La educación en tiempos de COVID

La educación en tiempos de COVID

Manu Andueza. El papa Francisco había convocado un encuentro bajo el título de “pacto educativo global”. Estaba pensado para el curso pasado. Por razones obvias se retrasó hasta octubre. Nuevamente la pandemia imposibilita dicho encuentro.

No obstante, el papa ha lanzado el jueves 15 de octubre de 2020 un “Videomensaje con ocasión del encuentro promovido y organizado por la congregación para la educación católica: Global compact on education. Together to look beyond.

En los tiempos que vivimos, se trata de una brisa de aire fresco a la par que un llamado a la responsabilidad. Cuando las instituciones competentes en la materia están maltratando al profesorado en muchos lugares (escribo desde Cataluña, donde la actuación de la Consejería de educación es realmente deplorable), menospreciando su labor, relegándoles a meros cuidadores, imponiéndoles normas y condiciones que no se ponen al resto de la sociedad, nos encontramos con unas palabras del papa Francisco que nos vuelve a situar en el centro, recuperando la importancia de la educación.

Es un documento que conviene leer, analizar, creer y luchar por poner en práctica ante la inoperancia de la mayoría de instituciones. Permitidme que comente alguna de las palabras de dicho videomensaje.

  • “El COVID ha acelerado y amplificado muchas de las urgencias y emergencias que habíamos constatado, y ha manifestado muchas otras. A las dificultades sanitarias se sumaron después las económicas y sociales. Los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico”.

El COVID nos ha desnudado. Hemos vivido y sufrido urgencias, emergencias, y ha despertado nuevos miedos y fragilidades, especialmente en sociedades que se consideraban habitantes de un mundo de superhéroes. Nos pone ante la faz de la tierra y ante nuestra realidad. Y la educación ha sufrido. Una educación que es un derecho y una oportunidad, una educación que debería ser una prioridad en todos los gobiernos del mundo.

  • “En todas partes se ha intentado activar una respuesta rápida a través de plataformas educativas informatizadas, que han mostrado no sólo una marcada disparidad en las oportunidades educativas y tecnológicas, sino también, debido al confinamiento y muchas otras deficiencias existentes, muchos niños y adolescentes se han quedado atrás en el proceso natural de desarrollo pedagógico. Según algunos datos recientes de organismos internacionales, se habla de una “catástrofe educativa” —es un poco fuerte, pero se habla de una “catástrofe educativa”—, ante los aproximadamente diez millones de niños que podrían verse obligados a abandonar la escuela a causa de la crisis económica generada por el coronavirus, aumentando una brecha educativa ya alarmante —con más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos de cualquier actividad educativa—”.

A nivel mundial y a nivel local, la brecha educativa está creciendo. El COVID de nuevo no golpea igual a todos. Lo hemos visto en los barrios de las grandes ciudades y también en la afectación a los diferentes países. A nivel educativo global, y local, también ha afectado. Se ha silenciado la realidad. Muchos niños llevan meses sin escuela, sin “conectarse” a la escuela. Algunos no han sido capaces de regresar en el inicio del curso. ¿Qué se ha hecho con ellos? ¿Qué hemos hecho? ¿Y en aquellos lugares en que no hay posibilidad de dispositivos o redes para permitir una escuela en la distancia? La brecha educativa ya es catástrofe. ¿Somos conscientes?

  • “Esta situación ha hecho incrementar la conciencia de que se debe realizar un cambio en el modelo de desarrollo”.

El papa mantiene la esperanza. Las soluciones tomadas -al menos en el ámbito educativo- cuestionan dicha toma de conciencia. Obviamente todos hablamos de ella, pero, ¿es real?, ¿nos la creemos?, ¿buscamos soluciones juntos?

  • “Conocemos el poder transformador de la educación: educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible”.
  • “Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”.

Si algo tenemos claro los educadores es el poder transformador de la educación. ¿Seremos capaces de hacérselo entender a la sociedad? ¿Seremos capaces de abrir caminos? ¿Podemos ofrecer alternativas?

  • “Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común. Si los espacios educativos hoy se ajustan a la lógica de la sustitución y de la repetición; y son incapaces de generar y mostrar nuevos horizontes, en los que la hospitalidad, la solidaridad intergeneracional y el valor de la trascendencia construyan una nueva cultura, ¿no estaremos faltando a la cita con este momento histórico?”

La realidad actual exige un cambio educativo, un cambio por el que hay que apostar. Un cambio que hay que solicitar y realizar. Un cambio que hay que promover.  Un cambio desde la esperanza, pero que tiene que dar pasos efectivos. La realidad cambia, nos genera nuevas preguntas, nuevos modelos vitales a los que la escuela tiene que intentar dar respuesta. Al menos, ante los que debe situarse.

Este cambio, del que luego nos dará más pistas Francisco, no puede hacerse solo desde la voluntad de los maestros. Y menos si se les ahoga día a día. Necesita el apoyo de la sociedad y el respaldo de las instituciones.

  • “También somos conscientes de que un camino de vida necesita una esperanza basada en la solidaridad, y que cualquier cambio requiere un itinerario educativo, para construir nuevos paradigmas capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo, para comprender y encontrar soluciones a las exigencias de cada generación y hacer florecer la humanidad de hoy y de mañana”.

Es el momento de sentarnos a pensar nuevos itinerarios. Pero el día a día nos consume. ¿Cómo podremos generarlos? Obviamente desde la práctica, introduciendo pequeños cambios. Pero también necesitamos tiempo de serenidad y reflexión, diálogo y escucha.

  • “La educación se propone como el antídoto natural de la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia”.

Una primera pista indispensable: romper con la cultura individualista. ¿Cómo hacemos? ¿Cómo generamos prácticas que contribuyan a desmembrar la primacía de la indiferencia?

  • “Hoy es necesario un nuevo periodo de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad”.

Segunda pista: un compromiso educativo que involucre a todos. La educación en la situación actual no es asunto de los colegios, es asunto de la sociedad. ¿Cómo generar estos encuentros? ¿Cómo trabajar conjuntamente?

Es obvio que hay que potenciar las relaciones -que se están dando pero que hay que aumentar- con los servicios sociales, con los educadores y trabajadores sociales. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Eso nos ha faltado. Si el alumnado no viene a clase, la clase va al alumno. Y no me refiero a dar clases online. Pienso en aquellos que se han perdido. ¿Por qué no generar equipos socioeducativos que puedan acudir al rescate de dichos alumnos? ¿Por qué no pensar nuevas fórmulas que abran la escuela y la educación para que pueda llegar a aquellos a los que no llega? Allí donde no llega internet, potenciar la radio, las escuelas móviles. Potenciar comunidades de aprendizaje para no aumentar la catástrofe.

La escuela solo tiene un problema: los alumnos que pierde. Insistía en este tema Lorenzo Milani, modelo de educador para el papa Francisco.

  • “La oportunidad estimulante de un renovado camino educativo, que no mire para otro lado, favoreciendo graves injusticias sociales, violaciones de derechos, grandes pobrezas y exclusiones humanas”.

Tercera pista: si este punto no está en el currículo, es que la escuela puede hacer suyo el siguiente lema: una escuela que no sirve, no sirve para nada. ¡Cómo hemos olvidado los documentos eclesiales que tanto insistían en este aspecto! (Gravissimum educationis. Sobre la educación cristiana).

  • “En la historia hay momentos en los que es necesario tomar decisiones fundamentales, que no sólo dan una impronta a nuestra forma de vida, sino sobre todo una determinada posición ante posibles escenarios futuros. En la actual situación de crisis sanitaria —llena de desánimo y desconcierto—, consideramos que es el momento de firmar un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad”.
  • “Hoy se requiere la parresia necesaria para ir más allá de visiones extrínsecas de los procesos educativos, para superar las excesivas simplificaciones aplanadas sobre la utilidad, sobre el resultado —estandarizado—, sobre la funcionalidad y la burocracia que confunden educación con instrucción y terminan destruyendo nuestras culturas; más bien se nos pide que busquemos una cultura integral, participativa y multifacética. Necesitamos valentía para generar procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros; la audacia para recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad. El valor de nuestras prácticas educativas no se medirá simplemente por haber superado pruebas estandarizadas, sino por la capacidad de incidir en el corazón de una sociedad y dar nacimiento a una nueva cultura. Un mundo diferente es posible y requiere que aprendamos a construirlo, y esto involucra a toda nuestra humanidad, tanto personal como comunitaria”.

Toca hacer una apuesta clara y clarificarlo a quienes estamos día a día con nuestros alumnos, a los que estamos en la educación por vocación y por convicción: ¿nuestra labor es la instrucción o la educación?

Si nos tomamos en serio esta cuestión podemos solucionar muchos quebraderos de cabeza. Si se apuesta por la instrucción está muy bien. Pero que se diga. Que se cambie el nombre al ministerio de educación para que sea ministerio de instrucción.

Pero si se apuesta por la educación, por educarnos -todos a todos-, que no se nos engañe, que no se juegue con nosotros ni con nuestro alumnado. Que no se juegue con nuestra vida ni con nuestro corazón.

Cuarta pista: necesidad de generar nuevos procesos en educación donde la educación obligatoria esté marcada por esa necesidad de pensar un mundo diferente.

El papa continúa con un compromiso.

  • “Por estos motivos nos comprometemos personal y conjuntamente a:
    • Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su valor, su dignidad, para hacer sobresalir su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que la rodea, rechazando esos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del descarte.
    • Segundo: Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes transmitimos valores y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y de paz, una vida digna para cada persona.
    • Tercero: Fomentar la plena participación de las niñas y de las jóvenes en la educación.
    • Cuarto: Tener a la familia como primera e indispensable educadora.
    • Quinto: Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.
    • Sexto: Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.
    • Séptimo: Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular”.
  • “Queremos comprometernos con valentía para dar vida, en nuestros países de origen, a un proyecto educativo, invirtiendo nuestras mejores energías e iniciando procesos creativos y transformadores en colaboración con la sociedad civil”.

Somos muchos los que firmamos y afirmamos esta frase. Pensemos juntos cómo hacerlo.

  • “Tal inversión formativa, basada en una red de relaciones humanas y abiertas, debe garantizar el acceso de todos a una educación de calidad, a la altura de la dignidad de la persona humana y de su vocación a la fraternidad. Es hora de mirar hacia adelante con valentía y esperanza. Que nos sostenga, por tanto, la convicción de que en la educación se encuentra la semilla de la esperanza: una esperanza de paz y de justicia. Una esperanza de belleza, de bondad; una esperanza de armonía social”.

Somos muchos los que queremos una educación de calidad para todos. Se nos pide, y lo haremos, un punto de esperanza. Una esperanza que se alimenta cada día en la relación con los chicos y chicas, con los compañeros, en la fraternidad que podamos vivir en nuestra sociedad. Una esperanza que crece con cada persona recuperada, con cada alumno perdido y encontrado, hallado en el templo de su vida. Una esperanza que no rompe con el fracaso, porque sabemos que es parte del juego y un acicate para levantarnos con más fuerza para volver a buscar a nuestros alumnos, para pensar nuevas formas de encuentro con quienes han sido perdidos por las escuelas del mundo.

  • “Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante, hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta virulenta pandemia de la cultura del descarte”.

Amén.

Una pena que no pueda celebrarse el congreso por el pacto educativo. Pero sí podemos generar pequeños congresos para compartir, reflexionar y animar una educación que haga un mundo mejor. ¿Nos animamos?

Imagen de athree23 en Pixabay 

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