Las PERSONAS inmigrantes irregulares

Las PERSONAS inmigrantes irregulares

Darío Mollá… Porque el sustantivo es PERSONA, inmigrante es una situación vital (bastante dolorosa en la mayoría de los casos) e irregular es una situación administrativa.

Tengo delante de mí la parte del programa que dedica a la inmigración irregular un partido al que las encuestas pronostican entrar en las Cortes Generales y en algunos parlamentos autonómicos, además de ayuntamientos. Y la lectura y relectura de este documento me mueve (y me mueve con fuerza) a escribir y compartir este post.

1. Los inmigrantes irregulares son PERSONAS, y como todas las personas tienen HISTORIA. Una historia de pocos años quizá a sus espaldas, pero de largos años en sus países y familias. Una historia que en la mayoría de los casos es historia de dolor, de explotación, de injusticia, de necesidad, de inhumanidad… Y es esa historia la que les obliga a salir y a convertirse en inmigrantes. Porque eso del “efecto llamada” suena a algo así como cuando nosotros atraídos por la publicidad decidimos hacer un placentero viaje a no se sabe dónde… Ciertamente quienes vienen de Mali o Senegal o Liberia hacia nosotros, en unos viajes plagados de explotación, incertidumbre y dolor no vienen ni  a disfrutar de nuestras playas, ni a operarse de apendicitis ni “a poner en peligro el estado de bienestar, la convivencia y el progreso democrático de la sociedad” (sic, cita textual).

2. Los inmigrantes irregulares son PERSONAS, y como todas las personas tienen DERECHOS (Declaración Universal de Derechos Humanos). Derechos unidos a su condición de personas, e inalienables sea cual sea su situación laboral o legal. No sé, pues, por qué, a los autores de este documento les parece “paradójico…  que se beneficien de los mismos derechos de sanidad, educación o ayudas sociales que quienes se encuentren legalmente o que los propios ciudadanos del país” (sic) ¡Y ojo, que la frase habla de “derechos”, no de formas de atención o asistencia! Pues sí: los derechos son los mismos, porque son seres humanos. De ahí a afirmar que la “asistencia sanitaria de urgencias o un servicio básico de atención social (¿?) ha de ser más limitado que el que se ofrezca a los extranjeros en situación legal o a los ciudadanos del país” hay medio paso. De educación, nótese, no se dice nada…

3. Los inmigrantes irregulares son PERSONAS, y como todas las personas tienen SENTIMIENTOS. ¡Vaya por Dios, sentimientos; lo que nos faltaba! El documento, apenas una página, utiliza tres veces la palabra “expulsión” y otra la expresión “repatriar de manera inmediata”. Claro, una vez que la policía o la guardia civil les ha colocado en el avión, asunto concluido: yo ya no veo más, yo ya no siento más, a mí no me importa más. Pues “expulsión” es dolor, humillación, sentimiento de fracaso, quiebra de proyectos personales y familiares, vuelta a la miseria… Sí, todo eso, al menos, está detrás de la palabra expulsión.

Lo curioso es que el citado documento alerta sobre “la emergencia de discursos nacionalistas y xenófobos en buena parte de Europa”. Pues vaya…  No hay “más” xenófobos y “menos” xenófobos; hay xenófobos y personas que creen en los derechos humanos de todas las personas.  No hay xenófobos de guante blanco y guapos y xenófobos de uniformes y feos: hay xenófobos y personas que no consideran a las PERSONAS inmigrantes irregulares un “problema” sino seres humanos, sin más.

18-noviembre

Imagen extraída de: AfroXXI

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