Sí. Evidentemente, el Sínodo terminó el día 27 de octubre con la celebración de la eucaristía de clausura; sin embargo, la sinodalidad sigue adelante.
Que no haya exhortación final fue la gran sorpresa con la que nos sorprendió Francisco una vez más. Este gesto, previsto ya desde 2018, ha permitido que el documento final se convierta en magisterio eclesial. Como estoy diciendo desde hace unos días, estamos ante la Exhortación del pueblo de Dios.
El documento no es perfecto en su redacción (algún día habrá que contar las condiciones en las que han trabajado los redactores del mismo), pero recoge lo esencial dicho en la Asamblea. Se partía del documento surgido de las aportaciones de grupos y comunidades de todo el mundo que, a su vez, habían trabajado el documento de la Asamblea de 2023. En honor a la verdad, hay que decir que nuestro país hizo muy pocas aportaciones. Los motivos, los dejamos para comentarlos en otra ocasión.
En todo caso, me quedo con cuatro puntos, recordando que estamos ante un documento de magisterio eclesial: A/ Es un documento abierto que sirve para todos los contextos, culturas y realidades eclesiales que quieran empezar a hacer realidad una Iglesia sinodal. B/ Se aconseja trabajar, y ya lo están haciendo, en el Código de Derecho Canónico para que el voto consultivo de los diferentes consejos diocesanos y parroquiales pase a ser deliberativo. Esto llevará un tiempo, pero ya se está en ello. C/ Se ha dado un gran paso en los temas de transparencia y rendición de cuentas, que abarcan desde cuestiones económicas hasta cuestiones pastorales, e incluso procedimientos para la evaluación periódica del desempeño de todos los ministerios y tareas dentro de la Iglesia. D/ La formación se aconseja que sea integral, continua y compartida (hombres y mujeres en todos los estados de vida en la Iglesia) y que abarque todas las dimensiones de la persona: intelectual, afectiva, relacional y espiritual. Se señala con fuerza la importancia de la formación de los formadores.
Como siempre, habrá insatisfechos que consideren que no es suficiente. A estas personas y a todas en general, les recuerdo que el Sínodo no ha trabajado solamente para «mi» Iglesia, sino para la Iglesia universal con toda su diversidad cultural y contextual.
Sería muy interesante que, a partir de ahora, para ir evaluando y, caso necesario, corrigiendo la puesta en práctica del documento final de la XVI Asamblea del Sínodo, se celebraran asambleas nacionales y continentales. Es la mejor manera de que el engranaje se ponga en funcionamiento de forma efectiva.
Todos somos responsables —y cuando digo «todos», me refiero a todo el pueblo de Dios— de que la Iglesia sinodal empiece a ser una realidad. Necesitamos líderes fuertes y sería estupendo que los encontráramos en nuestros obispos. Para ello, también el documento recomienda que los obispos tengan una formación permanente dentro del contexto en el que viven.
He dejado para el final el comentario sobre el número 60 del documento, que se refiere a las mujeres. Es la primera vez en la historia de los sínodos que un número del documento final tiene tal cantidad de votos en contra: 97. Al leerlo, se comprueba fácilmente donde está la mayor resistencia y, la verdad, resulta muy triste que, a estas alturas, haya quienes juzguen negativamente el contenido de ese párrafo.
En todo caso, hay que ser más resistentes que la resistencia porque, si hemos llevado a cabo un proceso a lo largo de tres años que nos ha permitido descubrir que otra forma de ser Iglesia es posible, no tenemos que dejar de seguir haciendo realidad lo conseguido.
Cada diócesis, comunidad parroquial, congregación, movimiento, a la velocidad que necesite. Lo bueno de los procesos es que no deben tener una fecha de conclusión obligatoria y no deberemos juzgarla. Será bueno ir aprendiendo unos de otros, unas diócesis de otras, hasta de las vivencias sinodales de otros países.
Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis? (Is 43,18).
[Imagen de James Henry en Pixabay]