Emergencia climática, revolución verde y "Extinction Rebellion"

Emergencia climática, revolución verde y “Extinction Rebellion”

Martin Newell. [Traducción de Juanjo Peris] Pasé tres noches, durante el mes de abril, acampado en Marble Arch, escuchando música, discursos y conversaciones. Recé en la zona donde estábamos acampados, así como en la capilla de las hermanas del Tyburn, donde se encuentran los restos de los mártiles del Tyburn. Otras noches, dormí en el suelo del salón en “Giuseppe Conlon House” (la comunidad Catholic Workers en Londres) con otros miembros de Christian Climate Action (grupo cristiano de acción climática), agradecido por la hospitalidad, la comida, y el wi-fi. ¡Lo esencial en la vida moderna!

No soy mucho de ir de camping, ni de hacerlo por la música en directo. Sólo voy de camping por “trabajo”. Y en este caso, “trabajo” significaba unirme a la Extinction Rebellion, cuatro noches de acción de la  International Rebellion en las que ocupamos cuatro cruces de caminos del centro de Londres: Marble Arch, Parlament Square, Puente de Waterloo y Oxford Circus con el famoso barco rosa bloqueando la calle.

Estábamos determinados a declarar no sólo la “emergencia climática”, sino también la emergencia ecológica. El último informe de la ONU sobre biodiversidad alertaba que un millón de especies están en peligro de extinción. La huella humana es muy grande. Nosotros, humanos, hijos de Dios, estamos tomando mucho más de lo que en justicia o por sostenibilidad deberíamos de tomar de la vida que brota de esta tierra, que es sostenida no solo por el Espíritu Santo sino también por el calor y la luz que provee el sol.

En algunos aspectos esta experiencia ha sido un poco como lo mejor de ser (o estar en la) iglesia: repetidas declaraciones de los más altos ideales y valores del servicio, amor, deber, sacrificio, humildad, noviolencia, mezclado con silencio (¡sin tráfico!), música, así como oración y alabanza, que también estaban presentes, de muchas fes, o de ninguna. Fue también una manifestación de la visión del Reino de Dios en Isaías -“El león vivirá con el cordero” (cf Is 11)- ya que había policía pero, en su conjunto, todo fue pacífico; y “si no tenéis dinero, venid y comed, bebed… gratis” (Is 55), ya que toda la comida y la bebida que se distribuía era donada. Había algo Eucarístico en todo esto, “pan, partido y compartido”. Una visión de un nuevo mundo, de paz, justicia y plenitud para todos, sin que nadie tuviera más que lo suficiente. Como maná bajado del cielo, la comida que llegaba gratis, al final no podía acumularse, así que rápidamente se distribuía.

El proverbio judío, sin embargo, dice que “el león yacerá con el cordero, pero el cordero mantendrá un ojo abierto”, y por una buena razón. La policía arrestó a unas 1.200 personas y fue vista chequeando la documentación a personas migrantes. Esta vez yo (sólo) fui arrestado una vez. En esta ocasión yo no hice nada, pero ellos decidieron que yo estaba quebrantando la sección 14 de su orden de despejar el área. Mi jueves y viernes santos consistieron en un austero retiro en una celda policial en West End Central. Yo tenía conmigo mis libros litúrgicos y de oraciones para celebrar la misa de la Última Cena y la celebración de la Pasión del Señor, así como The Shattering the Lonelines de Erick Varden. Había bastante para reflexionar.

Peter Mourin, cofundador del movimiento Catholic Worker habló sobre la Green Revolution (Revolución Verde) hace casi 100 años. Se refería a “volver a la tierra”, a (re)fundar familia y granjas comunitarias. Las ideas de Peter Mourin no llegaron realmente a tomar forma durante su vida, pero ahora hay bastantes jóvenes Catholic Workers que están tratando de vivir “fuera de la red” comenzando pequeñas granjas, aprendiendo permacultura y a cultivar orgánicamente, e intentando encontrar opciones para ser al menos autosuficientes. Incluso en Londres, la comunidad de Giuseppe Conlon House cultiva yerbas, rúcula y espinacas en su minúsculo jardín.

Muchos de estos pequeños granjeros y agricultores están reaprendiendo las habilidades de vivir sin una sociedad industrial. Si fracasamos en avisar que la amenaza para la existencia de nuestra “civilización” es la emergencia climática y medioambiental (como ha sido señalado por el papa Francisco y David Attenborough, entre otros), puede que sea gente como ellos quienes queden reconstruyendo nuestras sociedades como hicieron los monjes tras el colapso del Imperio Romano.

Rezamos para que las cosas no vayan tan lejos. Pero también debemos actuar colectivamente. Y esta es la llamada de la Extinction Rebellion. Una respuesta de emergencia a una situación de emergencia. No podemos seguir como si estuviéramos en una “situación normal”, con el ilimitado crecimiento económico en que nuestro actual modelo capitalista está basado, que predomina sobre nuestras políticas. Estamos llamados a la conversión, al arrepentimiento. Estamos llamados a encontrar nuestro gozo y nuestro sentido último en algún lugar más, en Alguien más.

La urgencia y profundidad del cambio necesario requiere nada menos que una revolución. Que sea  no-violenta, pacífica y que comience, como Dorothy Day dijo “con la revolución del corazón”, pero que también cambie estructuras, políticas y negocios. Y pronto. Debemos rezar por un milagro y  actuar creyendo que puede pasar.

Extinction Rebellion tiene una estrategia para conseguirlo (que no incluye que Extinction Rebellion lleve las riendas). Puede que no funcione, pero para mí es la mejor opción que tenemos, y ya ha marcado una gran diferencia. Es el producto de una seria reflexión e investigación en la eficacia de la revuelta civil no violenta en el pasado siglo, como está narrado en libros como Why Civil Resistance Works de Erica Chenoweth y Maria Stephan y This is Uprising de Mark y Paul Engler. Y esto contiene en sí mismo lo esencial de valores cristianos como el poder redentor del sufrimiento voluntario, que es después de todo, el poder de la Cruz.

Una canción que suena en los eventos de la Extinction Rebellion dice: “La gente va a aumentar como el agua, vamos a cambiar el sistema. En las palabras de mi querida nieta, justicia climática ahora”

Necesitamos justicia climática ahora porque si fallamos, serán los más pobres y más vulnerables los que más sufran. Son las historias de nuestros huéspedes en Guiseppe Conlon House y Austin Smith House las primeras que me hicieron comprender la realidad del cambio climático: gente muriendo en temperaturas superiores a los 50 grados en Iraq; familias con verdaderas dificultades para acceder a la comida porque no llueve en Eritrea y Etiopia; gente marchando de sus ciudades porque no pueden lograr la cosecha y cruzan la amplia frontera del Sahara, desierto y mar, buscando Europa. Necesitamos parar las “bombas de carbón con largos detonadores” que explotan años mas tarde en países que no han hecho nada para crearlas. No nos preguntamos sobre los refugiados climáticos. Todavía no existe una categoría específica para ellos en las leyes de asilo. Y ya están entre nosotros. Esta revolución pasará solamente si está basada en crear un mundo más justo; los pobres continuarán buscando lo que los ricos, muchos de nosotros en Reino Unido, tenemos, incluso si para tenerlo hay que continuar quemando combustibles fósiles.

La Revolución Industrial, que empezó en Reino Unido, estaba basada en quemar carbón, y estamos entre las emisiones más altas de la historia por persona en la tierra. Tenemos la responsabilidad de estar entre los primeros en comenzar otro tipo de revolución. Por favor, Señor, danos el coraje, la imaginación, creatividad, energía y amor que necesitamos.

Peter Murain, ruega por nosotros.

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NOTA: El P. Martin Newell es pasionista y uno de los fundadores de la casa de hospitalidad para migrantes y refugiados de London Catholic Workers, Guiseppe Conlon House. Actualmente vive en Austin Smith House una casa de hospitalidad para refugiados en Birmingham.

Fotografía de Azucena de la Torre

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