Pocas horas antes de que Joe Biden visitara Pittsburgh el 28 de enero de 2020 se colapsó un puente de más de 150 metros de largo y 46 metros de alto, hiriendo a once personas, ninguna de gravedad. Una catástrofe en un puente de esas dimensiones es infrecuente, pero no sorprende (Blazina, 2022). Precisamente, Biden acudía a Pittsburgh para hacer un gran discurso sobre el gran plan de renovación de infraestructuras que necesita urgentemente el país. El derrumbe de los puentes de Pittsburgh son un signo que va más allá de la capacidad de planificación, sino que nos habla de una sociedad en la que se han perdido las conexiones, que se ha incomunicado internamente y vive como un pueblo partido.

Un país invertebrado

El viernes 28, el presidente Joe Biden tenía en su agenda una visita a Pittsburgh, la Ciudad de Acero. También es apodada la Ciudad de los Puentes debido a los 446 que se tienden en el interior de la ciudad para sortear los tres ríos entre los que está asentada. Solamente Venecia tiene más puentes.

Ciudad siderúrgica por excelencia, experimentó una catastrófica caída en las reconversiones industriales de la década de 1980. La que antes era la tercera ciudad que más corporaciones tenían como capital —solo por detrás de Nueva York y Chicago—, sufrió un declive que despedazó la ciudad —su cinturón obrero se degradó profundamente, la contaminación era devastadora y los blancos huyeron masivamente a urbanizaciones— y provocó una gentrificación masiva. La ciudad tuvo que reinventarse y ha recreado una ciudad habitable, ecológica y culta con una economía dinámica y diversa, y un costo de vida asequible.

No obstante, las heridas históricas han dejado visibles cicatrices en la ciudad. Entre otras, el que en peor estado ruinoso tiene sus infraestructuras de viaductos —solamente superado por Iowa—. Es más, Kent Harries —profesor de ingeniería civil en la Universidad de Pittsburgh— sostiene que los puentes no son la estructura más degrada del estado (Blazina, 2022).

Pittsburgh es la ciudad estadounidense cuya construcción absorbió mayores esfuerzos de los ingenieros, tanto en su dimensión residencial como en la industrial. Es también una de las zonas en las que se puede constatar mejor la corrosión de las infraestructuras de comunicación interna en el país. En el curso de su visita a Pittsburgh, Biden señaló que Estados Unidos había ignorado su columna vertebral y no había invertido en ella (Shalal y Chiacu, 2022). La falta de inversiones y cuidado ha provocado que Estados Unidos se haya invertebrado.

El puente Fern Hollow

El puente Fern Hollow tiene cuatro carriles y se desplomó mientras estaba siendo atravesado por varios vehículos. En el accidente se vieron implicados cinco coches, una camioneta y un autobús rojo, que quedó dramáticamente atenazado entre dos secciones rotas del puente. La baja incidencia de heridos y que no haya víctimas mortales se debe a la hora temprana en que se derrumbó, sobre las 6:39 de la mañana (Puskar y Scolforo, 2022). Aunque normalmente a esa hora ya hay tráfico rodado intenso, la nieve abundante había hecho que las autoridades educativas atrasaran la hora de entrada a los colegios. Una hora más tarde ese puente hubiera estado lleno de tráfico ya que es una de las arterias de la ciudad y por ese puente pasaban quince mil vehículos diarios. El autobús solamente llevaba dos pasajeros a esa hora.

No fue una sorpresa que el Fern Hollow se rompiera porque su estado ya había recibido desde hacía diez años la calificación de «pobre» por el Departamento de Transporte de Pensilvania (Andone y Afshar, 2022). El informe indica que ya había avanzado «el deterioro de los elementos estructurales primarios» (Bella et al., 2022). Fue construido en 1973 con un marco de acero y su reconstrucción requerirá al menos un año de trabajo intenso.

Este puente es uno de los 44.000 que se encuentran en estado calamitoso a lo largo y ancho del país. En el condado en el que se encuentra el Fern Hollow —a quince kilómetros del centro de Pittsburgh—, el estado general de sus 176 puentes ha sido calificado como «pobre». A ellos va dirigido, entre otras infraestructuras, el 1,2 billones de dólares que Biden ha logrado aprobar en su primer año de mandato —27,5 mil millones para puentes—.

Un problema siete veces mayor

Las condiciones de la red de conexiones son tan penosas que el presupuesto obtuvo un acuerdo bipartidista en un país en el que la mitad de la gente no quiere gastar en estructuras públicas. El derrumbe se produjo dos semanas después de que este estado (Pensilvania) recibiera 327 millones de dólares para su renovación vial. Aun así, la inversión llega tarde y será insuficiente para el grave y extenso deterioro de las comunicaciones terrestres en Estados Unidos (Bella et al., 2022). Tan solo en Pensilvania hay 3.198 puentes que requieren una intervención urgente (Shalal y Chiacu, 2022).

El problema, sin embargo, puede que sea mayor tras décadas de abandono. La Asociación Estadounidense de Constructores de Carreteras y Transporte estima que la cantidad de puentes que necesitan intervención urgente en Estados Unidos se eleva a 224.000 y son precisos 260 mil millones de dólares y treinta años para poder solventar la obsolescencia del sistema (Bella et al., 2022). El profesor Kent Harries calcula que el país necesita siete veces más inversiones que el 1,2 billón aprobado si quiere alcanzar un nivel de seguridad aceptable de sus infraestructuras viarias. «Los recursos se necesitan desesperadamente. La pregunta es, ¿cuánto está dispuesta a pagar la gente?», cree Harris que es la pregunta clave (Blazina, 2022). Inicialmente, el plan Biden contemplaba una inversión de 2,3 billones, cantidad reducida a más de la mitad en las negociaciones con los republicanos (Arciniegas, 2022).

Abandono

Biden señala la asombrosa dejación que ha conducido a tal deterioro de las comunicaciones. Desde la década de 1980, la creciente división partidista ha impedido el suficiente consenso como para aprobar las inversiones necesarias. «Hemos estado tan atrasados ​​en infraestructura durante tantos años que es alucinante», dijo el presidente. El vicegobernador de Pensilvania, el demócrata John Fetterman —un político forjado en la reconstrucción comunitaria y graduado por Harvard—, fue incluso más incisivo: «no podemos permitirnos más el abandono. Es hora de reconstruir esta nación» (Andone y Afshar, 2022).

Melissa Bakth, 43 años, una vecina que ha vivido toda su vida en las inmediaciones del puente declaró al Washington Post que todavía estaba en la cama cuando escuchó «un ruido monstruoso» y sintió que la zona estaba siendo bombardeada. Ella cruza cada día el puente seis veces. Se acercó a ver el desastre y lloraba cuando le abordaron los periodistas. «Es abrumador. No me puedo creer que esté aquí parada con el puente a mis pies. No se trata de dinero y números, se trata de vidas» (Bella et al., 2022).

Destructonomía

La característica más importante de la globalización es la conectividad. La ola de globalización que se impulsó a final del siglo XX generó no solamente lanzó un nuevo medio extraordinariamente potente de conexión —Internet—, sino que revolucionó la movilidad mundial. Las líneas aéreas, navieras, ferroviarias o de transporte por carretera experimentaron un desarrollo exponencial nunca antes contemplado en la historia de la Humanidad.

No solo era cuestión de infraestructuras, sino, sobre todo, de actitudes y disposiciones. Sirve para poco tener cuenta en una red social si la gente no tiene deseos y aptitudes para relacionarse con otros.

En realidad, como se decía del colesterol, hay globalización que crea valor y otra que no es economía, sino destructonomía. La destructonomía es la actividad productiva o comercial que elimina valor o viola la dignidad humana. Por ejemplo, la mafia, el narcotráfico, la prostitución, el comercio de especies amenazadas o los paraísos fiscales son parte de la destructonomía. Algunas de las más potentes dinámicas de la globalización fueron destructonómicas: es decir, obedecieron a un patrón aparentemente económico, pero que en realidad destruía decencia y vida.

Efectivamente, en la globalización hay glóbulos creativos y glóbulos tóxicos. De hecho, la estafa mundial del 2008 —que nos internó en una crisis de diez años que encadenó con la pandemia Covid-19— fue causada por la inyección masiva de lo que llamaron activos tóxicos en los productos financieros de todo el mundo desarrollado.

Esa parte tóxica de la globalización fabricó una destructonomía que buscaba la maximalización de beneficios en todos los órdenes, independientemente del país de origen de las corporaciones y grandes fortunas. En Estados Unidos, uno de los principales efectos fue la imposibilidad de recaudar suficientes impuestos para invertir ya no en la expansión de las conexiones, sino en el mantenimiento sensato de las existentes. La mayor parte de ellas se crearon durante las tres décadas de economía expansiva de la postguerra y la duración media de un puente moderno es cincuenta años. Si hay mantenimiento, la vida de un puente puede alargarse a ochenta. Desde aproximadamente 1990, muchos puentes ya han llevado al final de su ciclo y al no haber habido inversiones suficientes, hacen entrar en riesgo a la gente. Como decía la vecina Melissa Bakth, «no se trata de dinero y números, se trata de vidas».

El paradigma económico hiperliberal es autodestructivo y una de sus manifestaciones se plasma en el deterioro de las infraestructuras públicas. La precarización de estructuras y servicios públicos es una parte muy significativa de la destructonomía.

La destructonomía ha sido clave en el surgimiento y avance de la desrealización porque implica una radical inversión de valores: lo que tenía valor vital en la vida de la gente —relaciones, entrega, gratuidad, libertad, sentido, trascendencia, naturaleza, edad, maternidad o paternidad, cultura, etc.— es ignorado o desgastado, y lo que carece de valor —principalmente el capital y sus variaciones— se convierte en lo único real. Pero el capital no es real, es un artificio sometido a variaciones volátiles discrecionales. El capital vale lo que el poder quiere que valga. Ya no solo no hay patrón oro, sino que se ha dinamitado el dinero-nación —relativo a la riqueza real de un país, el patrón-dólar—. No es que estemos en el patrón criptomoneda, sino que no hay patrón-realidad. Lo que no hay es patrón, no es real. No es que las banalidades que se compran carezcan de valor objetivo o real (por ejemplo, el Megaflower, el yate de videojuego por el que han pagado 650.000 dólares), sino que es el capital el que es tal artificio que ya no es real.

Desconectividad

Se ha creado infraestructura digital de conectividad en nuestro mundo, pero también se ha destruido otro tipo de conectividad, como lo muestran fenómenos como la polarización social o la gran desvinculación que Zygmunt Bauman o Richard Sennet han acreditado en las relaciones familiares, comunitarias, laborales y cívicas. Esa gran desvinculación es efecto del hipercapitalismo, que, a través del consumo, los medios de comunicación o las identidades, hace irreales valores vitales.

Esa tendencia ha aislado masas enormes de población y ha acentuado los enfrentamientos dentro de los países, ciudades y países. Ha habido estrategias gubernamentales llamadas expresamente de desconexión.

Los puentes de Pittsburgh son parte de esa desconexión: el abandono de la inversión colectiva en las comunicaciones de la gente. Nos habla de un país cuya división política y cultural vino precedida por una larga política de desconexión. (Diario de Nunca Jamás, 31 de enero de 2022).

Referencias

  • Andone, Dakin & Afshar, Paradise (2022). Bridge in Pittsburgh collapses hours before scheduled Biden visit to talk infrastructure. CNN, 28 de enero de 2022.
  • Arciniegas, Yurany (2022). EE.UU.: varios heridos tras el desplome de un puente en Pittsburgh. France 24, 28 de enero de 2022.
  • Bella, Timothy et al. (2022). Bridge collapses in Pittsburgh, hours before Biden arrives to tout infrastructure package. Washington Post, 28 de enero de 2022.
  • Blazina, Ed (2022). Engineering experts weigh in on why Pittsburgh bridge with history of poor ratings might have collapsed. Pittsburgh Post-Gazette, 31 de enero de 2022.
  • Puskar, Gene & Scolforo, Mark (2022). Pittsburgh bridge collapses, drops city bus into ravine. AP News, 29 de enero de 2022.
  • Shalal, Andrea & Chiacu, Doina (2022). Biden visits Pittsburgh bridge collapse, vows more U.S. investment. Reuters, 29 de enero de 2022.

[Imagen extraída de Wikimedia Commons]

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Doctor de Sociología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas -donde dirige el Instituto Universitario de la Familia- y Research Professor del Boston College. Fundó y fue primer presidente del Global Social Sciences Network de IFCU. Es presidente de la Fundación RAIS, patrono de la Fundación BoscoSocial y patrono de la Fundación FOESSA, de cuyos informes es uno de los coordinadores. Forma parte de CVX y es miembro de su Consejo Ejecutivo Mundial.
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