Victor CodinaEsta frase del pensador francés Roger Garaudy sobre el cambio introducido por el Vaticano II en la Iglesia católica, puede servir de clave para cómo reaccionar frente a los atentados del Estado Islámico en Niza, Bruselas, París, Manchester, Londres, Berlín, Barcelona, Finlandia y las amenazas a Roma.

Es necesario condenar claramente la barbarie asesina de estos atentados, condenar como blasfemia que se utilice el nombre de Dios y de la religión para herir y matar a personas inocentes. Es algo inhumano, cruel, salvaje, abominable, que no se debe repetir. Ha sido admirable en estos hechos la solidaridad de todos los ciudadanos, la actuación de las fuerzas de orden público, las manifestaciones en contra, la superación del miedo.

Pero afirmada esta condena y anatema, surgen muchas preguntas: ¿por qué ha sucedido esto?, ¿por qué unos jóvenes se inmolan por su causa?, ¿es una simple locura de fanáticos religiosos o es la explosión reprimida durante siglos de odio, rabia, humillación y deseo de venganza contra el Occidente llamado cristiano, contra la Cristiandad? Podemos preguntarnos si a los “cristianos” nos persiguen por causa de Jesús, o si persiguen a Jesús por nuestra causa. ¿No ha habido en la historia antigua y moderna agresiones de Occidente al Islam, desde las cruzadas y Lepanto hasta la guerra de Irak? ¿Es Occidente un modelo de valores y civilización humana o es una mezcla de humanismo y antihumanismo: capitalismo neoliberal que margina y mata, desigualdades sociales, corrupción, materialismo consumista, armamentismo, drogadicción, trata de personas, prostitución y pornografía, racismo, violencia machista, destrucción de la naturaleza?

Hemos de pasar del anatema al diálogo. Como ha dicho el Dalai Lama no es posible apagar esta violencia solo con armas. La violencia nunca es la solución definitiva. La ley del Talión lleva al fracaso.

¿No se pueden reunir líderes políticos  y religiosos de Occidente con los líderes del Islam y del Estado Islámico?  Esto parecerá a muchos un sueño utópico, un engaño y provocación. Pero mayor engaño es creer que este fanatismo terrorista se puede frenar solo abatiendo a los agresores, con mayor control policíaco y con manifestaciones de protesta. No basta levantar muros, es necesario construir puentes de diálogo. Si no lo hacemos, seguirán los atentados asesinos. ¿De verdad no tenemos miedo?

diálogo

Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuïta. Va estudiar filosofia i teologia a Sant Cugat, a Innsbruck i Roma. Doctor en Teologia per Roma (1965), professor de teologia a Sant Cugat mentre vivia a l'Hospitalet i Terrassa. Des de 1982 va residir a Bolívia on va treballar amb sectors populars i en la formació de laics a Oruro i Santa Cruz. Professor emèrit de la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba, alternant amb treball de pastoral en barris populars. Ha escrit nombrosos llibres i articles. En 2018 va tornar a Barcelona on resideix actualment.
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