En una reciente entrevista (La Vanguardia, 16 de agosto de 2022) el profesor sueco de filosofía en Yale, Martin Hägglund, afirma que la parte vertical de la religión está en crisis; la horizontal en auge.

Esta afirmación merece un comentario, aunque esta constatación sociológica no sea novedad. La religiosidad vertical, está hoy cuestionada: Dios, instituciones religiosas, entre ellas la Iglesia (cruzadas, inquisición, guerras religiosas, clericalismo, poder y abusos sexuales, etc.). Los jerarcas representantes de lo sagrado, la salvación, el más allá de la muerte, dejan indiferentes e incluso provocan el rechazo de la generación actual, sobre todo a los jóvenes. La tradición religiosa vertical está en crisis, aumenta el escepticismo, el agnosticismo y la apostasía de muchos antes creyentes.

Muchos opinan todavía, con Marx, que la dimensión religiosa vertical está ligada a la pobreza e ignorancia de los pueblos primitivos y pobres, y desaparecerá cuando aumente su bienestar económico y su progreso científico.

En cambio, está en auge la dimensión horizontal de la religión en favor de la vida: derechos humanos, lucha por la justicia, la verdad, la libertad y la igualdad, crítica al armamentismo, defensa de la naturaleza, solidaridad con los marginados y descartados (niños, indígenas, mujeres, víctimas de la violencia sexual, ancianos, LGTBIQ, países pobres y hambrientos, víctimas de la guerra, etc.)

La pregunta es si esta dimensión horizontal agota las dimensiones más profundas del ser humano. Para algunos, el silencio, la música, la cultura, la patria, la ecología o incluso el deporte, se convierten en algo sagrado, un sucedáneo de la trascendencia  religiosa.

Sin embargo, todas las tradiciones religiosas han unido siempre la dimensión vertical con la horizontal, el amor a Dios con el amor al prójimo, el silencio ante el Misterio con la compasión. En el judaísmo, los profetas son grandes defensores de la justica. En el cristianismo, Jesús de Nazaret une lo vertical y lo horizontal, es Dios y hombre verdadero, ama al Padre y pasa la vida haciendo el bien y liberando a los oprimidos; el juicio final será sobre nuestro amor al hambriento, sediento, forastero, desnudo y prisionero. Los santos y santas han seguido el camino, el estilo de Jesús.

Como afirma Martin Hägglund, en el cristianismo se anticipa la unión de las dos dimensiones, horizontal y vertical. La dimensión nuclear es la de Dios hecho hombre. En formulación de Leonardo Boff sobre Jesús: “Así de humano, solo puede ser Dios”.

La Iglesia del Vaticano II y la teología cristiana actual subrayan la necesaria unión de lo vertical y lo horizontal: los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de nuestros contemporáneos, son gozos y tristezas de los discípulos de Cristo. Las encíclicas de Francisco Laudato si’ y Fratelli tutti son sociales, pero su fundamento último es la fe en un Dios creador y Padre de toda la humanidad.

La frase de San Ireneo, obispo de Lyon, “la gloria de Dios es que el hombre viva”, y su versión latinoamericana, “la gloria de Dios es que el pobre viva”, es válida. Pero Ireneo prosigue: “y la vida del hombre es la visión de Dios”, es decir, la plenitud de la vida humana implica la comunión con Dios. La Iglesia no es una ONG social, sino el Pueblo de Dios que, movido por el Espíritu de Jesús resucitado, camina conjuntamente hacia el Reino de vida plena.

En un mundo en el que la dimensión vertical de la religión está en crisis y la horizontal en auge (Martin Häggelund), integremos la dimensión vertical y la horizontal de nuestra vivencia religiosa y espiritual.

[Imagen de Holger Schué en Pixabay]

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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