Victor CodinaEsta formulación no procede de algún filósofo marxista o de algún político de izquierdas, sino del papa Francisco (La alegría del evangelio, 231-233). No se niega la necesidad de reflexionar, sino que se critica una reflexión que no parta y no desemboque en la realidad, porque entonces hay peligro de caer en nominalismos, sofismas,  fundamentalismos, totalitarismos, intelectualismos sin sabiduría y racionalismos fríos.

Esta prioridad de la realidad y su aceptación humilde es una tarea necesaria, pero muy difícil. Ordinariamente, las personas, los grupos sociales y políticos, las instituciones religiosas, etc. tienden (tendemos), a escabullir la realidad, escamotearla, ocultarla, criticarla; a actuar como si la realidad no existiera. Soñamos, proyectamos nuestras propias ideas, construimos castillos de naipes.

No aceptamos la enfermedad, menos aún la muerte. Los políticos no aceptan críticas, frenan a los medios de comunicación, acusan a sus opositores de ser lacayos del imperialismo y quieren perpetuarse en el poder con una actitud mesiánica. Los dirigentes de las Iglesias muchas veces presentan y formulan dogmas, documentos y liturgias totalmente ajenos a la gran mayoría del pueblo sencillo y sufrido que no comprende nada, porque no se ha partido de su realidad social y eclesial.

No se puede reducir la fe a pura retórica ni instalarse en formulaciones e ideas que aunque sean verdaderas y correctas en sí, no sirven para nada.

Los cristianos deberíamos tomar más en serio la encarnación de Jesús, la Palabra que se ha hecho carne y ha vivido en medio de nosotros, que ha asumido nuestra historia concreta en la realidad de Nazaret, que ha vivido cerca del pueblo, se ha solidarizado con su sufrimiento y habló en parábolas que todos entendían porque partían de la realidad.

Hemos de partir de la realidad, encarnarnos en ella, porque es sagrada desde que Jesús la asumió y su Espíritu la dinamiza por dentro hacia el Reino de Dios. No podemos edificar sobre arena sino sobre roca, hemos de transfigurar la realidad a la luz de la Pascua.

En formulación de Ignacio Ellacuría, se trata de hacerse cargo de la realidad, encargarse de la realidad y cargar con la realidad.

No hay que huir de esta realidad, ni sentirse amargado, sino resistir con esperanza. El Espíritu del Señor nos acompaña. En la realidad podemos encontrar al Señor.

“Si de noche lamentamos que ya no hay sol, no podremos contemplar la luminosidad de las estrellas” (Tagore).

realidad

Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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1 COMENTARI

  1. Una realidad que se impone es que cualquier idea de ella sea parcial, incluso las afirmaciones teológicas sobre o acerca lo que haya sido el evento Jesús de Nazareth o quien haya él haya sido.

    Solo tenemos noticia indirecta de él y sobre él. Esa es una realidad que hay que hacerse cargo, encargarse y cargar, aunque en realidad ésto que afirmó Ellacuría se reduce a rendirse a la realidad más real, que es el lado de la realidad que roza con nuestra piel, con nuestra existencia: Nuestra realidad que es ser limitados hasta para ser constientes de nosotros mismos. Tanto más para pretender ser conscientes de Jesús.

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