La revuelta ciudadana: recuperar la política para cambiar la economía

La revuelta ciudadana: recuperar la política para cambiar la economía

Elvira DuránHemos llegado al ecuador del curso “Reformas profundas o recetas antiguas” y ya tenemos formulado el reto de transformación social que nos plantea la experiencia de la crisis.

Benjamín Bastida y Francisco Ferrer nos han ayudado a hacer un mapa de los caminos por los que hemos llegado a esta crisis y de las salidas falsas que se nos proponen como inevitables.

En el recorrido por la historia de la deuda y la historia del déficit, historias financieras para no dormir, hemos descubierto el origen de la crisis y el objetivo oculto de las medidas que se nos proponen para salir de ella. Tenemos una crisis generada por la creciente desproporción entre el capital que se mueve en la economía real –producción y comercio de bienes y servicios– y el que se mueve en la economía financiera –bonos, derivados, transacciones monetarias–;  y por la concentración de poder en manos del 1% de las empresas que concentran el 40% de la riqueza mundial. Por una parte, nos encontramos con una deuda que se vuelve impagable, y por otra, con unos grupos económicos que concentran el poder económico y tienen capacidad de marcar la agenda política. Las políticas de austeridad que se proponen no tienen como objetivo corregir esta situación para salir de la crisis, controlar el déficit, sino mantener los beneficios de los inversores por la vía del recorte del gasto social. El objeto no es devolver la deuda sino rebajar las condiciones de vida de la población.

Es el funcionamiento del sistema capitalista el que ha colapsado el sistema productivo de la globalización neoliberal.  Un sistema que no cumple el contrato social, que genera un proceso de precarización de las clases medias y de criminalización de los pobres y excluidos.  La presión financiera se ha trasladado del sector inmobiliario y de la construcción al petróleo, las materias primas y los alimentos. En el caso de la especulación con alimentos básicos se hace dramáticamente patente que el sistema no tienen en cuenta las necesidades de las personas. En la crisis de sobreproducción la opción para restaurar el sistema capitalista son los recortes porque el objetivo es que baje el consumo, que baje la producción y que se precaricen las condiciones de los trabajadores (de los salarios a las prestaciones sociales). El objetivo  principal de las políticas de austeridad es la caída de la capacidad de compra de los salarios.

El reto que se nos plantea es articular la economía sobre el valor del trabajo de hombres y mujeres. Construir una economía que sirva para satisfacer las necesidades básicas, repartir el  excedente social, promover el reconocimiento social y el mérito, y contribuir al bien común.

Romper esta dinámica de la economía mundial y promover las reformas necesarias comienza por la información, la movilización y la insumisión. Sólo la revuelta de los ciudadanos puede recuperar el control de la economía para impedir la desigualdad y la injusticia que genera esta crisis.

Y una vez planteada esta urgencia de recuperar la política, Toni Comín nos ha ayudado a analizar las tres crisis que tiene la democracia y a identificar los tres movimientos necesarios para superarlas.

La primera crisis de la democracia es una crisis de compatibilidad con el sistema capitalista. Frente al liberalismo que dice que sin capitalismo no puede haber democracia, desde el pensamiento crítico decimos que el capitalismo lleva a la negación de la democracia. El capitalismo es mercado: pluralismo político que va de la mano del pluralismo económico, pero también es propiedad privada del capital que implica concentración y desigualdad, que van en contra de la democracia. El conflicto de fondo es interno al capitalismo, es el conflicto entre mercado y capital (ya lo identificaron los liberales del s. XIX: el capital contra el mercado).

La solución política del siglo XX fue el Estado del Bienestar: política estatal para equilibrar, redistribuir, garantizar competencia y reducir la desigualdad. Hoy la solución pasa por introducir la democracia en el sistema económico. Apostar por un sistema de mercado pero sin propiedad privada del capital: propiedad social del capital, control democrático de sistema financiero y democracia en el trabajo. Es la propuesta de la Democracia Económica; un sistema de mercado no capitalista, un socialismo de mercado.

La segunda crisis de la democracia es una crisis de escala, tenemos globalización económica pero no globalización política. El Estado del Bienestar equilibraba política y economía en el mismo ámbito territorial. El capitalismo se ha globalizado y la democracia no. Las democracias estatales no pueden gobernar la economía global. El motivo principal de la desafección es precisamente la constatación de que la política no es capaz de hacer lo que tendría que hacer para defender los derechos de los ciudadanos. Hemos pasado de los gobiernos que garantizaban el  ejercicio de derechos a los gobiernos que se los quitan a su propia ciudadanía.

Para solucionar el tema de escala hemos de ir a una democracia global empezando por la apuesta por una Europa federal plurinacional. Cuanto más ampliemos el ámbito de la democracia representativa más poder tendremos para regular los mercados, pero a la vez seremos más vulnerables a la presión de los lobbies. Para blindar la democracia representativa ante este peligro necesitamos solucionar la tercera crisis.

La tercera crisis de la democracia es una crisis de representación. La democracia y las instituciones que han servido para gestionarla hasta ahora, han perdido su capacidad para representar y defender los derechos de los ciudadanos. Esto se expresa muy claramente en el lema del 15M “no nos representan”. El funcionamiento de los partidos y de los instrumentos de la democracia representativa no da respuesta a las reivindicaciones de cambio social y económico.

La solución pasa por mejorar la democracia participativa, aumentar la capacidad de los ciudadanos para hacer propuestas de cambios y para controlar el ejercicio de las instituciones representativas. Aumentar los mecanismos de democracia directa y ampliar el grupo de intermediarios: no sólo partidos, también plataformas, organizaciones… Sin olvidar la necesidad de reformar a fondo el funcionamiento interno de los partidos.

Los tres movimientos que dan solución a las tres crisis ya están en marcha, y los tres están en manos de la iniciativa y la lucha de la ciudadanía organizada. La movilización y la insumisión tienen nombres concretos: plataformas, cooperativas, instrumentos financieros alternativos… Una revuelta ciudadana que está en marcha y a la que nos podemos sumar de mil formas.

Imagen extraída de: Política y ciudadanía

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