Después de revisar lo que nos ofrece el documento analizado, conviene hacer una valoración del mismo. Seguro que se podía haber ido más allá, se podría haber avanzado más. Pero es hasta aquí hasta donde, de momento, se ha llegado.

De momento, porque no se ha terminado el proceso. Estamos aún en camino, construyendo. Y este documento nos da pistas interesante, a la par que nos ofrece propuestas concretas. Además, pide que estas sean puestas en práctica ya que exige su evaluación de cara a la próxima asamblea. Por lo tanto, nos deja también tareas a desarrollar.

Establezco a continuación una serie de puntos que me parecen interesantes a considerar (no están todos, pero sí algunos):

  • La centralidad del pobre. El documento recupera este elemento, central en la fe cristiana pero tantas veces olvidado. Sin la opción preferencial por los pobres no hay cristianismo posible. Y esto hay que anunciarlo y defenderlo.
  • La insistencia en la dignidad y derechos de todos por el bautismo. Todos formamos parte del proceso sinodal. Todos debemos participar de los diferentes procesos eclesiales existentes.
    • Por un lado se potencia la teología del bautizado y su dignidad.
    • Por otro, en ese todos se amplia el espectro participante. Todos son todos. No es solo la jerarquía eclesial, los ministros ordenados… No. Es un no rotundo y claro. Todos son los laicos, las laicas también, destacando continuamente la necesidad de un papel más claro y decisivo de la mujer en las tomas de decisiones. Pero en esos laicos y laicas entran todos: esto supone personas marginadas o excluidas (por pobreza, orientación sexual o cualquier otra causa).
  • El documento insiste en abrir puertas a la reflexión. Puertas importantes. Diálogos con otros saberes, con otras religiones. Pero también reflexión para hacer nuevas propuestas internas a nivel estructural. Destaca la revisión del ministerio diaconal. Con ella se abre una importante reflexión acerca de qué ministerio quiere y necesita la Iglesia. Se le abren las puertas a recuperar esa clara dimensión de servicio, especialmente a los más necesitados. Y aquí, aunque sé que para muchos es poco lo dicho, entra también la reflexión acerca del acceso de la mujer al diaconado. Pero cuidado, el peligro de la Iglesia es el clericalismo. Por lo tanto hace falta reflexionar sobre un nuevo modelo de ministerio para no perpetuar los errores. Y aquí pueden entrar todos. La puerta sigue abierta.
  • La necesidad de repensar y reformar el derecho canónico. Está presente en varios números. Se abre una nueva puerta, al insistir en ello, tanto en las cuestiones a debatir como en las propuestas que se deben realizar ya antes de la siguiente asamblea. Dicha posición puede ayudar a normalizar la vida de muchos cristianos y cristianas así como a resituar la Iglesia desde un estilo más sinodal.
  • Todo ello precisa una conversión. El Espíritu es protagonista principal en este documento. Debemos estar abiertos y saber escucharle. Debemos dejarnos convertir para ser fieles seguidores del evangelio de Jesús, más allá de normas y estructuras culturales que han dominado la vida eclesial.
  • La teología tiene un peso importante. Como también su aplicación pastoral. Y esto, me gusta sobremanera, ya que uno de los grandes problemas que tenemos es que teología y pastoral no van de la mano. Parecen dos realidades diferentes, cuando ambas deben alimentarse. Sería una pérdida de tiempo que las facultades e institutos de teología no aprovecharan este documento para poner a reflexionar y trabajar a sus profesores y alumnos de cara a realizar importantes aportaciones en la siguiente asamblea.

Hay camino a recorrer. Pero se han puesto unas bases interesantes. Nos toca ahora a todos los bautizados empezar a poner en práctica las propuestas, reflexionar las cuestiones a afrontar, y acoger las convergencias. Para ello hay que practicar y ejercer nuestros deberes y derechos eclesiales. Las parroquias, movimientos eclesiales, comunidades, no pueden estar quietas. Tienen que moverse y seguir trabajando en pro de una sinodalidad naciente que requiere nuestro trabajo para que sea real. No hay excusas. Ni para ponerse en marcha, ni para exigir a las iglesias locales que empiecen a trabajar. Si no, llegaremos a la siguiente asamblea sin nada que evaluar y valorar. Pero si empezamos a poner en práctica algunas de estas propuestas, se podrán valorar para así ver si realmente nos ayudan a caminar hacia el evangelio o no. Pero hay que empezar.

Termino pues, con un canto de esperanza contenida. Contenida porque, como dice el documento, son muchos los ministros ordenados que se opone a ello. Esperanza, porque la Iglesia somos el Pueblo de Dios, todos, todos , todos.

Y esperanza, no es optimismo, es esperanza. A ver si en la próxima asamblea podemos seguir adelante con nuevas propuestas y caminos a recorrer. De todos depende un poco, o un mucho.

Invito a leer, no el resumen hecho, sino el documento, ya que seguro que hay aspectos que hemos pasado por alto. Pero al menos, esperamos que hayan podido ayudar a situarnos, pensar, y empezar a caminar sinodalmente en nuestros entornos más cercanos.

UNA IGLESIA SINODAL EN MISIÓN

[Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay]

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Amarillo esperanza
Anuario 2023

Después de la muy buena acogida del año anterior, vuelve el anuario de Cristianisme i Justícia.

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Licenciado en teología y en psicopedagogía. Educador por vocación y convicción. Trabaja dando clases en un centro de secundaria. Colabora con diversas entidades del mundo social. Responsable del Área Teológica de Cristianisme i Justícia.
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