Dediqué mis dos columnas anteriores a mostrar cómo la espiritualidad se ha medicalizado y psicologizado en la época moderna. Siguiendo el mismo orden de ideas, en esta ocasión reflexionaré en torno a uno de los rostros de dicha medicalización-psicologización. En las últimas décadas, la espiritualidad se ha visto estrechamente relacionada con el mundo del wellness, traducido normalmente al español como bienestar. Lejos de reducirse a una mera expresión, el wellness se ha convertido en una cultura que ha permeado las distintas esferas de la sociedad de una u otra forma y en distintas escalas, siendo la espiritualidad una de las esferas más influenciadas por esta narrativa. Antes de abordar directamente lo que se ha llamado el Spiritual Well Being o Bienestar Espiritual, considero pertinente dedicar unas palabras a entender mejor de dónde viene la cultura del wellness.

Según Ben Zimmer,[1] este término proviene de Halbert L. Dunn que para la década de 1950 era el director del National Office of Vital Statistics. Dunn tenía como objetivo buscar una terminología que hablara de la salud no en términos negativos, es decir, en tanto prevención de enfermedades, lenguaje médico que predominaba en aquel entonces. Al contrario, Dunn pensaba que hacía falta una narrativa que abordara la salud en su positividad y ayudara a alcanzar el mayor y más completo estado de bienestar posible. Escribió una serie de artículos alrededor de lo que en su momento llamó “high-level wellness”, definiéndolo como un método integral orientado a maximizar todo el potencial del individuo. En 1961, Dunn publicó su libro High-Level Wellness, el cual no tuvo mucho éxito al inicio.

Tuvo que pasar una década para que John W. Travis encontrara por casualidad el libro de Dunn y quedara fascinado con las ideas ahí presentadas y con sus aplicaciones. Para 1975, Travis había fundado el Wellness Resource Center en California, donde promovía una serie de técnicas e ideas que posteriormente fueron conformando la cultura del wellness. Actualmente se entiende el wellness como “un proceso activo mediante el cual nos concienciamos y hacemos ciertas elecciones en vistas de una existencia más plena”, por utilizar los términos del National Wellness Institute con sede en Wisconsin.

Con todo, no se esperaba que el término llegara a obtener popularidad, o por lo menos, nos cuenta Zimmer, así lo expresó Dan Rather en 1979. Hoy, entrada la tercera década del siglo XXI, el wellness no solamente es mundialmente reconocido, sino que ha logrado penetrar e influir en las más distintas esferas de la vida cotidiana. Esta influencia es especialmente palpable en el campo de la salud y la psicología, pero también en el de la espiritualidad.

Conforme fue pasando el tiempo, distintas investigaciones fueron comprobando lo incompleto que estaría un referente de bienestar humano que se basara únicamente en los criterios materiales, como puede ser la alimentación, la salud o el éxito profesional. Rápidamente comenzaron a tomarse en cuenta criterios psicológicos y, por supuesto, espirituales. Se defendía, sobre todos en los Estados Unidos, que para la población era muy importante la creencia y la relación con la esfera de lo trascendente, independientemente de cómo se le nombrase. Fue así que en 1983 apareció el famoso artículo de C.W. Ellison “Spiritual well-being: Conceptualization and measurement” en el Journal of Psychology and Theology.[2] Un año antes Ellison había publicado junto con R.F. Paloutzian otro artículo titulado “Loneliness, spiritual well-being and the quality of life”.[3] La propuesta era bastante original, no meramente por el hecho de incluir la espiritualidad como un factor clave del wellness, sino por proponer bienestar propiamente espiritual, medible a través de metodologías y análisis.

Ellison y Paloutzian desarrollaron la Spiritual Well-Being Scale (SWBS) o la Escala de Bienestar Espiritual. Esta escala tiene el objetivo de hacer posible la medición de la dimensión espiritual del ser humano.[4] La SWBS tiene la forma de un examen psicométrico constituido por 20 preguntas, las cuales se subdividen en dos categorías: la Religion Well-Being (RWB) con 10 preguntas y la Existential Well-Being (EWB) con otras 10. La primera es vertical en tanto que se refiere a la relación con Dios (entendiendo este concepto en un sentido amplio), mientras que la segunda es horizontal tomando en cuenta la satisfacción personal, el sentido de vida y aspectos similares. Esta diferenciación entre escalas permite brindar datos de personas con distintas prácticas espirituales, algunas más relacionadas con la religiosidad tradicional, otras más enfocadas en la espiritualidad sin religión.

A continuación, presento íntegramente los 20 rubros presentados por la SWBS con la traducción al español del Westmont College:[5]

1. No encuentro mucha satisfacción al orar en privado con Dios.
2. No sé quién soy, de dónde vine o a dónde voy.
3. Creo que Dios me ama y creo que sí le importo.
4. Creo que la vida es una experiencia positiva.
5. Creo que Dios es impersonal y que no está interesado en mis situaciones diarias.
6. Siento que mi futuro es incierto.
7. Tengo una relación personal significativa con Dios.
8. Me siento pleno y satisfecho con la vida.
9. No obtengo fortaleza personal ni respaldo de mi Dios.
10. Tengo una sensación de bienestar con respecto a la dirección en la que va mi vida.
11. Creo que a Dios le preocupan mis problemas.
12. No disfruto casi nada de la vida.
13. No tengo una relación personal con Dios que me satisfaga.
14. Me siento bien con respecto a mi futuro.
15. Mi relación con Dios me ayuda a no sentirme solo.
16. Siento que la vida está llena de conflictos e infelicidad.
17. Me siento más pleno cuando estoy en comunión cercana con Dios.
18. La vida no tiene mucho significado.
19. Mi relación con Dios contribuye a mi sentido de bienestar.
20. Creo que hay un propósito verdadero para mi existencia.

Los numerales 1, 3, 5, 7, 9, 11, 13, 15, 17 y 19 se refieren al RWB, mientras que los 2, 4, 6, 8, 10, 12, 14, 16, 18 y 20 al EWB. Cada uno de los rubros tiene respuestas de opción múltiple, una escala que va de Completamente de acuerdo, Moderadamente de acuerdo, De acuerdo, En desacuerdo, Moderadamente en desacuerdo, Completamente en desacuerdo. Los puntajes son del 1 al 6 dependiendo del tipo de pregunta. Los números 3, 4, 7, 8, 10, 11, 14, 15, 17, 19 y 20 toman el “Completamente de acuerdo” con valor de 6 y de ahí para abajo, mientras que el 1, 2, 5, 6, 9, 12, 13, 16 y 18 al revés, es decir, “Completamente de acuerdo” vale 1 y “Completamente en desacuerdo” vale 6. Sumas los puntajes y, si tus resultados entran dentro del rango de 20 a 40 puntos, significa que tienes un bajo nivel de bienestar espiritual, de 41 a 99 un bienestar espiritual moderado y de 100 a 120 un bienestar espiritual alto. También se pueden sacar el RWB y el EWB por separado.

Los creadores de esta metodología son conscientes de algunas problemáticas internas, por ejemplo, el hecho de que casi todas las preguntas del RWB van dirigidas a personas con una fe a un Dios personal. Sin embargo, aclaran que por “Dios” hay que entender cualquier ser supremo o entidad espiritual que se conciba. Además, consideran que el EWB complementa al RWB, ya que contempla sobre todo a las personas que no son teístas. Así, alguien puede tener un RWB bajo por no ser religioso, lo que repercute en su puntaje general del SWBS. Sin embargo, si se considera únicamente el EWB, puede ser que la cosa cambie. Otro problema es el de la traducción, del cual también se muestran conscientes los impulsores de esta metodología. Proponen un esfuerzo de traducción no solamente literal sino “cross-cultural”, es decir, que tome en cuenta las diferencias culturales para adecuar cada uno de los rubros a lo que sería correspondiente en otras culturas.

Explorando la literatura respecto al SWBS, encontré algunos ejemplos de casos aplicados en distintos países y en distintas poblaciones, siendo otro de sus puntos interesantes la mayor actualidad de los estudios frente a los originales de los años 80. El primero de ellos es el de un caso checo del 2014, en el que se trató aplicar el SWBS a estudiantes de entre 13 y 15 años en ambientes secularizados.[6] Este estudio muestra unos matices interesantes respecto del test original, como la disminución de preguntas y la consideración del género, todo en función de arrojar más datos en el tipo de población específica que se estudiaba. Otro caso se dio en Brasil en el 2011, en esta ocasión entre enfermeros y profesionales de la salud.[7] El objetivo del estudio era mostrar el rol de la espiritualidad tanto en el cuidado de pacientes enfermos como del propio cuidado del personal de salud. Un último caso, en esta ocasión en México, propone analizar el bienestar espiritual, utilizando otras metodologías, pero en esta ocasión entre personas ancianas en relación a su fortaleza.[8]

El segundo estudio citado define el bienestar espiritual en los siguientes términos:

El bienestar espiritual puede ser entendido como un estado sentimental, comportamental y cognitivo positivo para las relaciones con uno mismo, con los otros y con una dimensión transcendente, dando al individuo una sensación de identidad, actitudes positivas, armonía interior, y objetivo en la vida. Estudios realizados en diversas poblaciones encontraron asociación positiva entre el bienestar espiritual y la salud mental.

La primera ocasión que leí sobre el SWBS creí que había dado con uno de los mayores ejemplos de lo que he llamado la medicalización de la espiritualidad (ver mi artículo sobre el tema). Después de haber profundizado un poco en esta metodología e incluso haber realizado el test yo mismo, no puedo más que confirmar mi primera sospecha.

Incluso se ha intentado normatizar para mejorar su ejecución y fortalecer su cientificidad.[9] No es difícil distinguir en este fenómeno las características analizadas en mis dos artículos anteriores: la automodernidad, la medicalización de la espiritualidad, la espiritualización de la salud, etc. La conquista que lleva a cabo la narrativa del bienestar dentro de la espiritualidad llega a un punto casi irreversible cuando se crean y aceptan metodologías como la SWBS.

Temo que llegue el día en que una alta puntuación en alguna de estas mediciones sea prerrequisito, como ahora lo son los psicométricos, para ser aceptado en un trabajo o incluso para formar parte de un grupo religioso, como las órdenes religiosas católicas que hacen exámenes psicológicos a sus prospectos para determinar si son aptos o no para ingresar en el proceso vocacional.

***

[1] Ben Zimmer, “Wellness”, en New York Times, https://www.nytimes.com/2010/04/18/magazine/18FOB-onlanguage-t.html

[2] Ellison CW. Spiritual well-being: Conceptualization and measurement. Journal of Psychology and Theology. 1983;11(4):330–340.

[3] Paloutzian RF, Ellison CW. Loneliness, spiritual well-being and the quality of life. In: Peplau LA, Perlman D, editors. Loneliness: A sourcebook of current theory, research and therapy. New York: Wiley; 1982. pp. 224–237.

[4] Rodger K. Bufford, Raymond F. Paloutzian and Craig W. Ellison, “Norms for the Spiritual Well-Being Scale”, in Journal of Psychology and Theology, Vol. 19, 1991, pp. 56-70.

[5] En la siguiente página se puede encontrar más información sobre la SWBS, el test en varios idiomas, así como el manual de instrucciones para ejecutarlo: https://www.westmont.edu/psychology/raymond-paloutzian-spiritual-wellbeing-scale

[6] Malinakova K, Kopcakova J, Kolarcik P, Geckova AM, Solcova IP, Husek V, Kracmarova LK, Dubovska E, Kalman M, Puzova Z, van Dijk JP, Tavel P. The Spiritual Well-Being Scale: Psychometric Evaluation of the Shortened Version in Czech Adolescents. J Relig Health. 2017 Apr;56(2):697-705. doi: 10.1007/s10943-016-0318-4. PMID: 27787695; PMCID: PMC5320003.

[7] Mesquita, Ana Cláudia, Costa Valcanti Avelino, Carolina, Neves Barreto, Maiara, Alves Nogueira, Denismar, Souza Terra, Fábio de, & Cássia Lopes Chaves, Érika de. (2014). El bienestar espiritual y la prestación del cuidado espiritual en un equipo de enfermería. Index de Enfermería, 23(4), 219-223. https://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962014000300006

[8] Whetsell, Martha V, Frederickson, Keville, Aguilera, Paulina, & Maya, Juan Luis. (2005). Niveles de bienestar espiritual y fortaleza relacionados con la salud en adultos mayores. Aquichan, 5(1), 72-85. Retrieved September 21, 2022, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-59972005000100008&lng=en&tlng=es.

[9] Ver Rodger K. Bufford, Raymond F. Paloutzian and Craig W. Ellison, “Norms for the Spiritual Well-Being Scale”, in Journal of Psychology and Theology, Vol. 19, 1991, pp. 56-70.

[Imagen de vined mind en Pixabay]

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Filósofo, profesor, mistagogo y escritor. Su campo de interés es la relación entre la mística y las luchas sociales. Colabora en distintos colectivos sociales, de diálogo interreligioso, espiritualidad y universidades. Es autor de los libros Encuentro, Religación y Diálogo. Reflexiones hacia un diálogo Inter-Re-ligioso (Samsara, 2020) e Impotente Ternura (PalabrasPalibros, 2021), Descubrirte en lo pequeño (Buena Prensa, 2021) y Convivencialidad y resistencia política desde abajo. La herencia de Iván Illich en México (CuLagos, 2021). Forma parte del Grupo de Religiones y Paz de Cristianisme i Justícia y del Centro de Estudios de Religión y Sociedad (CERyS) de la Universidad de Guadalajara, así como de la Academia de Trascendencia y Sociedad del ITESO.
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