Manfred NolteConcluyó Trump su carrera presidencial virtualmente expulsado de su cargo entre críticas y pasiones. Su actuación en el terreno de la economía ha sido extremadamente contradictoria, combinando medidas liberalizadoras de reducción de impuestos y desregulación que pueden catalogarse de audaces y oportunas, con otras sistémicas que han causado una profunda brecha en la cohesión política internacional, con la vuelta a unas políticas proteccionistas y nacionalistas que tampoco le han pagado con el éxito. Ello no obsta para que el legado económico pre-COVID del ex inquilino de la casa blanca haya sido en determinados aspectos excelente dejando el país con una tasa de desempleo del 3,5%, las bolsas en máximos históricos y un 63% de participación de la fuerza laboral. La herencia más negativa se ha situado en su política económica exterior: ataques en tromba a los pilares de la globalización y ensalzamiento de la autarquía y del neonacionalismo: ‘Make America great again’ o ‘America first’; cancelación de las negociaciones en marcha sobre el TTIP; retirada de los Acuerdos de París sobre el cambio climático; repudio del NAFTA amenazando con construir una valla en la frontera mexicana; denuncia del acuerdo nuclear con Irán; despecho de la OMC y socavamiento de la OTAN, se incluyen en la larga lista de sus hazañas antisistema.

Pero ha sido sobre todo su deriva hacia el despotismo, la confrontación y las malas formas, culminadas en sus últimos días en el cargo con el presumible aliento a unas acciones gravemente antidemocráticas las que han acabado de empañar su imagen y convertir en negativo un saldo que se repartía a partes iguales entre aplausos y abucheos. Sin llegar a franquear el umbral del fascismo como en muchos ámbitos se le han atribuido injustamente, Trump ha sido hijo del nacional populismo, del que ha usado y abusado de forma prolija y a su conveniencia.

Como en el caso británico del Brexit y algunos otros, su inesperada elevación a la presidencia fue motivada por la reacción de amplios estratos no solo de la clase trabajadora sino incluso de la media y media alta que se consideraron en su momento los grandes perjudicados de la globalización. Exponente de la derecha radical en lo político ha estigmatizado a inmigrantes y otras minorías, y su tránsito final por los límites de la democracia han dado al traste con su ya muy cuestionada reputación.

Pero, como se ha dicho, en lo doméstico ha actuado de continuista y durante los últimos meses de asedio de la COVID, ha ejercido de keynesiano, activando todo tipo de ayudas públicas beligerantes, al más puro estilo del profesor de Cambridge.

La crisis que azota en estos momentos a Estados Unidos es exógena y el nuevo mandatario de la Casa Blanca, Joe Biden, tiene que encarar los estragos sanitarios y económicos de la COVID a la vez que se ve obligado a restaurar el tradicional talante de moderación, solidaridad internacional, y buenos modales públicos que competen al presidente de la primera potencia mundial, despreciados por su antecesor.

El primer aspecto es quizá el más esperado y en buena medida el más fácil: restablecer los lazos con el mundo institucional que Trump había laminado. En este sentido no ha vacilado un instante restableciendo los lazos con los grandes organismos internacionales, Club de París, OMS, OMC y asumiendo el resto de los acuerdos multilaterales cancelados o pendientes como COVAX y otros. Mantendrá, sin embargo, su distancia con China.

Frenar la sangría de la pandemia dependerá de su programa de inmunización cifrado en ‘100 millones de vacunaciones en cien días’, y simultáneamente el lanzamiento de un gran paquete fiscal de recuperación de 2 billones de dólares (‘build back betterrecovery plan’) para paliar los estragos de los negocios afectados, de las municipalidades y de los Estados federales. Biden cuenta a continuación con el enorme colchón de ahorro acumulado en las familias americanas para abrir las puertas del consumo y con ellas acceder a crecimientos significativos del PIB y del empleo. Todo ello bien protegido por una FED beligerante que mantendrá una política monetaria ultralaxa. El déficit fiscal y el endeudamiento de la nación aumentarán en su consecuencia. Hasta aquí todo se antoja correcto, pero podría haber llevado igualmente la firma del díscolo presidente saliente.

Lo específico de Biden se centra en su política de mejora de las estructuras y en una gran campaña para favorecer la igualdad de oportunidades instrumentada en créditos fiscales a todo el arco de la educación, algo que generará importantes beneficios, pero no en el corto plazo. Ha previsto restituir los 600 dólares de beneficios al desempleo que expiraron en julio y acaso añadir un cheque de 1.200 dólares similar al desembolsado como parte de la ley CARES, para alivio de la COVID, reactivando un plan de atención médica que se basará en Obamacare.

Partidario de un dólar débil, Biden es un ecologista confirmado que tiene como objetivo alcanzar un 100% de energías renovables en 2050, lo que requerirá ingentes subsidios. La industria del fracking, carbón y otras energías fósiles, grandes soportes del expresidente Trump, sufrirán con ello.

Al igual que Trump, el que fue vicepresidente con Obama, quiere estimular las manufacturas y retornar factorías a los Estados Unidos para dar empleo a trabajadores americanos.

La gran disyuntiva se halla en el tema fiscal. Biden piensa desmontar el recorte fiscal de Trump en 2017 que afectó no solo a sociedades, sino que aumentó la renta disponible de toda la clase trabajadora americana. He aquí la primera gran decisión que puede afectar la popularidad del recién elegido presidente.

Por lo demás Biden cree en la negociación colectiva y cuenta con el favor de los sindicatos. No descarta subir el salario mínimo y dotar de protección social al colectivo de profesores, maestros y otros trabajadores públicos.

Dejemos correr los cien días de cortesía.

Imagen extraída de: Wikimedia Commons

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Doctor en Ciències Econòmiques. Professor de Fonaments de Macroeconomia a Deusto Business School. Membre del Consell de Govern de la Universitat de Deusto. Autor de nombrosos articles i llibres sobre temes econòmics preferentment relacionats amb la promoció del desenvolupament. Conferenciant, columnista i blocaire. Defensor del lliure mercat, malgrat les seves mancances i imperfeccions.
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