Grietas en el muro XXVI: De solar abandonado a huerto urbano

Grietas en el muro XXVI: De solar abandonado a huerto urbano

Voces/AlandarDonde solo había basura, desperdicios y arena hoy crecen acelgas, espinacas o tomates. Los vecinos y vecinas del barrio madrileño de Pan Bendito han recuperado un terreno yermo de propiedad incierta para crear un huerto urbano. Las cosechas apenas dan para completar las dietas de unas pocas familias, pero muestran que el trabajo comunitario y el cuidado de la tierra tienen todavía muchos frutos que ofrecernos.

Hace un año, el solar de la calle Aliseda 18, hasta entonces cubierto de escombros, basura e indiferencia comenzó a cambiar su fisonomía. Situado detrás de una casa unifamiliar y flanqueada por varios bloques de edificios, nadie se había molestado siguiera en vallarlo ni en reclamarlo como suyo. Por eso, los miembros de la Asociación Paso a Paso, dedicada a impulsar proyectos de solidaridad y ayuda al vecindario de Pan Bendito, lo eligieron para convertirlo en huerto.

La verdad es que había muchas más posibilidades pero, dada la visibilidad que ofrecía por su ubicación, los pocos vecinos que se verían afectados por los trabajos de preparación de la tierra y cuidado de los cultivos, así como por la ausencia de dueño, aquella tierra yerma fue la elegida. Algún aliso debe quedar en la calle que de estos árboles tomó su nombre, aunque en su número 18 lo que querían ver era suelo fértil al servicio de los vecinos y vecinas.

Hubo que acondicionar y limpiar el terreno. A esas tareas se apuntaron los miembros de la asociación promotora, pero también jóvenes de Pan Bendito, catequistas de la cercana parroquia de San Benito y amigos de la red de huertos urbanos de Madrid. También colaboró la Universidad Francisco de Vitoria -con una pequeña ayuda- y hasta profesores de Bellas Artes que ayudaron a decorar las medianeras y la valla levantada para resguardar los cultivos. Al poco, hubo espacio y tiempo para desarrollar juegos y dinámicas con menores: fueron los primeros frutos de la conquista del terreno.

A pesar de que las autoridades municipales estaban advertidas, los agentes de la Policía Municipal se dejaron ver y levantaron un parte de incidente que quedó en nada. “Nuestra intención no era apropiarnos del terreno sino darle un uso abierto y participativo”, explica Jorge Gallego, miembro de Paso a Paso, quien explica que la situación administrativa es “compleja”. La normativa municipal no contempla este tipo de iniciativas, de modo que los expedientes tanto de licencias de obras, petición de cesión de los terrenos y permiso para la instalación de acometida de agua vagan de un departamento a otro sin encontrar respuesta definitiva.

Pero la sabiduría colectiva tiene soluciones para casi todo. Un agricultor veterano explicó a los promotores que había que roturar y mejorar la calidad de la tierra para aprovechar los cultivos. Otra persona les regaló semillas de más calidad y hasta un vecino les ha facilitado la toma de agua de un pozo de su propiedad. “Al principio teníamos que acarrear el agua como podíamos, en bidones, con contenedores de basura con ruedas… hasta que un vecino se ofreció a permitir que pusiéramos una manguera en su pozo”, relata Gallego.

No ha habido un reparto de tierras, tampoco de las cosechas, sino que al final, a pesar de los debates teóricos iniciales, se ha apostado porque en el huerto “todo es de todos” y que el reparto de los productos se va haciendo de modo espontáneo según las necesidades y preferencias de quienes participan, siempre que no haya intención de acaparar. A cada persona voluntaria se le exige una cuota de cinco euros para financiar las compras de las herramientas y material necesarios. Aunque, en palabras de Gallego, “el dinero no es algo determinante para participar, hay quien aporta su trabajo y ya está”.

Precisamente, la necesidad de mejorar la instalación del riego y el deseo de, al menos, no gravar la solidaridad del vecino que ha puesto su agua a disposición, ha motivado una campaña de aportación voluntaria a través de Internet, “crowdfunding”, para sufragar los nuevos planes para el huerto. Por el momento, llevan recogidos 800 de los 1.000 euros necesarios.

En la actualidad, hay doce personas directamente involucradas en el cuidado diario del huerto y otras quince que colaboran esporádicamente. Aunque, como le gusta decir a otro de los miembros de la Asociación Paso a Paso, “Aliseda 18 debe ser el huerto con menos producción y más fama del mundo”. Al fin y al cabo, el blog donde se recoge puntualmente el estado de la tierra y los cultivos lleva ya 40.000 visitas de 40 países, por no hablar de los grupos de escolares, universitarios, colectivos y asociaciones de todo tipo que han pasado por allí para ver el fruto de este trabajo colectivo de convertir tierra baldía de barrio en un incipiente vergel.

Jorge Gallego asegura que después de varios intentos fallidos por fin lleva recogidas más de una cesta con habas espectaculares, frondosas lechugas, sabrosas acelgas, calabacines y patatas de respetable tamaño y hasta bellas lombardas. No es el único al que le maravilla poder acompañar la dieta con los cultivos del antiguo solar, por más que el objetivo no sea acabar con el hambre y la malnutrición de algunas familias con menores del barrio. Eso sí, es un buen ejemplo, de lo que se puede conseguir al pasar de la reflexión a la acción, de la mano del conocimiento compartido y el empeño colectivo. Al huerto siguen llegando visitantes de toda condición, algunos incluso ya les han pedido ayuda para repetir la experiencia en otros lugares del barrio. Después de todo, dice un proverbio chino que “si quieres ser feliz toda la vida, cultiva un huerto”.

Más información:

http://aliseda18.wordpress.com/
http://pasoapasopanbendito.blogspot…

Imagen extraída de: Alandar

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