El Perú, tierra denominada por el papa Francisco como “ensantada” por la grandeza de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Macías, Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano, también es tierra “ensangrentada” por la cantidad de asesinatos y martirios que ha presenciado, entre ellos el de los sacerdotes Miguelm Tomasket, Zbigniew Strzalkowski, Alessandro Dordi y la hermana María Agustina Rivas López (Aguchita).

  1. Contexto de la Selva Central Amazónica: lugar del asesinato de Aguchita

– Indígenas asháninka. En esta región representan el grupo originario amazónico demográficamente más numeroso del Perú. Su identidad se encuentra estrechamente relacionada con el territorio y la defensa del mismo. Es de suma importancia el vínculo con la naturaleza y los seres que la habitan, puesto que reconocen que todo lo que les rodea tiene vida. Así como la importancia de impulsar la revalorización de su cultura, principalmente para transmitir conocimientos y saberes tradicionales, como el idioma y el uso de plantas medicinales a las nuevas generaciones.

La presencia de los antepasados de los asháninka, data de aproximadamente más de 3000 años atrás. Su ubicación se concentraba en el curso medio del Río Amazonas, en una zona próxima a la actual ciudad de Manaos, en Brasil. Estas poblaciones desarrollaron formas de agricultura que permitieron su crecimiento poblacional, lo que a su vez generó presiones por el recurso de la tierra aluvial, lo que motivó diversos conflictos que les obligaron a migrar hacia el río Ucayali y siguiendo su vertiente llegar hasta la Selva Central.

Debido al hallazgo de hachas de bronce en parte del territorio ancestral, se conoce que mantuvieron relaciones de intercambio con poblaciones andinas desde épocas anteriores a los incas.

La invasión de los españoles en la selva se dio de manera tardía pues sus principales acciones estaban orientadas a hacia la riqueza del inca.

En la actualidad estos pueblos crearon su propia asociación para vender el cacao. Cansados del bajo precio del producto establecido por las grandes empresas, tomaron el control de su producción y venta. En esta remota zona, donde la agricultura intensiva realizada por peruanos de otras provincias ha causado estragos, los asháninka están tratando de recuperar su antigua selva.

– Sendero Luminoso (S.L.) desde 1980 a la actualidad: éste grupo guerrillero maoísta surgió en los años 80 en la zona andina de Perú y proclamó su objetivo de derrocar al Estado para instaurar un nuevo régimen. Con su alto grado de violencia causó terror en Perú durante su apogeo en las décadas de 1980 y 1990.

También en la década de 1980 nació el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que junto a Sendero Luminoso comenzaron su accionar en la Selva Central. Ellos llegaron al territorio en búsqueda de nuevos espacios donde extender la lucha armada. Las tácticas que ejercieron con los asháninka siguieron el mismo patrón que se aplicaba en la zona andina. Principalmente en el caso de Sendero Luminoso, procedían a la captación de profesores, promotores de salud; iniciaban su accionar en las localidades urbanas y, poco a poco iban penetrando los espacios rurales; ejecutaban a líderes o a cualquier persona que resistiera a los mensajes y acciones senderistas. Las localidades eran comúnmente saqueadas, los habitantes violentados al punto de llegar a incendiar centros poblados enteros, lo que forzó el repliegue de muchos indígenas al monte. Otros grupos indígenas se colocaron armados con escopetas, arcos y flechas en puestos de control de tránsito en las vías principales que comunicaban las ciudades de la zona, con la finalidad de lograr la expulsión del MRTA y de S.L. que ocupaban su territorio. La primera derrota estratégica de S.L. no se produjo con la captura de su jefe A. Guzmán, sino con la masificación de las rondas campesinas, que lo empantanó, lo aisló y arrinconó, contribuyendo a dejar expuesta su dirección nacional en la ciudad y facilitando la captura de su líder. El campesinado logró encontrar su camino en el laberinto de una guerra ajena, mezclando astucia y paciencia, audacia y prudencia, adaptándose, resistiendo o huyendo cuando no había alternativa, hasta optar pragmáticamente por una alianza con las FFAA. Tras su derrota militar en los años ’90, la mayoría de los jefes de la guerrilla están encarcelados y su líder histórico, Abimael Guzmán, pasó 29 años en prisión. Murió a los 86 años en la cárcel, el 11 de septiembre de 2021.

Hoy, unos 200 combatientes siguen activos en el VRAEM (Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, al sureste de Lima), dispersos en esta región montañosa y de difícil acceso que es también la mayor región de producción de hoja de coca del país. S. L. volvió a ser noticia en Perú a pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por la masacre de 16 personas el 23 de mayo de 2021 entre las que se incluyen dos niños. Los restos fueron hallados calcinados e irreconocibles, de acuerdo al comunicado del Comando Conjunto de las Fuerzas Militares de Perú. Las autoridades investigan en profundidad los motivos del ataque, incluidas las razones por las que se centró en un grupo de población civil.

– Sendero Luminoso y el narcotráfico: El narcotráfico es una de las razones por las que S.L. está en el VRAEM. Ellos controlan una parte de esta zona y de la droga. De acuerdo a un informe de Estado de EE.UU, S.L. «ayuda a financiar sus actividades terroristas a través de su participación en el tráfico de drogas». El grupo recauda “impuestos revolucionarios” de los involucrados en éste negocio a la vez que por un precio brinda seguridad y también transporta narcóticos. Las comunidades asháninkas se ven desprotegidas frente al crecimiento de la producción de cocaína y el fortalecimiento de Sendero Luminoso. Los indígenas denuncian que cada vez ven más cultivos de coca y gente transportando droga. Por eso demandan una pronta titulación de sus territorios para protegerse de los invasores.

  1. Martirio de Aguchita y Sendero Luminoso

Sendero Luminoso trató de extirpar la presencia de la vida consagrada y del clero en cada rincón de Perú. A partir de 1989 comenzaron un ataque frontal para «batir el campo», como lo denominaban para lo cual buscaban someter u obligar a irse a cualquier poder, organización o institución que ellos no controlaran. La Iglesia llegaba donde no llegaba siquiera el Estado, los religiosos y religiosas eran líderes que trabajaban para buscar caminos de entendimiento pacífico. Ese era el rol de «Aguchita» en La Florida.

La hermana María Agustina –nombre que adquirió como religiosa- (alias Aguchita) pertenecía a la Congregación Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Nació con el nombre de Antonia Luzmila, el 13 de junio de 1920 al sur de Ayacucho, en la ciudad de Coracora. A los 14 años se trasladó a Lima para estudiar en el Colegio Sevilla, dirigido por las Hermanas de su Congregación, dónde ingresó a los 21 años.

En 1987, fue enviada a la localidad de La Florida, Distrito del Perené, Provincia de Chanchamayo, Junín, en la Selva Central de Perú. Sus tareas eran muy diversas: alfabetizaba a mujeres y las ayudaban a aprender a tejer, hacer pan, dulces, cuidar las plantas y animales, organizaba clubes para las adolescentes y jóvenes, acompañaba la catequesis familiar en las comunidades rurales. Eran tiempos de gran violencia: con frecuencia, miembros del grupo terrorista ingresaban a los pueblos y realizaban “juicios populares”, en los que decidían qué habitantes debían ser asesinados, sin defensa posible, acusados de organizar y ayudar a las mujeres de la localidad, de manipular a los niños con la educación, de criticar la violencia, socorrer a los pobres y tener diálogos con las comunidades indígenas. A pesar de esta situación, las hermanas optaron por quedarse y acompañar a la población aún a costa del riesgo de perder la vida dándola.

El 27 de septiembre de 1990, un grupo de S.L. ingresó a La Florida y organizó una de esas jornadas de asesinatos, la lista de la agrupación tenía entre sus nombres el de la hermana Luisa. Al no encontrarla, le dijeron a Aguchita que ella tomaría su lugar. La acusaron de hablar con los asháninkas, que los rechazaban, y de ayudar a los más necesitados de la localidad. Llevada a la plaza del centro del pueblo junto con otras ocho personas, con cinco balazos, una joven integrante de S.L., de sólo 17 años, la mató.

Aguchita se convirtió en la primera religiosa asesinada por Sendero Luminoso. Significó un hito en la triste historia de violencia en América Latina porque era la primera vez en Perú que un grupo armado mataba deliberadamente a una religiosa comprometida con la defensa de los pueblos asháninka, con la mujer indígena y con los jóvenes. Dentro del grupo de religiosas de su congregación era una mujer más, “una de tantas”, de no haber sido por su martirio, habría pasado desapercibida. Siempre soñó con ser misionera en la selva y Dios se lo concedió (afirman sus hermanas).

El 22 de mayo de 2021, el papa Francisco reconoció su martirio y autorizó la promulgación del decreto de beatificación. El 7 de mayo de 2022 se realizó el rito de beatificación, en la Plaza del pueblo donde fue asesinada presidida por el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

En esta Eucaristía el Cardenal Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de Caracas, Don Baltazar Porras afirmó:

“El martirio de Aguchita es un fruto maduro de la Iglesia peruana. Hija de nuestra Iglesia, campesina de la sierra, del Perú profundo, emigrante a la caótica Lima, religiosa formada en el Perú, promotora de la juventud y la mujer peruana, mártir de la violencia. La hermana Agustina es nuestra, de todos los peruanos, el fruto maduro de una Iglesia que lucha por crecer y madurar, por hacerse adulta, por aceptar y enriquecerse de toda la variedad de culturas que hay en el Perú. Una peruana, del Perú quechua, una mujer amante de toda la naturaleza, y de los más desfavorecidos: los indígenas, las mujeres y los niños/as. Hermana del cuidado de la casa común y de la fraternidad universal”.

También pidió orar para que “la guerrilla y la guerra desaparezcan para siempre del mundo entero y que en esta bendita tierra de la selva amazónica seamos capaces de sanar el dolor y el desprecio, asegurando, construyendo lentamente la globalización de la solidaridad sin dejar a nadie al margen”.

  1. La vida por la Amazonía. Religiosas, religiosos y sacerdotes: mártires amazónicos

Hombres y mujeres dejaron la vida por defender el “pulmón del mundo” de la deforestación y a los pueblos que lo habitan. En la selva amazónica se desencadena una profunda crisis por una prolongada intervención humana donde, predomina la “cultura del descarte” (Laudato si’ 16) y la mentalidad extractivista. La Amazonía es una región de vital importancia para el planeta, con una rica biodiversidad; es multiétnica, pluricultural y tiene una gran diversidad religiosa: un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados y de la Iglesia. Esta amplia región, con sus inmensas riquezas, es un lugar de vida y al mismo tiempo de muerte. Cientos de personas han muerto a manos de pistoleros dirigidos por poderosos que con excavadoras derriban indiscriminadamente miles de árboles, y con incendios provocados deforestan grandes extensiones de selva.

Entre sus víctimas se encuentran mártires cristianos y cristianas que han dado su vida en defensa de la floresta. Entre ellos citamos a Diana Isabel Hernández Juárez, agente de pastoral; Padre capuchino Miguel Junyent Rafat; capuchino Alfredo Ernesto Vracko Neunschwander; Padre Alcides Jiménez; jesuita Vicente Cañas – Kiwxi; misionera agustina Cleusa Carolina Rody Coelho; Padre Ezequiel Ramin; Obispo Alejandro Labaka, Religiosa Dorothy Stang.

La Iglesia, a través del papa Francisco y de sus mártires, nos hace oír el grito de la Tierra y de sus habitantes, siendo la Amazonía una región preferentemente amada y preocupante para el papa y para la Iglesia, por su falta de paz en ella como en el mundo.

[Imagen extraída de Vatican News]

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Doctora en Teología y religiosa de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora. Además de publicar diversos libros y artículos, ha trabajado en villas de emergencia realizando trabajo pastoral y de promoción humana con los más desfavorecidos. Ha sido directiva y docente de diversos niveles educativos -incluida la docencia universitaria- y ha ejercido cargos de gobierno y formadora en su congregación.
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