En un mundo donde existe una pandemia global, las continuas guerras en Yemen, Etiopía, Myanmar, Siria, Afganistán, Congo, Mozambique, Mali, Nigeria, Somalia, el interminable conflicto armado entre Palestina e Israel, la actual guerra entre Rusia y Ucrania, la guerra contra el narco tráfico en México, la falta de paz en Colombia desde 1962, la violencia doméstica y de género, el maltrato los abusos de poder, de conciencia, sexuales, los femicidios, la trata de personas, el hambre, los refugiados, los inmigrantes, los empujados al exilio, la desigualdad y el mayor empobrecimiento de la población mundial. La realidad que nos reclama a no ser indiferentes y, paradójicamente, ser portadores y portadoras de esperanza.

En noviembre de 2020 Pau Farrás tituló el Cuaderno CJ número 220 así: ¿Por qué Haití? Y puede parecer al lector, a la lectora, repetir una realidad conocida. Desde octubre de 2016, en mi investigación continua-discontinua sobre las monjas y cristianas mártires, durante los siglos XX y XXI, en América Latina y El Caribe, tengo pendiente este escrito sobre Isabel Solà y Haití -por diversas razones otros trabajos pasaron por delante- y lo digo con pena, pues Isabel, la Vida Consagrada y los pobres de la tierra como los haitianos se merecen estar en este sitio[1].

Contexto: una realidad que no podemos olvidar

Hace más de 200 años una población de esclavos africanos y analfabetos logró echar a los colonizadores franceses y establecer una nación haitiana (una lucha que duró desde 1791 a 1804) Desde entonces las potencias extranjeras aliadas a una pequeña élite local no han cesado de buscar controlar el país. Sin embargo, estas acciones siempre encontraron resistencia: primero con  la Revolución Haitiana a fines del siglo XVIII; en 1915 los soldados estadounidenses llegaron para ocupar el país y se encontraron con una milicia campesina (los Cacus); luego un golpe de Estado en 2004, apoyado por EE.UU, Francia y Canadá, que depuso y exilió al presidente Arístides -ex sacerdote salesiano- elegido por una aplastante mayoría de votos (67%) y la participación del 70% de su población; ante el despliegue de los Cascos Azules, grupos civiles armados condujeron una guerrilla urbana en la capital para luchar contra el invasor. Estados Unidos, la ONU y la Unión Europea perdieron toda credibilidad ante los ojos haitianos y centenares de organizaciones campesinas, barriales y el sector privado se unieron para enfrentar el poder de los actores internacionales y rechazar la perpetuación del “Estado asistido”.

La batalla en Haití no ha terminado. El 7 de julio de 2021 el Presidente de la República, Jovenel Moïse, fue asesinado por un comando de mercenarios[2]. Tras su muerte, el ex primer ministro interino, Claude Joseph, solicitó el regreso de Estados Unidos, mientras el Washington Post subrayaba en su editorial la urgencia de desplegar en Haití una fuerza de mantenimiento de la paz de Naciones unidas con el objetivo de “evitar una situación de caos que podría tener consecuencias terribles” (7 de julio de 2021). Haití es un “Estado fallido”, por ser un “Estado asistido” moldeado por intervenciones extranjeras que a través de “las ayudas”, que ocultan un colonialismo rapiñador, perpetúan su ocupación. Afirma Pau Farràs:

“Un pasado colonial como herencia y una guerra como herida; una deuda con Francia como lastre (25.700 millones de euros castigo francés en sus 150 primeros años de independencia, lo que supone el 350% de la riqueza del país, su PBI es de 7.600 millones) y la ocupación estadounidense de castigo (con el envío de 7.500 soldados de la ONU para mantener el orden a partir del 2004)”[3].

Corrupción, desigualdad y violencia marcaron los dos últimos siglos, a los que se suman fraudes, desvío de los fondos de ayuda solidaria tras la mayor catástrofe producida por el  terremoto del 2010, analfabetismo, epidemias como VIH, la pandemia de Covid, malas infraestructuras, ya no para comunicar a sus pueblos, sino para procurar agua potable, persistencia de las bandas armadas e intentos de asesinatos…

El primer ministro de Haití Ariel Henry sale ileso de un ataque de un grupo armado (03/01/2022)[4]

Al menos una persona murió y varias resultaron heridas en la ciudad haitiana de Gonaives durante el ataque de una banda armada contra el primer ministro, Ariel Henry, y su comitiva que salían de una iglesia tras el oficio de una misa en conmemoración del 218º aniversario de la independencia. En el interior de la parroquia Saint Charles de Borome no había fieles, solo autoridades locales y la delegación del gobierno. Haití atraviesa una grave crisis en prácticamente todos los órdenes, siendo uno de los más difíciles de superar la operación de bandas fuertemente armadas que controlan parte de Puerto Príncipe y otras zonas del país[5]. “Lo que nuestros amigos haitianos realmente quieren y necesitan es la oportunidad de trazar su propio rumbo, sin titiriteros internacionales ni candidatos favorecidos, pero con un apoyo genuino a ese rumbo”, apuntó Daniel Foote (enviado especial de EE.UU. para Haití), quien también se refirió al apoyo de las embajadas de EE.UU. y otros países al primer ministro Ariel Henry, “promocionando su acuerdo político por encima de otro acuerdo anterior, más amplio y propuesto por la sociedad civil”. “La arrogancia que nos hace creer que debemos elegir al ganador, una vez más, es impresionante. Este ciclo de intervenciones políticas internacionales en Haití ha producido sistemáticamente resultados catastróficos”[6].

«Un atentado a la vida, a la justicia y a la paz” (septiembre 2020) [7] La Conferencia Episcopal de Haití hizo pública una declaración en la que estigmatizan la “inseguridad endémica, la violencia de las bandas armadas que afligen al país, sembrando muerte, duelo, aflicción, desolación y miedo en las familias”. “Estas situaciones -advierten los prelados- llevan a Haití directo al abismo”.

“… La población que ahora vive en estado de shock, con trauma, rabia, indignación, revuelta y preocupación”; “los asesinatos son un ataque extremo y grave a la vida, que así se banaliza, pero también un ataque a la justicia, al derecho, a la paz, a la convivencia social, a la convivencia para la construcción de una sociedad justa, fraterna, armoniosa y pacífica” .

Ante las autoridades preguntan: “¿Por qué las autoridades y la policía permanecen indiferentes, con los brazos cruzados, sin hacer nada? ¿Por qué se ha entregado el país a bandidos y asesinos? Ya no podemos seguir adelante”, advierten.

Y destacan que “la población pacífica y civil está cansada. La gente se cansó de la retórica vacía, las falsas promesas y las indagaciones infructuosas. Hay que actuar de inmediato con acciones concretas y contundentes para erradicar definitivamente la inseguridad y la impunidad que aumentan la miseria y la desesperación. Decimos junto a la población: ¡Cuándo es demasiado es demasiado!”. Piden una “acción inmediata”, temiendo que, si no se retoman con prontitud, “será demasiado tarde”. “El país se hunde en la oscuridad del estancamiento económico, el sufrimiento y la desesperación. Es absolutamente necesario que haya una acción nacional, por parte de todas las fuerzas morales y espirituales del país, de lo contrario se hundirá en el abismo para siempre. Y todos seremos perdedores, gobernantes y gobernados”, concluye el texto de los obispos.

Según un informe de la Comisión de Justicia y Paz de los Obispos de Haití, entre enero y junio del año 2020, unas 243 personas fueron víctimas de la violencia armada solo en la capital de Haití. A fines de junio y principios de julio, dos manifestaciones pacíficas organizadas en Puerto Príncipe para denunciar este clima de inseguridad fueron objeto de represión policial. Parte de los últimos episodios de violencia se deben a los enfrentamientos entre bandas armadas en la zona de la capital Bel Air, que obligaron a sus habitantes a huir de sus hogares para refugiarse en los Campos de Marte, la plaza principal de Haití. El último fin de semana de septiembre las bandas prendieron fuego a varias casas y las víctimas perdieron la vida en el fuego cruzado. Según los medios, al menos 20 personas murieron en lo que sería una nueva masacre en un barrio desfavorecido de Puerto Príncipe.

Nuevos terremotos (14 de agosto 2021 y 24 de enero 2022) y tormenta tropical (16 de agosto 2021)

Por el asesinato del presidente, el terremoto, el huracán: Haití suma titulares, país pobre, en el que llueve sobre mojado. En el verano de 2021, como hace 11 años, ha vuelto a temblar la tierra sacudiendo el sur del país. Dos días después, llegó la tormenta tropical Grace dificultando las operaciones de rescate. Se estima que hay unos 2.000 fallecidos, 10.000 heridos y más de 100.000 casas destruidas. Los ríos están secos y falta agua, y cuando ésta llega, cae en forma de fuerte precipitación que, en ausencia de árboles, debido a la tala abusiva, desciende en forma de cataratas, devastando el campo e inundando las casas. El analfabetismo es del 80% y la esperanza de vida apenas supera los 60 años. Las ciudades están dominadas por las bandas criminales. La vida cotiza poco[8]. Ya el 4 de noviembre de 2019 nos compartían las hermanas de la Orden de la Compañía de María (Lestonnac): “El descontento comenzó a manifestarse en el momento en que la población conoció el asunto de Petrocaribe[9], hace más de un año. (…) la inflación galopante, la corrupción generalizada, la escasez de gasolina hicieron crecer la exasperación de una población de la que la mayor parte vive por debajo del umbral de la pobreza”.[10]

El 24 de enero de 2022 se registró un nuevo terremoto en Haití de magnitud 5,3 en la escala de Richter con sus subsiguientes réplicas y seis días después otro sismo de magnitud 4,3. Sucedió a 130 Km de Puerto Príncipe el primero y a 20 Km al sur el segundo. Al menos dos personas murieron. El geólogo integrante de la Academia de Ciencias de Santo Domingo, Osiris de León, sugiere la existencia de una rotura sísmica en el área central de la península sur de Haití[11].

La Comisión Pontificia de ayuda a las iglesias necesitadas (AIN), el 18 de agosto de 2021, aprobó una ayuda de emergencia de 500.000 euros para la población haitiana damnificada y afirmó:

«En medio de la ola de violencia y secuestros que está arrasando el país, sumándose a las noticias que nos llegan sobre la falta de lluvia y agua que ha sumergido a la población rural en la pobreza; después de todo esto, el terremoto del sábado anega a miles de familias a una situación terrible como ninguna otra. El escenario es insostenible. La población está en shock”[12].

Sismo migratorio. Éxodo silencioso. Respuestas

Durante el año 2021 más de 10.000 haitianos forzados al exilio por la extrema pobreza, llegaron a la frontera sur de EE.UU., con la esperanza de solicitar un pedido de asilo, al cabo de una semana de ser reprimidos por las fuerzas policiales con imágenes de latigazos al igual que en el tiempo de la esclavitud, la administración de J. Biden reenvió a su país a más de 4.000 personas[13].

En marzo de 2022 la República Dominicana comenzó a edificar un muro en la frontera con Haití. La pared tendrá 160 Km, una extensión que recorre casi la mitad de la frontera entre ambos países. El gobierno dominicano afirma: “Queremos poner fin a los graves problemas de la inmigración ilegal, narcotráfico y tránsito de vehículos robados”. El muro despierta resentimiento, xenofobia y racismo. Según Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, ésta «no puede hacerse cargo de la crisis política y económica, ni resolver el resto de los problemas» de Haití. El mandatario reiteró que esta crisis «debe ser superada por los mismos haitianos y atendida por la comunidad internacional», en particular Estados Unidos, Francia y Canadá, con apoyo de la Unión Europea y la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por su parte, el alcalde de Dajabón, Santiago Riverón, expresó que está en desacuerdo «con este tipo de muro» porque «el verdadero muro es el económico» y la corrupción. «Se va a hacer un muro físico. Ahora tenemos que trabajar con el muro en la mente de los militares, que son los que se aprovechan en la frontera y reciben un soborno de 100 o 200 pesos (dos o cuatro dólares) para dejar cruzar a los haitianos ilegales a territorio dominicano”[14].

En los últimos años se ha producido un fuerte movimiento migratorio de haitianos a Chile. A esto se le atribuye la presencia de tropas chilenas en la misión de estabilización luego de la Crisis de Haití de 2004 y luego como parte de los cascos azules en la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití, lo que provocó un acercamiento entre la población haitiana con la población militar chilena. Viven preferentemente en el Gran Santiago, en comunas como Renca, Quilicura, Recoleta, Independencia y Estación Central. ​ A Quilicura le ha valido el apodo de «la petit Haití». ​Es una de las migraciones que más ha crecido en Chile en los últimos años, con un 731%. Junto a las comunidades colombiana y dominicana son las llamadas «comunidades emergentes», dado su gran crecimiento por la búsqueda de mejores condiciones de vida. Sólo en el año 2017 llegaron 105.000 haitianos. Ante esta realidad migratoria, las autoridades consideran que la llegada masiva de haitianos «ha derivado en situaciones de vulneración de derechos a los mismos migrantes, problemáticas de convivencia local, así como delicadas situaciones de trata de personas y tráfico ilícito de migrantes». La socióloga María Emilia Tijoux, académica de la Universidad de Chile, asegura que “la sociedad chilena en general evalúa negativamente a las personas migrantes” y “la comunidad haitiana ha sido especialmente castigada y sometida a maltratos y abusos de todo tipo”. Los que se quedan, dice, “saben que deben resistir a un modo de ser nacional y racista”, afirma. Entre los factores que han obstaculizado la inclusión de los haitianos en la sociedad chilena, Figueroa, el investigador del Servicio Jesuita, apunta a la discriminación, a las dificultades para conseguir un trabajo digno ­—consiguen empleos que suelen ser precarios en comparación con otras nacionalidades— y a los problemas para regularizar sus papeles, porque el Gobierno pide un documento de antecedentes penales que resulta especialmente complejo de conseguir para los haitianos[15].

Esta realidad que acrecienta sus dificultades fue vivida por la mártir Isabel Solà i Mata, religiosa de Jesús María, asesinada el 2 de septiembre de 2016. Mucho se ha escrito sobre Isabel, sólo resaltaré algunas cuestiones. Para conocer de manera completa su vida y su misión consultar a la escritora Mey Zamora, que recupera su biografía en el libro Lo que no da se pierde[16].

En uno de sus escritos Isabel Solá explicaba que le había resultado injusto ser de las personas que habían sobrevivido al terremoto:

“Estoy viva, sí; de milagro. No sé por qué estoy viva, y me da rabia estar siempre entre los que tienen suerte. No sé qué quiere Dios de mí y de todo esto”.

“He trabajado en el Hospital cinco días interminables… Todos, todos, todos, con piernas y brazos amputados, cabezas abiertas, desangrados… Hemos perdido a muchos sin poder hacer nada. Mi lucha estaba entre llorar o seguir aguantando para soportar el dolor de tanta gente… Nos llegaban a treintenas en camillas. Indescriptible”.

Con sencillez y humildad consideraba:

“Pensareis cómo puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria, entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera. Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. (…) Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios”.

In memoriam

El Obispo auxiliar de Barcelona, Sebastiá Taltavull, presidió el funeral por Isabel en la capilla del colegio de Jesús María en el barrio de San Gervasio y entre otras palabras expresó:

«Con la muerte de Isa, tan fiel al Señor en su vida religiosa y, por ello, tan entregada a la causa de los pobres, vivimos el reconocimiento de una mujer mártir que empieza a dar frutos en aquellas personas que valoran el paso del buen samaritano en su vida. Así me gusta contemplar a Isa en su vida consagrada, en su forma de amar, de detenerse ante el enfermo, de ayudar al necesitado, de ofrecer cultura al analfabeto, de ayudar la mujer a recuperar su dignidad… Cuántas prótesis materiales y espirituales no habrá colocado Isa a los afectados por la violencia y la enfermedad[17].

“Las manos y el corazón de Haití” (Barcelona, Misa en Jesús María, 02 septiembre 2021)

Expresa Marcos Recolons sj:

“Hoy cinco años después del terremoto en el que Isabel va a perder compañeros y amigos, la misionera será enterrada en la capital haitiana envuelta por todas las personas que la han estimado. Después del seísmo del 2010, mucha gente va a quedar mutilada, e Isa va a decidir hacer un taller de prótesis para la población local. Ahora centenares de personas tienen brazos y piernas artificiales gracias a ella. Su muerte ha sido la cosa más absurda

Una luchadora malograda por la violencia. Lamentablemente no es un hecho. Hay bandas organizadas que, ignoramos si alertadas por algún infiltrado en los bancos, avisan a sus miembros que alguien ha retirado dinero. Si no pueden robarles por las buenas no dudan en recurrir al asesinato. Los brotes de violencia en la zona son habituales y las religiosas alojadas en casas más o menos aisladas, son a menudo un blanco fácil. Entre septiembre de 2014 y abril de 2015, va a haber una banda formada por 13 jóvenes que van a llegar a asaltar 27 casas religiosas. Algunas monjas van a ser violadas. Va a ser terrible”, rememora el jesuita. Estos episodios van a hacer tambalear a la sociedad haitiana y poco después va a haber una manifestación encabezada por el Cardenal de Haití y algunos de los miembros de la banda van a ser detenidos.

Pero ni la violencia, ni el hambre, ni la pobreza extrema asustaban a Isabel. El barrio donde trabajaba, Bel Air, es considerado uno de los más peligrosos de Puerto Príncipe. Nada que ver con su lugar de nacimiento hace 51 años: el privilegiado barrio de San Gervasio, en la zona alta de Barcelona. Enfermera de formación va a preferir dedicar 26 años de su vida a los últimos en Guinea Ecuatorial y en Haití. La Isa tenía una empatía extraordinaria, visión, creatividad y un gran liderazgo. Su sensibilidad hacia los más pobres era extraordinaria, vivía completamente inmersa en su tarea solidaria”, explica Recolons. Isabel también dominaba perfectamente la lengua de la zona, el criollo haitiano, y su deseo desde hacía un tiempo era construir una escuela. Ya había conseguido el terreno y los que la estimaban se encargaban que su sueño viese la luz. Serán los mismos que hoy la acompañarán con la idea que, sin duda, tiene el cielo ganado”[18]

La violencia establecida hizo que perdiera la vida de manera injusta y dramática. Hacer el bien está muy bien pero, criticar a los gobiernos, suele ser perjudicial. En los países del Tercer Mundo, ni siquiera hace falta disimular con «enfermedades repentinas» o «accidentes» cuando quieres eliminar a alguien. Isabel denunció repetidamente al Gobierno de Haití por la falta total de ayuda y por la grave deforestación del país y la sobreexplotación de los bosques, la falta de inversión en educación y salud[19].

Sabemos que Isabel fue asaltada, que le arrebataron el bolso y la asesinaron con dos tiros en la cabeza. Puede ser que no se aclare el motivo exacto de su asesinato, ni se esclarezcan sus autores materiales e intelectuales, pero hemos de preguntarnos: ¿fueron miembros de bandas delincuentes con el único móvil de robar?, ¿era necesario matarla?, ¿fue asesinada por móviles políticos, por sus denuncias y su accionar? En un país corrupto, impune y violento todo es posible menos la verdad, la justicia, la igualdad y la paz.

***

[1] Marcos Recolons sj, publicó en el Blog de C i J “En la muerte de Isa”, 06 de septiembre 2016

[2] En el mes de enero 2022 fueron detenidos acusados de asesinato del presidente haitiano: el exsenador de Haití Joel Joseph “según notificación de INTERPOL por asesinato y complicidad de asesinato”; el ex militar colombiano Mario Palacios por formar parte del grupo de unos 20 hombres que mataron a Jovenel Moïse; el haitiano chileno Rodolpher Jaar por proporcionar armas y municiones a los colombianos y ayudarlos a esconderse en embajadas de otros países. Por la investigación de este asesinato y sus móviles se encuentran más de 40 detenidos de nacionalidades colombianas, estadounidenses y un chileno estos últimos de origen haitiano, que conforman un grupo de mercenarios. Cf https://www.dw.com/es/hait%C3%AD/t-17412519.

[3] CJ Cuaderno 220, p.26

[4] http://www.dw.com/es/hait%C3%AD/t-17412519.

[5] EL MUNDO, Editorial Impresa PDF, 3 de enero 2022

[6] EL MUNDO, Editorial Impresa PDF, 18 de marzo de 2022, Temas; Haitía- Migrantes. Estados Unidos

[7] AICA, (Agencia Informativa Católica Argentina, septiembre 2020

[8].EL MUNDO, Edición Impresa PDF, 22 de febrero 2022, Tema: Haití terremoto

[9] Proyecto “Petrocaribe”: como otros Estados del Caribe, Haití formó parte del proyecto de Hugo Chávez que les permitió a varios países acceder a petróleo a precios preferenciales. La utilización de esos recursos, que en gran medida fueron malversados, se encuentran bajo la lupa y viene generando masivas protestas callejeras que acorralaron al gobierno de Jovenel Moïse.

[10]Cfr. Carta de hermanas de la Compañía de María, presente en D´omond, 16 de agosto de 2021

[11] EL MUNDO, Edición Impresa PDF, 18 de marzo de 2022. Tema. Haití Terremoto

[12] AICA: Agencia Informativa Católica Argentina, agosto 2021

[13] Le Monde Diplomatique, diciembre 2021, p.11

[14]  EL MUNDO, Edición Impresa PDF, 18 de enero 2022, Temas: República Dominicana. Haití Inmigración. Muro

[15] Cf. https://www.dw.com/es/hait%C3%AD/t-17412519;

[16] Mey Zamora, Lo que no se da se pierde, Plataforma Editorial, Barcelona 2018

[17] http://alfayomega.es/si-leeis-esto-es-porque

[18] http://www.ara.cat/societas/IsabelSola

[19] Para difundir sus actividades, denuncias y peticiones de ayuda utilizaba su blog y YouTube.

[Imagen de msjennm en Pixabay]

¿TE GUSTA LO QUE HAS LEÍDO?
Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.
Con tan solo 1,5 € al mes haces posible este espacio.
Doctora en Teología y religiosa de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora. Además de publicar diversos libros y artículos, ha trabajado en villas de emergencia realizando trabajo pastoral y de promoción humana con los más desfavorecidos. Ha sido directiva y docente de diversos niveles educativos -incluida la docencia universitaria- y ha ejercido cargos de gobierno y formadora en su congregación.
Artículo anteriorPeriodistas
Artículo siguiente¿Un cisma religioso al hilo de la guerra?

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario!
Please enter your name here