Era cuestión de tiempo que los gobiernos y sus bancos centrales reaccionasen ante las crecientes tensiones inflacionistas. Aunque el consenso general del mercado a escala global es que se trata de un fenómeno de recalentamiento coyuntural, ha resultado ser menos pasajero de lo previsto y la maquinaria pública se ha visto obligada a moverse en la foto, aunque sea por mera responsabilidad y huir de una imagen de inmovilismo. Las reacciones de los bancos centrales contienen variantes y nosotros nos centraremos en la reciente decisión del Banco Central Europeo (BCE), que es lógicamente la que directamente nos concierne. Lo cierto es que el instituto con base en Frankfurt ha reconocido que la presión inflacionista es relativamente persistente, y ha aumentado su previsión hasta el 2,6% para 2021(en media anual), y hasta el 3,2% en 2022, antes de que vuelva por debajo de su objetivo del 2% (1,8%) en 2023.

Pero ¿de qué estamos hablando? Hagamos antes un poco de memoria. La historia económica recordará a 2020 como el año en que el debate en torno a las finanzas públicas pasó de la sostenibilidad de los déficits públicos y la deuda a la mera sostenibilidad y viabilidad del modelo económico. En 2019, el debate sobre la economía sostenible tenía gran número de adeptos entre los defensores de la ortodoxia que abogaban porque el gasto publico se ejecutase dentro de los límites de los presupuestos públicos equilibrados. En 2021 el debate ya no ha sido sobre presupuestos equilibrados, sino sobre el destino y las condiciones de la inversión pública y del apoyo público a la economía para recuperar la normalidad posible. 2020 ha significado un punto de inflexión. Con independencia de los movimientos en los tipos de interés a corto plazo y de las compras tradicionales de bonos en los mercados para abaratar su coste, el BCE empezó en marzo de 2020 y hasta el día de hoy a comprar deuda pública bajo un llamado programa PEPP por valor de unos 810.200 millones de euros, como política compensatoria ante la pandemia. Solamente de España figuran en los libros del BCE títulos Covid por valor de 89.846 millones de euros.

Por supuesto, el programa PSPP representa una ayuda y desborda el ámbito estrictamente monetario para incurrir en una modalidad larvada de política fiscal. Comprando títulos de los estados en el mercado secundario de forma masiva -incluso saltándose los límites del 35% por país- el BCE rebaja los tipos de los títulos incurriendo en una subvención. Cada punto de recorte le supone al tesoro español un ahorro anual de cerca de 12.000 millones de euros.

Ahora, la semana pasada, el BCE ha puesto termino al programa de compra de bonos Covid (PEEP)a partir de marzo de 2022. Pero que hay que estudiar la medida con cautela para evaluar su intensidad. Porque, alternativamente, el instituto central va a seguir con las compras convencionales de bonos o programa APP. De modo que, si hasta ahora compraba 20.000 millones de deuda al mes, ahora lo elevará a 40.000 millones entre abril y junio, para situarse en 30.000 millones en el tercer trimestre y volver a los 20.000 millones a partir de octubre. Aun resta un matiz importante. Las reinversiones de los valores comprados bajo el marco del PEPP se han prorrogado hasta al menos el final de 2024, y en su caso el programa podría reanudarse si fuese el caso. De modo que el efecto de la reducción en las compras sobre el tipo de interés de los bonos no parece significativo a corto plazo.

A diferencia de lo decidido por la Reserva Federal americana, nuestro banco emisor va a dejar intacta la batería de los tipos de interés nulos y negativos que acompañan desde hace algún tiempo a su mandato. “Sigue siendo bastante improbable que subamos los tipos de interés en 2022, pero nos guiamos por los datos”, ha manifestado su presidenta, Christine Lagarde.

La conclusión de lo anterior es que la reciente reacción de los banqueros centrales y en particular la del BCE debe calificarse de moderada, avalando subliminarmente la tesis de que el vigente fenómeno inflacionista esta llamado a ser transitorio.

La ‘forward guidance’ lanzada por la FED, el Banco de Inglaterra, el BCE y otros permite modular expectativas durante los próximos meses. Y con cada reunión de los consejos en la que se retrasa el ajuste, se mantienen abiertos los grifos de política monetaria, con el consiguiente impacto beneficioso en otros mercados, básicamente en el de valores.

La reacción de los mercados a la política de los bancos centrales no está en función de lo que anuncien los políticos. Es una función de lo que anuncian en relación con lo que los mercados esperan que haga. Al enviar una señal clara y agresiva ahora, se han dado espacio para poder actuar de forma moderada en los próximos meses, salvo que las circunstancias se enconen.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

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Doctor en Ciències Econòmiques. Professor de Fonaments de Macroeconomia a Deusto Business School. Membre del Consell de Govern de la Universitat de Deusto. Autor de nombrosos articles i llibres sobre temes econòmics preferentment relacionats amb la promoció del desenvolupament. Conferenciant, columnista i blocaire. Defensor del lliure mercat, malgrat les seves mancances i imperfeccions.
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