vermell contribuyó con piezas en latín, catalán y occitano.

Una de ellas, quizá la más famosa, se titula Ad mortem festinamus. Es uno de los ejemplos más antiguos (y más notables) de danza de la muerte, en la que esta reúne a todos para decir que, cuando morimos, todos somos iguales: ricos y pobres, famosos y anónimos… Tiene forma musical de virelai monódico, ya que solo suena una línea musical con un texto dividido en estrofas y con un estribillo recurrente. Parece ser que el tema de esta pieza se deriva de ese famoso poema del siglo XIII como es el Contemptus mundi, que escribiese Bernardo de Cluny.

En la que es la pieza más reconocida del Llibre Vermell, se nos invita a danzar y a cantar para ser conscientes de que tenemos que aprovechar el tiempo, que es muy breve, antes de que la vida nos lo arrebate. El texto, en latín, nos invita a ser conscientes de dónde estamos y vivir el día no pensando que podemos a morir en cualquier momento sino disfrutando de lo que tenemos en este momento entre manos sin estar demasiado preocupados por el futuro, solo lo imprescindible.

La notación empleada por el o los copistas del manuscrito es la llamada escritura mensural negra (rellenando con tinta de este color las cabezas de las notas, que tenían un valor distinto en función de determinadas formas). Y la música nos invita a dejar de pecar para que, al llegar al final de nuestro camino, estemos siempre preparados. Es algo así como uno de esos villancicos renacentistas que nos invitaban a comer y beber el Martes de Carnaval porque al día siguiente (Miércoles de Ceniza) llegaría la penitencia (como nos cuenta Juan del Enzina en su Oy comamos y bevamos).

Esa danza de la muerte está representada en diversos lugares. Por ejemplo, en la iglesia de San Francisco de Morella (Castellón) aparece un fresco en el que puede verse la melodía de Ad mortem festinamus pero con un texto en valenciano. Y, cómo no, la danza de la muerte es la que contempla el imponente crucificado del Castillo de Javier (Navarra), que parece reírse de ella.

[Imagen extraída de IMSLP]

T'AGRADA EL QUE HAS LLEGIT?
Per continuar fent possible la nostra tasca de reflexió, necessitem el teu suport.
Amb només 1,5 € al mes fas possible aquest espai.
Nascut a El Puerto de Santa María (Cadis), és llicenciat en Matemàtiques per la Universidad de Granada. És professor d'aquesta assignatura en el col·legi dels jesuïtes de El Puerto, on també va ser alumne. Des de petit li ha agradat la música clàssica i s'aproxima a ella des del punt de vista aficionat. La vivència de l'espiritualitat ignasiana, amb la que porta en contacte tota la vida, i dels Exercicis Espirituals l'ha portat a escriure el llibre Acompañados por Bach, suggerent ja que permet gaudir de la música de Bach des d'un punt de vista nou.
Article anteriorSobre el prejuicio (a partir de Kayne West)
Article següentUn llibre per encendre l’ànima

DEIXA UN COMENTARI

Introdueix el teu comentari.
Please enter your name here