El último día del año 2021 en Madagascar saltó a la prensa la detención de un todoterreno en el que transportaban 868 tortugas en peligro de extinción. El antiguo tabú que deploraba la caza furtiva en el sur de Madagascar ha perdido fuerza y el hipercapitalismo ha puesto en la carne y tráfico de tortugas su diana hasta que acabe totalmente con ellas.

Este caso de final de diciembre es un claro signo que confirma la Sexta Extinción causada por la hiperexplotación económica de un bien escaso, pero es signo también de cómo la pérdida de tradiciones deja nuestro mundo natural y humano expuesto a fuerzas destructoras indiscriminadas.

Tradifobia

La tradición ha estado iconográficamente relacionada con las tortugas por algunos atributos de estas últimas: su lentitud, la dureza defensiva de su caparazón, su estrategia de esconderse para protegerse y la avanzada vejez que alcanzan. En la noticia que comentamos, la muerte de una tradición está llevando a la extinción a una especie de tortuga.

Hubo un tiempo en el que inmediatamente se relacionaba la dimensión de la tradición con la resistencia al progreso humano. Tradición y progreso han sido presentadas como opuestas desde la Ilustración del siglo XVIII. Todavía en la actualidad existe una peligrosa tradifobia y una eléctrica neofilia. La tradifobia ejerce la suspicacia contra lo que haya sido transmitido por generaciones anteriores. La neofilia considera moralmente superior lo que sea nuevo. Sorprendentemente, todavía rige este dualismo tan simplista en el imaginario público, sobre todo en aquellos pueblos que transitan de la cultura agraria al hipercapitalismo sin estados intermedios. Cualquier apelación a algo como conservador o tradicional reunirá una desaprobación de gran parte de la población. Hay muchos casos en que no es así. Uno de ellos afecta a la tortuga estrella de Madagascar.

Camiones con miles de tortugas

En 2010 los ecobiólogos de la Wild Conservation Society (WCS, 2010) y la Turtle Survival Alliance (TSA) advirtieron en un informe sobre el estado de máxima alarma para la supervivencia de la tortuga radiada malgache o tortuga estrellada, una de las especies más hermosas del planeta y, por tanto, muy demandada en mercados de animales exóticos. Sus cálculos estimaban que la especie quedaría extinta en 2030.

En el siglo XX, esta tortuga era todavía abundante en los bosques espinosos del sur de Madagascar, pero desde inicios del siglo XXI su futuro parecía condenado debido a su masiva caza furtiva. Partidas de cazadores llenan camiones enteros llenos de miles de tortugas para ser vendidas en los mercados callejeros de ciudades como Beloha o Tsihombre. El resultado es que, con una rapidez trepidante, hay cada vez más zonas que han quedado esquilmadas, en los que es difícil encontrar alguna. Miles de personas tratan de lucrarse traficando con un centenar de tortugas en una maleta o recogiendo miles de ellas en furgones y camiones.

Se está produciendo con la tortuga radiada una extinción comercial masiva, similar a la que se ha producido contra especies como la paloma migratoria americana —el ave más abundante de Norteamérica fue cazada hasta su desaparición en el siglo XIX— o el dodo de Isla Mauricio en el siglo XVII. En pleno siglo XXI el ser humano sigue extinguiendo industrialmente especies impunemente por motivos de explotación capitalista.

Una vez que las tortugas han desaparecido de las zonas no protegidas, ahora la caza furtiva está extrayendo multitudinariamente tortugas de las reservas naturales. El personal de protección de las zonas protegidas es insuficiente, carece de la preparación para impedirlo y están amenazados.

Las 868 tortugas de Beloha

El caso en el que podemos ver reflejada como un espejo esférico toda esta realidad de la Sexta Extinción es la detención de unos traficantes que transportaban 868 tortugas radiadas. Sucedió el 30 de diciembre de 2021 en la localidad malgache de Beloha Androy, en el extremo sur de la isla. Las autoridades habían sido advertidas del delito gracias a la denuncia que un ciudadano hizo a la Alianza para la Supervivencia de las Tortugas (TSA). A la una y media de la noche un retén policial dio el alto a un todoterreno. Dos ocupantes fueron detenidos y uno logró escapar. Son ciudadanos locales que viven de dicha caza furtiva.

No es una excepción, sino que es conocido el intenso tráfico de tortugas que se realiza tanto en grandes cantidades en vehículos como a pequeña escala. Un par de meses antes de este suceso, el 20 de octubre, fue arrestado un hombre en la estación de autobuses de la localidad de Antananarivo, en el centro del país, que transportaba en su equipaje de mano 79 de estas tortugas estrelladas (Linfo, 2021).

La tradición que ya no puede proteger a las tortugas más

Los pueblos del sur de Madagascar habían logrado proteger el medio ambiente y sus especies gracias a un intenso tabú popular que sancionaba la caza furtiva, pero la transmisión intergeneracional se ha roto. La occidentalización de la población desprecia la cultura tradicional y ha impuesto valores capitalistas y consumistas que no ponen ningún límite a la destrucción absoluta del entorno natural y de una especie de tanto valor natural y cultural como la tortuga radiada.

El país se encuentra imbuido de una fiebre capitalista que quiere convertir la isla en una economía emergente al estilo de los tigres asiáticos, lo cual aparece incompatible con la conversación de los valores de la sostenibilidad ecológica. Esta codicia desaforada ha creado toda una destructonomía que erosiona la vida en todo el planeta y la estigmatización de la dimensión de la tradición la legitima y acelera cada vez más.

Referencias

  • Linfo (2021). Madagascar: saisie de 79 tortues protégées dans une gare routière de la capitale. Linfo, 23 de octubre de 2021.
  • Mandimbisoa, R. (2021). Trafic: 868 tortues saisies à Beloha. Tribune Madagascar, 31 de diciembre de 2021.
  • WCS Wildlife Conservation Society (2010). Madagascar’s radiated tortoise threatened with extinction. org, 5 de abril de 2010.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

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Doctor de Sociología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas -donde dirige el Instituto Universitario de la Familia- y Research Professor del Boston College. Fundó y fue primer presidente del Global Social Sciences Network de IFCU. Es presidente de la Fundación RAIS, patrono de la Fundación BoscoSocial y patrono de la Fundación FOESSA, de cuyos informes es uno de los coordinadores. Forma parte de CVX y es miembro de su Consejo Ejecutivo Mundial.
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