Muy recientemente la Federación rusa ha cancelado unilateralmente su contrato de suministro de gas con Finlandia. Como se recordará, con anterioridad había adoptado la misma medida con Polonia y Bulgaria. En los tres casos la razón ha sido el incumplimiento por parte de los referidos países del ultimátum lanzado por el mandatario ruso, según el cual los países «hostiles» -los que han aplicado múltiples sanciones a su economía- debían ejecutar el reembolso de sus compras de gas ruso, precisamente en rublos y no en euros u otra moneda convertible. 

Paralelamente, Bruselas ha dictado una norma en la que exhorta vivamente a la unidad política de acción, a una respuesta sin fisuras y no ceder al fraude contractual planteado por el Kremlin. Con un éxito solo relativo ya que, según fuentes cercanas a Gazprom -el suministrador ruso-, cuatro compradores europeos de gas se han descolgado de la consigna comunitaria -entre ellos Italia- y han pagado en rublos. 

No resulta fácil a primera vista entender la lógica del requerimiento de Putin, ya que cualquier país en vías de desarrollo -y Rusia lo es en buena medida- acepta con alborozo divisas extranjeras, hasta el punto de que en su seno se desarrollan mercados negros paralelos que priman el valor oficial de canje de la moneda con un suplemento en muchos casos de carácter enjundioso. Añadidamente, uno no acierta a ver la contradicción entre el pago en divisas convertibles y el pago en rublos, ya que la divisa convertible, una vez en poder del exportador ruso puede convertirse sin dilación en rublos, mediante una transacción en los mercados de divisas internacionales. 

Pero he aquí que, contra toda lógica, Gazprombank, uno de los bancos rusos eximido de las sanciones de occidente, conmina a los compradores de gas ruso a que abran en sus libros una cuenta en rublos, que una vez acreditada con el reembolso de las remesas de gas, será abonada a Gazprom, el suministrador monopólico ruso. Debe quedar alto y claro: sin rublos no hay gas. 

¿Estamos ante una cuestión de principio, venganza, contraataque, defensa de la patria, intimidación o influencia, o se esconde en la medida alguna razón de mucho mayor peso? La respuesta es categórica: la medida de Putin es lógica a todas luces para evitar vender el gas gratis, esto es para evitar que se produzca el embargo automático de las cantidades abonadas por occidente en contrapartida por su suministro. Paralelamente, la medida conduce a un fortalecimiento del rublo, debido a una nueva y vigorosa demanda.

Para entender lo dicho es necesario un recordatorio o aclaración de cómo se saldan los pagos internacionales. Antes de la expulsión de la mayoría de bancos rusos del sistema ‘swift’ o de compensación bancaria internacional, los pagos se realizaban en divisas por neteo en dicha red de compensación, cuyo saldo final el propio estado ruso o su participada Gazprom almacenaba en sus reservas exteriores en divisas. Pero con la exclusión del mecanismo Swift los pagos pasaron a realizarse de cuenta a cuenta, de tal modo que un pago en dólares a Gazprom debía realizarse por el banco del comprador acreditando una cuenta en dólares de Gazprom -o su banco Gazprombank- en Estados Unidos. Como quiera que occidente decretó la sanción a Rusia del embargo de todas sus reservas exteriores, esto es la incautación de todos los saldos de titulares públicos rusos en cuentas en dólares, euros, libras, francos suizos y otras divisas, el inquilino del Kremlin no tenía otra alternativa para sortear el embargo que la de obligar a que los pagos fueran precisamente en rublos. 

Mediante esta cautela son los bancos de los compradores de gas los que compran rublos en los mercados libres contra su propia divisa y sitúan los rublos en el único sitio en que pueden estar, en territorio ruso, en los libros de un Banco ruso, Gazprombank, en la cuenta cuyo titular es Gazprom. Mediante este sistema no hay posibilidad de proceder a la requisa de los cobros de gas estimados en 350 millones de euros al día, solo con procedencia de la Unión europea. Los rublos no pueden ser embargados.

La conclusión es que Putin carecía de alternativa tras el embargo de sus cuentas en divisas.

[Imagen de Evgeny GoTown.ru en Pixabay]

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Doctor en Ciencias Económicas. Profesor de Economia de la Universidad de Deusto. Miembro del Consejo de Gobierno de la misma Universidad. Autor de numerosos artículos y libros sobre temas económicos preferentemente relacionados con la promoción del desarrollo. Conferenciante, columnista y bloguero. Defensor del libre mercado, a pesar de sus carencias e imperfecciones.
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