La COP30 está a punto de cerrar sus puertas. Ha sido una COP colorida y multitudinaria, con una elevada participación de jóvenes y de pueblos indígenas. Una COP con sabores agridulces en que las presiones por continuar con el modelo de civilización insostenible siguen estando presentes al mismo tiempo que el clamor de los pueblos es cada vez mayor. Siempre se tiñe de duda el valor de estas reuniones multilaterales, donde todos sabemos que siempre están los que van a defender intereses que para nosotros carecen de toda ética, donde lo que aparentemente es bueno para unos va a ser malo para otros, pero también donde muchos llevan ya un largo camino en busca de acuerdos para sanar nuestro mundo. Es un panorama en donde tal vez muchos participan para hacerse la selfie, para vivir experiencias y narrarlas después, o, simplemente, para gozar de un ambiente internacional y complejo que ya tan solo por el hecho de estar allí te hace sentir importante, o, como mínimo, que el mundo te necesita, que tienes algo que decir y hacer que va más allá de la vida ordinaria. ¿No es eso tal vez lo que todos buscamos en mayor o menor grado? Allí pasan muchas cosas en la Zona Azul y en la Zona Verde, incluso mucho más allá espacial y temporalmente.

Todavía es pronto para hacer un balance, pero si paseamos sobre ella una mirada positiva podremos encontrar muchos puntos de luz. Y aunque la prensa no se esté haciendo apenas eco, las convicciones espirituales están inspirando en el mundo una transformación real. Como dijimos hace un par de días, sesenta y dos instituciones, entre las que hay cinco diócesis católicas, numerosas instituciones religiosas y una red de inversores institucionales protestantes (Arbeitskreis Kirchlicher Investoren), anunciaron su decisión de desinvertir en combustibles fósiles, retirando las inversiones de empresas dedicadas a la extracción, producción o explotación de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, y redirigiendo fondos hacia energías renovables, agricultura sostenible y proyectos comunitarios. Más de 1.700 instituciones de todo el mundo, incluidas 600 organizaciones religiosas, que representan más de 40 billones de dólares en activos, ya se han comprometido a desinvertir. Los líderes religiosos de todo el mundo están dejando claro que la acción climática no es opcional. El propio papa León XIV lanzó un mensaje a la COP30 recordando que la crisis ecológica es también una crisis moral y social, y que el tiempo para actuar se acaba. Para el Consejo Mundial de Iglesias, este es un «momento kairós», un momento decisivo en la historia en el que la fe debe traducirse en acciones audaces. Las llamadas «Contribuciones Determinadas por los Pueblos» (PDC, por sus siglas en inglés), un ejemplo vivo de conversión ecológica en marcha, contrastan con las Contribuciones Nacionales Determinantes.

Ya se ha anunciado la «five-year vision for Global Climate Action Agenda for 2026–2030» cuyo objetivo es impulsar nuevas estrategias para acelerar la implementación de la acción climática bajo una Agenda Global de Acción Climática unificada, guiada por los objetivos del Acuerdo de París y los resultados del Pacto Mundial sobre el Clima y el Sol (GST). Entre ellas fortalece el impacto de la acción climática voluntaria mediante un seguimiento periódico del progreso, contempla la financiación para la regeneración de tierras y la protección de los derechos territoriales, los bosques y los océanos de los pueblos indígenas y considera que las acciones prácticas pueden continuar con o sin el acuerdo de los 198 países participantes, lo cual es una gran ventaja. 

Entre las metas alcanzadas hasta el momento, y dentro del Eje 1 (Energía, Industria y Transporte) destacaría también el «Compromiso de Belém», que propone cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035, y al que, hasta el momento, ya se han unido 25 naciones. Dentro del Eje 6 (Transversal — Finanzas, Tecnología y Capacidad) se celebró la tercera reunión del Diálogo Ministerial de Alto Nivel sobre Financiación Climática, en el que se planteó el comienzo de la implementación de hasta 1,3 billones de dólares en financiación climática anual dirigida a los más necesitados, de forma rápida, transparente y justa. Un ejemplo de financiación sería el de la energía solar en África, donde más de 600 millones de africanos siguen sin tener acceso a la electricidad, a pesar de que el potencial de energía renovable del continente es 50 veces mayor que la demanda mundial de electricidad prevista para 2040.

Todo ello está conduciendo a que La Presidencia de la COP30 haya publicado ya un borrador de propuesta de acciones, denominado «Mutirao». En ella aborda los temas más controvertidos: la reducción de emisiones, los planes climáticos nacionales, la financiación para la adaptación y el comercio. Donde más desacuerdos hay es en la propuesta de «hoja de ruta» para abandonar el uso de combustibles fósiles, donde gigantes como TotalEnergies y Exxon Mobil, que siguen ampliando proyectos petroleros en África y la Amazonía, ejercen una gran presión. Entre las sombras también estaría el Plan de Acción de Género, que se vio obstaculizado por las diferentes interpretaciones del término «género»; la dificultad para alcanzar una financiación que responda a las necesidades mundiales de adaptación, que ya superan los 365.000 millones de dólares anuales; o desacuerdos como el que hubo entre Australia y Turquía sobre la sede de la COP31 y que afecta sobre todo a las naciones insulares del Pacífico, que deseaban que las conversaciones se celebraran en Australia para visibilizar su difícil situación.

Mañana 21 de noviembre es ya el último día. Yo os animo a que sigáis la Conferencia de prensa de Jesuitas por la Justicia Climática que se celebrará a las 2 de la tarde (hora de Roma) desde Belém, y a que todos y todas, desde vuestra espiritualidad, oréis por el éxito de esta Conferencia. Os dejo con una oración que el propio movimiento JCJ preparó para esta COP. Y no olvidéis que «Cada acción importa. Cada elección importa».

Dios de toda la creación,
Te pedimos la gracia de vivir con intención y cuidado.
Ayúdanos a ver lo sagrado en cada decisión que tomamos: en lo que consumimos, en cómo viajamos y en cómo tratamos la Tierra.
Que nuestras acciones diarias reflejen amor, justicia y esperanza.
Danos valentía para cambiar y creatividad para inspirar a otros.
Juntos, que podamos sanar lo que ha sido dañado.

Amén.

Jules Gibson

 

[Imagen de flickr.com]

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Deseo y sentido
Mirada CJ

Después de la muy buena acogida de las cuatro ediciones anteriores, vuelve la mirada de Cristianisme i Justícia.

María del Carmen Llasat
Catedrática de Física de la Atmósfera de la Universidad de Barcelona. Miembro del grupo de Ética y Sostenibilidad de Cristianisme i Justicia.
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