Amín, 19 años, Marruecos. «Tengo diecinueve años y soy de Marruecos. Nací en Fez, de donde me fui cuando tenía diez años. Mi madre había fallecido y me quedé solo con mi padre, quien me maltrataba una y otra vez. Yo no soportaba esa vida, así que decidí irme. Llegué a España solo, dentro de un camión. Llegué a tener permiso de residencia, pero caducó y se me pasó renovarlo. Me detuvieron cuando cometí un hurto y me trajeron al CIE. Cada vez que acaba la visita de la voluntaria de Migra, le pido que me abrace y siempre intento que vea en mi cara una sonrisa antes de irme con el policía que me lleva de vuelta a mi celda». 

Muchas personas como Amín son acompañadas por personas y organizaciones movidas y comprometidas por el deseo de construir una sociedad (más) acogedora, justa, solidaria e inclusiva donde valga la pena vivir. Sociedades que reconocen la dignidad de las personas que residen en ella, dignidad que se transparenta en la singularidad de cada rostro. 

En atención a este acompañamiento, el objetivo de este artículo es visibilizar la Teoría Polivagal y su aportación en las relaciones de acompañamiento, relaciones que quieren constituir «lugares» y encuentros de salud. «El regalo más precioso que podemos ofrecer a otros es nuestra presencia. Cuando nuestra atención plena abraza a aquéllos a los que amamos, éstos brotan como flores» (Thich Nhat Hanh).

Estos encuentros son un regalo en tanto respetan los mínimos necesarios que la posibilitan: seguridad, presencia, escucha incondicional y sin juicios, respeto, amar al otro tal y como es y, a la vez, asentir a todo lo que expresa tal y como lo comunica (cuerpo, emoción, cognición). No sabría decir si son mínimos necesarios o máximos esperables, dicho lo cual, quisiera detenerme en una de ellas, en la seguridad. 

Atendiendo a la Teoría Polivagal y parafraseando a su autor (Stephen Porges), o estamos en modo supervivencia o estamos en modo crecimiento, aprendizaje, restauración, sanación. No podemos estar al mismo tiempo en una y en la otra, es decir, se inhiben la una a la otra. Así, en un entorno de peligro (ya sea objetivo o subjetivo) no podemos estar en modo crecimiento-desarrollo, ya que, el sistema nervioso autónomo (SNA) pasa de un estado relajado (conexión social-vagal ventral) al siguiente de ataque/huida en un primer momento y, en su defecto, de paralización (vagal dorsal). Es por ello que la construcción de entornos seguros es imprescindible para cualquier acompañamiento que vaya más allá de la mera supervivencia. Así, en las relaciones seguras y compasivas nos co-regulamos; co-regulación que es posibilidad de autorregulación (así fue/quiso ser en la infancia con las relaciones parentales y es condición de posibilidad en la adultez). 

Hay una palabra que no he utilizado hasta este momento pero es hora de introducirla. Dicha palabra es “trauma”. De un modo u otro todos somos personas con algún tipo de trauma (con «t» minúscula), si atendemos a nuestro desarrollo a partir de la gestación, podemos ver que el carácter constituido en la primera infancia, hacia los 7-8 años, se asienta a la vuelta de la adolescencia. Pero, además, hay personas que han vivido/vivieron un Trauma (con «T» mayúscula), un «acontecimiento estresante inevitable» que sobrepasó los mecanismos de afrontamiento de la misma. Experiencia traumatizante que queda grabada en el cuerpo, silenciada, pudiendo ser, en lo cotidiano, el origen de respuestas automáticas de ataque/huida o paralización.

Este hecho del trauma lo podemos visibilizar (a modo de suposición) en el testimonio de Amín: «Nací en Fez, de donde me fui cuando tenía diez años. Mi madre había fallecido y me quedé solo con mi padre, quien me maltrataba una y otra vez. Yo no soportaba esa vida, así que decidí irme».

Su relato biográfico nos habla de pérdida de la madre (no sabemos si el duelo de la perdida pudo ser transitado), a la vez que sufrió el maltrato de su padre. Desconocemos, a ciencia cierta, cuáles fueron las consecuencias de los hechos narrados (el cuerpo de Amín es el que lleva la cuenta de los hechos). Dicho lo cual, si atendemos a la necesidad que todo niño tiene de pertenecer a una familia, de un amor continuo y de protección, podemos suponer que quedó carente de lo imprescindible y dañado en lo profundo.

Si atendemos a los evangelios, encontramos narraciones que hablan de personas con experiencias «traumáticas» y de encuentros que generan inclusión, restauración, salud… En el texto de Lucas 15 vemos al padre que acoge/abraza incondicionalmente al hijo, el cual vuelve a recuperar su vivencia de hijo. En Lc 7, 36ss Jesús en casa de Simón el fariseo posibilita a la mujer transitar por donde ella necesita. Aunque el contexto de la casa de Simón es hostil, el encuentro y el contacto con Jesús es seguro y, así, internamente restaurador.

Mirada evangélica que traspasa el ser y el hacer de la fundación Migra Studium, la cual es parte del Servicio Jesuita a Migrantes, que trabaja en la ciudad de Barcelona por los derechos de las personas refugiadas o migrantes. Migra Studium nace y desarrolla su labor «movida por el deseo de construir una sociedad cohesionada y donde valga la pena vivir», y desde ahí, tiene sentido que su misión se sustente en la acogida, la solidaridad, la diversidad y el pleno ejercicio de los derechos. Dicho lo cual, es importante subrayar que, en lo cotidiano, todo ello necesita de lugares y personas que con su actitud y obrar le den cauce. Así, podemos encontrar experiencias en el carrer Palau 3 de acogida, atención social y jurídica, espacio educativo para adolescentes, jóvenes y familias, espacio socio-lingüístico. 

Otra experiencia nos lleva a la Zona Franca, allí se ubica el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), un sitio que genera incertidumbre y hostilidad: «el internamiento en el CIE es muy punitivo y resulta lesivo para los derechos de las personas migradas». La labor del grupo de visitas al CIE quiere transitar de la hostilidad a la hospitalidad (acompañar, orientar, defender la dignidad y los Derechos Humanos de los internos…). Reflejo de ello es el testimonio de Amín.

Un desarrollo potente (por su salto cualitativo) de acogida, cuidado e inclusión lo desarrolla el proyecto de «hospitalidad». Dicho proyecto, engloba la red de hogares y comunidades de hospitalidad, donde el convivir diario en un hogar a partir de unas relaciones quiere posibilitar, además de un techo, la necesaria acogida, seguridad y acompañamiento para el proceso personal.

En todo caso, además de ser importante que lo estructural esté alineado con el propósito de posibilitar la necesaria seguridad y los recursos y capacidades para el crecimiento y desarrollo tanto personal como familiar (en su caso); es imprescindible, darse cuenta, que lo que marca la diferencia y genera espacios seguros y posibilitadores son las personas que muestran la audacia de salir al encuentro del otro/a y, estar dispuesta, siempre que el otro sintiere la suficiente seguridad y respeto, para escuchar la «voz no hablada» (Peter Levine) que asoma de modo tenue gracias a los entornos de seguridad que la posibilitan. Y digo que requiere de audacia porque, tal vez, el trauma o la herida del otro reviva nuestro trauma o herida (conocida o aún sin conocer). En tal caso, de un modo defensivo e inconsciente, reaccionamos impidiendo la expresión acallada del otro, expresión que vuelve al silencio del olvido para tal vez no ser atendido nunca más.

Pero volviendo al testimonio que hemos leído al inicio, se puede constatar, a tenor de lo expresado por Amín, que la experiencia de este y la voluntaria de Migra se ha encauzado por la vía de la conexión segura, respetuosa y empática. Ambos rostros se miran, se acogen, se reconocen y acompañan, es la danza que posibilita, en un sitio hostil, generar un encuentro que nutre y cuida, así lo atestiguan las palabras del propio Amín «cada vez que acaba la visita de la voluntaria de Migra, le pido que me abrace y siempre intento que vea en mi cara una sonrisa antes de irme con el policía que me lleva de vuelta a mi celda».

Culmino con una frase de Jung: «Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana».

[Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay]

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