Xavier Albó Corrons es uno de estos personajes geniales que uno encuentra pocas veces en la vida. Nacido en 1934 en La Garriga (Barcelona) de una familia de tradición muy cristiana, ingresó en la Compañía de Jesús en 1951 y siendo todavía novicio, en 1952, fue enviado con otros 4 compañeros novicios jesuitas a Bolivia donde ha vivido hasta el final de su vida, con un gran esfuerzo de encarnación en la historia y cultura del pueblo boliviano. Según él, en Bolivia nació de nuevo.

Además de los estudios de filosofía en Quito y teología en Barcelona, estudió antropología y lingüística en la Universidad de Cornell de Nueva York y Loyola de Chicago (1966-1970) y se doctoró en la Universidad San Andrés de La Paz. Él se definía como antropólogo socio-lingüista, hablaba quechua, aymara y guaraní, publicó una metodología para aprender quechua, conocía perfectamente la geografía y cultura de todo Bolivia y era especialmente cercano y comprometido con el pueblo indígena.

Con Luís Alegre fundó CIPCA, un centro de investigación y promoción del campesinado. Fue Coordinador latinoamericano de jesuitas en áreas indígenas, miembro de la Academia Boliviana de la Historia Eclesiástica, etc.

Cuando el Estado plurinacional de Bolivia quiso lanzar un proyecto de educación bilingüe para los niños y niñas, Albó fue el encargado de elaborar el mapa lingüístico de Bolivia. Sin duda el hecho de ser catalán le ayudó a comprender la importancia de la lengua del pueblo para la identidad cultural y social de las personas.

Hombre de una curiosidad inmensa, “un curioso incorregible” como él se definía, siempre investigando y tomando nota de la realidad cotidiana, sufrió persecución en tiempo de la dictadura militar banzerista, participó con Espinal en la huelga de hambre con las mujeres mineras durante 19 días a finales del 1978 y comienzos del 79, para pedir amnistía para los presos políticos. Vivió de muy cerca el asesinato de su compañero jesuita Luís Espinal en 1980, del que publicó sus escritos y las Oraciones a quemarropa.

Sus obras completas abarcan 11 volúmenes, recibió muchas condecoraciones (Premio Hiroshima por la Paz, premio Franz Tamayo, premio LASA/Oxfam América, Cóndor de los Andes, Doctor Honoris Causa por la Universidad San Simón de Cochabamba), todo lo cual nunca le llevó a ningún tipo de soberbia, era sumamente sencillo, muy alegre, cercano, chistoso y, a ratos, casi cómico. Todos le llamaban el p’ajla (el calvo).

Y aunque era muy sobrio en sus manifestaciones religiosas, era un hombre profundamente evangélico y espiritual, misionero y fiel seguidor de Jesús y, como Espinal, aprendió de Jesús a gastar su vida por los demás, con una gran apertura a los “otros”, especialmente a los pueblos campesinos e indígenas, marginados social y económicamente, descubriendo con ellos los misterios de esta y la otra vida.

En los últimos años se debilitó la salud de Xavier y pasó a residir a la comunidad La Esperanza de Cochabamba, donde a pesar de sus limitaciones seguía trabajado, mientras repetía que “es mejor morir viviendo, que vivir muriendo”.

Xavier Albó falleció en el Señor el día 20 de enero de 2023 a los 89 años. Que descanse en paz, aunque tal vez en el cielo también siga haciendo encuestas a los santos de allá arriba…

[Imagen extraída del IPDRS]

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Jesuïta. Va estudiar filosofia i teologia a Sant Cugat, a Innsbruck i Roma. Doctor en Teologia per Roma (1965), professor de teologia a Sant Cugat mentre vivia a l'Hospitalet i Terrassa. Des de 1982 va residir a Bolívia on va treballar amb sectors populars i en la formació de laics a Oruro i Santa Cruz. Professor emèrit de la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba, alternant amb treball de pastoral en barris populars. Ha escrit nombrosos llibres i articles. En 2018 va tornar a Barcelona on resideix actualment.
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