Hace apenas una semana, en el simposio sobre ejercicios espirituales que tuvo lugar en Manresa me debatía entre varias concepciones de la espiritualidad ignaciana y lo esencial en ella. Tuvo que llegar el martirio de dos jesuitas en la sierra Tarahumara, México, para ayudarme a reconocer lo imperdible en el asunto del espíritu.

Por la tarde del pasado 20 de junio, dos jesuitas atendían al llamado de un sujeto herido que buscaba desesperadamente refugio en el templo de la misión del poblado de Cerocahui. Poco después, otro sujeto, armado, lo alcanzó para ultimarlo, asesinando también a los dos padres. Al parecer, ni el cariño ni el respeto que en la sierra se les tenía hizo dudar al atacante. Los cuerpos de los jesuitas y del sujeto perseguido fueron sustraídos, y hallados horas después a kilómetros de distancia.

Javier “El Gallo” Campos había tejido una equilibrada red de relaciones sociales a fuerza de largas horas atravesando la vasta sierra para visitar diferentes pueblos indígenas y mestizos, sentarse en el suelo a charlar con ellos, y celebrar la fe y la vida. En sus 50 años de entrega en la Tarahumara se hizo famoso entre muchas generaciones de niños por cantar como los gallos. Como buen gallo, cantaba para todos. Todos eran sus hermanos y supo hilar fino el respeto que le tenían, que de algún modo ayudaba a mantener viva la posibilidad de dialogar. Fui testigo de cómo bastaba decir que “me enviaba el P. Gallo” para ser recibidos con confianza en las comunidades. Sin embargo, en una reunión entre jesuitas hace pocas semanas, Javier comentó con jocosidad serena la posibilidad de que pasara algo como lo que finalmente ocurrió.

Joaquín Mora, “Morita”, por su parte, es descrito así por un exalumno al que educó antes de ser enviado definitivamente a su último destino y cuyo testimonio trascendió las fronteras de los medios de comunicación (me disculpo por no saber recuperar su nombre):

“… cuando pasó por Tamaulipas eligió a la colonia Pescadores para impartir misas y prestar servicio a la comunidad. De manera obligatoria nos llevó uno por uno a constatar las condiciones en que vivía la gente en una de las regiones más abandonadas del estado. […] Si alguno de entre nosotros bromeaba con el talante taciturno del padre, a partir de esas visitas Joaquín Mora se ganaba el respeto de por vida de cualquiera. […] No creo que alguien en este planeta pueda decir que buscó lujo alguno. Nunca le conocimos más de un puñado de camisas, y quizá apenas dos pantalones, siempre desgastados, pues si alguna familia le obsequiaba algo de ropa, de inmediato la distribuía entre las personas de la colonia que adoptó. […] Sin duda ha sido el más silencioso de todos los jesuitas que he tenido la fortuna de conocer.
Había una manera de hacerlo sonreír de inmediato y era preguntarle por la sierra Tarahumara, uno de los primeros lugares al que lo enviaron […] Siempre soñaba con regresar allá. Sus historias resaltaban lo apartada que se hallaba esa comunidad, cuán urgente era pedir medicinas para ella de manera rutinaria, y sobre todo, de su manera de vivir lo sagrado, que sólo se aprecia en ese lugar.”

Personalmente, escuché de él, con horror y un cierto cinismo de mi parte, cómo se detenía a dar auxilio espiritual a los moribundos, sin temor a quedar en medio de alguna balacera.

En la lluvia de mensajes recibidos tras el asesinato de ambos destaca una frase de “El Gallo”, que describe la espiritualidad como el “Amor profundo e incondicional en el seguimiento de Jesús”. Muchas de mis dudas sistemáticas se esfuman ante la elocuencia de quienes definen espiritualidad recibiendo a un herido en peligro, sin importar el contexto o las consecuencias,  solo por que su amado Jesús hubiera hecho lo mismo. No sé si esta definición sea correcta en el mundo de la teología espiritual, pero sí desearía que muchos nos enamoráramos profundamente de Jesús y fuéramos por ello capaces de hacer lo que estos dos hermanos han hecho. Nos urge una espiritualidad como esa.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

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Jesuïta. Director del Centre Ignasià d'Espiritualitat de Guadalajara (Mèxic) i membre de Jesuitas Acústic.
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