Últimamente veo mucho a "Tina" (There Is No Alternative)

Últimamente veo mucho a “Tina” (There Is No Alternative)

Jesús Sanz Abad. Tras la crisis nuclear abierta en Japón estos días, me venía a la cabeza que estamos asistiendo en muchas de las argumentaciones que encuentro una nueva demostración de pensamiento “TINA” tan extendido últimamente con la crisis económica.

Para quien no lo conozca, TINA, son las siglas  de “There is no alternative” (no hay alternativa). Unas siglas que se popularizaron en los años ochenta por ser una de las frases más utilizada por  Margaret Thatcher en sus discursos para señalar que no había ninguna alternativa real al camino que ella había emprendido en sus políticas neoliberales.

TINA también tiene una amiga más culta que ya fue señalada hace tiempo por Marcuse en lo que denominaba el “pensamiento unidimensional”, concepto con el que se refería a todo esquema de pensamiento donde la complejidad y la contradicción no encontraban lugares en el espacio discursivo.

Pero, volviendo a TINA desde que emergió la crisis económica tengo que decir que la he visto mucho últimamente. La he encontrado en muchas argumentaciones de pronucleares al expresar  que no hay ninguna alternativa a este tipo de energía bajo el mantra de que es una energía limpia, barata y segura (obviando cuestiones como que el Estado corre con la financiación de buena parte de las plantas nucleares y la gestión de los residuos nucleares) si queremos seguir con este modelo de vida.

También vi a TINA en el debate -o más bien en la ausencia de debate- sobre la reforma de las pensiones. TINA estaba presente en las argumentaciones utilizadas para expresar la necesidad de tener que alargar la edad de jubilación basándose en argumentos de tipo únicamente demográficos que hablaban de la insostenibilidad del sistema de pensiones en 2050  y donde se invisibilizaban otros aspectos (como el aumento de la productividad en el trabajo, o la posibilidad de cambiar las formas en las que se hacen las aportaciones al mantenimiento de dicho sistema de pensiones).

Y me la volví a encontrar en la reforma laboral aprobada cuando se hablaba de que era el “único camino posible” para crear empleo, en el recorte de gasto social, o en las multimillonarias ayudas al sistema financiero que había que dar  para evitar su colapso. En todos estos casos la argumentación era similar: la inevitabilidad de hacer este tipo de reformas “inaplazables” y la ausencia de alternativas a la medida tomada. Siempre el diagnóstico era el mismo, ya fuese para “transmitir confianza” a los mercados, otras para mejorar nuestra “flexibilidad” laboral, otras para ser “más competitivos” y otras para volver a la “senda del crecimiento”. Y a la vez, nunca aparecía en el debate otras posibilidades como fomentar un reparto de la riqueza diferente, realizar políticas fiscales progresivas, o cuestionarnos nuestros modelo de sociedad para avanzar hacia formas de vida más austeras y sencillas.

TINA, ayudada por los poderes mediáticos, siempre nos dice que “no hay alternativas” y con ello evita el debate, deslegitima otras opciones y empequeñece el espacio de pensamiento en el que podemos pensar las  utopías. Utopías que quizás hoy son más necesarias que nunca, si entendemos este término en lo que Paul Ricoeur denomina sentido “constitutivo”: como un refugio externo desde donde se puede observar nuestro propio sistema cultural desde fuera y como un espacio en el que quedan expuestos a nuestros ojos no solo el camino cotidiano que seguimos todos los días, sino infinidad de rutas posibles a seguir.

De esta forma, la utopía se convierte en una forma de crítica pero, sobre todo, también en una manera de repensar nuestro modo de vivir.

Una idea no muy alejada a lo que José Luis Sanpedro decía recientemente en una entrevista: “Nos están educando al revés, nos educan para producir y consumir. Nadie nos prepara para ser más humanos, para ser mejores. Dicen que no hay alternativa a este desarrollo, cómo que no: ser mejores en vez de tener más cosas. La alternativa es educar para ser mejores”.

tina

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