Carta a los militantes de Podemos: los referéndums los gana el diablo

Carta a los militantes de Podemos: los referéndums los gana el diablo

J. I. González FausSi me atrevo a intervenir en esta consulta rápida es porque, aunque no milito en Podemos, considero que es el partido cuyas propuestas sociales son más urgentes, más justas y más necesarias. Pero también creo que poner la propia actividad al servicio de las víctimas y de los más pisoteados de la historia, es algo que exige mucho sacrificio, y nunca puede ser una ocasión para ponerse dignidades y medallas. Lo cual me parece dificilísimo sin un buen caudal de espiritualidad interior, venga de donde venga.

Pues bien, la pregunta de la consulta hecha por Pablo Iglesias a sus militantes no me parece honesta. No sé si es un insulto a la inteligencia (como ha dicho Teresa Rodríguez) o es más bien aquello que Ignacio de Loyola describía así: “no buscar realmente la voluntad de Dios, sino que la voluntad de Dios coincida con la propia”. Cualquier político mediano sabe que esta posible manipulación es el peligro de todos los referéndums. Y puede ser útil recordar que el dictador Franco ganó todos los referéndums que propuso.

Es bastante seguro que todos o la mayoría de los militantes de Podemos preferirán la opción de un gobierno de coalición. Eso cae por su propio peso. Pero la pregunta a hacer no era esa sino esta otra: en el caso de que no suceda así, ¿hay que votar que no o seguir apoyando al PSOE a pesar de todo, como mal menor y por responsabilidad ciudadana? Y esa es la pregunta que no se ha hecho.

Y es que, en la actual situación, Podemos no puede aportarle mucho al PSOE, dado que sus pocos escaños no bastarían para dar una mayoría absoluta a Sánchez. Incluso podrían quitarle otros votos, como ya amenazó el PNV. Por eso tampoco comparto el argumento que oí por radio a Pablo Iglesias: “los cuatro millones de españoles que han votado a Podemos tienen derecho a participar en el gobierno, como lo tienen los que han votado al PP, o a C’s o a Vox”. Muy elegante esa universalidad de derechos. Pero, si es así, habría que pensar en un gobierno multicolor, con un ministro para Vox, dos para el PP otros tantos para Ciudadanos, tres para Podemos etc. Y no negaré que esa utopía quizá sería preciosa en alguna otra situación menos crispada. Pero sí creo que argumentar así hoy es pedir una constante repetición de elecciones porque esos supuestos derechos a participar nunca se van a ver satisfechos.

Ante ese modo de argumentar tan incongruente surge sin querer la sospecha de si lo que busca Iglesias es más bien “lavarse la cara” y compensar su pérdida de votos con una ganancia de poder. Tal como hizo el señor Casado tras las últimas elecciones cuando, pese a que perdió todavía más votos, declaró que había comenzado en ellas la reconstrucción de su partido. El que no se consuela es porque no quiere…

Una última aclaración: no escribo nada de esto en defensa del PSOE sino en defensa de la honestidad política que considero una de las principales virtudes de la izquierda. Temo que el próximo gobierno monocolor sea demasiado tibio (si se me permite la ironía considero que el único partido de “centro-derecha” que hay en estos momentos es el PSOE. Los demás constituyen todos una derecha bastante extrema, mejor o peor camuflada). Me hubiera gustado que Sánchez ofreciera una cartera a la señora Carmena y otra a Errejón (como creo que le sugirió alguien de Compromís). Y temo que, aunque es necesario y urgente cambiar nuestra ley electoral, la solución que propone Sánchez de que, si no hay acuerdo, gobierne el partido que más votos haya sacado, resulte luego nefasta. Porque, como hemos visto otras veces, no es extraño que quien tiene más votos a su favor, tenga también más vetos en su contra. Habría que buscar una solución en la línea de esa segunda vuelta entre los dos partidos más votados, como más o menos funciona en varios países de Europa.

O sea. No escribo esta carta para ayudar a Sánchez, sino para que haya más verdad en nuestra política. Y para que los ciudadanos sepamos acostumbrarnos a prescindir de lo que dicen de sí mismos los políticos y a mirar más bien cómo actúan.

Imagen extraída de: El Periódico

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