A mediados del 2021 fui invitado por el espacio SomCristians para coordinar un proyecto llamado «Vida Mística».[1] Después de algunos meses de diálogo, logramos construir una propuesta que iniciamos con la lectura del libro De la mística del pensador indio-catalán Raimon Panikkar. En las sesiones distribuimos las páginas del libro para discutirlas en formato virtual.

Abordar la noción panikkarniana de la mística no es tarea fácil. Según el propio autor, la mística no ha de entenderse como una experiencia más entre otras, es decir, no se trata de una dimensión particular y diferenciada sino de la experiencia integral de la realidad. En ese sentido, hablar de mística desde Panikkar es sumergirse en el punto clave de su pensamiento, porque hasta cierto punto en su tratamiento de la mística podemos encontrar todas sus ideas.

Entre ellas se encuentra la llamada “intuición cosmoteándrica”, la cual refiere a que la realidad no puede dividirse, sino que es una relación armónica entre tres dimensiones: lo cósmico, lo divino y lo humano. No puedo detenerme a desarrollar este planteamiento panikkarniano, por lo que remito a los videos de la primera[2] y la segunda[3] sesión del grupo de lectura para quienes quisieran profundizar en el tema. El punto que quiero tratar en este artículo surge de una magnífica pregunta que me hizo uno de los participantes: ¿existe algo así como un método de oración cosmoteándrica? Si bien soy apasionado de la obra de Panikkar, no me considero un experto en su pensamiento. Lo que a continuación plantearé es mi propia lectura y no una respuesta erudita y exacta desde la obra del autor. Dejo este tratamiento para especialistas.

Hasta donde he leído, Panikkar nunca ofrece un “método de oración” como tal, mucho menos algo así como una oración cosmoteándrica que se distinguiría del zazen, el vipassana, la oración contemplativa cristiana, el yoga o cualquier otro camino espiritual. Una razón es que en realidad la obra de Panikkar es más intelectual que mistagógica. Ciertamente sus escritos iluminan y acompañan inigualablemente a quien quiera adentrarse en los senderos de la mística, la espiritualidad y el diálogo interreligioso. Sin embargo, su pretensión era más reflexiva, incluso analítica y expositiva. En otras palabras, en Panikkar no encontraremos algo semejante al Castillo Interior de Teresa, los Ejercicios Espirituales de Ignacio o el Sutra del Estrado de Hui Neng, el sexto patriarca del zen. Con todo, me parece que los motivos por los cuales Panikkar no propone un “método de oración cosmoteándrica” van más allá de su estilo literario.

Panikkar no está proponiendo un nuevo camino, una nueva metodología espiritual o alguna inédita doctrina. Su intención es desvelar que la experiencia mística es una experiencia integral de la realidad; no de una parte de la realidad, sino de su totalidad. En ese sentido, lo que el autor nos está diciendo es que la mística es cosmoteándrica en tanto experimenta la armonía de las dimensiones de la realidad. Esto es muy diferente a plantear algo así como una “mística cosmoteándrica”, la cual se diferenciaría de otro tipo de místicas. Lo que Panikkar quiere hacer es desarrollar una aproximación a la mística, no proponer una nueva mística. Es por esta razón que hablar de un “método de oración cosmoteándrica” no tendría ningún sentido, porque terminaría por inaugurar una nueva doctrina distinta a las demás.

En sus textos vemos como Panikkar cita constantemente textos de la tradición cristiana, judía, budista, védicas, taoístas y otras tantas. No está sintetizando ni conglomerando tradiciones solo porque sí. Busca plasmar el núcleo de la experiencia mística, la cual le parece estar presente en las distintas tradiciones espirituales de la humanidad. En sus propias palabras, la mística es un invariante humano más no un universal cultural. Dentro de esta invariabilidad de la mística, esta consistiría en ser cosmoteándrica, pero esta nota es correspondiente a la mística en cuanto tal, no a un cierto tipo de mística o a alguna metodología espiritual.

Agrego una reflexión más. Siguiendo al jesuita Javier Melloni (discípulo de Panikkar), podemos decir que en todas las tradiciones religiosas o espirituales se encuentra la intuición cosmoteándrica, aunque ciertamente diferenciada por el énfasis que hacen en alguna de las tres dimensiones. Así, el cristianismo, por ejemplo, pone un claro énfasis en andros, la dimensión humana, mientras que tradiciones como el Vedanta lo pone en lo divino y los pueblos indígenas en lo cósmico, en la Madre Tierra. No significa que las otras dos dimensiones no estén presentes en cada una de estas tradiciones, sino que han enfatizado alguna de ellas por distintas circunstancias particulares.

En mi experiencia, dentro de muchas iniciativas de diálogo interreligioso, puedo constatar que las distintas tradiciones se fecundan mutuamente y que en muchas ocasiones le recuerdan a la otra alguna dimensión que ha dejado olvidada. Hablando del cristianismo en los últimos 100 años, ¿no fue su diálogo con el budismo el que volvió a detonar fuertemente el talante contemplativo cristiano? ¿No es el encuentro con las tradiciones indígenas del planeta, particularmente en América Latina, el que está impulsando la actual eco-teología cristiana?

Panikkar habla básicamente de dos cosas en su obra: la mística y el diálogo interreligioso o intercultural. Ambas están estrechamente relacionadas, puesto que es gracias a la mística que podemos entablar un diálogo interreligioso profundo que vaya más allá de las meras disquisiciones dialécticas. Pues bien, me parece que el diálogo interreligioso es un camino inmejorable para cultivar el aspecto cosmoteándrico de nuestras tradiciones. Mi experiencia personal ha sido conocer la profundidad del Misterio que se manifiesta en el silencio en mi práctica budista. Del mismo modo, han sido los pueblos originarios quienes fueron mis maestros en el contacto con la Madre Tierra. Sin este diálogo que interpela y transforma, mi cristianismo sería poco cosmoteándrico.

Por lo tanto, a modo de conclusión, puedo decir que, hasta donde entiendo la obra de Panikkar, este no ofrece una metodología para algo así como una oración cosmoteándrica. Primero, porque su intención no es fundar una nueva escuela, sino hablar de algo que según él es propio de la experiencia mística en tanto tal. Sin embargo, en un segundo momento, me atrevo a decir que el diálogo interreligioso es un camino privilegiado para cultivar la intuición cosmoteándrica en sus distintas dimensiones. Al final del día, ¿qué mejor que la diversidad para abrirnos a la experiencia integral de la realidad?

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[1] El proyecto puede consultarse en https://www.somcristians.cat/vidamistica.html Para saber más, ver artículo https://www.religiondigital.org/mundo/Mistica-Raimon-Panikkar-somos-cristianos-som-cristians-alberto-elias-gonzalez_0_2400659921.html

[2] https://www.youtube.com/watch?v=jxzznWTR1qI&t=136s

[3] https://www.youtube.com/watch?v=AFBzaX58Ivs

[Imagen de Rajesh Balouria en Pixabay]

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Filósofo, profesor, mistagogo y escritor. Su campo de interés es la relación entre la mística y las luchas sociales. Colabora en distintos colectivos sociales, de diálogo interreligioso, espiritualidad y universidades. Es autor de los libros Encuentro, Religación y Diálogo. Reflexiones hacia un diálogo Inter-Re-ligioso (Samsara, 2020) e Impotente Ternura (PalabrasPalibros, 2021), Descubrirte en lo pequeño (Buena Prensa, 2021) y Convivencialidad y resistencia política desde abajo. La herencia de Iván Illich en México (CuLagos, 2021). Forma parte del Grupo de Religiones y Paz de Cristianisme i Justícia y del Centro de Estudios de Religión y Sociedad (CERyS) de la Universidad de Guadalajara, así como de la Academia de Trascendencia y Sociedad del ITESO.
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