Mi divorcio como salto de fe

Mi divorcio como salto de fe

Nicolás Iglesias Mills. “Soy más feliz ahora”, me dijo después de que ya había pasado un tiempo de nuestra separación.

Chile no había llegado a su revolución de octubre aun, pero las marchas en las calles no callaban, aun varios años antes. Los casos de pedofilia y acoso dentro de la Iglesia estaban en la mira y en su máximo auge. Francisco reconoció que se había equivocado e inicia una gran investigación dentro de la Iglesia chilena.

Yo hacía ya dos años que había vuelto de Haití, en lo que en ese momento consideraba que había sido mi máxima experiencia profesional y espiritual. Nada me colmaba. La desesperanza muchas veces me superaba, y no encontraba respuestas a las preguntas existenciales que antes habían estado perfectamente conservadas dentro del formol católico. Yo no era un tipo fácil de llevar en ese momento. Pero, egoístamente, encontré en mi matrimonio el compañerismo y la comunidad que antes había vivido con tanta efervescencia en la misión, y en otras partes del mundo.

Para ser sincero, ambos pudimos vernos en nuestras respectivas transformaciones durante el tiempo, y eso fue hermoso. Y en algún momento su transformación ya no me requería. ¿No es eso el centro de nuestra fe? ¿Que nosotros, seres humanos, no seamos el centro de todo? Y en ese momento decidimos divorciarnos. Y no dejé de temer a esa palabra llena de culpa religiosa institucional, pero sí la amé lo suficiente como para entender que era el camino para la plenitud del otro.

¿Lo busqué? No, pero fue un proceso de Dios mediante, aunque a muchos no les guste.

Asumir que el otro no me necesita es desposeer al otro, entender el amor no como consumo neoliberal donde todo el tiempo le exijo que esté a mi lado sea como sea, sino como libertad absoluta, individual y comunitaria al mismo tiempo.

Teniendo en cuenta la cantidad de matrimonios que se mantienen en el tiempo a pesar de la violencia que surge de ellos, mi divorcio fue un salto de fe.

“Quien tenga oídos para oír, que oiga” (Mt 13, 9).

Imagen de pasja1000 en Pixabay 

Per continuar fent possible la nostra tasca de reflexió, necessitem el teu recolzament.